Crisis política

Cifuentes dimitió como diputada cuando supo que podían salir a la luz mensajes anónimos a la mujer de Ignacio González

Cristina Cifuentes tras la rueda de prensa ofrecida este miércoles en la que ha anunciado su dimisión.

El aviso de que alguien había hecho circular documentos que la señalaban como autora de los mensajes anónimos enviados a la mujer de Ignacio González desde un móvil de prepago precipitó el 8 de mayo la decisión de Cristina Cifuentes de abandonar su escaño en la Asamblea de Madrid y anunciar su retirada definitiva de la política. Así lo han confirmado a infoLibre fuentes conocedoras de lo sucedido. Los papeles identificaban a la expresidenta como la persona que en 2008 compró la tarjeta de prepago –aquellas que entonces permitían ocultar la identidad del usuario– del móvil desde el que se cursaron aquellos sms.

Acorralada por las revelaciones de cómo obtuvo un máster supuestamente fraudulento de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y finalmente fulminada por el vídeo del presunto hurto de dos cremas faciales cometido hace siete años, Cifuentes ya había renunciado el 25 de abril a su cargo como presidenta de la Comunidad de Madrid.

Pero incluso tras su cese al frente del Ejecutivo autonómico y como presidenta regional del PP, ella misma mantuvo durante dos semanas el interrogante de si abandonaría o no su escaño en la Cámara autonómica. Su círculo asegura que la entrega del acta estaba escrita de antemano, pero lo cierto es que tardó 13 días en despejar la duda.

Ahora, los datos recabados por este periódico explican qué aceleró el camino hacia el ostracismo absoluto de quien apenas dos meses antes se perfilaba como una de las estrellas ascendentes en el firmamento del PP.

Ya entonces políticamente destruida por el caso del máster, que ha derivado en su imputación por falsificación y cohecho, y por el vídeo del supermercado, la yesca que terminó de abrasar a Cifuentes el 8 de mayo de 2018 fueron los anónimos que diez años antes había recibido Lourdes Cavero. Es decir, la esposa de quien hasta la primavera de 2015, cuando la investigación judicial sobre su ático de lujo en Estepona lo expulsó de la carrera por la reelección, había sido su antecesor en la presidencia de Madrid: Ignacio González.

Con González, Cifuentes había sostenido a mediados de la pasada década una relación –lo desveló el exsecretario general del PP madrileño, Francisco Granados, nada menos que ante el juez que investiga Púnica– cuyo turbulento final convirtió en enemigos a los que hasta entonces eran estrechos aliados tanto en el plano personal como político.

El rastro de la tarjeta

¿Pero cómo pudo alguien averiguar que aquella tarjeta telefónica utilizada para enviar mensajes a la mujer de Ignacio González había sido adquirida por Cifuentes si lo que buscaba la fórmula del móvil de prepago, que no requería identificación del usuario hasta noviembre de 2009, era justamente garantizar el anonimato?

Fuentes que ya antes del triunfo electoral de Cifuentes en 2015 habían desarrollado su actividad en la sala de máquinas de la sede autonómica de la Puerta del Sol y sus aledaños aseguran que el formidable aparato de inteligencia de la Comunidad de Madrid hizo posible rastrear exactamente dónde se había producido la compra. “Y se descubrió que la había hecho Cifuentes con su tarjeta de crédito”, relata uno de los interlocutores que han aportado datos sobre el episodio de los anónimos.

En la declaración judicial donde se explayó sobre la relación sentimental de González y Cifuentes, Francisco Granados puso énfasis en un punto: que tras la ruptura, González se hizo con las riendas de la Agencia de Informática de la Comunidad de Madrid (ICM), un organismo que permitía controlar las llamadas y los correos “de todo el mundo”.

