<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:webfeeds="http://webfeeds.org/rss/1.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Películas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/peliculas/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Películas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Las corrientes’, el fascinante estudio de una conciencia que se desacopla del ritmo de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/corrientes-fascinante-estudio-conciencia-desacopla-ritmo-vida_1_2220800.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/44a93223-1860-4258-ae17-e94588d29d09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Las corrientes’, el fascinante estudio de una conciencia que se desacopla del ritmo de la vida"></p><p>Las voces más benévolas con <strong>esa posmodernidad</strong> que sigue marcando nuestras sociedades aseguran que, nos guste o no, esta solo es <strong>una consecuencia lógica de la modernidad</strong>. Una intensificación, en realidad, de algunos elementos básicos de la misma, suficientes para considerar lo que vino luego como poco más que una fase. Saldremos de aquí, nos dicen. Es solo lo que toca. Pero claro, llevamos tanto tiempo atrapados en el laberinto posmoderno como para considerarlo <strong>una aberración histórica</strong>, forzándonos a aceptar alternativas de desigual convicción a partir de ahí. </p><p>Sean los nuevos fascismos, sea <strong>el tímido metamodernismo</strong> que empieza a latir <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/spielberg-recuerda-dia-revelacion-merece-pena-creer-plena-conspiranoia_1_2206720.html" target="_blank">en ciertos rincones</a>, es fácil aceptar la teoría de que lo posmoderno solo sea un estadio avanzado de lo moderno si acudimos a las vanguardias, hace justo un siglo, y recordamos que el buque insignia del modernismo literario fue el <strong>“monólogo interno”</strong>, también llamado <strong>“corriente de conciencia”</strong>. La corriente de conciencia fue la herramienta preferida de <strong>James Joyce o Virginia Woolf </strong>para, rompiendo con cualquier ortodoxia, acercarse a <strong>una verdad profunda en sus personajes</strong>. A través de ella se introdujeron en su cerebro, emularon el ritmo y velocidad de los pensamientos, y deformaron todo lo que había fuera de ellos en una exaltación subjetiva tan prometedora como, finalmente,<strong> peligrosa</strong>.</p><p>Porque, cuanto mejor conocíamos esas cabezas, <strong>más borroso era lo que les rodeaba</strong>. Más deforme, confuso, posmoderno. Más alejado, en fin, del registro de algo trascendente que armonizara tantas perspectivas distintas. Woolf afrontó directamente las consecuencias en su novela <em><strong>Al Faro</strong></em> a través de las tribulaciones de la señora Ramsay. “Tenía una clara percepción de que ahí estaba la vida y era algo que no compartía ni con sus hijos ni con su marido. <strong>Ella estaba a un lado, la vida al otro</strong>, y a veces parlamentaban (...) Podía haber grandes escenas de reconciliación, pero tenía que admitir que lo que llamaba vida era <strong>terrible, hostil, y se abalanzaba sobre ti </strong>si le dabas oportunidad”.</p><p>La corriente de conciencia bien podría habernos alejado de<strong> las corrientes de la vida</strong>. Así que Woolf, sin dejar de lado esta valiosa herramienta, intentó que su voz literaria acogiera volumen acuático. Por eso escribió una novela titulada <em>Las olas</em> a continuación, con un uso del monólogo interno aún más radical. Y luego, en una triste ironía, sucumbió<strong> a las propias aguas</strong>, arrojándose al río Ouse de Sussex. <em><strong>Las corrientes</strong></em><strong> de Milagros Mumenthaler</strong> recuerda lo suficiente a Woolf —afortunadamente, disculpando así la frivolidad— como para que los ecos vayan mucho más allá de que su protagonista <strong>se tire igualmente a un río </strong>en los primeros minutos del film. </p><p><strong>A la senda de Virginia Woolf</strong></p><p>En <em>Las corrientes</em> <strong>también hay un faro</strong>, por ejemplo. Es un faro que, en los minutos más bellos de la película de Mumenthaler, ilumina la ciudad ante los ojos de la protagonista, Lina (<strong>Isabel Aimé González-Sola</strong>), y su hija. La luz del faro incide sobre el espacio urbano mientras suena la sinfonía de <em>Los planetas</em> de Gustav Holst y las imágenes, completamente identificadas con la mirada de Lina hasta ahora, hacen una tentativa <strong>por acercarse a otros sujetos, otras vidas</strong>. Bien podría haber una salvación en ello pero es una tentativa efímera, como tantas otras que hace la protagonista durante el film para superar su malestar. <strong>“Intento no sentirme tan efímera, como imagino que intenta todo el mundo”, </strong>le ha explicado poco antes Lina a su psicólogo. </p><p>¿Por qué Lina se siente efímera? ¿Por qué, tras ganar un premio por sus logros profesionales en Ginebra, ha querido saltar de un puente, sobreviviendo por poco a este intento de suicidio? Debería haber, desde luego, mucho de rechazo a la hipocresía de estos entornos, a la necesidad de convertir lo social en <strong>una pantomima engañosa</strong>, pero lo interesante verdaderamente es que, antes del salto, Lina se ha topado en un escaparate con una obra que le sugestiona mucho: un tapiz que muestra a tres ancianas tejiendo, <strong>los hilos confundiéndose en los contornos de sus cuerpos</strong>. La mirada de Lina se ha visto seducida por la contundente expresión visual de lo que, a fin de cuentas, persigue su existencia: <strong>un diseño armonioso, perfecto, matemático</strong>. Lina es <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/retrato-moda-couture-deja-frivolidad-diablo-viste-prada_1_2188806.html" target="_blank">estilista de moda</a>. El premio que le han dado es por ser una gran diseñadora en su campo.</p><p>En sintonía a esto, en alguna escena posterior veremos cómo Lina llena su despacho de <strong>ingenios mecánicos</strong>, manivelas y aparatitos que construye metódicamente y con los que se siente agredida en el momento que alguien (su marido, por ejemplo) los toca sin permiso. Parece claro, entonces, que Lina es <strong>una obsesa del andamiaje</strong>. Ansía organizar los materiales en formas reconocibles y funcionales. Su obsesión es la de la señora Ramsay por ejercer de casamentera, o la de <strong>la señora Dalloway teniendo que ocuparse ella misma de comprar las flores</strong>, y son obsesiones que de repente afrontan un fracaso mortal. Tan sencillo como pararse a observar el agua de un río. El desorden de las olas, las corrientes que fluyen ajenas a todo lo que ella quiera o pueda hacer. <strong>Así que esta era la vida</strong>. Podemos intuirlo porque no la estamos viviendo, sino que la tenemos enfrente.</p><p>Mumenthaler describe, entonces, un <strong>desajuste con la realidad</strong>. Su heroína se ha sentido tan violentada por el agua porque debe haber dejado de seguirle el ritmo, y por eso su primera reacción tras el intento de suicidio es una suerte de alergia a la misma (provocando, a su vez y en <strong>una rima visual muy lograda</strong>, que su cabello sucio y encrespado persiga una cualidad semejante). La argentina, en el marco de<strong> un proyecto artístico inequívocamente woolfiano</strong> —sus dos primeras películas, <em><strong>La idea de un lago </strong></em><strong>y </strong><em><strong>Abrir puertas y ventanas</strong></em>, ubicaban sus conciencias en recuerdos juveniles de casas inolvidables, como aquella que no dejaba de centrar <em>Al Faro</em>—, vuelve a acercarse en <em>Las corrientes</em> al fallo moderno por antonomasia: <strong>el desacoplamiento del yo con respecto a la vida</strong>. Qué sale de ahí, en cuanto al aislamiento y <strong>la depresión</strong>, es algo que todos conocemos bien.</p><p>La mayor virtud de Mumenthaler como cineasta es que, teniendo muy claro sus intereses estéticos, trata de cubrirlos acorde a <strong>unas sensibilidades oportunamente modernistas</strong>: antes que lo referencial —los relatos previos que se hayan acercado canónicamente a estas tensiones— prefiere <strong>lo sensorial</strong>, que la cámara se haga una con los progresos de la protagonista e intente seguir, al compás de sus éxitos y fracasos,<strong> el verdadero ritmo de las aguas</strong>. Se articulen estas como un río, como una ducha o como una lluvia pertinaz. Es lo que necesita la atormentada Lina, es lo que busca la directora, y las cimas de <em>Las corrientes</em> se cifran en todas las veces que <strong>atinan a coincidir</strong>.</p><p>Que son muchas, felizmente. A Mumenthaler le hace algo de daño que, aun contando con el mismo fotógrafo que en <em>La idea de un lago</em> —<strong>Gabriel Sandru</strong>—, la factura de <em>Las corrientes</em> sea mucho más rutinaria que la de su película previa. Tampoco terminan de funcionar esas alucinaciones que se cortan abruptamente —estableciendo algo así como una horizontalidad expositiva que contradice los propósitos de la obra— y unas concesiones al <strong>psicologismo más obvio</strong>, cuando Mumenthaler se acaba viendo en la necesidad de “justificar” la deriva de su heroína con traumas maternos. Apuntan a ser inercias de nuestra coyuntura, pasajes manchados de presente que emborronan la, por lo demás, admirable autonomía de Mumenthaler, su compromiso con<strong> una modernidad rediviva</strong>.</p><p>En este regreso providencial a formas de expresión que todavía siguen cargadas de futuro, Mumenthaler conecta la corriente de conciencia con otras estrategias de inicios del siglo pasado como<strong> la escritura automática </strong>—volcada en una intuición que no hace prisioneros—, y blinda su tercer largometraje contra reproches y explicaciones simples. Conduciéndolo todo como si tal cosa a <strong>un plano final inolvidable</strong>, mientras nos fuerza a dejar de ver la vida como algo que tenemos delante de nosotros,<strong> o con lo que hay que negociar</strong>. Revelándola, simplemente, como algo que hay que aprender a nadar.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[33d84fa0-d8db-47fa-ae93-29903d70fffe]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jul 2026 04:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/44a93223-1860-4258-ae17-e94588d29d09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="216472" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/44a93223-1860-4258-ae17-e94588d29d09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="216472" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Las corrientes’, el fascinante estudio de una conciencia que se desacopla del ritmo de la vida]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/44a93223-1860-4258-ae17-e94588d29d09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Día de caza’, un remake femenino y kamikaze de ‘La caza’ de Saura para repensar España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/dia-caza-remake-femenino-kamikaze-caza-saura-repensar-espana_1_2218029.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/93c3b1d9-01ab-40e4-9906-ef1fb79a5003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Día de caza’, un remake femenino y kamikaze de ‘La caza’ de Saura para repensar España"></p><p>"Si alguien tiene un destino se trata de un hombre, si alguien <em>consigue</em> un destino <strong>se trata de una mujer</strong>”. Con esta cita comienza <em><strong>Día de caza</strong></em><strong> </strong>y la pronuncia la voz del joven personaje de Diana (Zoe Arnao), que en la versión original de esta historia resultaba tener el rostro asimismo juvenil de Emilio Gutiérrez Caba. Como la diferencia más notable de <em>Día de caza</em> con respecto a <em>La caza</em> de 1966 es que <strong>ha cambiado a sus protagonistas masculinos por mujeres</strong>, es inevitable entenderla como un comentario directo sobre dicha jugada. Quienes eran hombres arrogantes y poderosos hace 60 años ahora son mujeres arrogantes y, <strong>sí, también poderosas</strong>. ¿Cómo ha sido posible algo así?</p><p>Forzosamente <strong>estas mujeres han </strong><em><strong>conseguido</strong></em><strong> su destino</strong>. Si aceptamos que los hombres ya nacieron con uno en el heteropatriarcado, toca aceptar que las mujeres hayan tenido que luchar por él. Así que la cita de Diana sería… <strong>¿empoderante?</strong> ¿Las mujeres lo <em>consiguieron</em>? En 1966 habría sido imposible imaginar el guion de Saura y Angelino Fons declamado por mujeres, pero <strong>en 2026 podemos</strong>, o al menos podemos ver como realista a mujeres maduras en puestos de poder, con dinámicas equivalentes a las retratadas en <em>La caza</em>. Estas empresarias (<strong>Blanca Portillo, Rossy de Palma y Carmen Machi</strong> sucediendo a Ismael Merlo, Alfredo Mayo y José María Prada) practican incluso <strong>un pasatiempo tan viril como la caza</strong>, y no parecen sentir ninguna alienación por ello.</p><p>Uno de los elementos más sugerentes de <em>Día de caza</em> es que <strong>apenas se hace mención al género de sus protagonistas</strong>: las mujeres cazadoras se limitan a hacer lo que creen que les corresponde, y al margen de la frase inaugural, ni siquiera insisten en que hayan tenido que esforzarse mucho más que los hombres para llegar ahí. De forma que <strong>el director y coguionista Pedro Aguilera</strong> no solo está despojando de triunfalismo a esta actualización —¿estamos mejor socialmente que hace seis décadas?— sino que viene aferrándose a <strong>una connotación lampedusiana</strong>: “Que todo cambie para que todo siga igual”, se proclamaba en <em>El gatopardo</em>. <strong>Todo ha cambiado pero todo sigue igual</strong>, porque trascendiendo el género, ha habido otra fuerza que no ha parado su avance en este tiempo. Es la que siempre logra recabar legitimidad con esas retóricas del esfuerzo y el destino. Es <strong>el capital</strong>.</p><p><strong>La feminización de </strong><em><strong>La caza</strong></em>, por lo demás y al margen de las contundentes interpretaciones que garantiza su elenco, no va mucho más allá de este cinismo medular. Las mujeres de <em>Día de caza</em> se comportan a grandes rasgos del mismo modo que sus homólogos masculinos: tratan con la misma condescendencia a sus sirvientes —una que, en pos de la procedencia de los mismos, puede teñirse además de <strong>racismo indisimulado</strong>—, imprimen la misma hipocresía a su amistad, y sienten la misma excitación hacia <strong>la violencia asimétrica cuando portan la escopeta</strong>. Son mujeres que han adoptado el lenguaje del poder asumiendo que este <strong>es un lenguaje patriarcal</strong>, de ahí que pueda romperles tanto los esquemas que, en un momento dado, una amiga le regale a otra <strong>un Satisfyer</strong>.</p><p>Así que este cambio de género acorde al feminismo liberal de, <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/ana-patricia-botin-feminista-fortaleza-estructuralse_132_1972950.html" target="_blank">pongamos por caso, Ana Botín</a>, no tiene mucho más intríngulis. El guion que Aguilera firma con <strong>Lola Mayo </strong>(que viene de escribir la extraordinaria <em>El amor de Andrea</em> con Manuel Martín Cuenca) cifra los cambios sensibles aparejados al paso de todas estas décadas de múltiples formas, y alguna incluso carece de la retranca de esta feminización. Por ejemplo,<strong> el maltrato animal</strong>: afortunadamente <em>Día de caza</em> se aparta de los aspectos más desagradables<strong> (y menos justificables incluso entonces) </strong>del original de Saura, y rechaza la visualización directa del sufrimiento de conejos y hurones. No es necesario cargar más las tintas simbólicas, sobre todo cuando se lidia con un contexto tan rico y matizado alrededor.</p><p>¿Cuál es este contexto? Pues toca volver al escenario de <em>La caza</em>, y determinar cuál era ese <strong>“buen sitio para matar”</strong> del que hablaban los personajes. En ambas películas lidiamos con cotos de caza desérticos del interior de la península, grandes extensiones de terreno yermo que podrían ser trabajadas y en su lugar son utilizadas para <strong>el frívolo esparcimiento de las élites</strong>. Esto a nivel superficial, pero bien sabemos que Saura era <strong>incapaz de trabajar sin metonimia</strong> y acostumbraba a recargar sus ficciones con la memoria nacional. Así ocurre que se ha acostumbrado a leer <em>La caza</em> <strong>como metáfora de la Guerra Civil</strong> ampliando el significado de esos conejos que tratan de ocultarse en sus madrigueras, semejantes a los escondrijos de los republicanos exterminados.</p><p>Es difícil limitar <em>La caza</em>, sin embargo, a este carácter metafórico cuando se nos cuenta textualmente que en estos terrenos hubo una batalla y <strong>llegamos a ver el cadáver de un soldado</strong>. La potencia real del film estriba en su concatenación de significados y su habilidad para no aislarse alegóricamente del presente: por supuesto que sus protagonistas son los vencedores de la Guerra Civil y representan el régimen, pero lo interesante <strong>es </strong><em><strong>cuándo</strong></em><strong> lo representan</strong>. Y lo representan concretamente en 1966, el año de estreno. Cuando el franquismo ha iniciado <strong>su apertura al capitalismo global</strong>, asentando las condiciones modernas (<strong>codicia, olvido interesado del pasado</strong>) para ser derruido desde dentro. Se basta y se sobra para ello. Por eso estos cazadores <strong>van a matarse entre sí</strong>. </p><p>Ya que <em>Día de caza</em> es <em>remake</em> a la vez que actualización, ha de avanzar en el tiempo tanto como sea necesario, y ubicarse en <strong>nuestra contemporaneidad</strong> según los dictados de Saura. El egoísmo se mantiene a medida que el capitalismo entra en nuevas fases de histeria —sea el neoliberalismo o la monstruosidad que estemos viviendo hoy— y el trauma fundacional ya no es la Guerra Civil, aun cuando <strong>las pulseritas con la bandera de España</strong> de estas señoras ilustren que seguimos hablando de <strong>ciertos “vencedores”</strong>. Este trauma resulta ser entonces otro punto de inflexión en la experiencia nacional, un nuevo germen de conflictos irresolubles. <strong>La Gran Recesión de 2008</strong>, claro.</p><p>Aquí hallamos la mayor virtud de la propuesta de Aguilera, pues es capaz de modificar el esquema de <em>La caza </em>de forma bastante más drástica que con la feminización de los protagonistas. El espectro de la crisis económica y <strong>la especulación inmobiliaria </strong>que la aceleró determina la angustia del personaje de Blanca Portillo, llamado asimismo Blanca —los personajes de las tres actrices veteranas comparten sus nombres—, y el favor que le pide a Rosa por deferencia al siniestro pasado que les une. También toma cuerpo en <strong>la urbanización fantasmal</strong>, uno de tantos remanentes de <strong>la cultura del pelotazo</strong> —esa que ya se dejaba intuir en <em>La caza </em>de Saura—, que se yergue a poca distancia del coto de caza, como residuo de tantas codicias combinadas.</p><p>Las carreras y caracteres de las protagonistas veteranas de <em>Día de caza</em> se han fraguado en esta crisis, nuevamente ofreciendo una posible panorámica de cómo ha quedado la estructura de sentimiento español tras lo ocurrido. A la hora de aclararlo, el guion de Aguilera y Mayo apunta ocasionalmente <strong>a descarrilar</strong>. Sugiere que lo que trajo ante todo la Gran Recesión fue la sensación compartida de que <strong>el futuro había sido cancelado</strong> —pues la máquina siguió funcionando más o menos igual, utilizando más capitalismo para corregir los excesos del capitalismo— y que esto estimuló <strong>un nihilismo generalizado</strong> que cada individuo entendería a su manera, pero para hacerlo se embarulla en rimas insistentes con Saura, en reflexiones poco sofisticadas y diálogos sobreexpositivos. </p><p><em>Día de caza</em> habla tanto de la crisis económica como de la <strong>“crisis de representación”</strong>, apelando a que hay algo roto en nuestra agencia política como fruto último de los excesos que, acotando el caso español, empezaron a darse con <strong>el desarrollismo franquista</strong>. Así que, en ese sentido, es una respuesta orgánica y <strong>hasta cierto punto admirable</strong> a <em>La caza</em>, afrontando la difícil tarea de leer nuestros días según nos enseñó Saura hace décadas y logrando esquivar presentismos tentadores. </p><p>Todo lo cual no implica que, al margen de sus intenciones, <em>Día de caza</em> funcione especialmente bien. <strong>El apego clónico</strong> al esqueleto de <em>La caza</em> —retomando monólogos en <em>over</em> y discursos mirando a cámara, fotocopiando escenas enteras— termina pesando como una losa, y condenando ocasionalmente la película al ridículo con réplicas mal atemperadas y excesos melodramáticos. <em>Día de caza</em> funciona mejor<strong> cuanto más esquiva y cerebral es</strong>, y cuanto más descarta la obviedad dentro del proceso de actualización de sus ingredientes. También se preocupa por ser misteriosa y esquivar las revelaciones fáciles de su entramado dramático, lo cual a veces resulta de lo más estimulante —<strong>la presencia constante de los drones</strong> intensificando la paranoia— y otras, no tanto. </p><p>Siendo una película, entonces, muy irregular,<strong> toca agradecerle el riesgo</strong>. Era fácil que <em>Día de caza</em> fracasara y no lo hace. No lo hace, quizá, por algo más inmanente que la arquitectura dramática o el trabajo <strong>(casi ensayístico)</strong> de transposición de significados. Y es que hay una fe muy clara y potente sobrevolándolo todo: la fe en que con <em>La caza</em> de Carlos Saura no nos hallamos solo ante un clásico del cine español, sino <strong>ante todo un mito identitario</strong>. <em>La caza</em> parece menos coyuntural, más categóricamente española, que <strong>el mismo himno nacional</strong> que tararea distraídamente uno de los personajes en cierto momento del film de Aguilera. Está todo en ella. <em><strong>La caza</strong></em><strong> nunca se acaba</strong>.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[380adf77-97e9-461f-a566-c7478bec1575]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jul 2026 04:01:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/93c3b1d9-01ab-40e4-9906-ef1fb79a5003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="85253" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/93c3b1d9-01ab-40e4-9906-ef1fb79a5003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="85253" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Día de caza’, un remake femenino y kamikaze de ‘La caza’ de Saura para repensar España]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/93c3b1d9-01ab-40e4-9906-ef1fb79a5003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,cartelera]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La otra hermana Bennet’: la búsqueda de la felicidad de la chica torpe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/continuara/hermana-bennet-busqueda-felicidad-chica-torpe_1_2217420.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0516c48a-78b1-4504-b0c5-02bf8756183e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La otra hermana Bennet’: la búsqueda de la felicidad de la chica torpe"></p><p>Con gran éxito se estrenó en marzo en el <a href="https://www.infolibre.es/temas/reino-unido/" target="_blank" >Reino Unido</a> <em><strong>La otra hermana Bennet</strong></em><strong>,</strong> <strong>que ya puede verse en Movistar +</strong>. “La otra” pasa a ser la protagonista. La joven sin gracia creada por <strong>Jane Austen en </strong><em><strong>Orgullo y prejuicio</strong></em> florece como una venganza de los menos afortunados. </p><p><strong>Diez episodios de media hora</strong> adaptan la novela de Janice Hadlow, ex directiva de la <a href="https://www.infolibre.es/temas/bbc/" target="_blank" >BBC</a>. En ella se escribe una carta de amor al personaje menos mimado de la familia cuya historia se cuenta en la novela. <strong>“Una joven sin halagos”</strong> según el poema de <strong>William Wordsworth</strong> citado en la serie.</p><p>De las cinco hermanas Bennet, <strong>Jane Austen</strong> puso un foco tenue y sin cariño sobre Mary, pedante, torpe socialmente y aislada entre sus vivaces familiares. Esta historia, la de la novela y la serie, lo apuesta todo por la que era <strong>candidata a llevar una vida solitaria y frustrada. </strong></p><p>La convierte en una figura sorprendente, interesante y por quien resulta imposible no sentir simpatía. El suyo es <strong>un viaje hacia el crecimiento y la propia felicidad</strong>. Y para ello no se convierte en otra persona, más fácil de encajar en las expectativas sociales.</p><p>Su camino deja que la vida le enseñe dónde encontrar el amor propio. <strong>Hay un lugar para ella en el mundo</strong>. Y en el romance. Acompañarla en este despertar es todo un placer. Sensible, divertido y original.</p><p><strong>Sarah Quintrell</strong> ha sido la encargada del guion de la adaptación, la directora <strong>Jennifer Sheridan</strong> ha dirigido los primeros episodios y sentado el tono. Ambas son fans de la reverenciada serie de la BBC de 1995 sobre <em>Orgullo y prejuicio</em>, que puede encontrarse en Prime vídeo.</p><p>La serie que ellas han desarrollado comienza con el argumento de la novela original, visto desde la perspectiva de Mary, <strong>“una introvertida en una familia de extrovertidos”</strong>, como la define la actriz que la interpreta, <strong>Ella Bruccoleri</strong> en una promoción. </p><p>Sus hermanas se casan, único objetivo concebido para todas por una madre ansiosa que no podía mantenerlas económicamente de otra manera. A partir de ahí, Mary, que recibe un desprecio tras otro, <strong>escapa por una rendija </strong>a su destino de patito feo. </p><p>Su trayectoria está llena de tropiezos y de esperanza, contada con mucho humor y enorme ternura. Los episodios funcionan como capítulos literarios que terminan una etapa del viaje y <strong>siempre</strong> <strong>consiguen despertar la curiosidad por Mary</strong>. Es difícil dejarla a medias.</p><p>En entrevista a <a href="https://www.google.com/search?q=sarah+quintrell+interview&sca_esv=9c297ecd27ddd5cd&rlz=1C5CHFA_enES961ES961&sxsrf=APpeQnuRlpMHVjGr6k8IGR48dJ1LnVix6w%3A1782809707963&ei=a4RDapyqOtGG9u8PyJz_6AI&biw=1081&bih=886&ved=0ahUKEwjci-Hay66VAxVRg_0HHUjOHy0Q4dUDCBE&uact=5&oq=sarah+quintrell+interview&gs_lp=Egxnd3Mtd2l6LXNlcnAiGXNhcmFoIHF1aW50cmVsbCBpbnRlcnZpZXcyCBAAGIAEGMsBMggQABiABBiiBDIFEAAY7wUyBRAAGO8FMgUQABjvBUjzFlCyBliSFXABeACQAQCYAXigAY0HqgEDOC4yuAEDyAEA-AEBmAILoAKwB8ICCRAAGAcYHhiwA8ICCxAAGIAEGMsBGLADwgIIEC4YywEYgASYAwCIBgGQBgmSBwM5LjKgB7kfsgcDOC4yuAesB8IHBTAuOC4zyAcZgAgB&sclient=gws-wiz-serp#fpstate=ive&vld=cid:712d7acb,vid:7XjGQA9T5wo,st:0" target="_blank">LRM</a>, la responsable del proyecto, Sarah Quintrell reafirma que “todos tenemos algo de sentirnos al margen que caracteriza a Mary. Por eso <strong>conectamos con su experiencia de vida </strong>y el sentimiento de que todos los demás lo hacen bien y yo no”.</p><p>Una experiencia que en el caso de las mujeres sigue yendo muy unido a las expectativas que la sociedad tiene y que llevan a una sensación de fallo.<strong> “Antes te juzgaban tus padres y ahora las redes sociales”</strong>, dice Bruccoleri.</p><p>En el caso de la serie, el lema “matrimonio o miseria” se monta y se desmonta, como uno de los mitos de los que hablaba Austen, quien, por cierto, vivió algún romance pero no se casó. </p><p>La <strong>búsqueda de la felicidad</strong> aparece como otro de los temas, siguiendo la visión aristotélica. La felicidad como conquista diaria, como un hábito resultado de la razón y un comportamiento justo, es lo que resuena en los personajes. Especialmente en los tíos de Londres que viven una vida amable y disfrutona.