ELECCIONES

Del chatbot al escaño: la inteligencia artificial ya es una parte principal de las candidaturas electorales

Gaitana IA, candidata creada por inteligencia artificial en Colombia

La inteligencia artificial ha crecido de manera exponencial en los últimos años. Ahora ya no es sólo la herramienta que ayuda a resumir textos, a realizar investigaciones o a preparar discursos políticos. Ahora, la IA ya es un actor político más. En 2026, nos acercamos, cada día más, a ese mundo distópico que Michael Crichton narraba en Presa o a esa novela de Emma Mieko Candon, The Archive Undying, donde las IA eran dioses caídos.

La inteligencia artificial se ha convertido en candidata electoral o en portavoz y cerebro de campaña en países como Japón, Colombia, Dinamarca o Reino Unido, cuatro territorios en los que la IA ya es parte del entramado político

La novedad no es sólo tecnológica. Es, sobre todo, moral. Porque plantea preguntas incómodas: ¿puede una inteligencia artificial representar a los votantes? ¿Puede un partido articulado en torno a un chatbot aspirar a algo? ¿Qué pasa con los bots y las redes sociales, remarán a favor del voto a las IA?

El politólogo Andreas Jungherr en Artificial Intelligence and Democracy: A Conceptual Framework, realiza un amplio estudio de cómo la IA ya está impactando en “las condiciones del autogobierno, la igualdad política, las elecciones y la competencia entre sistemas democráticos y autocráticos”.

Partidos y candidatos híbridos

En Japón, Team Mirai es probablemente el ejemplo más completo de “tecnopolítica” convertida en realidad. Fundado por perfiles ligados al software y la ingeniería, el partido dio el salto a la política nacional con un mensaje que mezcló reformas concretas y una defensa explícita de la IA como motor de modernización del Estado. En las elecciones de febrero a la Cámara Baja nipona obtuvo 11 escaños, con una base de 2.600 afiliados, consiguió el voto de tres millones de personas, un 7% de los votantes del país.

Ideológicamente, se sitúan en un centro‑derecha tecnocrático. Bruce Schneier, que ha estudiado el caso en profundidad, explica en uno de sus ensayos que Team Mirai “se presentó a las elecciones sin alinearse con los ejes tradicionales de izquierda y derecha” y que su eje principal es el futuro frente al inmovilismo. “La tecnología te hace la vida más fácil”, es uno de sus lemas de campaña. 

El propio análisis de Schneier destaca que el partido mantuvo una posición “contraria” en el gran tema de la campaña: en vez de prometer rebajar el impuesto al consumo, defendió mantenerlo y compensar a las familias trabajadoras con créditos fiscales y menores cotizaciones sociales.

No son anti‑sistema, como pudiera ser el Partido Pirata de Islandia, sino una fuerza que propone redistribución selectiva y ajustes demográficos. 

Mirai apuesta por la inversión en sectores tecnológicos y el uso intensivo de aplicaciones propias y estatales, como la app Gikai, que utiliza IA para resumir proyectos de ley y recabar opiniones ciudadanas. Schneier lo resume con una frase que define bien su proyecto: “Team Mirai se concibe como un 'utility party', una especie de infraestructura básica para la democracia japonesa, más que un partido clásico organizado en torno a una identidad ideológica cerrada”.

Por otro lado, Dinamarca encarna la versión más radical del algoritmo: el Partido Sintético.

Fundado en 2022 por el colectivo artístico Computer Lars y la fundación MindFuture, colocó un chatbot en el centro de su identidad. Vice aseguró que “el chatbot de IA Leader Lars, está programado basándose en las políticas de partidos daneses marginales desde 1970”.

Este chatbot fue entrenado con décadas de programas electorales para llegar a proponer políticas a partir de las preferencias acumuladas y para dialogar con los votantes. El partido pretendía representar a quienes no votan y explorar formas de “democracia más‑que‑humana”. Entre sus propuestas estaban una renta mínima, la incorporación explícita de la IA a la agenda de derechos humanos y la alineación con objetivos de desarrollo sostenible centrados en la convivencia entre humanos y máquinas.