Para cuando Granados planteó esa inesperada faceta del caso, este periódico ya había desvelado el hallazgo que durante los registros de la Operación Lezo hizo la Guardia Civil en el cuartel general empresarial de Ildefonso de Miguel, uno de los investigados del caso y antiguo hombre de confianza de Ignacio González en el Canal de Isabel II. Y ese hallazgo fue un esquema manuscrito donde se detallaban las llamadas y mensajes cruzados entre distintos cargos del PP madrileño que habían sido objeto de espionaje. Entre ellos, Alberto Ruiz-Gallardón y su histórico número dos, Manuel Cobo, autor de la ya célebre acusación sobre la “gestapillo” destapada a comienzos de 2009 y supuestamente creada para espiar a adversarios de Esperanza Aguirre y su equipo a través de los guardias civiles y otros funcionarios adscritos a la Consejería de Interior.

Al frente de ese departamento se encontraba desde julio de 2008 Francisco Granados. Uno de los presuntos espías que ahora se encuentran en espera de juicio declaró luego no obstante que vigilaban a cargos en los que Ignacio González tenía "especial interés". González, entonces número dos de Aguirre en el Gobierno, y Granados, que ocupaba esa misma posición en el partido, vigilaban con discreción sus respectivos pasos –subrayan fuentes muy familiarizadas con la trayectoria de ambos– pero hacia el exterior formaban todavía un bloque monolítico.

El gráfico manuscrito sobre el espionaje

Pues bien, en ese gráfico manuscrito encontrado en los registros a Ildefonso de Miguel el nombre de Cristina Cifuentes aparece rodeado por una línea de trazo remarcado. El texto la cita tres veces. A través de una flecha, la tercera mención conduce a una leyenda dividida en dos por una línea horizontal: "Anónimos/I. Gallego". Es decir, Isabel Gallego, durante años directora de comunicación del Gobierno de Madrid y figura clave en el equipo de Esperanza Aguirre e Ignacio González.

En su comparecencia ante el juez García Castellón, Granados aludió expresamente al manuscrito publicado por infoLibre. Y añadió lo siguiente: "La señora del señor González y la señora [Isabel] Gallego empiezan a recibir mensajes anónimos que el señor González atribuye a la ruptura con la señora Cifuentes".

Dos fuentes que hoy representan intereses contrapuestos en el universo del PP madrileño coinciden en que ya habían sido informadas de que en lo que respecta a Isabel Gallego también las huellas apuntaban a Cifuentes. Esta vez, en sentido literal: “Eran anónimos en papel, cogieron uno de los sobres, sacaron huellas y las cotejaron con unas de Cifuentes obtenidas de un vaso”, relata una de las personas consultadas. La segunda fuente contó lo sucedido de forma casi idéntica en lo que se refiere a cómo el equipo de inteligencia de la Comunidad de Madrid consiguió las impresiones dactilares de la dirigente: a través "de un vaso o una copa".

Los anónimos, especialmente los dirigidos a Lourdes Cavero –resume en línea con la tesis de Granados uno de los consultados por infoLibre-, pusieron a González en pie de guerra contra Cristina Cifuentes. La mujer que, según Granados, había sido “las manos y los oídos” de Ignacio González pasó así de ser secretaria de movilización electoral del PP madrileño a presidenta del comité de garantías, un cargo de aparente fuste y escasa capacidad ejecutiva que desempeñó a partir de septiembre de 2008. 

Finiquitado el aguirrismo como grupo dominante en el PP de Madrid, Cifuentes se hizo tras las elecciones autonómicas de 2015 con el control de la Comunidad de Madrid. Y puso el acento en remarcar que tanto Ignacio González como Francisco Granados representaban el pasado. El primero es desde abril de 2017 el principal imputado de Lezo tras haber  sobrevivido incólume a una década de escándalos; Granados, eje central en la OperaciónPúnica, ya había caído en octubre de 2014 después de que Anticorrupción tirase del hilo de una cuenta opaca localizada en Suiza.

Atrapada primero por las mentiras del máster y derribada luego por el vídeo que la muestra retenida por un guardia de seguridad de la cadena Eroski, a Cifuentes no le quedó otra que dimitir el 25 de abril. Dos días más tarde, Granados dijo esto: “Si buscas venganza, cava dos fosas”. Una semana después y en cuanto supo que los anónimos a Lourdes Cavero podían acabar aflorando, Cifuentes ya no se lo pensó: entregó el acta de parlamentaria y pidió su reingreso inmediato como funcionaria de la Complutense.

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