</p><p>Brucolleri, actriz que la encarna, nunca había llevado el peso de una protagonista, y está encantada con la experiencia, aunque afirma que no se siente obligada a repetir como tal y que cualquier personaje bien escrito es suficiente para ella.</p><p>Uno de los rasgos de Mary es ser una mala cantante. Brucolleri en cambio <strong>es vocalista en la banda </strong><em><strong>Marry me Emelie!</strong></em><strong> </strong>con el que fue su pareja durante trece años y tiene un precioso tono.</p><p>Brucorelli afirma que cuando leyó el guion, sin haber leído ni visto nada de Austen, se sintió muy entendida y está viendo que es una reacción muy universal. El mismo comentario hace la intérprete argentina <strong>Griselda Siciliani</strong> sobre su personaje en la serie <em><strong>Envidiosa</strong></em>, plagado de miserias. </p><p>Las series que cuentan a mujeres imperfectas y su derecho a aspirar a la felicidad y ser reconocidas, como el reciente éxito <em><strong>Se tiene que morir mucha gente</strong></em>, nos hablan de como las mujeres nos contamos a nosotras mismas. </p><p>Frente a comedias pensadas por hombres en las que ellos metían la pata acompañados de mujeres encantadoras, cuando las mujeres han tomado el relato se prefieren así, llenas de defectos y queribles, en búsqueda de llegar <strong>a buenos términos consigo mismas. </strong></p><p>En el caso de <em><strong>La otra hermana Bennet</strong></em>, su intérprete la describe como “mojigata, sermoneadora, una pedante todo lo sabe, y es alguien increíblemente<strong> empatizable, emocinalmente inteligente, vulnerable y muy divertida </strong>sin tratar de serlo”.</p><p>Lo mejor es que en su viaje ella no pierde su esencia ni cambia milagrosamente. Su consistencia le permite encontrar su lugar y ser descubierta por <strong>otras almas que buscan lo auténtico</strong>, y de paso son atractivos caballeros.</p><p>Los principales miembros del equipo están encantados con el resultado y con la camaradería del rodaje. Acaba de anunciarse un especial navideño con <strong>tres nuevas entregas de la serie</strong>, así que todavía quedan oportunidades de disfrutar con la ninguneada Mary Bennet.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[0fb13308-48ba-4d33-889c-cef675864484]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jul 2026 04:00:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Piedad Sancristóval]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/0516c48a-78b1-4504-b0c5-02bf8756183e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="34378" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/0516c48a-78b1-4504-b0c5-02bf8756183e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="34378" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘La otra hermana Bennet’: la búsqueda de la felicidad de la chica torpe]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/0516c48a-78b1-4504-b0c5-02bf8756183e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Series televisión,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Letras robadas’, Nick Jonas y Paul Rudd se enfrentan por los derechos de autor (y por el significado del éxito)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/letras-robadas-nick-jonas-paul-rudd-enfrentan-derechos-autor-significado-exito_1_2213370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2758d907-01e5-4643-80bf-e85f053e0022_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Letras robadas’, Nick Jonas y Paul Rudd se enfrentan por los derechos de autor (y por el significado del éxito)"></p><p>En las inmediaciones del tercer acto de <em><strong>Letras robadas</strong></em> asistimos a<strong> un anticlímax </strong>ciertamente frustrante. Ocurre al poco de que Rick Power (<strong>Paul Rudd</strong>) haya decidido viajar a Los Ángeles para pedirle explicaciones a Danny Wilson (<strong>Nick Jonas</strong>) por la canción que ha impulsado su carrera musical.<strong> </strong><em><strong>How to write a song</strong></em> es el título del <em>hit</em> y resulta que ambos lo compusieron juntos tiempo atrás, durante la memorable noche en la que se conocieron y forjaron algo parecido a una amistad. Pero Wilson no acreditó a Power.<strong> Le “robó” la canción</strong>, y esta traición ha devastado a Power. La escena a la que nos referimos, el anticlímax susodicho, alude a<strong> la reconciliación final de ambos</strong>.</p><p>Danny Wilson admite en uno de sus conciertos que <em>How to write a song</em> no es únicamente suya, para que acto seguido aparezca Power en el escenario y<strong> ambos interpreten el tema</strong>. Es una escena preciosa, definitivamente catártica… que sin embargo es falsa. <strong>Solo es un sueño</strong> que Power tiene en el vuelo Dublín-Los Ángeles. Su reencuentro real con Wilson será mucho más difícil, y las conclusiones se alejarán de lo que esperaba. O, desde luego, de lo que podía esperar un seguidor de <strong>John Carney</strong>. El anticlímax parece contradecir los intereses de este cineasta irlandés, aquellos que ha paseado durante<strong> varias comedias musicales</strong> desde hace 20 años, cuando estrenó <em>Once</em>.</p><p>El protagonista de aquella película, Glen Hansard, es el líder de la popular banda dublinesa The Frames. Y justamente Carney fue el bajista de una de sus formaciones previas, durante los años 90. Así que <strong>la música deviene central en su filmografía</strong>, y no solo la música sino el hecho de <strong>componerla y tocarla</strong>, pues Carney ha deducido que las relaciones humanas entabladas a la medida de estos verbos han de ser de lo más emotivas. Por supuesto, <strong>tiene toda la razón</strong>. Desde <em>Once</em>, y ayudado de una serie de canciones originales a cual más exquisita —normalmente compuestas por él en compañía de Gary Clark—, Carney ha construido <strong>una obra de eficacia demoledora</strong>.</p><p>Y lo ha hecho proclamando una y otra vez <strong>el poder de la música para construir vínculos</strong>. Dos músicos callejeros en <em>Once</em>, cantautora y productor en <em>Begin Again</em>, adolescentes marginados en <em>Sing Street</em>, una madre y un hijo en la oportunamente titulada <em>Flora y su hijo Max</em>… las relaciones siempre fluyen al compás de una expresión determinada de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rondallas-daniel-sanchez-arevalo-demuestra-nuevo-rey-comedia-comercial-espanola_1_2120634.html" target="_blank">la </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rondallas-daniel-sanchez-arevalo-demuestra-nuevo-rey-comedia-comercial-espanola_1_2120634.html" target="_blank"><em>feel good movie</em></a> (de un cine cuidadosamente cursi y empeñado <strong>en hacerte sentir bien</strong>) que Carney ha aprendido a manejar a la perfección como director, guionista y propiamente músico. Por eso<strong> es tan disruptiva</strong>, y a tanto volumen, <em>Letras robadas</em>. En los primeros minutos, incluso, el personaje de Jonas le regala a Rudd una guitarra, tal y como Flora hacía con su hijo en el film anterior de Carney. </p><p>Esta guitarra es un regalo posterior a la larga secuencia en la que Power y Wilson, intercambiando alcohol y porros, se funden en <strong>una </strong><em><strong>jam session</strong></em> mostrándose sus canciones, tocándolas y haciendo sugerencias sobre la marcha. Forjando una amistad, en resumen, con tal espontaneidad y camaradería como para remitir a los mejores momentos de la filmografía de Carney, y<strong> producir velozmente esa emoción </strong>que con tanto denuedo busca como cineasta (¿como artista pop?). </p><p>El problema, claro, es que los minutos más logrados de <em>Letras robadas</em> preceden la traición, y a la película no le queda otra que hacer suya la angustia del personaje de Rudd, su desengaño y cómo este va mutando en <strong>rabia y desazón</strong>. Porque Power es un músico frustrado que toca versiones en bodas. Así es de hecho como ha conocido a Wilson, en el crepúsculo de su vida.</p><p><em>How to write a song</em> no ha sido solo, para él, la traición de alguien a quien consideraba un espíritu afín. También es un giro que a Power —justo el tipo de personaje, perdedor y entrañable, que <strong>Rudd ha nacido para interpretar</strong>— le lleva a reexaminar su vida, comparando el triunfo de Wilson con sus fracasos vitales así como las decisiones que un día tomó y le alejaron de ser<strong> la estrella de </strong><em><strong>rock </strong></em>que acaso estaba destinado a ser. Esta aceptación del fracaso es retratada al detalle en los minutos iniciales que presentan a Power junto a su banda actual, unos viejos rockeros cuyos años de optimismo creativo han quedado bien atrás, transmutados en<strong> inagotables </strong><em><strong>covers</strong></em><strong> de las canciones más trilladas del mundo</strong>. Power tiene razones de peso para odiar a Wilson, en definitiva.</p><p>Entonces, ¿qué nos dice todo esto del momento vital de Carney como narrador? ¿Acaso ha descubierto, con el paso del tiempo, que <strong>sobrevaloró la capacidad de la música para unir destinos</strong>? ¿Que la música, al estar mediada por lógicas mercantiles, a veces no es suficiente para paliar<strong> el egoísmo humano</strong>? Sin duda <strong>algo huele a viejo</strong> en el corazón de <em>Letras robadas</em>, y no cabe la menor duda de que Carney se identifica con el personaje de Paul Rudd. <em>Letras robadas</em> bien puede ser la película que haría un músico fracasado, como <strong>cuando Damien Chazelle dirigió </strong><em><strong>Whiplash</strong></em> una vez se había dado por vencido en el conservatorio. Pero hay una diferencia sustancial.</p><p>Y es que Carney es alérgico a la amargura. Por lo menos, es alguien que quiere mantenerse<strong> alejado en lo posible del cinismo</strong>, bien porque no va en su carácter, bien porque es consciente de que la eficacia de sus propuestas radica en esquivarlo y decantarse siempre por la ruta más luminosa. <em>Letras robadas</em> se acerca a ella en una escena que, sin embargo y para nuestra consternación, es un pasaje onírico, así que ha de dar <strong>un rodeo más</strong> para ello. Buscar la luz con un recorrido alternativo, aceptando que el paso del tiempo puede matizar el optimismo, y que todo cueste un poquitín más.</p><p>Es algo que le viene estupendamente a <em>Letras robadas</em>. Porque, mientras que <em>Flora y su hijo Max</em> evidenciaba<strong> cierto agotamiento de la fórmula</strong>, la nueva película de Carney no da nada por supuesto y se pregunta si la música (y, con ella, la amistad y el amor) puede resistir a los egoísmos que promulga la industria cultural, que el guion de Carney asocia a Wilson. Un personaje triste y trágico, en absoluto malvado de forma monolítica —por suerte el cineasta no cae en esa tentación— frente al que inevitablemente <strong>se reivindica el modo de vida de Power</strong>, y la forma de entender la música que ha ido madurando a lo largo de sus años de adultas desventuras.</p><p><strong>La música, entonces, sigue siendo capaz de modular relaciones</strong>. Que luego todo salga como salga no le quita la honestidad, el vértigo de la comunicación recién descubierta, a esa absorbente <em>jam session</em> de Paul Rudd y Nick Jonas. Y, sobre todo, no evita que Power haya formado su familia gracias a ella: <strong>una mujer y una hija </strong>por quienes decidió tomarse con más calma su carrera. Este tipo de apuntes argumentales centran <em>Letras robadas</em>, añadiendo a la ecuación la pregunta de si la trascendencia de la música se mide por el dinero o la cantidad de gente que escucha. La respuesta de Carney, naturalmente,<strong> es la más ingenua posible</strong>.</p><p>De esta forma, su última película coge cuerpo en <strong>una llamada al conformismo </strong>ciertamente anticlimática (volvemos a las frustraciones que entraña la relación de los dos protagonistas), para al mismo tiempo beneficiarse de todo<strong> lo inspirador y cotidiano</strong> que tenga dicho conformismo. Para tratarse de una trama considerablemente más elaborada que las obras previas de Carney, es admirable <strong>la ligereza</strong> que el cineasta logra conjurar. Hay una sensación de ingravidez, <strong>de plácida aceptación de cualquier eventualidad</strong>, que se traduce incluso en elementos tan llamativos como que <em>How to write a song</em> <strong>ni siquiera sea el tema más memorable de la banda sonora original</strong> del film, en favor de algunos de los versos sueltos que improvisa Rudd con la guitarra.</p><p>Mientras que el motor de Carney sigue rindiendo estupendamente y todo fluye al ritmo de <strong>canciones proverbialmente estimulantes</strong> —sin librarse, por otro lado, de algún artificio dramático demasiado estridente o de <strong>una realización ciertamente descuidada</strong> cuando no hay instrumentos de por medio—, <em>Letras robadas</em> nos permite conocer a Carney en lo que debe ser <strong>su fase otoñal</strong>.</p><p>Una fase tardía más interesada en una humildad existencial que, al atender a la música y su recepción antes que a su elaboración, recuerda a los logros de otra fabuloso melodrama reciente como era <a href="https://www.youtube.com/watch?v=JCgkpDbtP98" target="_blank"><em>Song Sung Blue</em></a>. Si ahí eran Hugh Jackman y Kate Hudson quienes, con <strong>su imitación de Neil Diamond</strong>, defendían que el poder de la música nada tiene que ver con la firma sino con la comunicación, aquí Rudd ha de entender algo similar, y conectarlo con una noción del éxito que le haga reafirmarse en estar viviendo <strong>la mejor vida posible</strong>, junto a su familia y sus amigos.</p><p>De tal forma que con su serenidad, al tiempo que con sus ligeros desvíos, <em>Letras robadas</em> se antoja un raro caso de <strong>obra formulaica que, sin embargo, cobija un avance expresivo</strong>. Carney, sin dejar de ser fiel a sí mismo, ha sabido renovar el calor que ya había fraguado de sobra en nuestros corazones con <strong>estas películas tan pequeñas y tan bonitas</strong>, hoy un paso más cerca de dar con<strong> la verdadera esencia </strong>de la música. Una búsqueda que desde luego es bien complicada, pero que sin duda nunca podremos completar solos. </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[09c05477-7eee-419e-a640-60688eab4c74]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jun 2026 04:01:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/2758d907-01e5-4643-80bf-e85f053e0022_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="272175" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/2758d907-01e5-4643-80bf-e85f053e0022_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="272175" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Letras robadas’, Nick Jonas y Paul Rudd se enfrentan por los derechos de autor (y por el significado del éxito)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/2758d907-01e5-4643-80bf-e85f053e0022_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La maldición de Widow's Bay’, el arte de unir en un único lugar lo encantador y lo terrible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/continuara/maldicion-widow-s-bay-arte-unir-unico-lugar-encantador-terrible_1_2213345.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/69644f0b-fa7c-43f6-a661-dbb7803a8c4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La maldición de Widow's Bay’, el arte de unir en un único lugar lo encantador y lo terrible"></p><p>La televisión ha tenido gran éxito entrelazando géneros en principio opuestos. Especialmente en el caso de la unión entre asesinatos y comedia amable. Lo hacía con <em>Se ha escrito un crimen</em>, <em>Colombo</em> y otras tantas, y lo ha reactivado en los últimos años con títulos muy queridos como <em>Solo asesinatos en el edificio</em>.</p><p>Mucho menos frecuente es la mezcla que borda <em>La maldición de Widow's Bay</em>, en Apple TV: <strong>el terror y la comedia amable</strong>. <em>Stranger things</em>, <em>Miércoles</em> o <em>Lo que hacemos en las sombras</em> son algunos ejemplos <a href="https://www.infolibre.es/continuara/vuelve-cabo-miedo-poderoso-javier-bardem-cape-fear-serie_1_2209866.html"  >que unen la comedia al terror</a>, pero ninguno aspira a un costumbrismo entrañable como el de esta serie, que recuerda al de <em>Doctor en Alaska</em>.</p><p>Una de las premisas de esta comedia se formulaba así: “Tomemos una aldea ideal y arruinémosela a todo el mundo”. El objetivo se ha cumplido a medias. La bahía del Viudo (Widow's Bay) es la población de una pequeña isla imaginaria en Massachusetts. </p><p>Y sí, se ha conseguido que sea un lugar encantador, lleno de personajes excéntricos.</p><p>Pero, lejos de arruinársela a su audiencia, la serie la ha entusiasmado y <strong>ya ha conseguido la renovación para al menos una segunda temporada</strong>. </p><p>La serie parte de un lugar pintoresco, marcado por el carácter excéntrico de sus personajes. Entre ellos, un alcalde no muy popular con una misión: atraer hordas de turistas a la villa. Y con un obstáculo: algunos de sus vecinos creen que sobre la isla recae una espantosa maldición.</p><p>El regidor está interpretado por el escocés <strong>Matthew Rhys</strong>, inolvidable espía soviético en <em>The Americans</em> y reciente protagonista del drama de suspense <em>La bestia en mí</em>. Sus compañeros afirman que es una de las personas más divertidas del mundo.</p><p>Su personaje recorre un extenso arco durante la temporada, siempre agobiado, eso sí. Encarna a la vez a Mudler y a Scully, el creyente y la escéptica de <em>Expediente X</em>. <strong>Defiende la comedia desde lo serio</strong> y con microgestos de reacción ante las situaciones disparatadas que se le presentan. Y funciona hasta la carcajada.</p><p>Esta infrecuente mezcla de géneros parte de los gustos específicos de su creadora, la guionista y cómica <strong>Katie Dippold</strong>. Fanática de las películas de terror, ha desarrollado su carrera en la comedia: como monologuista, como parte del equipo de la serie <em>Parks and Recreation</em> y como creadora de las películas <em>Cuerpos especiales</em> y <em>Cazafantasmas</em> de 2016.</p><p>La idea de esta serie le rondaba la cabeza hacía muchos años y el problema siempre residía en encontrar el tono adecuado. Su primer guion era una sucesión de chistes, uno tras otro, y su autora no estaba satisfecha. “No creo que yo misma hubiera visto la serie tal como estaba planteada al principio”, afirma Dippold en <a href="https://www.google.com/search?q=katie+dippold+interview&rlz=1C5CHFA_enES961ES961&oq=katie+dippold+interview&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIKCAEQABiABBiiBDIHCAIQABjvBTIHCAMQABjvBTIHCAQQABjvBTIHCAUQABjvBdIBCTcxNjNqMGoxNagCCLACAQ&sourceid=chrome&ie=UTF-8#fpstate=ive&vld=cid:0352e08c,vid:fDmbsxZosnU,st:0" target="_blank">Hollywoood First Look</a>.</p><p>En la serie que quería ver <strong>el terror es real</strong>, se toma en serio y apuesta por los personajes. Así que se han sacrificado muchos chistes para que cada momento tenga su propia personalidad.</p><p>Dippold encuentra parecidos entre cómo se construye un buen golpe en clave de miedo y cómo se levanta uno de humor. En ambos casos, el guion arma un artefacto que estalla en grito o en risa. <strong>Un truco de magia artesano, según su propia descripción</strong>.</p><p>Su equipo ha reescrito mucho, ha dado muchas vueltas a cada escena para que este trabajo de artesanía funcione. Eso le ha dado carácter a la comedia, que a veces queda en segundo plano. La autora explica en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=7U8xsSnRU1s" target="_blank"><em>Ringer Tv</em></a> que le gustan esos toques humorísticos que no detienen la acción, esos que sientes que, si parpadeas, te los has perdido.</p><p>El primer fichaje de la guionista fue el director <strong>Hiro Murai</strong>. El tipo de textura que había impreso en la serie <em>Atlanta</em> era exactamente lo que buscaba para este pueblo imaginario.</p><p>Murai también ha aprendido sobre la marcha el lenguaje de <em>La maldición de Widow's Bay</em>. Pidió a los intérpretes que funcionaran en tono de drama y, sobre lo demás, señala que “estás construyendo el avión mientras vuelas”.</p><p>La británica Kate O'Flynn, Stephen Root, la fascinante Dale Kickey, el tierno Jeff Hiller y la sorprendente K Callan forman parte de un elenco con la gran virtud de que estás deseando volver a ver a cualquiera de ellos por su <strong>carisma y personalidad</strong>.</p><p>Juntos han conseguido el propósito de hacer de la serie ese lugar al que quieres volver. La respuesta ha sido sorprendentemente positiva. En palabras del protagonista, Matthew Rhys: “Ha sido un alivio, la forma más elevada de felicidad”.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[7255f356-008d-42b9-9c25-12fe2625d353]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2026 04:01:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Piedad Sancristóval]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/69644f0b-fa7c-43f6-a661-dbb7803a8c4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="240803" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/69644f0b-fa7c-43f6-a661-dbb7803a8c4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="240803" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘La maldición de Widow's Bay’, el arte de unir en un único lugar lo encantador y lo terrible]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/69644f0b-fa7c-43f6-a661-dbb7803a8c4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Series televisión,Películas,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Viva’, una exuberante y anárquica inmersión en todo lo que tiene de contradictorio vivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/viva-exuberante-anarquica-inmersion-contradictorio-vivir_1_2209891.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b36223b7-875a-499b-89ce-c5567016f525_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Viva’, una exuberante y anárquica inmersión en todo lo que tiene de contradictorio vivir"></p><p>Los millonarios y tecnooligarcas del presente tienen una coartada intelectual para todos sus excesos en lo que el filósofo Nick Land ha denominado<strong> Ilustración Oscura</strong>. Bajo este paraguas se sitúa el empeño compartido de edificar <em>freedom cities</em> (ciudades en medio del mar donde eludir la presión fiscal del Estado), posibilitar el viaje a Marte o, por supuesto, <strong>alcanzar la vida eterna</strong>. Esa es la gran obsesión de, por ejemplo, Peter Thiel, siniestro fundador de PayPal y Palantir. “Cuando muera ha establecido que debe ser criogenizado para señalar que hay una posibilidad abierta para la tecnología del futuro”, detalla Carlos Fernández Liria en su libro <em><strong>Contra la Ilustración Oscura</strong></em>.</p><p>“Es decir, la muerte ya no es encarada como una misteriosa condición existencial, sino como<strong> una deficiencia o una impertinente avería </strong>destinada a ser superada técnicamente”. El pensamiento compartido por el linaje de Thiel, Elon Musk y Silicon Valley apunta por tanto a una fe irredenta en la tecnología como contrapartida al rechazo a condicionantes terrenales, de los cuales creen que podrán distanciarse<strong> gracias al privilegio económico</strong>. Tanto la Tierra como la vida que entendemos —la que posee un inicio y un desenlace— <strong>se le quedan pequeñas a estas élites</strong>, rechazando la existencia de cualquier clase de final y contentándose con, más que una vida, una <em><strong>huida eterna</strong></em>.</p><p>Se trata entonces de alargar la vida sin ningún fin aparente, entendiendo “fin” aquí como desenlace… <strong>y como propósito</strong>. Resurge <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/domingos-adolescente-quiere-monja-marca-panfleto-accidental-iglesia-catolica_1_2084771.html" target="_blank">el nihilismo</a> que pende sobre otros rincones de la sociedad actual, y que buscando todo tipo de relatos acomodaticios se fundamenta en un amplio sentimiento de <strong>futuro cancelado</strong>. El planeta, en efecto, se muere, y eso no es lo peor sino que ni siquiera sabemos <strong>por qué motivo vivir</strong> lo que nos queda hasta que todo se muera. Una estructura de sentimiento que <em><strong>Viva</strong></em><strong> </strong>refleja desde tres ángulos: el paisaje, el trabajo y la experiencia concreta.</p><p>El paisaje: una sequía de signo distópico que asola Barcelona. El trabajo: un ambicioso proyecto científico para alargar<strong> los años de existencia humana</strong>. La experiencia concreta: una doctora que vive en Barcelona, que trabaja en el proyecto susodicho además de ser docente, y que acaba de superar<strong> un cáncer de mama</strong>. Estos tres ángulos confluyen en Nora (<strong>Aina Clotet</strong>) y se caracterizan por su definición negativa: la muerte acecha a todos ellos, determinándolos y amenazándolos. En <strong>la impactante escena inicial</strong> de <em>Viva</em> Nora descubre, para colmo, que puede tener un tumor en el otro pecho. El que le queda tras la mastectomía que debería haberle ayudado a superar el cáncer.</p><p>Así que la pregunta es sencilla a la vez que intimidante: <em><strong>por qué</strong></em><strong> aferrarse a la vida</strong>. Es la pregunta que la Ilustración Oscura no puede responder sin recurrir a <strong>un egoísmo categóricamente fascista</strong>, y la que mueve a Nora a comportarse de un modo tan errático como para <strong>desafiar cualquier empatía </strong>que pudiera inspirarnos su historial clínico. Debido a unas circunstancias que parecen a todas luces agónicas —la sequía como índice de un mundo al borde del colapso donde de poco va a servir <strong>alargar los años humanos</strong>—, y que ahora se ven asaltadas por la inquietud de un final todavía más cercano y directo, Nora siente que lo único que puede hacer es sumergirse en un “feroz <em>carpe diem</em>”. <a href="https://www.vogue.es/articulos/aina-clotet-entrevista-viva" target="_blank">Así lo ha descrito Clotet</a>, que además de su intérprete es<strong> la directora y guionista de </strong><em><strong>Viva</strong></em>.</p><p>Un feroz <em>carpe diem</em>. El propósito de vivir el presente de forma desenfrenada, ante la abismal consciencia de que todo se acaba. Así que Nora <strong>abraza la irresponsabilidad</strong>, le da la espalda a todo lo que no suponga un placer instantáneo, y vagabundea por el desierto barcelonés sin desechar ninguna pulsión, sin meditar nada ni darle media vuelta a quién podría hacer daño con esta conducta. El guion se centra sobre todo en <strong>sus caóticos avatares sentimentales</strong>: en cómo al poco de saber que la muerte no se ha alejado abandona a la pareja que le cuidó durante su convalecencia previa, para arrojarse a los brazos de un escultural bailarín mucho más joven que ella.</p><p>La puesta en escena de Clotet nos propone ajustarnos a la perspectiva de su protagonista y, si es posible,<strong> no juzgarla con dureza</strong>. Aunque, de hacerlo, tampoco perdería la película impacto por ello. La propuesta pasa por verlo todo con sus ojos, lo que implica tanto imaginar el rostro de su nuevo <em>crush</em> repetido entre los alumnos de su clase (en una escena bastante ridícula, todo hay que decirlo), como sentir que<strong> la sequedad de la tierra se coordina con la libido</strong>. Dentro de esta fusión del calor y el frenesí sexual, el deseo irrefrenable, Clotet alcanza momentos realmente valiosos, remitentes al <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/daniel-craig-entrega-forma-suicida-queer-lamento-soledad-luca-guadagnino_1_1922168.html" target="_blank">cine de Luca Guadagnino</a> y a una textura visual propia.