“¿Hasta cuándo vamos a tolerar la asfixia del periodismo y la erosión continua de la libertad de prensa?” Con esta pregunta comienza su informe de 2026 la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) en el que analiza la situación del periodismo a nivel global. Los conflictos cada vez más presentes, la polarización que se ha ido extendiendo por todo el planeta o la precariedad laboral en el periodismo, evidencian un deterioro democrático generalizado que sitúa a la libertad de prensa en su peor nivel en un cuarto de siglo.
RSF publica la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa desde el año 2002. Estos informes examinan la calidad democrática de 180 países distintos estableciendo un ránking general basado en los testimonios de cientos de expertos en libertad de prensa seleccionados por la organización. Para este año, la ONG ha contado con cinco nuevos indicadores: contexto político, marco jurídico, contexto económico, contexto sociocultural y seguridad.
Una libertad de prensa en mínimos históricos
Por primera vez en la historia de estos índices, más de la mitad de los países (52,2%) se encuentran en una situación “difícil” o “muy grave” en cuanto a la calidad periodística. “En los 25 años de historia del ránking, la puntuación media del conjunto de los países analizados nunca ha sido tan baja”, apuntan desde la ONG. El informe señala un evidente aumento en la criminalización del periodismo mediante el uso de leyes de seguridad nacional para restringir el derecho a la información, una tendencia que se ha detectado en más del 60% de los países analizados.
Esta práctica, más propia de regímenes totalitarios y que ya se ha extendido a las democracias, pone de manifiesto que los mecanismos públicos para la defensa de la libertad de información tampoco están funcionando. Los periodistas están cada vez más desguarnecidos ante las distintas amenazas jurídicas, mientras que las élites políticas y económicas aprovechan estos marcos jurídicos para seguir llevando a cabo “demandas intimidatorias” hacia medios y periodistas.
Otra de las cuestiones que ha impulsado esta crisis es el auge de conflictos armados. Según el informe, los conflictos en Gaza, Ucrania y Sudán han tenido un “efecto devastador”; en particular, se denuncia que más de 220 periodistas han sido asesinados en Gaza desde octubre de 2023. El endurecimiento de regímenes políticos también ha sido un factor clave para este desplome como es el caso de El Salvador de Nayib Bukele, que ha caído 105 puestos desde 2014 y el inicio de la guerra contra las maras.
Aunque la mayor caída de 2026 la registra Níger, que ha caído 37 puestos, reflejo del gran deterioro de la libertad de prensa que sufre el Sahel por grupos armados y juntas militares desde hace años. En cambio, Siria registra el mayor avance tras la caída del régimen de Bashar Al Assad. El primer puesto que ocupa Noruega, sin embargo, se mantiene inmóvil por décimo año consecutivo y se encuentra en una “buena situación”, un privilegio del que, según RSF, sólo puede disfrutar menos del 1% de la población mundial. En 2002 el 20% de la población mundial vivía en países con esta calificación.
Europa, por su parte, presenta también una situación alarmante, sobre todo en el este de la región. Europa del Este (junto con Oriente Medio) sigue siendo una de las dos regiones más peligrosas para los periodistas con Rusia (puesto 172) y Bielorrusia (165) destacando por su represión sistemática a periodistas. Además, RSF señala que a pesar de la existencia del Reglamento Europeo sobre la Libertad de los Medios de Comunicación (EMFA), diseñado para garantizar la independencia y sostenibilidad de los medios en la UE, su aplicación está siendo boicoteada por leyes nacionales en varios estados miembros como la Hungría del ya expresidente Víktor Orban, Eslovaquia, Lituania o República Checa. España también se encuentra en este grupo debido a la politización de los medios públicos.
España: precariedad, polarización y ciberacoso
En la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, España ha caído seis posiciones en el ránking y se sitúa ahora en el puesto 29 por detrás de países como Polonia o Taiwán. El país ha sufrido un retroceso en todos los índices analizados lo que supone un grave empeoramiento a la hora de ejercer la profesión periodística.
El factor que más impacto tiene en esta degradación, señala la ONG, es una “precariedad laboral cronificada” que ha situado a España en el puesto 40, lejos de otros países de Europa. La dificultad para acceder a salarios dignos y una fuerte dependencia de la publicidad institucional, son los principales indicadores y causantes de la falta de independencia editorial de los medios que también viene generada por la creciente polarización.
El indicador político desciende hasta los 71,25 puntos (−1,21), con una caída de dos posiciones hasta el puesto 28. En el informe de RSF, subrayan, en referencia a la delicada situación que atraviesa RTVE, que “la frontera entre información y opinión se desdibuja y debilita los estándares profesionales”. Además, existe un conflicto entre el Consejo de Informativos y la dirección, que “preocupa a RSF y contraviene la EMFA”.
De la mano del aumento de la polarización, se registra también un auge de la violencia digital y el ciberacoso. El informe subraya que el crecimiento de la violencia digital afecta de manera especialmente intensa, sistemática y personalizada a las mujeres periodistas.
Siguiendo la línea del resto de países, el marco legal también representa una de las mayores preocupaciones para el ejercicio del periodismo en España. Desde RSF señalan a las conocidas SLAPP o acciones judiciales abusivas, como una de las principales fuentes de coerción hacia los profesionales. “Estas prácticas no solo proceden de actores políticos o de su entorno, sino que en algunos casos vienen directamente del ámbito judicial, erosionando la libertad de información y fomentando la autocensura”, cuentan desde la organización. Además, se critica la incapacidad del Gobierno para reformar la "Ley Mordaza" o revisar los delitos de opinión.
Con Trump, ni democracia ni libertad de prensa
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Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la calidad democrática del país ha caído a mínimos históricos. EEUU ha pasado de ocupar el puesto 57 el pasado 2025 al 64 este año, con un descenso de siete posiciones. Al menos, así lo señala el informe que apunta directamente al presidente: “Donald Trump ha convertido los ataques contra la prensa y los periodistas en una práctica sistemática”.
La seguridad de los periodistas en el país norteamericano se ha visto erosionada debido a las violentas represiones policiales, a los drásticos recortes en plantilla de la Agencia Estadounidense de Medios Globales (USAGM) y a la suspensión y reducción de personal de medios de comunicación. Esto, según RSF, se ha visto reflejado en acontecimientos como el de la detención y deportación del periodista salvadoreño Mario Guevara.
Trump, además, marca tendencia fuera de las fronteras estadounidenses y sus homólogos latinoamericanos como Javier Milei en Argentina o Nayib Bukele en El Salvador, siguen sus pasos. Ambos países registran un retroceso significativo debido, entre otros factores, al declive de los indicadores del clima político y social, confirmando el aumento de la hostilidad y de las presiones gubernamentales hacia la prensa.
“¿Hasta cuándo vamos a tolerar la asfixia del periodismo y la erosión continua de la libertad de prensa?” Con esta pregunta comienza su informe de 2026 la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) en el que analiza la situación del periodismo a nivel global. Los conflictos cada vez más presentes, la polarización que se ha ido extendiendo por todo el planeta o la precariedad laboral en el periodismo, evidencian un deterioro democrático generalizado que sitúa a la libertad de prensa en su peor nivel en un cuarto de siglo.