Partidarios de la redistribución, inclusión y una integración ética y regulada de la IA en la sociedad, el Partido Sintético nunca llegó a presentarse porque la ley electoral danesa prohíbe partidos sin base jurídica personal. 

Si la tecnología y la inteligencia artificial son la base de estos partidos, Colombia y Reino Unido han ido más allá y propusieron, directamente dos candidatos creados por IA: AI Steve y Gaitana IA.

El caso británico fue el más mediático. AI Steve se presentó como el primer “candidato de IA” en las generales de 2024 en el Reino Unido, pero en realidad era un avatar asociado al empresario Steve Endacott, que se presentaba en Brighton Pavilion. Si recuerdan el metaverso, AI Steve era la representación digital de Endacott.

AI Steve “invitaba a los votantes a interactuar con un chatbot que recogía opiniones y las transformaba en propuestas y luego un grupo de “validadores” (humanos) tendría la tarea de traducir ese feedback en decisiones concretas”, recuerda el periodista Tomás Estevez que siguió el caso de este candidato híbrido. 

“El programa incluía recortes del 50% en tasas universitarias aplicando tarifas más altas a estudiantes extranjeros, construcción de vivienda asequible en suelos industriales”, recuerda Estevez que colocaba al avatar de Endacott en el espectro del centro‑derecha liberal británico. 

AI Steve no consiguió el escaño, pero “sentó un precedente: un candidato humano‑máquina que luego hemos visto en otros lugares”, dice Estevez que cita otro caso de este póker de IA en elecciones: Gaitana.

El caso colombiano es el último. Gaitana IA apareció en las papeletas de las elecciones legislativas de 2026, en la circunscripción especial indígena, presentada como una candidata creada con inteligencia artificial. Detrás del avatar, sin embargo, había una arquitectura legal y política híbrida: dos personas —entre ellas el activista Carlos Redondo— se registraron como candidatos reales, mientras el bot azul actuaba como rostro digital del proyecto.

El programa, según detalla Wired en su edición en español, se centraba en inclusión indígena y soberanía digital: defensa del territorio y de los derechos colectivos, y la reivindicación de que las comunidades originarias participen en la conversación global sobre tecnología, desde la banca hasta la educación, usando IA y otras herramientas emergentes.

Gaitana no obtuvo escaño, pero centró el debate en normalizar el uso de un avatar para redes y un candidato de carne y hueso para relacionarse.

Riesgos de la tecnología

La expansión de estas experiencias no ocurre en el vacío. International IDEA ha señalado que “la IA ya está entrando en la maquinaria cotidiana de las elecciones, incluyendo la administración, el análisis de datos, la provisión de información y la supervisión”, y advierte, al igual que José Manuel Mateu de Ros, CEO de la consultora Zertia, para infoLibre, que “muchas autoridades reconocen tener baja alfabetización en IA mientras ya la están usando, lo que constituye un grave problema de seguridad”. 

El centro de investigación Brookings, en un artículo sobre el “super‑año” electoral global de 2024, recuerda que el potencial para alterar la información que reciben los votantes es considerable. Ese diagnóstico encaja con multitud de estudios sobre el uso malicioso de la IA y de bots automatizados en campañas recientes, “para producir vídeos, imágenes, textos, falsas webs… Un problema de difícil solución”, dice Mateu que ve que este problema irá en aumento en los próximos años.

El antecedente más citado sigue siendo Cambridge Analytica, la firma que, en 2016, accedió sin consentimiento a los datos de decenas de millones de usuarios de Facebook para dirigirles anuncios políticos en la campaña de Donald Trump y en el referéndum del Brexit. Aunque entonces no se hablaba todavía de IA generativa, la lógica era similar: usar grandes volúmenes de datos para segmentar con precisión y explotar vulnerabilidades emocionales en el electorado.

International IDEA plantea que la adopción de IA en elecciones debe ir acompañada de “sólidos marcos de gobernanza” y propone una base democrática de cinco pilares: alfabetización en IA, ética y derechos humanos, moderación de contenidos, regulación y uso de IA para mejorar la gestión electoral. “Sin estos elementos la IA corre el riesgo de socavar la integridad electoral en lugar de reforzarla”, concluye Mateu.

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