</p><p><strong>La cálida fotografía de Nilo Mur</strong> modula el paisaje por el que se mueve Nora de forma claustrofóbica, debido a lo mucho que la protagonista se contagia de él y a cómo<strong> cada mala decisión resuena sobre la piedra y la arena</strong>. Fortalece en varios sentidos la sensación de que <em>Viva</em> sería como <strong>el </strong><em><strong>Sirat</strong></em><strong> barcelonés</strong>, rindiendo incluso <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rave-resistencia-neoliberalismo-oliver-laxe-sacude-cimientos-cine-prodigiosa-sirat_1_2007012.html" target="_blank">mejor que Oliver Laxe</a> cuando toca <strong>problematizar su nihilismo</strong>, y las cuentas pendientes de aquella producción con el conflicto del Sahara occidental aquí se asientan en <strong>la crisis ecológica</strong>. Es decir, en el planeta terminal que viene vehiculando tanto las desmesuras de la Ilustración Oscura como <strong>la desorientación de Nora</strong>. </p><p>Porque, en cierto momento, el periplo de Nora pasa por desperdiciar dramáticamente el agua de la casa que comparte, en<strong> un gesto extremo de negligencia</strong>. Clotet asume que cada persona es un mundo y que cada persona puede hacer tanto daño a otra persona<strong> como al mismo mundo</strong>, sin por ello dejar de cederle margen de equivocación a su antiheroína. De hecho, y aunque la ficción de <em>Viva</em> se aparte de los cauces autobiográficos por los que pasan buena parte de las óperas primas del último cine español —el mayor rasgo en común que tiene Clotet con Nora es que su padre sea efectivamente un médico de enorme reputación en Cataluña, aquí con el rostro de <strong>Guillermo Toledo</strong>—, es significativa <strong>la visceral conexión</strong> que la cineasta persigue con el personaje.</p><p>Secuencias como la del hotel cerca del final, cuando termina de estallar la relación con Tom (Naby Dakhli) ejemplifican una meritoria entrega de Clotet a la protagonista, habiendo depositado en ella dudas existenciales de <strong>lo más interesantes y urgentes</strong>. Pues si bien <em>Viva</em> no es una historia de redención —es más bien una historia de<strong> confusión y vagabundeo</strong>, de ahí que los excesos y arritmias en el desarrollo se antojen inevitables—, la brújula ética que organiza Clotet (y que se comunica con todo lo que la protagonista tiene alrededor) <strong>sí es firme y dialogante</strong>.</p><p>Es, sobre todo, <strong>un ejercicio de libertad reflexiva</strong>, que no queda sino celebrar por muy pasada de vueltas que resulte en algunos compases del vagabundeo (los montajes musicales, <strong>su indefinición tonal de comedia romántica</strong>). Hay que celebrar <em>Viva</em> entonces por la independencia que ha salvaguardado Clotet, dándole un nuevo matiz al cine español que triunfa extramuros —su película ganó un premio revelación en<strong> la Semana de la Crítica del último Festival de Cannes</strong>, reclamando su propio foco junto a Rodrigo Sorogoyen, Almodóvar y los Javis— y un empaque mucho menos encorsetado que el visto <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/no-morire-amor-discreto-drama-domestico-impacto-familiar-alzheimer_1_2188191.html" target="_blank">en otros debuts</a> que hoy día atraviesan laboratorios y residencias.</p><p>Y hay que celebrar <em>Viva</em>, sobre todo, <strong>por venir cargada de presente</strong>. Por una ambición que no teme ahondar en cuestiones filosóficas de plena actualidad, por aceptar que no tiene las respuestas pero sí las preguntas, y por su lúcida asunción de que esto <em><strong>no puede ser todo</strong></em>. De que hay tanto vacío en la muerte singular como en ese nihilismo que llegue a separarnos de los demás según <strong>deseos inmediatos o caducos</strong>. <em>Viva</em>, por los caminos más enrevesados y caóticos, deduce que el sentido de vivir es que el vivir se acaba y que no hay que negarlo, sino asegurarse de que el placer que pueda llegar a proporcionar durante su brevedad tenga <strong>un valor auténtico y trascendente</strong>.</p><p>Nora, en algún que otro momento de su viaje, vislumbrará ese sentido. Comprenderá que no sirve de nada vivir si el motivo se reduce a una angustia egocéntrica, que<strong> no se trata de negar la muerte sino de afirmar la vida</strong>. Con un poco de suerte, dejando atrás a todos <a href="https://www.theguardian.com/us-news/ng-interactive/2025/apr/13/end-times-fascism-far-right-trump-musk" target="_blank">esos fascistas del fin de los tiempos</a>, quizá también lleguemos a comprenderlo junto a ella.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[88498a70-3bcf-4188-8bda-c574791f080d]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 04:01:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/b36223b7-875a-499b-89ce-c5567016f525_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="907643" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/b36223b7-875a-499b-89ce-c5567016f525_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="907643" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Viva’, una exuberante y anárquica inmersión en todo lo que tiene de contradictorio vivir]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/b36223b7-875a-499b-89ce-c5567016f525_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Spielberg nos recuerda en ‘El día de la revelación’ en qué merece la pena creer en plena era conspiranoica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/spielberg-recuerda-dia-revelacion-merece-pena-creer-plena-conspiranoia_1_2206720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/788fa9a6-ae1b-4a9c-977d-620b6fe3a79c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Spielberg nos recuerda en ‘El día de la revelación’ en qué merece la pena creer en plena era conspiranoica"></p><p>Con la posible excepción de <em>Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal</em>, todas las historias de Steven Spielberg sobre alienígenas antes de <em>El día de la revelación</em> han sido metáforas. <em>Encuentros en la tercera fase</em> era un <strong>viaje a través del autodescubrimiento artístico</strong> con el que hacía justicia a los inicios de su carrera —cuando a mediados de los 60 había debutado con una película casera de ambición desmedida, <em>Firelight</em>, ya dedicada entonces a la confraternización alienígena—, mientras que E.T. El extraterrestre exorcizaba una infancia traumatizada. Y, por último, <em>La guerra de los mundos</em> acometía una <strong>radiografía del </strong><em><strong>shock</strong></em><strong> estadounidense tras el 11 de septiembre</strong>. </p><p>No es de extrañar que un cineasta tan interesado en los ovnis haya acostumbrado a <strong>utilizarlos como excusa para hablar de otras cosas</strong> porque, en fin, la ufología siempre ha consistido un poco en eso. Desde finales del siglo XIX, antes de que H.G. Wells ideara su visión original de <em>La guerra de los mundos</em> como una crítica al imperialismo británico. Entonces los primeros avistamientos se limitaban a <strong>cuerpos celestes ciertamente reconocibles</strong> <strong>para los estándares culturales</strong> de la época: su diseño solo parecía, entonces, levemente más avanzado que los primeros dirigibles. La imaginación ufológica no se iba muy lejos de lo que hubiera alcanzado la ciencia entonces, en una dinámica que se iría repitiendo a lo largo del siglo posterior. Intensificada, claro, por esos conflictos bélicos donde la carrera tecnológica/armamentística devenía central, propulsada hacia las estrellas.</p><p>Así que no es ninguna casualidad que la II Guerra Mundial y la Guerra Fría enmarquen los puntos cumbre del rastreo de platillos volantes, del incidente de Roswell en 1947 a la obsesión por el Área 51 avivada en 1989 por Bob Lazar. La preocupación por la existencia de los aliens —y, a veces más importante, por lo mucho que las altas esferas están empeñadas en ocultarla— se acelera en <strong>momentos de incertidumbre, momentos donde el presente se tambalea</strong> y precipita la desconfianza hacia los constructos sociales junto al cuño de nuevos relatos que puedan canalizarla. La ufología sirvió muy bien a estos objetivos, hasta que en 2019 pasó algo trágico. El movimiento “<a href="https://www.clarin.com/mundo/-invadamos-area-51-broma-misteriosa-base-podria-terminar-desastre_0_i0ttFDr.html"  >Invadamos el Área 51, no pueden pararnos a todos</a>”, según el cual varios creyentes en los ovnis ocuparían esta instalación gubernamental, fue un sonado fracaso. <strong>Un ridículo mortal</strong>.</p><p>Y entonces vendría la pandemia. Y, en tanto que teoría de la conspiración, la ufología quedaría totalmente desfasada. Perdida en medio de una miríada de <strong>nuevos relatos igual de excéntricos pero mucho más agresivos</strong>, más beligerantes con el presente. Se pasó de los platillos volantes a los chemtrails. La conspiranoia legó nuevos y peligrosos cultos como el Q-Anon o, bajo la urgencia del coronavirus, los dictados antivacunas. De modo que hoy día, a la hora de querer retomar su pasión por los aliens (o por la metáfora de los aliens), Spielberg lo tenía todo en contra. No solo porque la ufología haya perdido aplomo en la tribuna pública, sino porque la conciencia colectiva, mundial, deviene segregada en un <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/bugonia-lanthimos-emma-stone-rien-conspiranoia-eficaz-comedia-macabra_1_2092839.html"  >catálogo inabarcable de sectas y creencias</a> reforzadas. </p><p>¿El día de la revelación? Spielberg se ha empeñado en titular así esta nueva película y su <strong>actitud parece entre arrogante y tristemente ingenua</strong>: en todo caso, el mundo actual solo sería capaz de albergar “un día con revelaciones”. Una pluralidad caótica, por cuanto hoy por hoy no existen garantías de que la humanidad vaya a ponerse de acuerdo en mirar a un mismo sitio. Así que el esfuerzo de Spielberg, con un paisaje así, <strong>no deja de ganar connotaciones</strong>. Puede ser valiente, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/megalomania-megalopolis-bochornosa-genial-inmolacion-director-padrino_1_1875138.html"  >puede ser metamoderno</a> en su vocación de prensar todos los relatos en uno solo. Y también puede ser tremendamente irresponsable desde el punto de vista político. De esto parece haber sido consciente.</p><p>Así que ha tomado precauciones. La principal es que ya no hay metáfora que instrumentalice el contacto con los aliens: <em>El día de la revelación</em> va realmente de un contacto con los aliens y eso es todo: la revelación es tan sencilla como que no estamos solos en el universo y al fin va a hacerse público. Ahora bien, la importancia de esta revelación va más allá de la revelación en sí. <strong>No es contingente ni ocurre en cualquier momento, ocurre ahora</strong>. Cuando más la necesita el mundo, con la mirada perdida en multitud de direcciones que precisan converger. En <em>El día de la revelación</em> es necesario además porque hay un conflicto geopolítico en ciernes. Conscientes de lo peliagudo que es esto, <strong>Spielberg y el guionista David Koepp imaginan un enfrentamiento con Corea del Norte</strong>. Acaso razonan que hoy es el lugar más fácil de mirar, con la imagen más plana y distante.</p><p>Seguimos, en fin, instalados en una subjetividad yanqui, que de forma voluntarista <strong>extrae algunas nociones así como esenciales del atolladero global</strong> de nuestros días (hasta que Donald Trump tenga una nueva ocurrencia). No merece la pena darle muchas vueltas a ello —<em>El día de la revelación</em> pertenece a las mismas coordenadas idealistas/escapistas de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/mision-imposible-sentencia-final-excelente-cierre-mejor-saga-accion-historia-hollywood_1_1999229.html"  ><em>Misión imposible: Sentencia final</em></a>— , aunque sí reparar en otra precaución algo más jugosa: una relectura de la psicosis anti-estatal que siempre había guiado la imaginación ufológica.<strong> “El gobierno nos miente”, y demás</strong>. Con la que está cayendo no es necesario desacreditar más al Estado, así que El día de la revelación nos plantea que el problema no ha sido tanto del gobierno como de una empresa privada que lo secuestró.</p><p>¿Podríamos respirar aliviados, en ese sentido, de que ningún indeseable vaya a apropiarse del trasnochado mesianismo de <em>El día de la revelación</em>? Aun asumiendo que algo así pudiera suceder —que una película tan romántica y llegada de otra época como la de Spielberg hallara encaje fértil en las infinitas paranoias contemporáneas—, pasa que <strong>hablamos sobre todo de una película de autor</strong>, que solo le rinde las cuentas imprescindibles (las ya citadas, básicamente) al presente. El temperamento artístico de Spielberg ha cimentado su película alrededor de la necesidad de creer —se ha abalanzado al “quiero creer” noventero de <em>Expediente X</em>, vaya—, y de una fe primordial que dentro de su cine ha transitado alternativamente de la religión a los extraterrestres.</p><p>Ambos entes resultan ser complementarios en <em>El día de la revelación</em>: posibles remedios contra la enfermedad del último hombre nietzscheano —ese al que, cuando se murió Dios, no se le ocurrió otra cosa que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/domingos-adolescente-quiere-monja-marca-panfleto-accidental-iglesia-catolica_1_2084771.html"  >volverse nihilista</a>— que en la esfera del presente <strong>se antojan tan problemáticos a efectos políticos como nutritivos a nivel cinematográfico</strong>. La temeridad no solo cobra forma en el rostro de Eve Hewson como una antigua novicia que perdió la vocación y duda si la humanidad necesita saberlo todo —su personaje es el más interesante del film, aunque no el mejor utilizado—, sino que se proyecta un torbellino expresivo que justifica cada halago que haya recibido nunca Spielberg como gloriosa metonimia de todo a lo que puede aspirar Hollywood.</p><p>Lo cierto es que, como narración audiovisual, <em>El día de la revelación</em> es un escándalo. Un <strong>derroche de virtuosismo</strong>, de soluciones audaces de planificación, de atemperamiento de fuerzas emotivas, que confluye admirablemente con la necesidad de la trama por empujarnos hacia el momento decisivo. La impaciencia que sienten <strong>Josh O’Connor </strong>y<strong> Emily Blunt</strong> en sus dos fenomenales composiciones como mensajeros de la verdad contagia cada apartado de la producción, la sumerge en un frenesí apabullante —<em>El día de la revelación</em> es, a grandes rasgos, una persecución de dos horas y media—, que no se libra de trastabillar sin embargo por un guion que podría haber definido mucho mejor algunos de sus rincones, y que a veces sepulta a la película en una ingrata inercia.</p><p>Elementos como los poderes que Blunt recibe como emisaria o la naturaleza de cierto <strong>talismán heredado de los alienígenas</strong> adolecen de falta de reescrituras. Tanto como una transición hacia el tercer acto que aunque sirva de bello homenaje de Spielberg a sus pálpitos infantiles —mezclando <em>Encuentros en la tercera fase</em> con el aliento nostálgico de <em>Los Fabelman</em>— no rectifican la sensación de que <em>El día de la revelación</em> es una narración más guiada por el sentimiento a flor de piel que por la construcción meticulosa. <strong>Lo que tampoco llega a ser muy grave</strong>. Se dignifica por la energía del conjunto, por la visión segura y grandilocuente de quien, habiendo sido el más grande de los narradores, no puede concebir que el ejercicio de narrar se vulgarice. </p><p>Porque es lo que, en sus ángulos más brillantes y conmovedores, proclama <em>El día de la revelación</em>. Que lo grave no es tanto que hayamos dejado de mirar a las estrellas como que hayamos depositado la mirada en otros lugares anecdóticos, <strong>conformándonos con lo fácil y lo cercano mientras el mundo se fragmentaba de forma irreparable</strong>. Tanta preocupación hay por esta tesitura, por un presente que el viejo Spielberg no entiende del todo —y tal vez sea mejor así—, que todo acaba replegándose no tanto sobre la dualidad entre creer y no creer, como sobre la simple voluntad de creer. Pero creer en las cosas que lo merecen. No solo en el cine de Spielberg, sino también en la trascendencia compartida de la humanidad y el universo. Que a veces, de forma milagrosa, parecen lo mismo.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[9444517c-b992-4d53-8370-8bdd35e03d5c]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 04:01:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/788fa9a6-ae1b-4a9c-977d-620b6fe3a79c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="334355" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/788fa9a6-ae1b-4a9c-977d-620b6fe3a79c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="334355" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Spielberg nos recuerda en ‘El día de la revelación’ en qué merece la pena creer en plena era conspiranoica]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/788fa9a6-ae1b-4a9c-977d-620b6fe3a79c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Películas,Steven Spielberg,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘He-Man y los Masters del Universo’, firme candidato a peor taquillazo del año]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/he-man-masters-universo-firme-candidato-peor-taquillazo-ano_1_2203271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/365b2816-07eb-4b47-8984-95224831421c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘He-Man y los Masters del Universo’, firme candidato a peor taquillazo del año"></p><p>El daño que Marvel le ha infligido a la industria del cine es bastante incalculable. Le bastó poco más de una década para ello, entre que <em>Iron Man</em> inaugurara la franquicia en 2008 y <em>Vengadores: Endgame</em> cerrara la Saga del Infinito en 2019. Causa vértigo pensar en todas las carreras de prometedoras estrellas que <strong>quedaron truncadas</strong> (no a nivel económico, claro) por sus disfraces y sus contratos de varias películas. También es desagradable reparar en cómo la obsesión por la serialidad y la dependencia de la propiedad intelectual que marcan hoy el <em>blockbuster </em>vienen de ahí. O resignarse ante la imposibilidad de que el espectáculo apoyado en efectos digitales vuelva a causar un mínimo asombro, tras la <strong>carrera tecnológica emprendida entre los 70 y los 2000</strong>.</p><p><strong>El </strong><em><strong>blockbuster </strong></em><strong>está en crisis</strong> porque ya no emociona, porque ya no es excepcional. ¿Cómo va a hacerlo, cómo podría serlo, si cada <em>blockbuster </em>es la antesala a otro mediando escena poscréditos, y el avance del CGI —la imagen generada por ordenador— está congelado en función a <strong>producciones descuidadas y funcionariales</strong>, donde más que por el sentido de la maravilla se aboga por un sentido del reconocimiento? La fruición por la secuela y la IP —la propiedad intelectual— viene de aquí, del desinterés por el riesgo y el acomodo del público, y por supuesto que hay otros culpables aparte de Disney o Kevin Feige en tanto a director creativo de Marvel Studios. Simplemente es inevitable centrar en ellos gran parte de los lamentos, sobre todo cuando la enfermedad se enquista, y descubrimos nuevas consecuencias de su tóxico imperio.</p><p>Ocurre entonces que <strong>la infección de Marvel Studios llega incluso a ser autoral</strong>. Porque hay algunos cineastas que han militado en sus filas y lo han hecho con una personalidad propia, que al dialogar inmejorablemente con los presupuestos de Marvel posibilitaron una combinación letal. Ahora mismo en Marvel no hay autores —como no contemos la continuada labor de terrorismo audiovisual de Joe y Anthony Russo—, pero hubo un tiempo en que sí hubo algo parecido.</p><p>Joss Whedon, James Gunn, Taika Waititi. Cuando hablamos de plantilla de Marvel también hablamos de sus temperamentos creativos entrelazados. Whedon se traía su whedonismo, la sorna pop tanteada en<em> Buffy cazavampiros </em>que hoy retienen títulos como <em>Proyecto Salvación</em> —una de tantas películas que promueven engañosamente un nuevo horizonte para el <em>blockbuster</em>—, mientras que <strong>Gunn aportaba una introspección psicológica alineada con un creciente estudio del lenguaje del cómic</strong>. Esto último, en el caso de Waititi, quedó reforzado por un estallido de colorines que podía ser muy convincente a la hora de disimular lo esquelética que se iba quedando la plantilla de Marvel. Tanto Gunn como Waititi añadieron, para rematar la jugada, mucho rock viejuno.</p><p>Y amplificaron el daño. Una <strong>reformulación de los atractivos estéticos marvelitas</strong> que ni siquiera tenía que ceñirse al superheroico —aunque Gunn ha preferido quedarse ahí, y quizá por ser el más honesto de los cineastas citados sigue siendo capaz de brindarnos alegrías como su último Superman—, para afianzarse en otros terrenos, otras coordenadas del cine IP que según va alejándose de las viñetas debe tantear otras fuentes. <strong>Videojuegos, juguetes, juegos de mesa…</strong> franquicias multimedia, en fin, que si se arriman lo bastante a este código fuente alcanzarían a disimular que solo son artefactos robóticos sin capacidad real de competir con cualquier cosa que vomite la inteligencia artificial. Es lo que intenta la nueva Masters del Universo. Sin lograrlo.</p><p><em>He-Man y los Masters del Universo</em> es otro caso de cine IP tan definido por sus condiciones corporativas que más que en salas debería proyectarse en una reunión de accionistas o como si fuera un anuncio de televisión de tantos, para vender juguetes en vísperas de Navidad. A primera vista, más que en el amasijo de simulacros narrativos de Marvel nos recordaría a <em>Barbie</em>: <strong>otra</strong> <strong>orgullosa película-anuncio con la que comparte empresa juguetera</strong>, Mattel. Su CEO Ynon Kreiz dijo en el verano de 2023, al poco de que <em>Barbie </em>hubiera empezado a arrasar, que tenían previsto hacer hasta 45 películas más basadas en sus juguetes. Es una amenaza a la que aparentemente le ha costado coger forma, porque en estos tres años solo han podido hacer esta Masters del Universo.</p><p>No se han alejado mucho de <em>Barbie </em>para ello. La intención de hacer otra película en acción real de esta línea de juguetes —luego de un film de serie B de los años 80 con Dolph Lundgren que por supuesto es homenajeado en la obra que nos ocupa— lleva mucho tiempo desfilando por los despachos de Hollywood. <strong>Ha dejado multitud de posibles directores por el camino</strong>, y parece haberse concretado gracias justamente al influjo de la muñeca de Mattel: Greta Gerwig planteó su adaptación como un anuncio que se burlaba de sí mismo y es más o menos lo que hace Masters del Universo. Consciente de la <strong>ridiculez de su universo y sus personajes</strong>, la película nunca se toma en serio para, desde esta distancia segura, perseguir la complicidad del espectador. </p><p>Lo peor no es que sea una estrategia cobarde —y, a estas alturas, más que sobada— sino que no hay más decisiones al margen de esta. Las lecturas más voluntaristas apuntarían al director y guionista contratados para que <em>He-Man y los Masters del Universo</em> reclamara algún tipo de distinción: <strong>dirige Travis Knight y escribe Chris Butler, ambos llegados de un estudio de animación tan prestigioso como Laika</strong>. Sus marcas respectivas pretenden implantar una narrativa concreta: han concebido su adaptación de <em>He-Man y los Masters del Universo</em> como una película de dibujos animados, llena de color y reminiscente a la popular serie de Filmation emitida a principios de los 80.</p><p>¿Es, entonces, <em>He-Man y los Masters del Universo</em> cine de animación camuflado? <strong>¿Una bufonada adorable y festiva, cuyos personajes quisieran parecer dibujitos antes que seres de carne y hueso? </strong>Posiblemente es lo que le gustaría ser y lo que algunas críticas desesperadas le concederían (¿quién podría culparles a estas alturas, por otro lado?), pero va a ser que no. Está dirigida por Travis Knight, sí, pero en este caso su firma aludiría, antes que a la celebración artesanal de Kubo y las dos cuerdas mágicas, al hecho de ser el hijísimo del fundador de Nike y un ejecutivo todoterreno.</p><p>Porque <em>He-Man y los Masters del Universo</em> es otra <strong>emanación de tantas de un sistema en bancarrota</strong>: un producto deshumanizado que se aferra a estrategias de éxito probado para ir encadenándolas todas sin imaginación ni vergüenza alguna. En su propósito de regurgitar cualquier cosa que se mueva ahora mismo en Hollywood el anuncio listillo de <em>Barbie</em> se le queda pequeño, y ha de recurrir a Marvel. <strong>Siguiendo la estela de artefactos previos como </strong><em><strong>Dungeons & Dragons: Honor</strong></em><strong> </strong><em><strong>entre ladrones</strong></em><strong> o </strong><em><strong>Borderlands</strong></em> —con cuya miseria extraordinaria parece querer batirse esta He-Man—, la producción de Mattel vuelve a rebuscar en el legado de Whedon, Waititi y Gunn, a la espera de que el cinismo chatgepetero de la operación se transmute en encanto y jovialidad.</p><p>Así que ahí tenemos a Nicholas Galitzine como el príncipe Adam: <strong>actor penoso</strong> que por supuesto se crecerá en sus flaquezas haciendo de guapo tontorrón que no puede gritar con confianza aquello de “por el poder de Grayskull”. Y a una <strong>Alison Brie que no sabe dónde meterse</strong>. Y a un <strong>Idris Elba que nunca va a cansarse de acumular chatarra en el currículum</strong>. Y también a Jared Leto, este ofreciendo casi lo único de Masters del Universo que no sería completamente deleznable (que ya hay que fastidiarse), gracias a la atolondrada expresividad de su Skeletor. </p><p>Todo este reparto, embutido en <strong>trajes horteras de los que se burlarán los propios personajes</strong>, ha de arrastrarse por una duración que además resulta intolerablemente extensa. Porque la película se ambienta en su mayor parte en Eternia, el planeta donde Adam ha de combatir a Skeletor, pero también hay bastante metraje en nuestro planeta sin apenas justificación argumental: solo sirve para sumar minutos, <strong>meter temas ochenteros</strong> y alumbrar chistes sobre la difícil inserción terráquea de Adam. En este caso para encima exhibir un leve talante anti-woke ironizando con los pronombres de He-Man y la jefa racializada que tiene que aguantar. <strong>Por si fuera poca la infamia</strong>.</p><p>Poco después desfilan los <strong>chistes sobre la masculinidad</strong>, se alivia cualquier gravedad dramática para aceptar el mamarracheo, y la película completa su transformación en un trasnochado híbrido de Gunn y Waititi. <em>Guardianes de la galaxia</em> se da la mano con las películas de <em>Thor</em>, los cromas de colores chillones se alinean con presuntas <em>splash pages</em> de cómic, y todo fructifica en una alegría tan impostada como finalmente temblorosa. La contundencia esporádica de algunos golpes en las peleas no logra disimular que <strong>la planificación es nula, que el guion es terrible</strong>, y que la valía de la firma de Knight y Butler solo es un efecto visual de tantos, tan cutre como cualquier otro.