LA UE Y EL ORDEN MUNDIAL
El liderazgo de Von der Leyen queda tocado tras su tropiezo en un momento crítico para la UE
Cuarenta y ocho horas después de cometer un importante error político delante del cuerpo diplomático extranjero, Ursula von der Leyen rectificó en Estrasburgo y subordinó la actuación internacional de la UE al respeto de un orden global basado en normas y los derechos humanos.
“La Unión Europea se fundó como un proyecto de paz. Nuestro compromiso inquebrantable en favor de la paz, a los principios de la Carta de Naciones Unidas y al derecho internacional es hoy tan central como lo fue en nuestra creación, y siempre defenderemos esos principios”, destacó al principio de su intervención en la Eurocámara la presidenta de la Comisión.
Los aplausos en el Pleno del Parlamento Europeo fueron tímidos y muy moderados, apenas de la bancada popular, su partido. Von der Leyen intentó cerrar la brecha abierta el lunes cuando delante de los embajadores internacionales presentes en Bruselas aseguró que “no podemos depender más de un sistema basado en reglas como la única forma para defender nuestros intereses o asumir que esas reglas nos protegerán de complejas amenazas” y pidió “construir nuestro propio camino europeo”. Pero sólo lo consiguió a medias.
Su enmienda y rectificación fue parcial y con la boca pequeña, derivando un debate centrado en la situación en Oriente Medio y en la próxima Cumbre Europea hacia las necesidades energéticas del continente y defendiendo de nuevo la nuclear. Tampoco contribuyó a su giro político que justificase sus polémicas palabras con un “ver al mundo como es de ninguna manera minimiza nuestra determinación para luchar por el mundo que queremos”. De nuevo, como había alertado el eurodiputado Mounir Satouri, los intereses por delante de los principios.
Las críticas recibidas y el malestar generado no se han mitigado porque, además, la presidenta de la Comisión evitó presenciar la totalidad del debate en el Parlamento Europeo para no escuchar así las críticas que le llovían. Von der Leyen está tocada y la sangría de los apoyos con los que se garantizó un segundo mandato no se ha taponado.
Tocada, pero no hundida
El enfado entre los socialdemócratas sigue sin aplacarse. Su líder en el Parlamento, Iratxe García, defendió ante Von der Leyen el “no a la guerra y sí al derecho internacional” y le reprochó una postura de “complacencia, con apaciguamiento” ante el estadounidense Donald Trump porque se “está abriendo la puerta a que autócratas pisoteen sin consecuencias” el orden mundial.
La condena de la presidenta de la Comisión a la acción militar unilateral de Estados Unidos e Israel contra Irán sin cobertura de la legalidad internacional y la ausencia de una mención a las muertes de civiles en Teherán o Beirut, incluidas 150 personas, la mayoría niñas, en una escuela iraní, tampoco ayudaron a que la Izquierda o Los Verdes rebajasen sus críticas ni quedasen contentos con la intervención. La líder de la Francia Insumisa, Manon Aubry, recuperó en Estrasburgo el eslogan enarbolado por el presidente Pedro Sánchez para oponerse a Trump, “No a la guerra”, porque, justificó la gala, “la guerra emprendida por Estados Unidos e Israel en Irán y en el Líbano es plenamente ilegal en el derecho internacional”.
La herida abierta por el error de Von der Leyen al justificar un orden internacional basado en la ley del más fuerte sigue sangrando y actuales rivales políticos como Los Verdes hurgan en ella. Su líder, Terry Reinke, alemana como la presidenta de la Comisión, reprochó que la población de Irán, que ha mostrado “coraje contra un régimen brutal”, se vea “ahora inmersa en una guerra”. “Su protección y seguridad deben estar en el centro de la respuesta europea ante esta crisis”, pidió Reinke, “guiándose por el derecho internacional y no por una lógica de más escalada” en un claro dardo a la metedura de pata del lunes. Lejos queda el afectuoso abrazo con el que Reinke se levantó de su bancada para felicitar a Von der Leyen tras su investidura por segunda vez en 2024.
Varias capitales marcan un rumbo distinto
La posición de Von der Leyen es más frágil que hace una semana por la equivocación ante los embajadores, pero sus causas son profundas y vienen de lejos. Además, la metedura de pata diplomática ha revelado que uno de sus principales Gobiernos sostenedores, el francés del presidente Emmanuel Macron, ya no lo es tanto.
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Las elecciones presidenciales galas de 2027 alteran totalmente el escenario. Sin un candidato para el relevo, el movimiento político de Macron podría jugarse su desaparición en medio de una contienda polarizada entre la izquierdista France Insumise y la ultraderecha de Le Pen. Bruselas y las políticas que salen de la UE son un blanco fácil que atacar. Jean-Noel Barrot, ministro de Exteriores y hombre fuerte del Gobierno, critica el sobreprotagonismo de Von der Leyen en política internacional, exigiendo que “la Comisión cumpla con la observancia estricta a la subsidiariedad”, es decir, que no se entrometa en las competencias de los Estados miembros.
España es otro de los Gobiernos que viene apoyando la presidenta de la Comisión desde que fue elegida en 2019. De diferente color político, Von der Leyen ha trabajado con el socialista Pedro Sánchez de manera fluida igual que con el liberal Macron, a diferencia de otros Gobiernos de su propia familia política o del líder de los populares en el Parlamento Europeo, Manfred Weber, con el que mantiene una soterrada e intensa rivalidad política. Ahora, tras el affair sobre el imperio de la ley y el orden mundial, el presidente español fue claro asegurando que “nos sentimos mucho más cómodos con el planteamiento que ha hecho el presidente del Consejo, António Costa”, en favor del derecho internacional. Sánchez y Costa son las dos figuras clave de la socialdemocracia europea; sin sus pronunciamientos habría sido impensable que en la Eurocámara los socialistas hayan cargado contra la presidenta de la Comisión.
En otro calculado movimiento que revela la influencia de Bruselas en las políticas nacionales –y cómo el traspiés de Von der Leyen ha abierto una brecha que aprovechar–, otro sostén de la alemana, también de diferente color político, ha evitado criticarla, aunque sí se ha desmarcado de ella. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, rechazó la creciente tendencia de intervenciones militares “fuera del alcance del derecho internacional” y condenó el bombardeo de la escuela iraní de niñas como “una masacre”. Términos semejantes a los empleados por el nuevo primer ministro neerlandés, el liberal Rob Jetten, pero que la jefa de la Comisión evita pronunciar, quizás para no enfrentarse con Trump.