</p><p>La sensación final que depara <em>He-Man y los Masters del Universo</em> es una <strong>mezcla de indignación y hastío</strong>. Y también mucha angustia, angustia lacerante por el hecho de que ya hemos perdido la cuenta de todos los años que llevamos con este <em>blockbuster </em>falso y degradado. Con esta agonía interminable. Esta muerte que no llega.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[99fa9b94-d5df-45fb-a699-da2e8095f151]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/365b2816-07eb-4b47-8984-95224831421c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="316781" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/365b2816-07eb-4b47-8984-95224831421c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="316781" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘He-Man y los Masters del Universo’, firme candidato a peor taquillazo del año]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/365b2816-07eb-4b47-8984-95224831421c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jennifer Lopez se cree una diva del Hollywood clásico (con mal resultado) en ‘El beso de la mujer araña’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/jennifer-lopez-cree-diva-hollywood-clasico-mal-resultado-beso-mujer-arana_1_2192714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a7473fbd-bf6e-4afc-869c-47d8f3fe6854_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jennifer Lopez se cree una diva del Hollywood clásico (con mal resultado) en ‘El beso de la mujer araña’"></p><p>Siendo como es una novela tirando a experimental y, por tanto, complicada de adaptar,<strong> </strong><em><strong>El beso de la mujer araña</strong></em> se benefició en 1985 de una decisión muy afortunada al saltar al cine. Dejando de lado cambios llamativos como el escenario —de una prisión en la dictadura militar argentina a otra de <strong>la dictadura militar brasileña</strong>—, el guion de Leonard Schrader limitó a dos el número de películas descritas en <strong>el libro de Manuel Puig</strong>, y solo le dio prioridad a solo una de ellas. Un film ficticio, salido de la propaganda nazi durante la Francia colaboracionista de Vichy. </p><p>Molina había quedado fascinado por el trágico romance que narraba esta película, entre una espía francesa aficionada y un alto mando del ejército de Hitler. Así se lo aseguraba a su compañero de celda, Arregui, topándose con el desprecio del mismo por haberse tragado un producto tan engañoso, que disfrazaba como romance hollywoodiense<strong> la más absoluta barbarie</strong>. Que <em>El beso de la mujer araña</em> le concediera tanta importancia a este film —marcando de forma indeleble la relación del Molina de <strong>William Hurt</strong> y el Arregui de<strong> Raúl Juliá</strong>— respaldaba su propósito de reflexionar sobre <strong>el ambivalente potencial político del cine</strong>. Tan capaz de desactivar cualquier <strong>pulsión de rebeldía</strong> contra el sistema como de, ajeno a sus objetivos, encender esta misma pulsión.</p><p>Es lo que terminaba ocurriendo entre los presos: Arregui era un prisionero político, enemigo del régimen, que terminaba fascinado por<strong> los relatos cinéfilos de Molina</strong>. Y Molina era un hombre <em>queer</em> que, por el amor hacia Arregui que habían macerado tantas conversaciones sobre<strong> películas reaccionarias</strong>, era absorbido por su revolución. Esta dualidad resultaba tan jugosa como para no poder limitarse a una novela o un largometraje —uno por cierto muy exitoso, nominado a cuatro Oscar principales y dándole uno interpretativo al <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/muere-actor-estadounidense-william-hurt_1_1222284.html" target="_blank">fallecido Hurt</a> por su retrato de Molina—, y así acoger nuevas adaptaciones. Tras inspirar una obra de teatro, en 1992 tomó la forma de <strong>un musical</strong>.</p><p>Y el musical cayó en las manos indicadas. John Kander y Fred Ebb, responsables de la música y las letras de las canciones que ahora sazonaban la relación de Molina y Arregui, eran conocidos por obras como <em>Chicago</em> o, sobre todo, <em><strong>Cabaret</strong></em>. Es decir, obras que explicitaban la vocación escapista de su misma condición de musicales, incluso como en el caso de <em>Cabaret</em> haciendo dialogar este espectáculo contra<strong> la gravedad del auge de los nazis</strong>. Al igual que <em>El beso de la mujer araña</em>, se preguntaban hasta dónde podía llegar esta evasión una vez<strong> era acorralada por la urgencia política</strong>. Así que esta historia se ajustaba como un guante a sus preocupaciones.</p><p>Que esta versión musical de <em>El beso de la mujer araña</em> salte ahora al cine no debería, entonces, extrañar a nadie. Sigue contando<strong> algo relevante </strong>y además anda por medio un director como <strong>Bill Condon</strong>, que justamente se había encargado de adaptar a guion cinematográfico <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/musical-salto-calles-west-side-story-spielberg-cima-genero_1_2042178.html" target="_blank">el mencionado musical de </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/musical-salto-calles-west-side-story-spielberg-cima-genero_1_2042178.html" target="_blank"><em>Chicago</em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/musical-salto-calles-west-side-story-spielberg-cima-genero_1_2042178.html" target="_blank"> a principios de los 2000</a>. El problema, claro, es que esta nueva película tiene a <strong>Jennifer Lopez</strong> como protagonista. Y se ha propuesto devorarla de arriba abajo.</p><p>En <em>El beso de la mujer araña</em> Jennifer Lopez interpreta a la actriz con la que está obsesionado Molina: la actriz que en el film de 1985 tenía el rostro de <strong>la brasileña Sonia Braga</strong>, y que al reconvertirse este en musical ha acogido<strong> la identidad de Ingrid Luna</strong>. Ingrid Luna protagoniza todas esas películas que obsesionan a Molina y que comienzan a encender la imaginación de Arregui, haciéndole sucumbir a los oropeles de Hollywood. Lopez es <strong>el rostro de estos oropeles</strong>, pero siendo de partida un rostro adecuado también entraña ciertas servidumbres ingratas.</p><p>Servidumbres hacia<strong> la impronta mediática de Lopez</strong>, claro. A lo largo de una carrera cuyos inicios se remontan a mediados de los 90 Lopez se ha esmerado en triunfar tanto en la música como en el cine. Los resultados, sobre todo en el segundo ámbito, <strong>han sido desiguales</strong>: Lopez blindó su fama a través de éxitos comerciales sin respaldo crítico —sus comedias románticas de los primeros 2000 y antes de eso un film como <em>Anaconda</em>, cuyo culto irónico fundamentó <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/anaconda-vuelve-clasico-cine-cutre-reirse-torpeza-crisis-hollywood_129_12868018.html" target="_blank">una secuela asimismo irónica</a> hace unos meses beneficiándose de un cameo de la actriz—, si bien nadie podría negar que tuvo unos inicios prometedores. Protagonizó con George Clooney <strong>un film tan glamuroso como </strong><em><strong>Un romance muy peligroso</strong></em>, y fue nominada al <strong>Globo de Oro </strong>por el <em>biopic</em> de la cantante Selena.</p><p>De esta nominación muchos se acordaron a finales de la década pasada cuando de repente Lopez quiso volver a postularse como una actriz seria, que incluso merecía el Oscar. <em><strong>Estafadoras de Wall Street</strong></em> le dio en 2019 una segunda nominación al Globo de Oro y estuvo más cerca que nunca de ser reconocida por la Academia, pero el Oscar no llegó. Fue <strong>un espejismo de respetabilidad </strong>aún más breve que el de los 90, si bien en este caso precedió una fase muy distinta: una más autoconsciente, que por ejemplo le llevaba a interpretar en <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/comedia-romantica-sigue-viva-hollywood-recuerda-volvernos-enamorar_1_1689180.html" target="_blank">la comedia romántica </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/comedia-romantica-sigue-viva-hollywood-recuerda-volvernos-enamorar_1_1689180.html" target="_blank"><em>Cásate conmigo</em></a> a una cantante pop cansada de la fama y de cómo esta invadía su vida privada. </p><p>Esto ocurría en 2022, cuando todo el mundo hablaba de <strong>su reencuentro romántico con Ben Affleck</strong> tras una breve relación (igualmente muy mediática) veinte años atrás. Entonces Affleck había llegado a aparecer en un videoclip suyo confirmando el amor que se profesaban (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=dly6p4Fu5TE&list=RDdly6p4Fu5TE&start_radio=1" target="_blank"><em>Jenny from the block</em></a>), y este gesto tuvo una estrambótica continuidad con<strong> </strong><em><strong>This is Me… Now</strong></em>. Un nuevo disco, una nueva gira, que en 2024 vino acompañado de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Osu2N9gysYk" target="_blank">una película de Amazon</a> totalmente definida por la megalomanía de la cantante. Lopez estaba deseosa de compartir con el mundo su entusiasmo y, sobre todo —pues insistía en que no era un álbum dedicado a Affleck, con quien de todas formas <strong>volvería a romper poco después</strong>—, la fe que tenía en sí misma. En su talento y personalidad.</p><p>Así es como llegamos a <em>El beso de la mujer araña</em>. Una película que ha producido la misma Lopez y surge, a priori, de una admiración por los musicales hollywoodienses que ya rastreábamos en el<strong> delirio audiovisual</strong> que es <em>This is Me… Now</em>. Una película donde lo más llamativo no es tanto el rotundo fracaso comercial que ha sido en EEUU —apenas ha recaudado <strong>dos millones de dólares</strong>, hundiendo cualquier oportunidad de que Lopez vuelva a aspirar a premios interpretativos—, como la forma en que la identidad de la estrella lo ha fagocitado todo.</p><p>Es decir. <em>El beso de la mujer araña</em> <strong>no es una mala adaptación</strong> de la historia de Puig. Hasta cierto punto conserva sus temas, y los números musicales pertenecientes a la película que le refiere Molina a Arregui tejen una relación análoga con <strong>esta trama de amor homosexual y despertar político</strong>. Los problemas tienen más que ver con la ejecución, achacables casi por entero a la supina incompetencia de Condon con la puesta en escena —con ecos inequívocos al <strong>lamentable </strong><em><strong>remake</strong></em><strong> de </strong><em><strong>La bella y la bestia</strong></em> que pergeñó en 2017— y al modo en que esta perfila un producto de hechuras extremadamente cutres. Poco pueden hacer <strong>Diego Luna y Tonatiuh</strong>, intérpretes de los presos, contra un aparato formal que parece salido del<strong> fondo más abismal del pozo </strong><em><strong>streaming</strong></em>.</p><p>Lo único interesante de la película tiene que ver, entonces, con su carácter de <strong>vehículo de lucimiento para Lopez</strong>. Ella es la estrella de cine con la que sueñan los protagonistas, que atrae su imaginación confundiéndose con<strong> su sueño de libertad</strong> entre los barrotes, y al transmutarse en esta tal Ingrid Luna la actriz es consciente de todas las reverberaciones icónicas que va a atraer sobre sí. <strong>Cómo se está disputando un imaginario popular </strong>donde, antes que la Sonia Braga del film de los 80, brillan nombres como<strong> Rita Hayworth, Audrey Hepburn, Judy Garland o Cyd Charisse</strong>.</p><p>Es decir, <strong>divas del cine clásico</strong> de Hollywood. En particular, y desde su raigambre latina —la familia de Lopez es portorriqueña—, es muy posible que se identifique con Rita Hayworth. El nombre real de Hayworth era Margarita Carmen Cansino, hija de un inmigrante español en Brooklyn, y su rutilante estrellato hollywoodiense ha tenido <strong>un encaje cultural </strong>muy productivo al margen de sus películas. Antes de que Lopez interpretara a Ingrid Luna siguiendo sus pasos, Hayworth había inspirado el argumento de<strong> </strong><em><strong>La condesa descalza</strong></em> en 1954, con el rostro de Ava Gardner. Y entrado el siglo XXI, fue una de las referencias para la protagonista del <em>bestseller</em> de Taylor Jenkins Reid <em><strong>Los siete maridos de Evelyn Hugo</strong></em>, una estrella de cine de origen cubano.</p><p>Lopez corre entonces a situarse en esta constelación de divas latinas. <em>El beso de la mujer araña</em> la erige como heredera, y la utiliza como portal hacia <strong>el musical de los años 50</strong>: la edad de oro del género, a la que Condon quiere remitir tanto como a <em>Chicago</em>. Los números de <em>El beso de la mujer araña</em> tienden ecos entonces con la Garland de <em>Repertorio de verano</em>, los <strong>vestidos verdes</strong> que portó Charisse entre <em>Cantando bajo la lluvia</em> y <em>Siempre hace buen tiempo</em>, y el baile de Hepburn junto a Fred Astaire (ahora con el rostro de Diego Luna) en aquel cuarto oscuro fotográfico de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/retrato-moda-couture-deja-frivolidad-diablo-viste-prada_1_2188806.html" target="_blank"><em>Funny Face</em></a>.</p><p>Lopez quiere invocar todo esto. Una tradición rutilante, que sin duda le fascina tanto a ella como a Condon, y a la que se esfuerzan en remitir de una forma verdaderamente triste. El vínculo que buscan estos números con las grandes obras maestras del género subraya su mediocridad o, aún peor, <strong>una vulgarización concienzuda</strong>. La vulgarización inevitable que implica el malentendido fundamental de Lopez a la hora de releer el musical de los 50: todas esas divas utilizaron el musical <strong>para esconderse</strong>, para envolverse en el misterio y que las imágenes permanecieran inagotables. Lopez, en cambio, <strong>quiere mostrarlo todo</strong> y devenir un producto consumible acorde a su necesidad de reconocimiento. Y como resultado, pues en fin. <strong>Todo da bastante vergüenza</strong>.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[023e35c8-adfc-46d7-935d-b4763406732f]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 04:00:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/a7473fbd-bf6e-4afc-869c-47d8f3fe6854_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="220043" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/a7473fbd-bf6e-4afc-869c-47d8f3fe6854_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="220043" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Jennifer Lopez se cree una diva del Hollywood clásico (con mal resultado) en ‘El beso de la mujer araña’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/a7473fbd-bf6e-4afc-869c-47d8f3fe6854_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,Actrices]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El sonido de la caída’ es un críptico y fascinante retrato de los fantasmas que no terminamos de dejar atrás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/sonido-caida-criptico-fascinante-retrato-fantasmas-no-terminamos_1_2180429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6ef65b0f-10ee-4043-83e1-0cf210c3a084_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El sonido de la caída’ es un críptico y fascinante retrato de los fantasmas que no terminamos de dejar atrás"></p><p>Uno de los grandes conceptos que acuñó <strong>Walter Benjamin</strong> es, también, uno que nadie entiende del todo. En aquel<em> Libro de los pasajes</em> que el filósofo alemán nunca terminó <a href="https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/camino-frontera-walter-benjamin_1_1208678.html" target="_blank">a causa de su suicidio</a> (empezó a escribirlo en 1927, hace casi un siglo) nos topamos con la<strong> “imagen dialéctica”</strong>. “No es que lo pasado arroje luz sobre lo presente, o que lo presente arroje luz sobre lo pasado; la imagen dialéctica sería aquello donde lo que ha sido se sintetiza como un relámpago con el ahora<strong> para formar una constelación</strong>”. Pues vale. “Mientras la relación del presente con el pasado es puramente temporal y continua, la relación entre lo que ha sido con el ahora es dialéctica”.</p><p>“No es una progresión sino una imagen, <strong>súbitamente emergente</strong>”. Stuart Jeffries se enfrentó a este galimatías en su fabulosa biografía coral de la Escuela de Frankfurt (<em>Gran Hotel Abismo</em>, 2018) y afirmó que eso de imagen dialéctica sonaba a oxímoron, <strong>a contradicción en sí misma</strong>. La dialéctica describiría una relación <strong>entre conceptos y argumentos</strong>, mientras que las imágenes son singulares e inmediatas. ¿Cómo podrían armonizarse estos términos? Por fuerza,<strong> recurriendo al arte</strong>. Recurriendo por ejemplo a ese joven arte en cuyo potencial Benjamin creyó con tanto entusiasmo: <strong>el cine</strong>. En tanto que integrado por imágenes en movimiento, el cine debía ser capaz de generar esa dialéctica en sus imágenes, que dejaban de ser singulares para pasar a ser constituyentes.</p><p>Pero seguiríamos hablando de un potencial, <strong>no necesariamente desarrollado</strong>. El cine puede abrazar la imagen dialéctica, aunque rara vez lo hace suscribiendo los épicos objetivos marxistas de Benjamin, obsesionado con redimir el pasado a través de las huellas que este deja en el presente y, desde ahí, proyectar ese presente hacia un horizonte emancipador. De ahí que sorprendan tanto los logros de <strong>Mascha Schilinski</strong>, paisana de Benjamin. En los primeros minutos del segundo largometraje de esta cineasta berlinesa, una niña contempla<strong> la foto de otra niña muerta</strong>. Un cadáver que no solo se parece a ella, sino que también se llama Alma y está ataviada con el mismo vestido que lleva la Alma actual. Nadie le explica a qué se debe esto.</p><p>A decir verdad, <em><strong>El sonido de la caída</strong></em><strong> </strong>es una película <strong>parca en explicaciones</strong>. Lo central de esta secuencia es la lógica turbación que experimenta Alma al toparse con esa imagen, y cómo reverbera en los minutos siguientes. Tiempo después, Alma se verá forzada misteriosamente a emular la imagen ella misma, mientras en paralelo otra chica, ya adolescente, emulará de forma involuntaria un ángulo diferente de esa misma foto, donde vemos el rostro de la madre de Alma (¿de las Almas?) sumido en <strong>un borrón de movimiento</strong>. A esta chica adolescente le separan de la niña inicial, por cierto, décadas y décadas. Intuimos que les une un parentesco, pero no se explicita. Lo más prudente es hablar de una imagen que ha sugestionado a ambas.<strong> Una imagen transmutada en fantasma</strong>.</p><p>A Benjamin también le pareció que la fotografía era revolucionaria, así que encaja que Schilinski ancle en una foto fúnebre el origen de los extraños acontecimientos que narra (o algo así) <em>El sonido de la caída</em>. Si la fotografía deja el pasado <strong>en suspenso,</strong> es inquietante toparnos en ella con impresiones de movimiento que la cámara no ha podido congelar. Esos borrones que difuminan a la madre de Alma, a la otra adolescente y, en cierto momento, también a una anciana —en este caso, según se nos cuenta, porque <strong>no hay un recuerdo nítido</strong> de ella—, evidencian la contradicción esencial de la fotografía. Su imposibilidad de embalsamar el movimiento (y la historia). En el mismo instante en que pretende acometer esa tarea, nacen los fantasmas.</p><p>Los fantasmas no son solo<strong> una aberración existencial </strong>—ser conscientes de su presencia mueve a que pongamos en cuarentena las nociones teleológicas de nuestra vida, la frontal división entre vida y muerte—, sino también, aventuraremos, la expresión más pura de la imagen dialéctica de Benjamin.<strong> Fotografía, fantasmas, cine</strong>. Este triángulo sintetiza toda la propuesta de <em>El sonido de la caída</em>, y justifica <strong>el andamiaje tan complejo </strong>de Schilinski. Porque esta indómita película de dos horas y media se ubica en una misma granja alemana a lo largo del siglo XX (y un poco del XXI), y discurre a través de las vivencias y traumas de cuatro generaciones de mujeres. </p><p>Estas vivencias fluyen sin orden aparente en <em>El sonido de la caída</em>. Saltamos entre épocas, rápidamente nos damos por vencidos a la hora de cartografiar parentescos, y la única oportunidad de captar un significado ordenado —que por otra parte<strong> no sería una prioridad de la imagen dialéctica</strong>— es a través de <strong>las rimas</strong>. Comportamientos que se repiten, ideas que resuenan. Ocurre sobre todo que estas mujeres sienten<strong> una atracción febril por lo macabro</strong>. Ya sea la mutilación, ya sea la fantasía de suicidio, ya sea el abuso patriarcal, todas las vivencias comparten sabor, y parecen determinadas por el pasado. Aunque, dada <strong>la dislocación temporal </strong>a la que se compromete el guion de Schilinski y Louise Peter, ni siquiera podemos hablar en puridad de un “pasado”.</p><p>La idea central que comparten las mujeres de <em>El sonido de la caída</em> es, consustancialmente a esta visión caótica que se destila entre ecos y profecías, la de <strong>la mirada</strong>. Son mujeres que miran, que se inquietan por quiénes las podrían estar mirando y que, acaso por esta alienación, no son capaces de mirar dentro de sí mismas. Al hacerlo solo encontrarían otras miradas, ajenas y propias.<strong> Huellas de fantasmas</strong>. Es lo que —por si no fuera ya bastante intimidante el bagaje filosófico con el que trabaja Schilinski— lanzaría <em>El sonido de la caída</em> a las problemáticas en torno a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-adelanto-medio-siglo-metoo-reaparece-manteniendo-rabia-angustia_1_1729972.html" target="_blank">la representación cinematográfica de la mujer</a>, en una suerte de feminismo ontológico que tampoco por este camino va a alumbrar respuestas claras. A este film no podrían interesarle menos dichas respuestas.</p><p>Lo que le interesa, entonces, es remontarse a una idea de cine rabiosamente dialéctica, que de forma inevitable ha de sorprender —y con un poco de suerte,<strong> sobrecoger</strong>— en una época muy lejana a aquella en la que Benjamin filosofaba con tanto entusiasmo e imprudencia. Es como si <em>El sonido de la caída</em> quisiera regresar a un momento en que el cine aún no había desarrollado <strong>sistemas ni industrias</strong>, en que simplemente la cámara se hubiera quedado con la posibilidad de registrar otra cámara a la que ofrecerle un espejo, para pasar a registrar las energías que surgieran entonces.</p><p>Con tal desmantelamiento de leyes narrativas, tan sumo desinterés por que alguien <em>entienda </em>algo —es de estas películas que para leerlas como requieren hay que sumergirse (¿con resignación?)<strong> en un registro poético</strong>—, a <em>El sonido de la caída</em> no le queda otra que ser arrogante y antipática. Las únicas muestras de clemencia radicarían en<strong> su portentosa belleza plástica</strong>, esa fotografía de texturas infinitas a cargo de Fabian Gamper que acepta tanto los pesos históricos —la memoria iconográfica de cada época alemana— como los subjetivos —la sensualidad del paisaje que rodea a la granja, la importancia del agua como <strong>metonimia de la fluidez</strong> que persigue el film—, en un gesto de coherencia extrema junto a la gramática que busca Schilinski.</p><p><em>El sonido de la caída</em> es una película que parece inventar <strong>sus propios movimientos de cámara</strong>, que a cada secuencia busca una solución nueva y vibrante, simplemente por su compromiso de rastrear qué hace a un fantasma ser un fantasma y<strong> cómo podría abordarlo el cine</strong>. Sus preocupaciones, por otra parte, no son radicalmente nuevas —en Hollywood nos topamos recientemente con películas como<strong> </strong><em><strong>Here</strong></em><strong> de Robert Zemeckis</strong> y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/steven-soderbergh-cuenta-pelicula-terror-ojos-fantasma-ultima-travesura-presence_129_12108389.html" target="_blank"><em>Presence</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/steven-soderbergh-cuenta-pelicula-terror-ojos-fantasma-ultima-travesura-presence_129_12108389.html" target="_blank"> de Soderbergh</a>, cada una preguntándose a su manera por cómo fundir imagen digital y ectoplasma—, aunque sí se acerca a serlo<strong> su lenguaje</strong>. </p><p>Porque a veces, en sus extremos más hipnóticos y felices, <em>El sonido de la caída</em> apunta a ser una refundación de todo lo que creíamos saber del arte cinematográfico, abriéndose hacia <strong>un horizonte alternativo</strong>. Otras veces, en cambio, lidiamos con <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/agente-secreto-atipico-thriller-confusos-recovecos-memoria-historica_1_2146425.html" target="_blank">el caprichoso y familiar </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/agente-secreto-atipico-thriller-confusos-recovecos-memoria-historica_1_2146425.html" target="_blank"><em>shock</em></a> —la película de Schilinski ganó el Premio del Jurado en el último Festival de Cannes junto a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rave-resistencia-neoliberalismo-oliver-laxe-sacude-cimientos-cine-prodigiosa-sirat_1_2007012.html"  ><em>Sirât </em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rave-resistencia-neoliberalismo-oliver-laxe-sacude-cimientos-cine-prodigiosa-sirat_1_2007012.html"  >de Oliver Laxe</a>— y con la necesidad de no volar demasiado lejos del suelo. Aún así, hay en la película una voluntad definida y encomiable, la de <strong>agitar y desafiar</strong>, animándonos a dialogar sobre qué es el cine <strong>(o qué podría ser)</strong> como si volviéramos a los años 20 del siglo pasado.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[709e84c8-8c33-4aa9-ba88-4c646d9fdd9b]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 04:01:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/6ef65b0f-10ee-4043-83e1-0cf210c3a084_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="482241" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/6ef65b0f-10ee-4043-83e1-0cf210c3a084_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="482241" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘El sonido de la caída’ es un críptico y fascinante retrato de los fantasmas que no terminamos de dejar atrás]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/6ef65b0f-10ee-4043-83e1-0cf210c3a084_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Directores cine,Industria cine,Taquilla cine,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La momia de Lee Cronin’ es la revisión gozosamente libre y creepy de un mito de Hollywood]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/momia-lee-cronin-revision-gozosamente-libre-creepy-mito-hollywood_1_2180005.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/393cc27f-f047-4430-889c-9f791c99c766_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La momia de Lee Cronin’ es la revisión gozosamente libre y creepy de un mito de Hollywood"></p><p>¿Qué habrá hecho<strong> Lee Cronin</strong>? ¿Quién será ese tal Lee Cronin para reclamar la propiedad de <em>La momia</em> en la última versión de esta longeva saga (por llamarla de algún modo) de Hollywood? La película se titula <em><strong>La momia de Lee Cronin</strong></em> así que, a la vez que pensamos en el rostro macilento de Boris Karloff o en cierto querido <em>blockbuster</em> de finales de los años 90, pensamos en cuando Guillermo del Toro<strong> logra ser tan autor</strong> como para que su film se titule <em>Pinocho de Guillermo del Toro</em>. O, aún mejor, nos acordamos de aquella engañifa publicitaria de<strong> </strong><em><strong>Drácula de Bram Stoker</strong></em><em>, </em>cuando Coppola utilizó <strong>el nombre del novelista</strong> en la adaptación menos fiel posible de su novela.</p><p>Lee Cronin debe ser alguien. Aunque la propiedad intelectual a la que se ha arrimado apenas tenga <strong>un peso definido</strong>. Dentro de aquella saga monstruosa iniciada en los años 30 por Universal, al primer film de <em>La momia</em> le pasa como <strong>a </strong><em><strong>El hombre lobo</strong></em>: no se basa en ninguna novela canónica, surgió entre la mezcla de referentes y el oportunismo —la leyenda urbana de que el hallazgo de la tumba de Tutankamón había desatado una maldición—, y así ha fluido mejor o peor desde entonces. Es tan endeble su encaje industrial que acaso la flamante firma de Cronin se deba a <strong>motivaciones más bien pedestres</strong>: no quiere tener nada que ver con esa saga de <em>La momia</em> que pronto va a prolongarse en una cuarta entrega <a href="https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/momia-4-brendan-fraser-rachel-weisz-confirma-regreso-mas-esperado-familia-john-hannah_6952000_0.html" target="_blank">con Brendan Fraser</a>. Además proviene de productores distintos.</p><p>Hay que separar a esta <em>Momia</em>, por último, del <strong>ridículo Dark Universe</strong> que iba a haber iniciado Tom Cruise hace casi diez años, con su propia versión de <em>La momia</em>. Pero no lo negaremos. Por mucho que esta sea solo la tercera película que dirige —nadie alcanzó semejante rúbrica <strong>habiendo hecho tan poco</strong>—, el apellido de Cronin significa algo. Lo confirmamos en 2023 cuando se hizo cargo de una entrega de <em>Posesión infernal</em> con aplomo encomiable. Este cineasta irlandés dejó claro que tenía unos intereses propios: <strong>una fijación por el entorno familiar</strong>, por la brutal manipulación de las imágenes confortables de dicho entorno, a través de la violencia y la deformación física.</p><p>Así que, ¿es Lee Cronin un autor? ¿Es justificable <strong>la bombástica firma</strong> de esta<em> Momia</em>? Aún es pronto para confirmarlo, pero desde luego hay embarcados aquí intereses más fuertes que una <strong>propiedad intelectual</strong> o una franquicia histórica de la que haya que respetar imágenes concretas.</p><p>Lo que está haciendo Cronin casi pasaría como una desactivación de la solemnidad del último cine de terror —había quien antes lo llamaba “terror elevado”, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/si-pudiera-daria-patada-perturbador-retrato-maternidad-brutal-rose-byrne_1_2127792.html" target="_blank">aunque pocos se acuerdan ya</a>—, y hallaría afinidad con <strong>el éxito reciente de </strong><em><strong>Weapons</strong></em>, también distribuida por Warner Bros. Por lo demás, hay tal cantidad de sufrimiento infantil en el cine de Cronin como para pensar asimismo en el cine de los hermanos Philippou, <strong>entre </strong><em><strong>Háblame </strong></em><strong>y </strong><em><strong>Devuélvemela</strong></em>, y modular una angustia contemporánea ante las incertidumbres del futuro que podrían representar los infantes torturados. Aunque mejor no irse muy lejos de <strong>la diversión desacomplejada</strong> de <em>Weapons</em>.</p><p>Como en el caso de Zach Cregger, la ambición de Cronin se limita al impacto instantáneo. <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/agente-secreto-atipico-thriller-confusos-recovecos-memoria-historica_1_2146425.html" target="_blank">Al </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/agente-secreto-atipico-thriller-confusos-recovecos-memoria-historica_1_2146425.html" target="_blank"><em>shock</em></a>, entendido según la imagen horripilante y el más difícil todavía que pueda inspirar la complicidad del fan del género. <strong>O el humor, directamente</strong>. Cronin no se toma demasiado en serio lo que está haciendo, guiado por <strong>un afable nihilismo</strong> que pasa por desactivar los conflictos y las temáticas al poco de que se enuncien. Ya pasaba en su película de <em>Posesión infernal</em> según había que tirar de guiños a los fans. Y ocurre en <em>La momia de Lee Cronin</em> cuando los significantes en torno al <strong>drama familiar, la culpa o la religión </strong>se evaporan tiempo después de desplegarse. </p><p><em>La momia de Lee Cronin</em> no habla de nada en particular. Aún así ha recabado el interés de dos sellos reconocibles especializados en terror (la Atomic Monster de James Wan y Blumhouse, según una reciente alianza) y, sobre todo, <strong>dura más de dos horas</strong>. Esto último nos daría la verdadera clave de por qué es una película tan contundente, y por qué tiene unos valores de producción tan encomiables. El film se desarrolla<strong> entre varias localizaciones</strong>, se toma su tiempo en arrancar y cuida mucho tanto la atmósfera como cada secuencia donde el horror estalle. Cronin, realmente, ha cuidado su película. No quiere hacer <strong>un producto de derribo</strong> destinado al videoclub.</p><p>Hay una escala, una dignidad, <strong>un goce artesanal</strong>. También algo parecido a una libertad, favorecida por el hecho de que hacer una película de “la momia” hoy día<strong> no implica servidumbre alguna </strong>y Cronin ha podido escribir el argumento que le dé la gana: aunque sigamos lidiando con maldiciones egipcias, buena parte de la acción se desarrolla en un hogar estadounidense al que ha regresado una hija en estado catatónico, descubierta <strong>en un extraño sarcófago</strong> tras ocho años desaparecida. Gran parte de los sobresaltos del film tienen que ver con el enigma de la niña, alrededor de la cual van materializándose fenómenos cada vez más extraños y grotescos.</p><p>No cuesta, entonces, echar la vista atrás. Y, antes que pensar en otras momias, rememorar un momento muy interesante de la industria estadounidense. Cuando, entre finales de los 60 y principios de los 70, el cine de terror religioso se permitió por una vez alardear de presupuestos y directores de renombre. Fue el tiempo de <em>La semilla del diablo</em>. Sobre todo,<strong> de </strong><em><strong>El exorcista</strong></em><strong> y de </strong><em><strong>La profecía</strong></em>, siendo el esquema argumental de estas últimas mucho más determinante en <em>La momia de Lee Cronin</em> que cualquier momia previa. Entonces el terror quiso ser ambicioso y monumental, explotando temores recónditos de la sociedad de la época de la mano de amplias producciones.</p><p>Estos referentes le quedan grandes a <em>La momia de Lee Cronin</em> pero no dejan de tener un eco. Resulta que, en cuanto a <strong>terror de estudio entusiasta y de factura impecable</strong>, <em>La momia de Lee Cronin</em> se</p><p>apoya en la gratísima experiencia que fue <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/primera-profecia-mejor-pelicula-saga-original-solido-ejercicio-terror-blasfemo_129_11262385.html" target="_blank"><em>La primera profecía</em></a> hace un par de años (otro gran <em>flashback</em> setentero), y propone un feroz entretenimiento que no toma prisioneros. Que sorprende a cada punto del camino, que se pregunta a cada instante cómo tensar la acción <strong>del modo más retorcido y salvaje posible</strong>, y que en resumidas cuentas se presenta como un espectáculo militantemente generoso, al que no dan muchas ganas de poner pegas.</p><p>Desde luego que la interpretación de<strong> nuestra Laia Costa</strong>, como madre de esta niña momificada, queda diluida entre tantos fuegos artificiales. Desde luego que la investigación sostenida entre Egipto y EEUU —por más que constate el influjo de <em>La profecía</em> y utilice un poco de <strong>metraje encontrado</strong> para inquietar por ese lado también— no da mucho de sí. Y desde luego que la propuesta narrativa de <em>La momia de Lee Cronin</em><strong> es escasísima</strong>, marcada por las ganas antes que por la ejecución. La película al final sufre de<strong> estas carencias intestinales</strong> y se hace algo larga, sin que aún así dé pie a los reproches. Nos lo estamos pasando tan bien. Se lo está pasando tan bien.</p><p>He aquí una suerte de fallo en el sistema, una película de aspiraciones honestas que se cuela en <strong>el inhumano andamiaje de las IPs</strong> de Hollywood —de esas propiedades intelectuales que, sin importar el género, están pudriendo la expresividad del cine popular— y aprovecha todos los recursos disponibles para no hacer más que guarradas y tonterías. Con<strong> unos efectos prácticos fenomenales</strong>, un voluminoso sentido de la puesta en escena, <strong>y un humor negro</strong> que va macerándose poco a poco hasta estallar sofocando todas las coartadas dramáticas del mundo.</p><p>Es un terror convencido de su valía y su capacidad para asustar. Lo que, afortunadamente, no significa que sea elevado <strong>ni particularmente serio</strong>. Cronin no debe ser de esos. El terror que hace solo quiere echarse unas risas y apenas termina de creerse que le hayan dado tanto dinero para hacer esta movida. <strong>Bienaventurado sea el reinado de la IP</strong>. Solo por esta vez.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[5177fedf-6240-44ae-a92a-3d9e0bd40709]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 04:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/393cc27f-f047-4430-889c-9f791c99c766_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="69073" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/393cc27f-f047-4430-889c-9f791c99c766_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="69073" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘La momia de Lee Cronin’ es la revisión gozosamente libre y creepy de un mito de Hollywood]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/393cc27f-f047-4430-889c-9f791c99c766_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cultura,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’: el director de ‘Piratas del Caribe’ vuelve al cine cargando contra la IA]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/buena-suerte-pasalo-no-mueras-director-piratas-caribe-vuelve-cine-cargando-ia_1_2173699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/158b9623-ead2-4807-ba15-ff8ada45d54d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’: el director de ‘Piratas del Caribe’ arremete contra la IA en un formidable regreso al cine"></p><p><strong>A Gore Verbinski sin duda le interesa la tecnología</strong>. Pero no necesariamente le interesa como "tema" sino como herramienta, como condición de posibilidad. Es la razón por la que acaso nadie quiera considerarlo un autor (afortunadamente), aunque tampoco sería descabellado incluirlo dentro de una derivación tardía de lo que los críticos Diego Salgado y Elisa McCausland apodaron "<em>Nouvelle Vague</em> tecnológica": ese grupo de cineastas estadounidenses (Spielberg, George Lucas, James Cameron, Robert Zemeckis) que desde finales de los años 70 experimentaron con los efectos visuales y <strong>las posibilidades expresivas de la tecnología digital</strong>. Verbinski estaría en esa onda.</p><p>Por eso conviene escuchar sus opiniones sobre el estado tecnológico del cine. A finales del año pasado Verbinski propuso que la culpa de que hoy día el CGI (imágenes generadas por ordenador) del cine de Hollywood luzca tan mal<strong> </strong>—o, lo que es lo mismo, haya perdido la capacidad de sorprender al público que había atesorado hasta entrados los 2000— <strong>la tienen los videojuegos</strong>. El director de <em>Piratas del Caribe</em> lo explicó someramente <a href="https://butwhytho.net/2025/11/gore-verbinski-good-luck-have-fun-dont-die/" target="_blank">en una entrevista en </a><a href="https://butwhytho.net/2025/11/gore-verbinski-good-luck-have-fun-dont-die/" target="_blank"><em>But why tho?</em></a>: películas recientes han incorporado a su desarrollo un motor gráfico procedente de los videojuegos —el <em>Unreal Engine</em>, inseparable, por ejemplo, del <em>Fortnite</em>— y eso, junto a la costumbre establecida de rodar en digital y pantallas verdes, <strong>lo ha aplanado todo</strong>.</p><p>Verbinski describió una<strong> "estética de videojuegos" uniforme e infiltrada en el cine</strong> cuya consecuencia definitoria es la ausencia de matices y sentido de la maravilla. Esta estética ha implantado una suerte de dimensión autónoma, donde creaciones de gran virtuosismo digital como el <a href="https://piratasdelcaribe.fandom.com/wiki/Davy_Jones" target="_blank">Davy Jones de </a><a href="https://piratasdelcaribe.fandom.com/wiki/Davy_Jones" target="_blank"><em>Piratas del Caribe</em></a> —uno de los hitos técnicos de los que más se puede enorgullecer Verbinski— ya no pueden brillar, al no poder contrastar con su entorno. <strong>Se ha perdido verosimilitud, cercanía con la realidad inmediata del espectador</strong>, al tiempo que esta realidad amenaza con ser contaminada por los márgenes del videojuego. Si las imágenes ficticias con las que nos relacionábamos se aplanan, ¿cómo no va a aplanarse nuestra realidad también?</p><p>Verbinski quizá erró al centrarse en el <em>Unreal Engine</em> —que no se ha infiltrado en el cine lo suficiente como para erigirle culpable total—, pero atinó al advertir <strong>lo peligrosas que pueden ser estas realidades asépticas y uniformes</strong>, vulnerables a trucajes tan evidentes y veloces como… los que puede efectuar la inteligencia artificial (IA). En aquella entrevista no arremetió contra la IA aunque igualmente fue para promocionar <em><strong>Buena suerte, pásalo bien, no mueras</strong></em>, y su discurso apocalíptico encajó a la perfección con los propósitos del primer <em>film </em>que dirige en diez años. Si nuestra realidad ya es inseparable de la simulación, <strong>¿cómo no va a venir la IA a hacer estragos?</strong></p><p><em>Buena suerte, pásalo bien, no mueras</em> es <strong>una película anti-IA</strong>. De forma militante y, como insinuarían las declaraciones de Verbinski sobre los videojuegos, algo trasnochada. Lo bueno es que es anti-IA de una forma que no atiende tanto a <strong>la emancipación de las máquinas</strong> —tratada en <em>Terminator</em>, de la que esta película retoma los viajes en el tiempo con sus inevitables paradojas—, como a la capacidad de esta tecnología para enfangar<strong> nuestra percepción del mundo</strong>. Verbinski, partiendo de un guion que Matthew Robinson escribió hace ocho años —que de hecho se ha rodado a toda velocidad ahora que el debate sobre la inteligencia artificial está candente—, quiere tratar esta incertidumbre. Es algo que sin duda le preocupa.</p><p>De lo que deduciríamos que <em>Buena suerte, pásalo bien, no mueras</em> es la película más personal de Verbinski hasta la fecha, tan personal como para declararla una "<strong>propuesta de autor"</strong>. Y eso que no es la primera vez que prefiere mirar de frente la tecnología en lugar de limitarse a usarla como herramienta. Hace 24 años dirigió <em>The Ring</em> y ahí ocurrió algo interesante. Por entonces, el director debía importar a Hollywood uno de los últimos grandes éxitos del terror japonés que, abanderado por figuras <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/cloud-retorcido-analisis-linchamientos-internet_1_1902029.html" target="_blank">como Kiyoshi Kurosawa</a>, justo habían insinuado <strong>la indefinición de la realidad </strong>a la que condenaba (todavía incipientemente) Internet y el paradigma hipermedia.</p><p>Surgían entonces los espacios vacíos y trémulos. Y sobre todo surgían imágenes-misterio, avanzadillas del <a href="https://cadenaser.com/emisora/2016/04/29/ser_madrid_norte/1461929416_715976.html" target="_blank"><em>creepypasta</em></a> y esos conflictos ontológicos que se han exacerbado con el paso de los años. Pero Verbinski las tradujo eliminando cualquier ruido: cada plano del vídeo maldito que centraba la historia de <em>The Ring</em> solo era <strong>experimentalismo de diseño</strong> (<em>videoclipero</em> y publicitario, que era a fin de cuentas de donde Verbinski había salido en los 90), y el cineasta había exacerbado a su alrededor el melodrama visual, desdeñando cualquier posibilidad de sugerencia. El planteamiento de <em>Buena suerte…</em>, ceñido a la lucha contra<strong> una IA que nos absorbe y engaña sistemáticamente,</strong> podría haber favorecido un repliegue hacia el J-Horror <em>dosmilero</em>. No es el caso.</p><p>No es el caso porque Verbinski sigue siendo Verbinski. Sigue siendo un creyente confeso en <strong>la materialidad de las cosas</strong>, en el despliegue de la puesta en escena como mundo inmersivo a la vez que chocante, en <strong>un espectáculo que engrandece el mundo</strong>. Con esa vocación maximalista, a la película no le queda otra que aferrarse a un pesimismo tecnológico que hubiéramos considerado reaccionario hace dos décadas… pero que ahora <strong>ha de parecerse mucho al heroísmo</strong>. </p><p>En función a ese desdén por los trampantojos de la imagen digital, <em>Buena suerte, pásalo bien, no mueras</em> <strong>arremete también contra los videojuegos</strong> —la frase titular que usan en el videojuego ficticio al que se enganchan algunos personajes se ha escuchado antes en uno de verdad, <em>Apex Legends</em>— y se sumerge en <strong>un imaginario orgullosamente paranoico</strong>, destilado en los varios <em>flashbacks</em> que explican el pasado de los aliados de<strong> </strong>Sam Rockwell<strong> </strong>(el hombre que viene del futuro) en su lucha contra la IA. Estos <em>flashbacks</em> funcionan a su vez como <strong>estridentes episodios de </strong><em><strong>Black Mirror</strong></em>, y si bien conllevan algunas arritmias, nunca llegan a abocar a graves problemas para la película: <strong>Verbinski sigue estando a los mandos</strong>. Y eso significa grandes cosas.</p><p>Significa reencontrarse con<strong> un narrador superdotado</strong>, uno de los que mejor ha aprehendido la imagen-espectáculo acuñada por la <em>Nouvelle Vague</em> tecnológica. La narración de <em>Buena suerte…</em>, con su fluidez avasalladora y su movimiento continuo —recordando en todo momento que Verbinski siempre ha entendido el cine como una forma de animación, y que por eso <em>Rango</em> es una de sus obras maestras—, bastaría por sí sola para celebrar<strong> el regreso providencial del cineasta</strong>, e intensificar el lamento por estos diez años de experiencias coartadas.</p><p>Bastaría, pero <em>Buena suerte</em>… es mucho más. Es una obra febril, salida de las entrañas de un artesano que ha tenido que convertirse en autor<strong> prácticamente obligado por la época</strong>, presumiendo de una integridad creativa capaz de hacer enrojecer a cualquier figura que hoy afirme dedicarse al cine popular. Y eso que ni siquiera hablamos de cine de amplio presupuesto: lejos han quedado los tiempos de <em>Piratas del Caribe</em> y <em>Buena suerte…</em> es <strong>un proyecto humilde</strong> con escasísimas opciones de convertirse en un fenómeno de taquilla. Su constitución, incluso, parece favorecer que se le acuse de obra desfasada, atropellada en su talante ingenuo por la contemporaneidad.</p><p>En su vulnerabilidad al escepticismo también estriba<strong> una grandeza muy particular</strong>, por supuesto. Una energía indómita capaz de eclipsar las deficiencias de un guion no demasiado bien cerrado, mientras erige a Verbinski como una suerte de héroe trágico. <strong>Un romántico, a fin de cuentas</strong>. Un caminante sobre el mar de nubes que, con los ojos abiertos de par en par y en un rictus inevitablemente desquiciado, proclama que<strong> esas nubes siguen siendo reales</strong>. </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[d1651637-0cfa-4a7a-b568-f4e7bb39fca5]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 04:00:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/158b9623-ead2-4807-ba15-ff8ada45d54d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="290399" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/158b9623-ead2-4807-ba15-ff8ada45d54d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="290399" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’: el director de ‘Piratas del Caribe’ vuelve al cine cargando contra la IA]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/158b9623-ead2-4807-ba15-ff8ada45d54d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Cultura,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sorrentino huye en ‘La grazia’ de todo lo que le hace ser Sorrentino y logra una de sus mejores películas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/sorrentino-huye-grazia-le-sorrentino-logra-mejores-peliculas_1_2170535.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7061d2fd-549e-4b8e-9ab0-a9bb0f40d291_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sorrentino huye en ‘La grazia’ de todo lo que le hace ser Sorrentino y logra una de sus mejores películas"></p><p><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/susan-sontag-metafora_1_1187410.html" target="_blank">Susan Sontag</a> falleció antes de que <strong>Paolo Sorrentino </strong>se diera a conocer, así que nos quedamos con las ganas de saber si este cineasta italiano habría movido a la ensayista a matizar sus famosísimas <em><strong>Notas sobre lo camp</strong></em>. A la hora de definir esta sensibilidad, allá por 1964, Sontag había sentenciado que forzosamente <strong>había algo homosexual en ella</strong>, pero hete aquí que llegaba Sorrentino mostrando una afinidad extrema hacia lo <em>camp</em>… <strong>siendo extremadamente hetero</strong>. Presumiendo de mirada masculina, colocando al hombre y su deseo sexual por la mujer en el centro.</p><p>Difícilmente habría algo <em>camp</em> en Sorrentino. Sugerirlo solo sería una travesura y puede que ni el mismo Sorrentino aceptara la idea: él, sin duda, persigue <strong>algo más sublime </strong>con <a href="https://www.infolibre.es/temas/cine/" target="_blank" >su cine</a>. Y aún así parece perseguirlo<strong> como un dandi</strong>, como un sofisticado vagabundo de la decadencia europea. Sontag también hablaba del dandi en su texto: “El dandi es el discípulo decimonónico del aristócrata y lo <em>camp</em> es <strong>dandismo moderno</strong>: la respuesta a cómo ser dandi en la cultura de masas”. Es imposible no pensar en<strong> el Jep Gambardella de </strong><em><strong>La gran belleza</strong></em> al releer estas palabras. </p><p>Y más. “El <em>camp</em> lo ve todo entre comillas: no será una lámpara sino una ‘lámpara’, no será una mujer sino ‘una mujer’”.<strong> Una “mujer”</strong>, entre comillas, era la escultural protagonista de uno de sus films menos apreciados, <em>Parthenope, u</em>n personaje agobiado por el peso de representar la Belleza (o la “belleza”) que buscaba <strong>un replanteamiento de su ser</strong> más allá de los límites de la enfervorecida puesta en escena de Sorrentino. Lo lograra o no, alrededor de ella se evaporarían las dudas para declarar <em>camp</em> a Sorrentino, sofocándose del todo en otra de las conclusiones de Sontag: simplemente, lo <em>camp</em> sería “experimentar el mundo <strong>como si todo él fuera un fenómeno estético</strong>”.</p><p>Ni Sorrentino negaría eso. No podríamos negarlo, desde luego, al observar la peculiar trilogía que viene a culminar <em><strong>La grazia</strong></em><strong> </strong>y que el cineasta ha dedicado a<strong> una serie de mandatarios italianos</strong>. Todos ellos, interpretados por su actor fetiche<strong> Toni Servillo</strong>. En<strong> </strong><em><strong>Il divo</strong></em><strong> y </strong><em><strong>Silvio (y los otros)</strong></em> se aferró a la vida de dos siniestros personajes que ocuparon la cartera de Primer Ministro durante un tiempo prolongado, antes de que diversos escándalos de corrupción les apartaran de primera línea. De <strong>Giulio Andreotti y </strong><a href="https://www.infolibre.es/temas/silvio-berlusconi/" target="_blank" ><strong>Silvio Berlusconi</strong></a><strong> </strong>pasamos a Mariano de Santis en <em>La grazia</em>, que curiosamente ya no es Primer Ministro sino Presidente de la República y además…<strong> es ficticio</strong>.</p><p>Es decir. Por lo que se nos cuenta de este personaje, por las “seis crisis de gobierno a las que ha sobrevivido sin hacer nada”, sería inevitable pensar <strong>en Sergio Matarella</strong>, que lleva representando la <a href="https://www.infolibre.es/temas/italia/" target="_blank" >unidad nacional italiana</a> desde hace más de diez años y ha visto desfilar a varios Primeros Ministros hasta llegar a <strong>la actual (y ultraderechista) Giorgia Meloni</strong>. Mariano de Santis, como Matarella, desearía que su título correspondiera a propósitos más elevados, afianzándose en su carácter de antiguo jurista para que el mandato estuviera marcado por<strong> la ecuanimidad y la templanza</strong>.</p><p>Lo que, obviamente, establece una distancia a varios niveles con <em>Il divo</em> y <em>Silvio</em>. Esas películas se revolcaban en el barro, se regodeaban en <strong>la calculadora maldad</strong> de Andreotti y <strong>la caspa festiva</strong> de Berlusconi, respectivamente. Como a fin, de cuentas, todo es un fenómeno estético para Sorrentino (la política debe serlo en especial, por la atención que le presta), a este díptico podría afeársele que contemplara con <strong>demasiada fascinación</strong> a sus criaturas. Desde luego que había crítica y sorna, pero también una voluntariosa (incluso admirada) inmersión en sus imaginarios. Que es un poco lo que pasa con <em>La grazia</em>, solo que el de De Santis es <strong>un perfil radicalmente distinto</strong>.</p><p>De Santis es un hombre paciente. Un político con años de experiencia que sostiene que la duda es una virtud, que l<strong>a burocracia es necesaria</strong> por cuanto se fundamenta en querer tomarse tiempo para resolver algo. También es un político avejentado, lleno de remordimientos y cuentas pendientes del <strong>índole viril </strong>que no podría faltar en Sorrentino —la eterna duda de si su esposa le fue infiel antes de morir—, así como relativas a <strong>nociones más amplias </strong>como sus relaciones familiares o los legados. Sorrentino, queriendo dejar acotado al máximo este carácter, lo presenta en los últimos meses de su vida política y teniendo que tomar<strong> tres grandes decisiones</strong> por las que siempre se le recordará.</p><p>De Santis es tan distinto de Andreotti y Berlusconi, y están tan sintetizadas las inquietudes que debe resolver, que <em>La grazia</em> parece querer alejarse frontalmente de<strong> los anteriores frenesíes de Sorrentino</strong>. Aunque el esfuerzo termina siendo más orgánico de lo que apunta el planteamiento —de hecho bien podría haberse adivinado en<strong> la melancolía de </strong><em><strong>Parthenope</strong></em>—, y mueve a que no podamos considerar exactamente que Sorrentino esté “vaciando” su estética. Desde luego hay un notable desprendimiento de la energía febril y de la frivolidad —permanecen retazos en forma de cámaras lentas o en el hilarante gusto de De Santis por el rap—, y un esfuerzo por controlar más la narración. Pero la estética no se está vaciando. <strong>Se está elevando</strong>.</p><p>Se eleva hacia los ideales y la filosofía política pre-Maquiavelo, como si Sorrentino buceara en los orígenes de esa terminología que sigue dando legitimidad institucional (una legitimidad estética,<strong> una “legitimidad”</strong>) a los desvaríos políticos de nuestros días.<strong> Y el resultado es magnífico</strong>. Insertar a un hombre bueno en este familiar mundo estetizado lo cambia todo, recaba una grandeza con visos de atemporal que ni siquiera cabría emparentar con artefactos idealistas (hoy tan trasnochados) como<strong> </strong><em><strong>El ala oeste de la Casa Blanca</strong></em>. Si volviéramos la mirada a EEUU, <em>La grazia</em> recordaría más a cuando John Ford depositó todo su ideario humanista sobre los hombros de un alcalde, Spencer Tracy, en <em>El último hurra</em>.<strong> Antes de que nadie supiera qué diantres era el </strong><em><strong>camp</strong></em>.</p><p>Como pese a todo seguimos habitando un mundo estetizado<strong> (o una estética con forma de mundo)</strong>, las decisiones de Sorrentino mantienen la sorpresa y el deslumbramiento, afinadas al compás de un Servillo en la cumbre de sus dotes interpretativas (ganó la Copa Volpi en el <strong>Festival de Venecia</strong>) y de una progresión narrativa con aroma clásico al margen de las extravagancias. <em>La grazia</em> es una película de encuentros y reflexiones. También de<strong> arrebatos líricos</strong> que pocas veces han cuajado tan bien —todo lo que rodea al astronauta—, y que facilitan la constatación de este film como uno de los grandes logros de un cineasta al que le está sentando realmente bien<strong> la llegada del crepúsculo</strong>.</p><p><em>La grazia</em> se apoya en la polisemia de su título (gracia como indulto tanto como virtud) para volver a tallar en piedra <strong>las verdades universales</strong> y aislarse de cualquier ruido contemporáneo o cutre —fácilmente identificable con los excesos de <em>Il divo</em> y <em>Silvio</em>—, en pos de<strong> su confabulación utópica</strong>. Este es el gran punto fuerte del último Sorrentino, que ha replegado su vocación de dandi esteta en aras de <strong>una trascendencia auténtica</strong>, inmanente. Pero aquí está también su mayor debilidad. </p><p>Porque, aunque el rigor de su planteamiento permita darle la espalda a lo que hoy<strong> está sucediendo en Italia</strong> (a lo que De Santis no está sabiendo gestionar), esto fundamenta inevitablemente que <em>La grazia</em> se constituya como <strong>una burbuja de ingenuidad luminosa</strong>. O, peor aún, como el melancólico mausoleo de un mundo que <strong>hace mucho que murió</strong>. Más o menos entre Andreotti y Berlusconi. </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[976c19e3-0a0f-4b9d-9a3a-2c46e88a188b]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 18:55:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/7061d2fd-549e-4b8e-9ab0-a9bb0f40d291_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="174750" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/7061d2fd-549e-4b8e-9ab0-a9bb0f40d291_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="174750" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Sorrentino huye en ‘La grazia’ de todo lo que le hace ser Sorrentino y logra una de sus mejores películas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/7061d2fd-549e-4b8e-9ab0-a9bb0f40d291_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Te van a matar’, ultraviolencia estilizada (y bastante vacía) entre Tarantino y Edgar Wright]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/matar-ultraviolencia-estilizada-vacia-tarantino-edgar-wright_1_2168088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d62d1154-7968-48d0-a992-c30c9ee819b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Te van a matar’, ultraviolencia estilizada (y bastante vacía) entre Tarantino y Edgar Wright"></p><p>Pocas dudas quedan de que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/imperio-ruinas-nominadas-oscar-mejor-pelicula-ilustran-declive-estadounidense_1_2159138.html" target="_blank">la hegemonía yanqui es historia</a> y los términos del orden internacional firmados durante el pasado siglo se han echado a perder por la multipolaridad y<strong> las bravuconadas agónicas de Donald Trump</strong>. Aunque el declive de dicha hegemonía bien podría haber empezado hace años, como un proceso paulatino donde se ha ido manteniendo una inercia muy curiosa en materia de <strong>industrias culturales</strong>. Adentrándonos en algunos de esos países que desafían la correlación de fuerzas,<strong> estilo China o India</strong>, vemos que el pulso que le echan a EEUU dista de implicar que no haya influencias hollywoodienses evidentes en sus películas.</p><p>Estéticas útiles, en definitiva, para encender la imaginación nacional, cada vez menos necesitada de importaciones o exportaciones masivas. La clave de los mercados chinos e indios es que no necesitan capital estadounidense, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/grandes-sorpresas-mayores-decepciones-cinematograficas-2025_1_2118334.html" target="_blank">les basta con el público que tienen dentro</a>, y eso es una ventaja ajena al hecho de que sus producciones hablen un idioma conocido globalmente: <strong>el del </strong><em><strong>blockbuster</strong></em>. <em><strong>Ne Zha 2</strong></em>, como película más taquillera de la historia de China (y quinta más taquillera de la historia en general), solo es un eco hipervitaminado de<strong> </strong><em><strong>Kung Fu Panda</strong></em>. No pasa nada por decirlo. Tampoco por recordar que <strong>S.S. Rajamouli</strong>, responsable de taquillazos indios como <em>RRR</em> o <em>Baahubali</em>, afirma cada vez que puede que<strong> Mel Gibson es su director favorito </strong>y máxima influencia. </p><p>Esto es lo que queda, en resumen, de la hegemonía yanqui: <strong>un caudal de referencias conocidas y digeridas por sus opositores</strong>. Acudiendo con este bagaje a Rusia, sin embargo, vislumbramos coordenadas más esquivas. La potencia que durante el siglo pasado trató de contener la hegemonía de EEUU ya había contado con directores patrios trabajando en territorio enemigo antes de la caída del Muro de Berlín: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=DoacpCpBptU" target="_blank">Andrei Konchalovsky tuvo a Stallone y Kurt Russell</a> al frente de en una de sus películas de acción. Porque todo se reduce a un<strong> </strong><em><strong>lenguaje del espectáculo</strong></em><strong> </strong>concreto, que cualquiera puede aprender a hablar, y que en el caso ruso ha favorecido los esporádicos exilios de cineastas<strong> tan flipados como los más flipados que hayan podido nacer en EEUU</strong>.</p><p>En las últimas dos décadas, mientras Putin se venía arriba y EEUU se desmoronaba, han despuntado nombres de rusos hechos a las Américas estilo el prolífico <strong>Timur Bekmambetov </strong>(responsable tanto de <em>Abraham Lincoln: Cazador de vampiros</em> como de un remake de <em>Ben-Hur</em>) o el floreciente<strong> Ilya Naishuller</strong>, que empezó a dar que hablar con una chalada celebración de los videojuegos de disparos en primera persona, <em>Hardcore Henry</em>. Bekmambetov y Naishuller, con mayor o menor inspiración, se hacen eco de <strong>la capacidad expansiva de este lenguaje espectacular</strong>, y una posible diferencia de Kirill Sokolov frente a ellos acaso resida, simplemente, en que es <strong>un poco más friki</strong>.</p><p>Sokolov acaba de desembarcar en EEUU y debe estar muy contento. <strong>Andy Muschietti</strong>, responsable de la exitosa franquicia <em>It</em>, ha confiado en él lo suficiente como para producirle <em><strong>Te van a matar</strong></em>: su tercera película tras dos pequeñas producciones impulsadas en su Rusia natal. Resulta obvio lo que ha visto Muschietti en él o, mejor dicho, <strong>lo que ha reconocido</strong>. Y es que Sokolov no es tanto un mercenario como un fan honesto<strong> (¿un colaboracionista?) </strong>que ha interiorizado múltiples derivas de una estética comercial internacional. Esa en la se diluyen las fronteras y el desprejuiciamiento posmoderno permite que <strong>tu helado posea todos los sabores del mundo</strong>.</p><p>Esto es, que el entusiasmo de Sokolov se remonta a los años 60, con <strong>el </strong><em><strong>spaghetti western</strong></em><strong> de Sergio Leone</strong>, y llega hasta por lo menos los primeros 2000 con el virtuosismo escénico de <strong>Edgar Wright</strong>. Medio siglo de un lenguaje del espectáculo<strong> en continuo perfeccionamiento y deconstrucción</strong>, que ni siquiera ha necesitado ceñirse a la metrópolis para definir lo que Sokolov quiere del cine. Aunque también haya por aquí mucho sabor estadounidense, claro. Sin <strong>Quentin Tarantino</strong>, con su narrativa fragmentada y sus propias deudas con el <em>spaghetti western</em>, Sokolov nunca habría cogido una cámara. Todo esto se debió encontrar Muschietti en <em><strong>¿Por qué no te mueres?</strong></em>, debut a la dirección de Sokolov que a lo largo de 2019 pudo verse en unos cuantos certámenes occidentales.</p><p>Y todo esto se mantiene en <em>Te van a matar</em>, que es para lo que Muschietti habrá puesto dinero. Pero, aunque parezca imposible, aún hay más referencias que las citadas. Como añadido a la tríada Leone/Tarantino/Wright, ahora Sokolov quiere acudir al último cine de artes marciales para presumir de <strong>brutales escenas de acción</strong> en plano continuo. O, mejor dicho, quiere conformarse con cómo se ha empaquetado dicho cine (el de la escuela de la indonesia <em>The Raid</em>) dentro de EEUU, muy en la línea de lo que hizo el verano pasado el citado Naishuller en <strong>la muy mediocre </strong><em><strong>Nadie 2</strong></em>.</p><p>¿Hay más? Hay más. De <em>The Raid</em> Sokolov retoma asimismo ese edificio infestado de enemigos a cuya cima se dirige el héroe —aquí heroína, <strong>una eficaz Zazie Beetz</strong> que puede sonarnos de la serie <em>Atlanta</em>—, solo que las particularidades de estos enemigos se ajustan a otra tendencia más del último cine comercial. En este caso <strong>el </strong><em><strong>eat the rich</strong></em>, la sátira contra los ricos, que rastreamos en esa aristocracia de pudientes adoradores de Satán acostumbrados a sacrificar a los más pobres. El <em>eat the rich</em>, para más señas, ya ha perdido en 2026 toda su relevancia —la perdió con el final de <em>Succession</em> y las <strong>arcadas de </strong><em><strong>El triángulo de la tristeza</strong></em>—, así que <em>Te van a matar</em> solo puede permitirse un logro genuino: parecer <strong>desfasada con respecto a cuatro décadas distintas por lo menos.</strong></p><p>Porque es lo que pasa. <em><strong>Te van a matar</strong></em><strong> apenas tiene nada suyo</strong>. Sokolov no ha afrontado su desarrollo buscando imágenes que expresen lo que tiene dentro, sino que ha partido de imágenes preexistentes para comprobar si, efectivamente,<strong> existe una interioridad como tal</strong>. La respuesta es bien difícil, pues las referencias que maneja la película son tan copiosas y acaparadoras como para tejer una gruesa capa donde ni se refleja la luz ni otros significantes al margen de los regurgitados. </p><p>El problema, claro, viene por cuanto <em>Te van a matar</em> idolatra nombres y estilos que en sí mismos<strong> ya eran derivativos antes</strong>, y que solo habían logrado vindicarse desde el carácter específico de los cineastas. Tarantino al menos había sido el primero en saquear <em>samples</em> de Morricone y Wright al menos había presumido de convicción —ya agotada a estas alturas, por cierto; <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/the-running-man-adaptar-fidelidad-stephen-king-no-implica-grandes-peliculas_1_2100525.html" target="_blank">ahí está </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/the-running-man-adaptar-fidelidad-stephen-king-no-implica-grandes-peliculas_1_2100525.html" target="_blank"><em>The Running Man</em></a>—, pero Sokolov<strong> casi no puede entregar nada a cambio</strong>. Y esto brilla cada vez que su película no está sometida al movimiento frenético, cuando los personajes intentan comunicarse revelando que son solo iconos<strong> (iconos sobadísimos)</strong>, y la sensación de vacío es aún más ominosa.</p><p>Todo podría ser infinitamente peor, al mismo tiempo, si Sokolov careciera de un mínimo talento como cineasta. No es el caso por suerte. El perceptible entusiasmo con el que se ha zampado tantas y tantas películas ha sido canalizado en un reivindicable estudio del <strong>plano como acontecimiento</strong>: hay mimo a la hora de encuadrar, a la hora de seleccionar radiofórmula, a la hora de fotografiar y a la hora de insistir en el retrato de Zazie Beetz como el de <strong>una heredera de Uma Thurman o Iko Uwais</strong>. Solo por eso, el aplomo de Sokolov como forastero deseoso de aprehender las costumbres del lugar es muy de agradecer. Incluso brilla frente a tantas y tantas producciones aledañas que son igual de derivativas que <em>Te van a matar</em>, <strong>pero además han olvidado cómo divertirse</strong>.</p><p>Y hay alguna imagen interesante en sus propios términos. La inmortalidad de los enemigos de la protagonista, por ejemplo, permite un desfile de casquería y partes extirpadas del cuerpo que retienen vida propia, y conducen a pasajes <em>gore</em> de cierta inventiva. Como también hay algo resonante en la presentación del demonio al que veneran, favoreciendo <strong>que el clímax sea por lo demás satisfactorio</strong>. <em>Te van a matar</em> no carece de los chispazos achacables a lo que no deja de ser un ejercicio de riguroso onanismo y de, en definitiva, <strong>honestidad lúdica</strong>. </p><p>Pasa simplemente que es una película de acción parecida a ochenta más. Una<strong> estandarización de lo extravagante </strong>que ya huele, y en definitiva un artefacto que conmina a pensar cosas desagradables y cínicas. Tan desagradables y cínicas como gritarle a un crío que madure de una vez. Que <strong>sus juguetes ya han cogido demasiado polvo</strong>, y estarían mejor en la basura.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[104141aa-1fc1-4df8-9f3b-313492bfdc04]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2026 05:01:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/d62d1154-7968-48d0-a992-c30c9ee819b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="653435" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/d62d1154-7968-48d0-a992-c30c9ee819b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="653435" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Te van a matar’, ultraviolencia estilizada (y bastante vacía) entre Tarantino y Edgar Wright]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/d62d1154-7968-48d0-a992-c30c9ee819b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,Actrices,Industria cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El testamento de Ann Lee’, un potente estudio del fervor religioso con una Amanda Seyfried pletórica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/testamento-ann-lee-potente-estudio-fervor-religioso-amanda-seyfried-pletorica_1_2159803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/484b8afb-fed6-45ee-8d0c-0348a3fd649b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El testamento de Ann Lee’, potente estudio del fervor religioso con una Amanda Seyfried pletórica"></p><p>“Su naturaleza apasionada e idealista exigía una vida épica, algún objetivo que no justificase nunca el abatimiento, que reconciliara la desesperación en sí misma con la conciencia arrobadora de<strong> una vida más allá del ser</strong>”. Así presentaba la novelista George Eliot a su heroína Dorothea Brooke en las primeras líneas de <em>Middlemarch</em>, ubicándola dentro de <strong>un linaje de mujeres ilustres e inquietas </strong>cuya patrona era conocida de sobra: <strong>Teresa de Jesús</strong>. Según Eliot, la santa podía ser capaz de iluminar retroactivamente la vida de cada nueva mujer<strong> con afán de trascendencia</strong>. Así era la protagonista de su novela, y así serían otras heroicas mujeres a lo largo de los siglos.</p><p><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/doble-vida-santa-teresa-jesus_129_1375806.html" target="_blank">La fascinación por Teresa de Jesús</a> alcanza nuestra época. Durante los últimos años, en su España natal, ha habido una gran afloración de novelas, obras de teatro y películas dedicadas a ella, partiendo de la convicción de que hay atractivos en su figura más allá de la extracción católica. Está, desde luego, <strong>la vocación</strong>, eso que tanto fascinaba a Eliot. Una fortaleza de carácter que quizá, en una época proclive tanto a <strong>la inflación del individuo</strong> como a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/grandes-sorpresas-mayores-decepciones-cinematograficas-2025_1_2118334.html" target="_blank">la búsqueda de espiritualidades alternativas</a>, es lo que obliga a volver una y otra vez a Teresa. Pero acaso Teresa no resuene igual de bien dentro de otras áreas del cristianismo. <strong>Así que habrá que recurrir a Ann Lee</strong>.</p><p>Como Teresa cuando era niña y ya sabía que dedicaría su vida a Dios, Ann Lee también se echó a los caminos<strong> junto a su hermano pequeño</strong>. Y Ann Lee se convirtió asimismo en la líder de otra orden religiosa, parte originalmente de <strong>los cuáqueros</strong>. Luego de que el legado de Teresa se hubiera asentado dentro de la tradición católica europea, Ann Lee haría lo propio con<strong> el crisol de cultos protestantes de EEUU</strong>, en el Nuevo Mundo. Lo haría al frente de<strong> los Shakers</strong>, así llamados por la costumbre de expresar su acceso a Dios con temblores que devenían<strong> bailes espasmódicos</strong>, y ruidosas canciones. La madre Ann, como Teresa, <strong>parece de lo más cinematográfica</strong>.</p><p><strong>Mona Fastvold </strong>así lo cree. Y la época ha convocado a esta cineasta noruega para abordar la vida de la líder religiosa en<strong> </strong><em><strong>El testamento de Ann Lee</strong></em>… sin que esto implique que haya hecho una película muy contemporánea. En realidad hablamos de una absoluta rareza, de la que sorprende (en el mejor sentido) que un estudio de Hollywood haya querido hacerse cargo de la distribución. Habrá ayudado que <strong>Amanda Seyfried</strong> interprete a Ann Lee —buscando una nominación al Oscar que finalmente no se ha dado—, y quizá también que Fastvold sea <strong>la colaboradora habitual de Brady Corbet</strong>.</p><p>Es<strong> su pareja</strong>, de hecho, desde que le conociera como actor en su debut a la dirección, <em>Dobles </em></p><p><em>parejas</em>. Fastvold ha sido coguionista de todas las películas de Corbet <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/adrien-brody-estremece-the-brutalist-prodigio-absoluto-mejor-tradicion-hollywood-clasico_1_1932277.html" target="_blank">incluida </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/adrien-brody-estremece-the-brutalist-prodigio-absoluto-mejor-tradicion-hollywood-clasico_1_1932277.html" target="_blank"><em>The Brutalist</em></a>, que tanto diera que hablar el año pasado —esa sí llegó a los Oscar—, y es inevitable<strong> fundir sus visiones creativas</strong> de cara a <em>El testamento de Ann Lee</em> por cuanto Corbet, en esta ocasión, también coescribe con Fastvold. Ambos cineastas se han contagiado mutuamente para pulir un estilo que no cabría denominar unitario —comparten el mimo depositado en rótulos y títulos de crédito, eso sí—, aunque desde luego está bañado en inquietudes cercanas. A ambos les interesa <strong>el estudio de la Historia</strong>. Y ambos quieren construir personajes ambiciosos y trágicos que puedan canalizar esa Historia.</p><p>Fastvold y Corbet, de esta forma, están abocados a<strong> la megalomanía</strong>. Fastvold se enteró de la existencia de los Shakers documentándose para su segunda película como directora, que tenía un título tan altisonante como <em><strong>El mundo que viene</strong></em> pese a limitarse a narrar un romance lésbico dentro de una atmósfera minimalista (pero colindante al <em>western</em>). Pues Fastvold, como Corbet, solo concibe protagonistas que contengan <strong>el espíritu de su tiempo</strong>, y en ese sentido <em>El testamento de Ann Lee</em> es la continuación lógica de otra película que hicieran juntos hace ocho años,<strong> </strong><em><strong>Vox Lux</strong></em>. </p><p>En <em>Vox Lux</em> Natalie Portman encarnaba a una estrella del pop asediada <strong>por un fenómeno fan masiv</strong>o, capaz de diseminar el caos a su alrededor. En <em>El testamento de Ann Lee</em> hablamos de otro fenómeno fan: uno de lo más extravagante incluso al margen de los bailes — Ann Lee impone el voto de castidad, dificultando que los Shakers se perpetúen—, y que tiene ciertos problemas para asentarse. Aprovechando<strong> la libertad de culto </strong>que se da en los florecientes Estados Unidos del siglo XVIII, Ann Lee desplazará ahí a su pequeña comunidad y ahí lidiará con la primera de tantas contradicciones en la identidad norteamericana: <strong>la violencia que esconde esa presunta libertad</strong>.</p><p><em>El testamento de Ann Lee</em> es <strong>un cuidadoso ensayo histórico</strong>. Y también es, glups, <strong>un musical</strong>. <strong>Daniel Blumberg</strong>, ganador del Oscar por <em>The Brutalist</em>, ha compuesto una monumental partitura partiendo de <strong>cantos e himnos reales de los Shakers</strong>, organizándose con Fastvold para distribuirlos dentro de furibundas secuencias en las que los feligreses celebran su fe. Secuencias —casi que cuesta llamarlos números musicales— <strong>sin ningún miedo al ridículo</strong>, donde Seyfried y el resto de actores se someten a trances expresionistas más propios de <strong>una </strong><em><strong>performance</strong></em><strong> improvisada</strong> que de un espectáculo de Hollywood. La música, insistimos, es extraordinaria, pero las satisfacciones que dispensa distan de ser directas o cómodas. <em>El testamento de Ann Lee</em> <strong>no quiere nuestra simpatía</strong>.</p><p>De hecho —y esto es lo mejor que se puede decir de la película de Fastvold—, prefiere <strong>nuestra atención y nuestro pensamiento</strong>. El film acude a resolver un llamamiento contemporáneo sin articularse por ello dentro de un modo de expresión fácil o propio de esta contemporaneidad. Se distingue de <em>The Brutalist</em>, sin ir más lejos, en que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/agente-secreto-atipico-thriller-confusos-recovecos-memoria-historica_1_2146425.html" target="_blank">no busca el </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/agente-secreto-atipico-thriller-confusos-recovecos-memoria-historica_1_2146425.html" target="_blank"><em>shock</em></a> ni la interiorización afectiva de avatares dramáticos, pues ante todo quiere ser <strong>un ejercicio intelectual</strong>. Y lo es hasta el punto de adjuntar en los créditos finales<strong> la bibliografía</strong> que Fastvold ha empleado para preparar la película. ¿Cuánto dinero hará perder <em>El testamento de Ann Lee</em> a sus artífices? No el suficiente.</p><p>De ahí que haya que aplaudir los esfuerzos de Fastvold. De ahí, también, que la narración presente <strong>problemas indudables</strong>. Mientras que la entrega visceral de Seyfried —en la que es de lejos la interpretación más memorable de su carrera— resulta una cómplice aún más determinante que la música de Blumberg para que el proyecto no se vaya al traste, pasa que el guion de Fastvold y Corbet<strong> sufre del rigor militante</strong> que lo guía todo. Y se aferra al desarrollo lineal (hay quien diría wikipédico) de una biografía que habría de merecer <strong>más estallidos y fugas</strong>. </p><p><em>El testamento de Ann Lee</em> se narra desde el punto de vista de la discípula de mayor confianza de la protagonista, interpretada por Thomasin McKenzie, sin que esto implique que la fascinación que en todo momento cubre las peripecias de Seyfried (y mueve a matizar la veracidad del relato) se libre de <strong>una rutina</strong> que empieza a pesar sobre todo cuando los peregrinos viajan a América. El periódico estallido de arrebatos musicales parece formar parte de <strong>una misma nota monocorde</strong>, frenando nuevamente la emoción, y forzando <em>El testamento de Ann Lee</em> a una contemplación distante y crítica. Que quizá sea, de todos modos, <strong>justo lo que quiere la directora</strong>.</p><p>Con lo que volvemos al punto de partida. A lo excepcional que es encontrarse una película como <em>El testamento de Ann Lee</em>,<strong> tan kamikaze a la vez que tan juiciosa</strong> en sus presupuestos. Tan ambiciosa, sí, al tiempo que tan delicada en la concatenación de todos sus dispares ingredientes. Hablamos de un film asiduo <strong>a la extrañeza y lo estridente </strong>—el breve coqueteo de Ann Lee con el sadomasoquismo, la visualización encadenada de las muertes de sus cuatro hijos—, toda vez que atento a<strong> la caligrafía de las emociones</strong>, que brilla especialmente en todo lo referido a <strong>Lewis Pullman</strong> (otra interpretación apabullante) como el solícito hermano de la Madre Lee.</p><p>Diseñada como <strong>una tesis doctoral</strong>, ejecutada como <strong>un experimento científico</strong>, <em>El testamento de Ann Lee</em> ha de repeler por fuerza al gran público, y de ahí que sea tan explosivo que sus intereses se antojen tan ferozmente actuales. Por supuesto que, dentro de un aparataje que no deja de hacer suyas las experiencias místicas de Ann Lee, Fastvold se las apaña para estudiar fríamente el fervor religioso y <strong>las limitaciones de sus liderazgos</strong>, estableciendo qué necesidades emocionales se cubren y cuáles se descuidan para, finalmente, rematar su panorámica del asunto.</p><p>En su indagación de lo espiritual Fastvold se ha obstinado <strong>en ser plenamente materialista</strong>, y de ahí lo encomiable de sus esfuerzos con <em>El testamento de Ann Lee</em>. Ya que estamos atrapados en esta época, ya que no queda otra que<strong> reencontrarse con las tensiones que movilizaron a la Madre Ann</strong>, es una suerte que el cine pueda ilustrar qué nos estamos jugando exactamente. </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[92d5dfdf-b6fd-4ae6-9d27-9a306fc23031]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Mar 2026 05:01:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/484b8afb-fed6-45ee-8d0c-0348a3fd649b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="118868" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/484b8afb-fed6-45ee-8d0c-0348a3fd649b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="118868" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘El testamento de Ann Lee’, un potente estudio del fervor religioso con una Amanda Seyfried pletórica]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/484b8afb-fed6-45ee-8d0c-0348a3fd649b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Cultura,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla por Warner y el futuro del entretenimiento: quién decidirá qué vemos y por qué debería importarnos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/batalla-warner-futuro-entretenimiento-decidira-vemos-deberia-importarnos_1_2154525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/533dbe4d-3ca0-469b-bac0-468c22bbcea2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La batalla por Warner y el futuro del entretenimiento: quién decidirá qué vemos y por qué debería importarnos"></p><p>La posible compra de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Warner_Bros._Discovery" target="_blank">Warner Bros. Discovery</a> (que nació en 1923 como estudio de cine y ahora es un gigante audiovisual propietario, entre otros, de la plataforma digital <a href="https://www.infolibre.es/temas/hbo/"  >HBO Max</a>) se ha convertido en uno de <strong>los mayores pulsos corporativos</strong> de la historia del entretenimiento audiovisual. Lo que parecía una integración entre Netflix y el histórico estudio cinematográfico ha derivado en una nueva fase de negociación <a href="https://www.lavanguardia.com/economia/20260224/11474864/warner-bros-reconoce-oferta-paramount-superior-netflix.html" target="_blank">encabezada por Paramount Skydance</a>.</p><p>Más allá de cómo finalice el acuerdo, la operación muestra algo más profundo: el sector audiovisual ha entrado en una etapa de <strong>consolidación industrial</strong>. Los estudios tradicionales, plataformas digitales y empresas tecnológicas compiten por controlar el contenido, la distribución y los datos de los espectadores.</p><p>El 5 de diciembre de 2025 Netflix <a href="https://www.infolibre.es/economia/netflix-da-vuelco-industria-entretenimiento-comprando-warner-bros-hbo_1_2109988.html"  >anunció que compraba Warner</a> por casi 83.000 millones de dólares. La operación fue interpretada como <a href="https://www.businessinsider.es/tecnologia/netflix-warner-bros-defienden-senado-que-su-futura-union-no-perjudicara-ni-los-clientes-ni-industria-hollywood_6929722_0.html" target="_blank">un movimiento capaz de redefinir Hollywood</a>, al concentrar gran parte de la producción cinematográfica bajo una sola empresa, y generó inquietud entre reguladores y parte de <a href="https://vandal.elespanol.com/random/christopher-nolan-55-director-sobre-sobre-el-acuerdo-de-netflix-y-warner-es-un-momento-muy-preocupante-para-la-industria/39779.html" target="_blank">la industria creativa estadounidense</a>.</p><p>La situación cambió apenas cuatro días después, cuando Paramount lanzó <a href="https://www.infolibre.es/medios/paramount-lanza-oferta-hostil-warner-bros-30-dolares-accion_1_2110991.html"  >una ofensiva corporativa </a>para la compra de Warner, aunque todo quedaba<strong> </strong>en <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>stand-by</em></span><strong> </strong>a la espera de la junta de accionistas de Warner Bros. Discovery, que se celebraría el próximo 20 de marzo. Finalmente, la última semana de febrero Paramount mejoró su oferta, aumentando la presión financiera y legal sobre el acuerdo inicial, y <a href="https://www.infolibre.es/medios/netflix-retira-batalla-compra-warner-nueva-oferta-paramount_1_2152539.html" target="_blank">Netflix optó por retirarse de la operación</a>. El gigante del <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>streaming</em></span> afirmó que, en lugar de invertir en esta compra, dedicaría <strong>casi 20.000 millones de dólares</strong> a producir contenido para su propia plataforma.</p><p>El foco se desplaza ahora hacia <strong>los accionistas de Warner y los organismos reguladores </strong>estadounidenses, que deberán evaluar si una integración de este tamaño altera el equilibrio competitivo del sector audiovisual.</p><p>De momento, <a href="https://www.elconfidencial.com/empresas/2026-02-27/netflix-retira-oferta-warner-paramount-1tps_4311070/" target="_blank">tanto las acciones de Paramount como las de Netflix se han disparado en bolsa</a>.</p><p>Warner no es únicamente un estudio fundado hace más de un siglo. Su valor estratégico reside en combinar <strong>producción cinematográfica</strong>, franquicias globales, como <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Harry Potter</em></span>, <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Juego de Tronos</em></span> y <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>The Last of Us</em></span>, y una <strong>plataforma digital </strong>consolidada como HBO Max.</p><p>Además, Paramount, alineado con el entorno del mismo Donald Trump, se quedaría con el <a href="https://cadenaser.com/nacional/2026/02/27/paramount-se-queda-con-mucho-mas-que-warner-asi-sera-el-nuevo-imperio-mediatico-de-sintonia-trumpista-cadena-ser/" target="_blank">canal informativo CNN</a>.</p><p>Así, en la economía del <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>streaming</em></span>, poseer contenido ya no es suficiente: también hay que controlar <strong>todo el ciclo de consumo</strong>. Las plataformas actuales funcionan como ecosistemas de datos. Cada reproducción, pausa o abandono alimenta sistemas algorítmicos basados en IA capaces de anticipar preferencias y maximizar el tiempo de visionado. Ese tiempo se traduce directamente en fidelización, y, cada vez más, en <strong>ingresos publicitarios</strong>.</p><p>Por ello, independientemente del comprador final, Warner representa <strong>un activo clave</strong> para cualquier compañía que aspire a liderar modelos híbridos basados en suscripción y publicidad.</p><p>Durante años, el <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>streaming</em></span> se presentó como la alternativa sin interrupciones (publicidad) frente a la televisión tradicional. Sin embargo, el modelo ha evolucionado rápidamente. Hoy, prácticamente todas las grandes plataformas, incluidas Netflix, Disney+ o Prime Video <a href="https://doi.org/10.5209/esmp.104856" target="_blank">incorporan planes con anuncios</a>.</p><p>El crecimiento de suscriptores se ha ralentizado y <strong>la publicidad</strong> permite ampliar ingresos sin aumentar excesivamente los precios.</p><p>Este cambio introduce una transformación en la experiencia cultural. Las decisiones sobre qué contenidos se producen, promocionan o destacan dejan de depender de criterios creativos y pasan a ser<strong> estrategias de retención algorítmica</strong>. Series, películas u otros formatos comienzan a diseñarse pensando en mantener la atención del espectador el mayor tiempo posible.</p><p>Como señalaba recientemente <a href="https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a70048045/matt-damon-actor-netflix-trama-peliculas-repeticiones-dialogos-telefono-movil/" target="_blank">el actor y productor Matt Damon</a>, las plataformas prefieren <strong>impactos narrativos tempranos</strong>, capaces de evitar que el espectador abandone el contenido en los primeros minutos. De esta manera, la narrativa audiovisual empieza a adaptarse a métricas más propias del entorno digital que del cine tradicional.</p><p>Otro de los grandes interrogantes afecta a<strong> la exhibición cinematográfica</strong>. Históricamente, las producciones de Warner seguían un modelo clásico, estreno en salas y posterior llegada a plataformas. Las negociaciones recientes han puesto sobre la mesa modelos híbridos con ventanas de exclusividad cada vez más cortas, <a href="https://es.hollywoodreporter.com/netflix-mantendria-los-estrenos-de-warner-en-cines-durante-45-dias/" target="_blank">en torno a 45 días</a>, que permiten combinar ingresos en taquilla con explotación rápida en <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>streaming</em></span>. Sea cual sea el resultado final de la operación, esta tendencia<strong> parece irreversible</strong>.</p><p>Quien controle Warner decidirá <strong>cómo se producen, distribuyen y monetizan</strong> las grandes producciones audiovisuales de los próximos años, aumentando la presión sobre salas independientes y productoras externas.</p><p>La retirada de <a href="https://www.infolibre.es/temas/netflix/"  >Netflix </a>de la operación no supone el final de la historia, sino la confirmación de una tendencia más amplia. El entretenimiento audiovisual está entrando en una fase en la que contenido, distribución, datos y publicidad tienden a <strong>integrarse bajo grandes empresas globales</strong>.</p><p>La batalla corporativa por Warner Bros. Discovery ha mostrado que el futuro del sector ya no depende solo de quién produce las historias sino de <strong>quién controla los sistemas</strong> que las recomiendan, las financian y las monetizan.</p><p>Este tipo de fusiones obliga a preguntarnos como consumidores no solo qué servicios pagamos, sino <strong>qué tipo de relación</strong> queremos mantener con el entretenimiento audiovisual: ¿una centrada en experiencias culturales comunitarias y cinematográficas, u otra dominada por el consumo inmediato, las métricas algorítmicas y la publicidad personalizada?</p><p>Ese es, en última instancia, el verdadero desafío para quienes, al final del día, solo buscan disfrutar de <strong>una buena historia</strong>.</p><p>________________________________</p><p><strong>José Antonio Cortés Quesada</strong>. Profesor contratado Doctor por ANECA y coordinador académico del grado en Marketing, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja. <strong>Beatriz Feijóo</strong>. Profesora Titular de Publicidad, Universidad Villanueva. <strong>Erika Fernández Gómez.</strong> Profesora titular en la Facultad de Comunicación, Universidade de Vigo. Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://theconversation.com" target="_blank">The Conversation</a>. Lea el <a href="https://theconversation.com/la-guerra-por-warner-y-el-futuro-del-entretenimiento-quien-decidira-que-vemos-y-por-que-deberia-importarnos-272109" target="_blank">original aquí</a>.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[ff121a12-d560-45c8-badc-67ba4a2470f6]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 05:01:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Antonio Cortés Quesada, Beatriz Feijóo y Erika Fernández Gómez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/533dbe4d-3ca0-469b-bac0-468c22bbcea2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7495698" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/533dbe4d-3ca0-469b-bac0-468c22bbcea2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7495698" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La batalla por Warner y el futuro del entretenimiento: quién decidirá qué vemos y por qué debería importarnos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/533dbe4d-3ca0-469b-bac0-468c22bbcea2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Netflix,Empresas,HBO,Series televisión,Películas,OPA,Cine,Industria cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Pillion’, o cómo hacerse adulto entre motoristas gays y relaciones sadomasoquistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/pillion-hacerse-adulto-motoristas-gays-relaciones-sadomasoquistas_1_2155188.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/baf369d8-1490-4f74-b741-1255cb5ddcb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Pillion’, o cómo hacerse adulto entre motoristas gays y relaciones sadomasoquistas"></p><p>Pasó muy desapercibido, en el verano de 2024, el <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tom-hardy-ofrece-mejor-interpretacion-bikeriders-lucido-estudio-masculinidad_1_1838184.html" target="_blank">estreno de </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tom-hardy-ofrece-mejor-interpretacion-bikeriders-lucido-estudio-masculinidad_1_1838184.html" target="_blank"><em>Bikeriders</em></a>. Y fue una pena. Jeff Nichols, su director, había impulsado con su película <strong>una vigorosa deconstrucción del mito del motero</strong>, como criatura puramente estadounidense toda vez que plenamente mutable y dúctil. La <strong>cultura motociclista </strong>había surgido en EEUU poco después de la II Guerra Mundial, a horcajadas de una disposición democratizada de los combustibles fósiles y del <strong>rechazo de ciertos hombres</strong> a la repentina normalización de su vida según promulgaba la nueva cultura de masas. </p><p>El hogar familiar en barrios residenciales y el trabajo estable se revelaban ahora como aburridas opresiones para quienes habían experimentado la violencia y, aún mejor que eso, <strong>la íntima y concentrada compañía de otros hombres</strong> en aviones, barcos y trincheras. Así que, añorando esa hermandad, no les había quedado otra que echarse a la carretera mientras manufacturaban<strong> nuevos códigos marciales</strong> de conducta. De tu batallón a <strong>tu banda de moteros</strong>, con chaquetas a juego. Con una alergia tal hacia la compañía femenina, <strong>hacia todo lo heteronormativo</strong>, que no había que pensar mucho para descodificar<strong> una pulsión homoerótica</strong>. Es la que, entre los 50 y los 60, empezó a registrar Touko Valio Laaksonen. Más conocido como<strong> Tom of Finland</strong>.</p><p>Este artista gráfico acudió al imaginario motociclista y se interesó por su evidente fetichismo hacia el cuero, las botas y la gasolina, de forma que su trabajo viniera a consolidar <strong>un desvío </strong>en la iconografía de la contracultura <em>gay</em>: hasta entonces la expresión homosexual tendía a ser afeminada y escasamente amenazadora. Ahora, de pronto, podíamos hablar de <strong>hombres rudos y disciplinados</strong>, que simpatizaban con dinámicas de violencia y honor. Es lo que contaba <em>Bikeriders</em> sin tocar directamente la cuestión homosexual —prefería preocuparse por la mediación del cine de Hollywood—, aunque igualmente a veces <strong>el subtexto se le escapaba de las manos</strong>. El ansioso comportamiento de Tom Hardy con respecto a Austin Butler, por ejemplo.</p><p>Sea como sea, <strong>la hipermasculinidad del motero</strong> era un arma de doble filo, y tan pronto dio con un tribalismo tóxico como con una dinámica sexoafectiva consolidada.<strong> </strong><em><strong>Pillion</strong></em> es el título de la película que nos ocupa y viene de la expresión <em>ride pillion</em>, que podríamos traducir como “<strong>ir de paquete en la moto”</strong>. Quien va de paquete en la moto, sea cual sea su género, se aferra a una espalda protectora en la que acepta su vulnerabilidad. Una idea fácil de llevarse al terreno sexual, y así toparnos con diversos grados de devoción/sometimiento dentro de <strong>prácticas BDSM</strong> (<em>Bondage, Dominación, Sadomasoquismo</em>). Son las que describe <em>Pillion</em>, debut a la dirección de <strong>Harry Lighton</strong>.</p><p>Así que al cineasta ha de interesarle el <strong>legado erótico </strong>de Tom of Finland —destilado tanto en la indumentaria y los comportamientos de los personajes como en encuentros sexuales más o menos explícitos— antes que <strong>la memoria cinéfila</strong>, como pasaba en <em>Bikeriders</em>. Aunque de esto último también hallemos retazos. <strong>Alexander </strong><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Skarsgård</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> interpreta a Ray, que en la pareja que centra el argumento de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Pillion</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> vendría a ser el dominante: porque tiene una belleza extrema, es mucho mayor y más musculoso, y en general posee</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> rasgos más convencionalmente viriles</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Es decir, que ni habla ni apenas expresa sus sentimientos. Su llamativa chupa, su hieratismo, podría recordarnos al </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/ryan-gosling-odisea-ken-marlon-brando-plastico-conquisto-hollywood-haciendose-gracioso_1_1777035.html" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">Ryan Gosling de </span></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/ryan-gosling-odisea-ken-marlon-brando-plastico-conquisto-hollywood-haciendose-gracioso_1_1777035.html" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Drive</em></span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> para reconocer en él una masculinidad impasible e incomunicada.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Una masculinidad canónica que, claro, en el momento de conectar con un circuito </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>queer</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> es sometida a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>una reevaluación</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Como cuando Heath Ledger vestía de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>cowboy</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"><em><strong>Brokeback Mountain</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. El meollo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Pillion</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, sin embargo, no está tanto en lo que esconde Ray como en lo que esta coraza ha de despertar en Colin, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>el sumiso de la pareja</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Quien, interpretado por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Harry Melling</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (voluntarioso actor que se dio a conocer como el odioso primo Dudley de</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> las películas de </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"><em><strong>Harry Potter</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:white;">), es mucho más joven e inseguro. Y sobre todo </span>—tal y como subraya el film de forma bastante cuestionable— <strong>más feo</strong>. Hay tal desequilibrio entre sus caracteres, que se antoja plenamente natural que la relación de BDSM fluya como fluye, con <strong>una transparente jerarquía de poder</strong>.</p><p><em>Pillion</em>, por otro lado, tiene la suficiente apertura de miras como para no arremeter contra los términos que sobre el papel acoge esta relación. Colin descubre que le gusta ser sumiso y que tiene <strong>“un don para la devoción”</strong>, y esto es descrito como <strong>un autodescubrimiento feliz</strong>. Porque, enlazando con otro film famoso como sería <em><strong>Call Me By Your Name</strong></em> —donde también encontrábamos este desequilibrio entre físicos y edades—, de lo que hablamos ante todo es de <a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/cuenta-verano-1993_1_1842721.html" target="_blank">una historia de madurez</a>. El joven Colin ha de aprender, en el marco de esta peculiar relación, qué es lo que desea de verdad, y atreverse a negociar estos deseos con un amante no especialmente generoso.</p><p>Lighton traza una historia tan simple como esta sin cargar las tintas, con una mesura dramática que también apela a <strong>la sensualidad del escenario</strong> en que se está embarcando. Porque sí, desde luego <em>Pillion</em> tiene escenas sexuales abundantes y bastante alejadas de lo que se suele ver en el cine comercial, pero no estamos hablando de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/orgullo-lgtbi-salta-calles-cine-series-audiencia-demanda-reflejo-realidad_1_1833257.html" target="_blank">una renovación del </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/orgullo-lgtbi-salta-calles-cine-series-audiencia-demanda-reflejo-realidad_1_1833257.html" target="_blank"><em>New Queer Cinema</em></a> o algo parecido: no hay <strong>una voluntad transgresora</strong> según la cual la estructura <em>queer</em> llegue a alterar fórmulas cinematográficas establecidas, sino ante todo <strong>un interés por la ternura</strong>. </p><p>Las escenas de sexo se recrean en cada placer que Colin va descubriendo sobre la marcha, según se inserta en esta cultura, y no son tan impactantes las prácticas que llega a realizar como el hecho de que esta tribu de moteros, cada uno con su paquete detrás, pueda felicitarle por sorpresa el cumpleaños en <strong>una noche especialmente entrañable</strong>. </p><p><em>Pillion</em> es <strong>un </strong><em><strong>coming of age</strong></em><strong> sereno y delicado</strong>, mucho menos extravagante de lo que insinúan sus  primeros minutos —cuando nos internamos en el entorno familiar de Colin y conocemos tanto su vocación musical como a su madre moribunda— al preferir registrar con suavidad los progresos del protagonista. La película está abocada a <strong>una normalización de las identidades sexuales disidentes </strong>y bien está, tal es su decisión. El problema está en lo que termina favoreciendo este enfoque, que en <em>Pillion</em> resulta ser <strong>un desinterés palmario</strong> por la puesta en escena —solo permitiéndose un poco de recreación cuando la cámara lenta subraya el gozo de Colin a la espalda de Ray mientras su moto se interna en la noche— y, sobre todo,<strong> un guion extremadamente esquemático. </strong></p><p>Los cambios que atraviesa el carácter de Colin, los cambios que esto puede provocar en Ray y, en general, el desarrollo de la pareja protagonista, se van sucediendo con <strong>una llamativa falta de matices </strong>en <em>Pillion</em>. Es una de <strong>esas películas correctísimas</strong> en las que, sin embargo, no hay mucho que rascar, porque absolutamente <strong>todo es texto</strong> en ellas y este texto se lee de forma diáfana. Lo que, insistimos, no es que esté mal, pero viniendo como venimos de una tradición iconográfica que hizo del subtexto y la seducción <strong>un revulsivo cultural</strong>, no deja de ser una lástima. </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[490e2a91-a584-45c9-9028-8cf38bd68a71]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Mar 2026 05:01:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/baf369d8-1490-4f74-b741-1255cb5ddcb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="179842" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/baf369d8-1490-4f74-b741-1255cb5ddcb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="179842" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Pillion’, o cómo hacerse adulto entre motoristas gays y relaciones sadomasoquistas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/baf369d8-1490-4f74-b741-1255cb5ddcb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine,Salas cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Scarlet’, la película más floja de Mamoru Hosoda es una confusa revisión de ‘Hamlet’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/scarlet-pelicula-floja-mamoru-hosoda-confusa-revision-hamlet_1_2151324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/995a82db-8a74-465e-ae2d-da21c512b053_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Scarlet’, la película más floja de Mamoru Hosoda es una confusa revisión de ‘Hamlet’"></p><p>“Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, <strong>de las que sueña tu filosofía</strong>”, le aseguraba Hamlet a su mejor amigo con los ojos muy abiertos. Solo había hecho falta hablar con un fantasma para que el protagonista de<strong> la gran tragedia de William Shakespeare</strong> fuera consciente de cuán inabarcable era el cosmos. Lo insuficiente que se revelaban su estancia en la tierra, <strong>su ciencia, su cultura</strong>, una vez se topaba con una figura a medio camino de la vida y la muerte, cuyo mero caminar movía a replantearnos qué entendíamos por vida, qué entendíamos por muerte, y sobre qué sitio intentábamos afirmar nuestros pasos. Debía haber otras fuerzas, <strong>otras realidades rodeándonos</strong>.</p><p>Las preocupaciones de <em>Hamlet</em> se proyectaban a un existencialismo tan fructífero como para que pudiéramos pasarnos todos los siglos posteriores <strong>volviendo a él</strong>. Shakespeare, proclamaba Harold Bloom en <em>El canon occidental</em>, <strong>nos escribió a todos</strong>, y por eso no habría que extrañarse tanto de que <strong>Mamoru Hosoda</strong> pretenda adaptar <em>Hamlet</em> en su última película. Fundamentalmente, porque esto de <strong>las realidades alternativas que pueda invocar la experiencia humana</strong> resulta ser el centro de su obra. <em>Summer Wars</em> y <em>Belle</em>, antes de <em><strong>Scarlet</strong></em>, son los ejemplos más obvios, por cuanto aquí el cineasta japonés ya planteaba una dialéctica entre el mundo físico y el mundo virtual. </p><p>Y lo hacía de <strong>una forma deliberadamente ingenua</strong>, dándole la espalda a cómo fuera de sus películas Internet se iba convirtiendo en <strong>el último espacio de colonización neoliberal</strong>. Hosoda, a cambio, se empeñaba en retratarlo como si fuera un lugar todavía capaz de mover la maravilla y, sobre todo, la fe en que esta expandiera las virtudes de nuestra especie. Hosoda descartaba dialécticas estancas: ni le interesaban los álter egos ni la posibilidad de realizar una crítica hacia nuestras estructuras de sentimiento. Convencido de que el ser humano era<strong> heroico y solidario por naturaleza</strong>, el ciberespacio solo era otro lugar donde seguir desarrollando valores.</p><p>Si Hosoda es tan naíf como para creer que Internet no nos ha hecho peores —o no ha explotado nuestros peores instintos—, deja de parecer tan descabellado que quiera encajar los esquemas clásicos de <em>Hamlet </em>en una dialéctica asimismo clásica: <strong>la vida terrenal frente al más allá</strong>, que es donde se desarrolla la mayor parte del argumento de <em>Scarlet</em>. Con lo que, por muy extravagante que parezca la fuente, nos encontramos ante <strong>una película típicamente Hosoda</strong>, en la que la animación volverá a ser empleada con extremo virtuosismo para representar diferencias entre mundos.</p><p>Para ello lo que hace Hosoda es replicar las estrategias de <em>Belle</em>. La forma que había de distinguir en <em>Belle</em> el mundo donde nos encontrábamos era atender a la animación de los personajes: el 2D tradicional del <em>anime</em> para la realidad física, frente a <strong>una mezcla de 2D y 3D </strong>para la virtual. Esta mezcla se exploraba en un momento muy interesante para la animación global pues mientras tanto en EEUU, conscientes de que las tres dimensiones habían tocado techo en cuanto a su búsqueda figurativa, los estudios venían dando un rodeo para perfeccionar <strong>la animación NPR</strong>.</p><p>Es decir, un <em>Non-Photorrealistic Rendering</em> (<strong>renderizado no fotorrealista</strong>) que, tanteado inicialmente por los videojuegos, se ha convertido en <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tipos-malos-2-frenetico-entretenimiento-le-saca-gran-partido-animacion_1_2038321.html" target="_blank">una moda de Occidente</a>. Japón, por ahora, se ha resistido a ella, pero Hosoda siempre ha estado interesado en jugar con la animación por ordenador y ya en <em>Belle</em> nos topábamos con un entendimiento muy particular del NPR.</p><p>Lo que Hosoda buscaba entonces era inyectarle volumen a las formas típicas del <em>anime</em> sin modificar los colores planos de las texturas ni los escenarios, y es lo que ha vuelto a hacer <strong>a gran escala</strong> en <em>Scarlet</em>. Donde pasamos un tiempo muy escaso en el mundo físico del <em>anime</em> de toda la vida, en favor de <strong>un más allá </strong>al que la protagonista es enviada con suma rapidez.</p><p>La producción de <em>Scarlet</em> se ha alargado unos cuatro años por<strong> la complejidad de la hibridación</strong> que buscaba Hosoda. Y, tristemente, no parece haber sido <strong>un tiempo bien invertido</strong>. Hosoda ha privilegiado tanto el volumen en su visión como para que los personajes <strong>ganen </strong><em><strong>peso</strong></em><strong> en detrimento del </strong><em><strong>movimiento</strong></em>, situándolos en un escenario sugerente —el purgatorio donde Scarlet/Hamlet buscará su venganza contra el tío Claudio— a la vez que escasamente dialogante con sus habitantes más allá de amplios y espectaculares planos de composición romántica. Scarlet como una nueva caminante sobre el mar de nubes… pero<strong> una caminante sin muchas ganas de moverse</strong>.</p><p>Dicho de otra forma, la animación de los personajes de <em>Scarlet</em> es torpe e inexpresiva. <strong>Su rígido acabado</strong> da una sensación como de rotoscopia accidental, como de aburridos seres humanos <strong>coloreados sobre la marcha</strong> y lejos, por otra parte, de los extremos lisérgicos a los que pudiera conducir esta técnica si se hubiera empleado realmente. El año pasado <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/anzu-gato-fantasma-guion-chapucero-animacion-deslumbrante-desquiciado-sucesor-totoro_1_1994694.html" target="_blank"><em>Anzu, el gato fantasma</em></a> cultivó <strong>un </strong><em><strong>anime</strong></em><strong> intencionalmente rotoscópico</strong>, con mucha mejor fortuna que Hosoda en este mortecino “<em>anime </em>NPR”. Lo peor es que este fallo de concepto dentro de la animación es <strong>extrapolable a la narración </strong>—como visionario del medio animado que es, en el cine de Hosoda esto siempre va unido—, y la historia de <em>Scarlet</em> resulta ser igualmente <strong>un estrepitoso caos</strong>. </p><p>Curiosamente, no porque arruine <em>Hamlet</em>. <em>Scarlet</em> le hace más justicia que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/hamnet-adaptacion-fallida-rutinaria-novela-esencial-duelo-genio-creativo_1_2130046.html" target="_blank">la reciente </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/hamnet-adaptacion-fallida-rutinaria-novela-esencial-duelo-genio-creativo_1_2130046.html" target="_blank"><em>Hamnet</em></a>, sin ir más lejos, al adentrarse en las dudas del personaje con su misión de venganza y en la necesidad de vertebrar <strong>una ética propia</strong>, que conduce a algún momento emotivo durante sobre el final. El problema es que esta síntesis del<strong> ser o no ser (o de dónde serlo) </strong>está diluida en un barullo dónde nunca quedan claras las reglas del mundo en que nos movemos —sin que esta anarquía favorezca arrebato estético alguno— y todo se antoja endeble, ya sea desde la inclusión de compinche para Scarlet de <strong>un paramédico que viene del futuro</strong> (?) o la indefinición de la maldad de Claudio.</p><p>Así que <em>Scarlet</em> se erige fácilmente como <strong>lo peor que ha hecho Hosoda</strong> desde que se desligara de las franquicias de <em>anime</em> en los 2000. Es un traspiés importante, si bien lo bastante desquiciado como para no encender el pesimismo sobre su futuro como creador. Sí,<strong> con </strong><em><strong>Scarlet</strong></em><strong> se ha estrellado</strong>, pero dada su obsesión por deambular entre mundos, era lógico que en algún punto <strong>perdiera el equilibrio</strong>. Quizá haya que respetar, en fin, que la caída de Hosoda haya sido tan monumental como todas las direcciones a las que <em>Hamlet </em>propulsó nuestra imaginación, hace tantos siglos.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[24f42fe2-7c3c-488a-909c-dce18f35ddfe]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 05:00:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/995a82db-8a74-465e-ae2d-da21c512b053_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1880570" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/995a82db-8a74-465e-ae2d-da21c512b053_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1880570" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Scarlet’, la película más floja de Mamoru Hosoda es una confusa revisión de ‘Hamlet’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/995a82db-8a74-465e-ae2d-da21c512b053_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El agente secreto’, atípico thriller sobre los confusos recovecos de la memoria histórica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/agente-secreto-atipico-thriller-confusos-recovecos-memoria-historica_1_2146425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/97adeb4c-4c22-4611-818b-a56706ec10a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El agente secreto’, atípico thriller sobre los confusos recovecos de la memoria histórica"></p><p>“Hay un problema con esta película: le falta <strong>un momento </strong><em><strong>What The Fuck</strong></em>”, decía la ejecutiva de Netflix.<strong> “What The Fuck?!”</strong>, gritaba un frustrado <strong>Nanni Moretti</strong>, poco después de la reunión, en una memorable escena de <em><strong>El sol del futuro</strong></em> (2023). Todo había sido planteado evidentemente como una parodia de <strong>las exigencias</strong> que el gigante de <em>streaming</em> suele imponer a los cineastas con los que trabaja, y son exigencias bien documentadas: hace poco Matt Damon <a href="https://www.avclub.com/matt-damon-netflix-the-rip-reiterate-dialogue-phones" target="_blank">explicaba con tranquilidad</a> cómo Netflix obligaba a meter escenas de acción en determinados puntos y que el guion recontextualizara la trama a cada tanto, asumiendo que el espectador iba a estar<strong> mirando el móvil</strong>.</p><p>Es posible, sin embargo, proyectar el chiste de Moretti más allá del caso específico de la plataforma. Pensar en ese<strong> “momento WTF” </strong>como una obligación contractual, más o menos tácita, si se quiere hacer cine en nuestros días y prosperar. El momento WTF parece una estrategia útil en un escenario con tantísimas opciones de consumo audiovisual y, sobre todo, tanta congestión de estímulos ahí fuera (sociales, geopolíticos) como para que sea necesario<strong> llamar violentamente la atención</strong> del espectador. Al <em>shock</em> se puede responder con <em>shock</em>, y así destacar. No solo dentro de un catálogo de <em>streaming</em>, sino también en una carrera de premios o <strong>en un festival europeo</strong>. Es lo que ha hecho <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rave-resistencia-neoliberalismo-oliver-laxe-sacude-cimientos-cine-prodigiosa-sirat_1_2007012.html" target="_blank"><em>Sirat</em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rave-resistencia-neoliberalismo-oliver-laxe-sacude-cimientos-cine-prodigiosa-sirat_1_2007012.html" target="_blank"> de Oliver Laxe</a>. El <em>shock</em> es el motivo de que haya llegado donde ha llegado.</p><p>¿Qué es el <em>shock</em>, en resumen? Suspensión de entendimiento. Extrañeza, la total y paralizante rendición ante <strong>algo tan fuerte, caótico y ejem,</strong><em><strong> ¿random?</strong></em>, que congela la razón, y que Naomi Klein diagnosticó sabiamente como una de las grandes estrategias del capitalismo para<strong> medrar en escenarios catastróficos</strong>. Pese a eso, dentro del cine no tiene por qué ser una estrategia ilegítima. Como decimos, hoy día es <strong>básicamente coyuntural</strong>. Vivimos en un mundo WTF, así que nos apelan momentos WTF. Lo que distinguiría a <strong>Kleber Mendonça Filho</strong> de una figura como Laxe es que él fue crítico de cine antes que director —de forma que podría armar todo un aparato teórico durante los segundos en que nos quedamos sin habla—, y que es alguien <strong>bastante más politizado</strong>.</p><p>Filho no ha utilizado el <em>shock</em> para alejarse de la turbulenta realidad de su país, sino para generar un <strong>escurridizo extrañamiento</strong> que ilumine desde rincones alternativos. Al poco de que Bolsonaro empezara a gobernar Brasil en 2019 él se consagraba a nivel internacional con <em><strong>Bacurau</strong></em>: un <em>western</em> que decía ser distópico para ocultarse geográfica e históricamente, y donde sin embargo no dejábamos de observar a élites políticas vendiendo sus lugareños a intereses extranjeros. Filho es consciente, pues, de <strong>cómo se ha cifrado siempre el poder</strong> y no tiene por qué subrayar nombres propios ni perseguir un realismo expositivo. Quiere utilizar el cine de otra forma, dar un rodeo. </p><p><strong>Combatiendo el </strong><em><strong>shock</strong></em><strong> con el </strong><em><strong>shock</strong></em>, quizá. Y de nuevo, es una estrategia totalmente legítima que, al envolver a su siguiente película tras <em>Bacurau,</em> acoge una capa extra de significado. Pues <em>El agente secreto</em>, nominada al Oscar a <strong>Mejor película</strong>, se pregunta qué es lo que posibilita ese mismo <em>shock</em>, construye una crítica al momento WTF a través del propio cine. No le queda otra para eso que <strong>descolocar severamente </strong>al espectador, ya desde el título. El personaje de <strong>Wagner Moura</strong> no es ningún “agente secreto”. Pero la clase de valentía que le empuja, toda vez que los métodos que emplea para perseguir sus objetivos, le emparentarían con esta figura seductora.</p><p>Así es como podría verle un hijo entusiasmado con las películas que Hollywood está exportando a mediados de los años 70 a Brasil, en plena <strong>dictadura militar</strong>. Así es como podría verle, desde una meridiana vocación escapista, un film más convencional que <em>El agente secreto</em>: uno que celebrara el heroísmo de aquellos activistas e intelectuales que quisieron<strong> rebelarse contra la barbarie</strong>. Pero no es eso lo que busca Filho exactamente. Sin duda quiere articular un discurso acerca de los abusos sufridos entonces en Brasil, pero en dicho discurso se confunden las energías que pueden convertirlo todo en espectáculo consumible —la tradición hollywoodiense— con las emitidas entonces desde el propio gobierno fascista. El estado policial/corporativo engañando a la ciudadanía. </p><p>¿Cómo? Con maniobras de distracción.<strong> Producción de </strong><em><strong>shock</strong></em>. Que es la que trata <em>El agente secreto </em>desde su guion para cartografiar los avances de Moura —cuya motivación no conoceremos hasta llegado el ecuador del film—, y dedicando buena parte de su extenso metraje al empeño del poder por ocultar sus crímenes entre <strong>carnavales y marquesinas</strong>. Un andamiaje ciertamente complejo —mucho más que <em>Bacurau</em>, que al fin y al cabo dentro de toda su abstracción podía rendir como ejercicio de género— al que cabe afearle <strong>la contradicción</strong> o, mejor dicho, la comodidad que halla entre las recompensas inevitables del momento WTF. Cuando, ante la sorpresa y la complicidad calculada, las ocurrencias quieren parecer <strong>más inteligentes de lo que son</strong>. </p><p>Si <em>El agente secreto</em> busca desentrañar la verdad entre<strong> las cortinas de humo del sistema</strong>, ¿cómo hemos de tomarnos la mitomanía hacia los EEUU setenteros que marca la mirada de Filho? Sin duda como una concesión lúdica a su propia cinefilia, tamizada por el exquisito tratamiento fotográfico y un genial Moura que se mira en el reflejo del <strong>Al Pacino de </strong><em><strong>Serpico</strong></em>. Pero también nos lo podemos tomar como una frivolidad, un deseo de<strong> “dar que hablar”</strong> en medio del ruido omnipresente que conduciría a ese fetichismo por el <em><strong>Tiburón</strong></em><strong> de Steven Spielberg</strong>: problemático crisol de metáforas en <em>El agente secreto</em> que termina embarullando el rigor intelectual de la obra.</p><p><em>El agente secreto</em> es, en resumen, <strong>una película frustrante</strong>. Una película a la que se le divisan las preocupaciones —y son todas ellas encomiables— poco antes de perderse en la arbitrariedad. Y esta tiene, evidentemente, su sentido interno —<em>El agente secreto </em>es una de esas películas, tan ingratas de abordar, que <strong>se hacen la crítica a sí mismas</strong>—, pero se antoja tan copiosa como para renunciar a cualquier organicidad, cualquier pretensión de que haya <strong>una ficción auténticamente significativa</strong> por debajo de esas capas cuyo carácter engañoso obsesiona tanto a Filho. </p><p>Tanta confusión recaba para sí —con sus elipsis, dilataciones y anticlímax— que no es de extrañar que <em>El agente secreto</em> al final se sienta obligada a asegurarse de que su tesis <strong>queda clara</strong>. Casi como pensando en las escuelas donde se recomendará su visionado<strong> para no repetir la historia y tal</strong>, en sus últimos minutos Filho recurre a una comunicación franca y aplanada que es la que se puede entender mejor… dentro de un prisma hollywoodiense. Conectando así tanto con el frágil llamamiento a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/batalla-paul-thomas-anderson-alia-dicaprio-pelicula-divertida-esperanzadora_1_2067341.html" target="_blank">revoluciones futuras de </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/batalla-paul-thomas-anderson-alia-dicaprio-pelicula-divertida-esperanzadora_1_2067341.html" target="_blank"><em>Una batalla tras otra</em></a> como con la encorsetada visión de <strong>la memoria histórica</strong> que realizaba aquel otro film brasileño que también gustó mucho en los Oscar.</p><p>A <em><strong>Aún estoy aquí</strong></em><strong> de Walter Salles </strong>le pasaba algo similar el año pasado a <em>El agente secreto</em>, siendo este un film mucho más simplón y transparente. Y es que se hallaba más cómodo cuanto más iconografía absorbía de la época rememorada —frente a los modismos Nuevo Hollywood de Filho, Salles proponía una fiesta de <strong>la radiofórmula brasileña</strong>—, y menos cuando había que preocuparse de cómo encajar todos esos recuerdos en el presente inmediato. </p><p><em>Aún estoy aquí </em>era lineal por fuerza, por plantearse desde un recuerdo que se preciaba <strong>completo y ejemplarizante</strong>. <em>El agente secreto </em>lo acaba siendo también porque, aun siendo consciente de que la memoria es perfectible —y <strong>siempre nos acechará pidiendo cuentas</strong>—, no tiene otra forma<strong> </strong>de responder a ella. El <em>shock</em>, finalmente y aun cuando lo haya querido enfrentar <strong>con sus propias armas</strong>, lo ha dejado paralizado. What The Fuck.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[70107594-56ec-4124-b67f-741e8f8b2bab]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Feb 2026 05:01:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/97adeb4c-4c22-4611-818b-a56706ec10a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="122195" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/97adeb4c-4c22-4611-818b-a56706ec10a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="122195" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘El agente secreto’, atípico thriller sobre los confusos recovecos de la memoria histórica]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/97adeb4c-4c22-4611-818b-a56706ec10a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine,Brasil]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La misteriosa mirada del flamenco’ y las posibilidades de un Salvaje Oeste latino y queer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/misteriosa-mirada-flamenco-posibilidades-salvaje-oeste-latino-queer_1_2128195.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/70010f0a-1c46-43bd-b460-97944b27b238_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La misteriosa mirada del flamenco’ y las posibilidades de un Salvaje Oeste latino y queer"></p><p>Cuando<strong> el </strong><em><strong>western</strong></em><strong> llegó a Europa</strong> alrededor de los años 60, los nombres de sus personajes y localizaciones seguían siendo estadounidenses. Por mucho que ahora pudiera rodarse en el almeriense desierto de Tabernas (entre otras localizaciones de España), los protagonistas de estas películas insistían en fingir que deambulaban por Monument Valley o por la frontera de México. De ahí que <strong>el </strong><em><strong>spaghetti western</strong></em> con epicentro en Italia —así como el producido en nuestro país, que nunca nos hemos puesto de acuerdo en si llamar <em>chorizo western</em> o<strong> ¿</strong><em><strong>paella western</strong></em><strong>?</strong>— tuviera algo de carnaval infantil. Los europeos se disfrazaban y<strong> jugaban a indios y vaqueros</strong>.</p><p>No habría sido posible si las películas canónicas del Oeste, desarrolladas en Hollywood desde sus mismos inicios, hubieran esquivado <strong>el declive </strong>y siguieran nutriendo un género esplendoroso y convincente. Pero no era el caso. Hollywood, ante la quiebra de los paradigmas clásicos y la sucesión de movimientos civiles dentro de la sociedad estadounidense, <strong>ya no se creía del todo el </strong><em><strong>western</strong></em>, y por eso este podía ser de pronto <strong>crepuscular o autocrítico</strong> —hasta John Ford hacía entonces películas concienciadas con el sufrimiento de los pueblos originarios. Toda esta inseguridad fue transformada, al llegar a Europa, en <strong>esteticismo vacío</strong>: en la intensificación de los ingredientes más icónicos del género vaciándolos de gravedad y complejidad.</p><p>La exportación fue un éxito, una de tantas mutaciones que han garantizado la pervivencia de este género cinematográfico. Aunque el <em>western</em> <strong>no solo cruzó el océano</strong>. También llegó a <strong>descender por la frontera mexicana</strong> para que naciera una suerte de <em>western </em>latinoamericano, muy distinto a lo registrado en Europa. Porque este nuevo <em>western</em> <strong>no se disfrazaba</strong>, no se interesaba por <em>sheriffs</em> y nombres anglosajones. A este <em>western</em> lo empujaba<strong> una vocación histórica</strong>, más orgánica que los virtuosos circos de Sergio Leone al respaldar la auténtica genealogía del género en su enclave hollywoodiense, igualmente histórica. La diferencia estribaba en <strong>quién contaba la historia ahora</strong>.</p><p>Que los cineastas latinoamericanos quieran remitirse a la constitución de sus estados <strong>bajo el influjo colonial</strong> lo cambia todo. Es lo que ha hecho gente como el argentino <strong>Lisandro Alonso</strong> —empleando irónicamente a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/viggo-mortensen-conecta-western-absurdo-fantasma-colonialismo-hipnotica-eureka_1_1815185.html" target="_blank">Viggo Mortensen como un jinete sin caballo</a>, perdido en un paisaje que ya no entiende— o el chileno Felipe Gálvez, que en 2023 estrenó la contundente <a href="https://www.youtube.com/watch?v=BHWqUnp1XYw" target="_blank"><em>Los colonos</em></a> subrayando las masacres que nutrieron la historia oficiosa de ese <em>western</em> que tanto ama la cinefilia. <strong>Diego Céspedes</strong> es chileno como él y obtuvo el premio Un Certain Regard en el último Festival de Cannes por <em><strong>La misteriosa mirada del flamenco</strong></em>. Otro <em>western</em>, aunque distinto. Se ambienta en los años 80 y no es del todo histórico. Además lo protagoniza una comunidad de <strong>gente </strong><em><strong>queer</strong></em><strong>.</strong></p><p>Podríamos sostener que, mientras el <em>western</em> europeo ha sido desarrollado como disfraz lúdico, el <em>western</em> latinoamericano ha operado según<strong> una lógica de desplazamiento</strong>. Geográfico y sobre todo narrativo, <strong>un cambio del punto de vista</strong>. La estudiosa colombiana Paula Barreiro incide en la figura del <a href="https://www.retinalatina.org/del-cowboy-al-campesino/" target="_blank">“sujeto subalterno”</a> como clave: si los sujetos normalmente oprimidos o sepultados en la otredad —por lo general nativos americanos, aunque también podríamos hablar de mujeres— ganan agencia y reclaman la posición protagonista, el relato cambia. Lo que permite, al desplegarse, efectuar <strong>una crítica contra las estructuras</strong> que habían mantenido hasta entonces dicho dominio. </p><p>La citada <em>Los colonos</em> es un buen ejemplo de esto al tener como protagonista a un hombre mestizo y tejer a partir de él una reflexión sobre <strong>el destino del pueblo mapuche </strong>durante el establecimiento de la nación de Chile, aunque en este marco <em>La misteriosa mirada del flamenco</em> se resiste a una categorización sencilla. El film de Céspedes se ambienta en el desierto de Atacama, entre pueblos mineros. En plena dictadura de Pinochet se empiezan a registrar brotes de VIH, de forma que el colectivo que lidera Mamá Boa (Paula Dinamarca), una mujer trans, es considerado <strong>foco de contagio</strong> y sufre la discriminación e incluso la violencia directa de los mineros que les rodean.</p><p>Dejando de lado la evocadora banda sonora —llena de silbidos <strong>a lo Ennio Morricone</strong>—, cuesta reconocer una directa raigambre <em>western</em>. El “sujeto subalterno” sin duda ha de ser esta comunidad, y la película se pliega a sus vivencias: la protagonista concretamente es Lidia (Tamara Cortés), niña acogida por el grupo que viene a ser<strong> la hija adoptiva de Flamenco </strong>(Matías Catalán), uno de los travestis que actúan en algo parecido a un <em>saloon</em>. Nada de esto, sin embargo, tiene una relación directa con cómo se ha ido desplegando tradicionalmente el género cinematográfico. Desde luego <strong>hay una impugnación de la mirada heteropatriarcal</strong>, tan consustancial al <em>western</em>, pero lo que tenemos ante todo son apuntes narrativos, rimas lejanas a historias conocidas.</p><p>Porque <em>La misteriosa mirada del flamenco</em> es la historia de madurez de Lidia —<a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/cuenta-verano-1993_1_1842721.html" target="_blank">un </a><a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/cuenta-verano-1993_1_1842721.html" target="_blank"><em>coming of age</em></a> guiado por el enigma de la figura de su tutor—, además de una historia de venganza, con trágico romance de propina. Los primeros compases de <em>La misteriosa mirada del flamenco</em> parecen querer evocar un clásico estadounidense como es<strong> </strong><em><strong>Johnny Guitar</strong></em>, cuando Flamenco se reencuentra con su amante Yovani (Pedro Muñoz) en el local que regenta Mamá Boa, una noche en la que se intercambian todo tipo de reproches por el pasado. Y se versiona a<strong> Rocío Jurado</strong>, también. </p><p>Flamenco y Yovani serían Joan Crawford y Sterling Hayden en la mítica película de Nicholas Ray, cuyo expresionismo visual y emoción desatada la han convertido inevitablemente en<strong> el más </strong><em><strong>queer</strong></em><strong> de todos los </strong><em><strong>westerns</strong></em><strong> norteamericanos</strong>. Así que hay poco que objetarle a las intuiciones de Céspedes: <em>La misteriosa mirada del flamenco</em> es <strong>una película potente</strong>, narrada con un pulso lo bastante afianzado como para que la extrañeza inicial ante la propuesta quede velozmente sofocada. </p><p>También es oportuno su retrato del VIH —cuyo origen,<strong> encomendándose al realismo mágico</strong>, los </p><p>protagonistas cifran en las poderosas miradas de los travestis— y su conexión con la homofobia, toda vez que persiste una duda. Si <em>La mirada del flamenco</em> es un <em>western</em> posmoderno<strong> solo por capricho</strong>, o porque Céspedes ha dado con un entendimiento <strong>más sutil y profundo del género.</strong></p><p>Ante este tipo de dudas, como en tantas otras ocasiones, conviene leer a <strong>André Bazin</strong>. El crítico francés reflexionó mucho sobre qué hace al <em>western</em> ser <em>western</em>. Si es <strong>“el cine americano por excelencia”</strong> —como lo bautizó en un artículo de 1953— se debe a que “nace del encuentro de una mitología con un medio de expresión”: la mitología del nacimiento de EEUU, blindada contemporáneamente por los primeros años del cine. No sabemos si Bazin, tan convencido de que este género solo podía ser estadounidense, habría apreciado <strong>las caóticas evoluciones foráneas </strong>experimentadas a partir de los 60. Pero su pensamiento sigue siendo útil para estudiarlas.</p><p>A Bazin le interesaba cómo las energías convocadas por el género estaban condenadas a la ambivalencia y la melancolía, a que<strong> “la epopeya se hiciera tragedia”</strong>. No porque el <em>western </em>tuviera que evidenciar necesariamente la violencia real infligida contra los indígenas, sino por algo más filosófico. La tragedia nacería de “la contradicción entre la trascendencia de la justicia social y<strong> la singularidad de la justicia moral</strong>, así como entre el imperativo categórico de la ley que garantiza el orden de la Ciudad futura y aquel otro, no menos irreductible, de la conciencia individual”. Bazin se estaba refiriendo, de forma muy bella, a <strong>las tensiones aparejadas a cualquier tejido social</strong>.</p><p>Es complicado extraer el mínimo común denominador del <em>western</em>. Asumir que este ha de reducirse <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/avatar-fuego-ceniza-aburrido-tercer-capitulo-confirma-bancarrota-creativa-james-cameron_1_2114638.html" target="_blank">al nacimiento ideológico de los EEUU</a> —con su frontera y su destino manifiesto— implicaría que ni Leone ni Gálvez han hecho <em>western</em> alguno. Que tampoco lo hizo el danés Nikolaj Arcel hace un par de años, en <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tierra-prometida-ferocidad-politica-western-danes_1_1700844.html" target="_blank">su extraordinaria </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tierra-prometida-ferocidad-politica-western-danes_1_1700844.html" target="_blank"><em>La tierra prometida</em></a>. Asimismo, se queda corto proponer el heroísmo viril. Pareciera que hay que acudir a <strong>nociones más abstractas</strong>, que respalden esfuerzos heterogéneos (tan poco ortodoxos como el de Diego Céspedes) por indagar en su volumen estético.</p><p>Entonces Bazin nos ilumina. Entonces deducimos que lo que define a todos los <em>westerns</em> es <strong>una búsqueda particular de la dignidad</strong>, alrededor de personajes que han de negociar con el espacio para construir una cultura y una sociedad. Desde luego que estas claves han sido sublimadas por la maquinaria yanqui con el objetivo de legitimar sus pulsiones coloniales —los mismos que, sin ir más lejos, guían ahora mismo <a href="https://www.infolibre.es/mediapart/trump-convierte-guerra-drogas-instrumento-politica-interior-excusa-intervencionismo-exterior_1_2124721.html" target="_blank">los crímenes de Donald Trump</a>—, pero ciñéndonos a la expresividad cinematográfica, resulta que Céspedes las ha retomado admirablemente.</p><p><em>La misteriosa mirada del flamenco</em> es, ante todo, <strong>una historia de convivencia</strong>. Dos entes sociales —los mineros frente a la comunidad <em>queer</em> de Mamá Boa— que comparten un espacio, que lo disputan con traición y violencia, y que finalmente han de gestionar<strong> en común</strong>. Interiorizando sus diferencias, dejando atrás los crímenes sin dejar de hallar la redención por el camino. Creando tejido social. Es fácil, desde este marco, entender no solo por qué el <em>western </em>no murió en los 60, sino que además no haya dejado de viajar desde entonces. El <em>western</em> le pertenece al mundo porque el <em>western</em> siempre ha representado <strong>la construcción de un mundo</strong>. Así de sencillo, así de complejo es.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[86191f5a-ef32-466c-b4a5-b165e1fed336]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jan 2026 05:00:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/70010f0a-1c46-43bd-b460-97944b27b238_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="345886" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/70010f0a-1c46-43bd-b460-97944b27b238_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="345886" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘La misteriosa mirada del flamenco’ y las posibilidades de un Salvaje Oeste latino y queer]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/70010f0a-1c46-43bd-b460-97944b27b238_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
