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Ramón Jáuregui comenta la serie 'Patria': “Es así como fue”

El político socialista donostiarra Ramón Jáuregui es uno de tantos vascos que ha seguido atentamente tanto la novela de Fernando Aramburu, Patria, como la serie basada en ella, que puede verse en HBO. La historia del asesinato de Txato y sus devastadoras consecuencias se ha materializado en ocho episodios. Protagonizada por un puñado de actores vascos, una alineación tan autóctona como la del Athletic de Bilbao, el reparto está liderado por Elena Irureta como Bittori, viuda del asesinado, y Ane Gabarain como Miren, madre de uno de sus asesinos. No es frecuente que Jáuregui siga las obras de ficción sobre ETA: “Confieso que las novelas, series y películas sobre el terrorismo no son de mi interés. Son como un deja vu que no me gusta recordar. Sin embargo, reconozco que empecé a leer Patria y me atrapó. Y luego he visto la serie y, francamente, me ha gustado. Me ha gustado porque refleja el contexto social. Es una crónica social de lo que fue el terrorismo. Está muy bien contada”.

Jáuregui ha sido en sus 72 años vicelehendakari, consejero del Gobierno vasco, secretario general de los socialistas vascos, diputado en el Parlamento español, europarlamentario, ministro... tras trabajar en su juventud en una fundición y estudiar Ingeniería y Derecho. Se refiere en primer lugar a una elección costumbrista de la historia, a sus protagonistas, tan en femenino que algunos lectores en su momento sugerían un cambio de nombre de la obra a Matria: “Creo que la serie tiene algunas virtudes que merece la pena destacar. La primera es que pivota toda la historia sobre dos mujeres, y esto ya es un éxito en mi opinión porque girar toda la historia que quiere contar Patria sobre la personalidad, la fuerza de la etxekoandre, de la mujer de la casa, es un acierto. Miren ese el reflejo mejor de esa idea del matriarcado vasco, que no es un mito, es una verdad. Son las mujeres las que han ejercido una mayor influencia. Y basta mirar el hogar de Miren, inclusive la sumisión de su propio marido, para comprobar y acreditar esto que digo”.

“La cuadrilla es una célula de amistad y lealtad, pero oprime la libertad”

Mucho se ha hablado del contexto que propicia que unos cuantos violentos puedan actuar con cierto grado de impunidad. Jáuregui alaba el retrato de ese ecosistema: “También me parece un acierto el entorno social porque Don Serapio, por ejemplo, está clavado. Es un cura que extiende un manto teológico de justificación a la lucha por Euskadi. Pero también lo está la herriko taberna, y Patxi, el que la dirige, y la cuadrilla. La cuadrilla es una especie de célula de amistad y de lealtad pero que también oprime la libertad. De la cuadrilla solo puedes ser si piensas como el conjunto de los amigos. Todo este entorno de la iglesia, de la herriko taberna, de Patxi, de Don Serapio, de la cuadrilla del pueblo, está muy bien reflejado. Es así como fue”.

Además de esos participantes, de alguna manera activos, el socialista añade otro elemento que permitió la pervivencia del terrorismo y la serie sabe encarnar: “El tercer elemento que me gustaría destacar es el miedo, porque el miedo está muy bien grabado. Es el miedo que yo creo que habría que llamar cobardía. Es la cobardía de la cuadrilla del grupo de amigos mayores, el grupo de ciclistas que abandonan al Txato en cuanto aparecen las pintadas en el pueblo. Pero es la cobardía de la propia hija, que se niega a reconocer que su padre fue asesinado”.

“‘Algo habrá hecho’ se decía de las víctimas”

Esos tres elementos llevan a Jáuregui a lamentar el clima insano que vivió el País Vasco durante muchos años: “Esto conecta con todo un manto que ha sido de indignidad social. Durante muchos años, muchos, en el país se justificaba que mataran. Si era policía porque lo era, si era guardia porque lo era, si era militar porque lo era, si no se decía: ‘Es que era un chivato’, cuando las campañas contra los traficantes, entre comillas. Y si no se sabía por qué le habían matado se decía: ‘Algo habrá hecho’. Y esto está muy bien reflejado en ese miedo, en esa cobardía que rodea a la víctima”.

La novela Patria y, posteriormente, la serie son un canto de amor a las víctimas. El propio Aramburu declaró que no quería que una sola línea les hiciera sufrir a ninguna. Poner el foco en ellas de una manera tan global es probablemente el mayor valor de esta historia. Para Jáuregui, “las víctimas son otro de los grandes méritos de la serie porque las víctimas son los objetivos de los terroristas, y no hay una confusión sobre violencias, equidistancias… Creo que esto es muy importante porque es la verdad. La verdad es que la contundencia de las cifras del terrorismo no puede ser disfrazada por los comportamientos abusivos de las fuerzas de seguridad, o por las ilegalidades o irregularidades cometidas por el Estado. No. Lo importante es que hay una violencia decidida por quienes al comienzo de la construcción democrática de España y del autogobierno vasco decidieron matar y mataron masivamente, cruelmente, más que nunca. Y esta es la decisión que está bien explicada en la serie, porque, obviamente, hay unos taldes, hay unos comandos, hay unos grupos que matan por idioteces, por miserias, por esos odios que ellos han generado construyendo el arquetipo de la víctima del terrorismo. Además, es bien importante también que la serie deja bien claro quiénes son las víctimas, porque, no se puede negar, durante mucho tiempo las olvidamos”.

“La sociedad vasca se mueve entre la generosidad y el olvido”

La novela y la serie narran la búsqueda de Bittori, la viuda, la loca, esa, de la verdad, esa verdad que acaba asomando al final. Esa búsqueda que anima a la protagonista lleva a un clímax sobrio, muy vasco, pero profundamente conmovedor, admirablemente llevado del texto a la imagen. “Bittori decidió darse un abrazo, –rememora Jáuregui– pero es un abrazo distante, es un abrazo casi efímero, pero ciertamente, es un abrazo que recoge bastante bien las dos características entre las que se mueve la sociedad vasca de este momento. La generosidad, por una parte, y el olvido. Generosidad porque hay mucho afán, una voluntad colectiva, salvando la disposición particular de cada una de las víctimas, una actitud general de ser generosos con el pasado y al mismo tiempo una corriente de fondo que busca pasar página, olvidar. En parte porque mucha gente se siente culpable, y en parte porque quieren simplemente vivir. Y la sociedad vasca es una sociedad hedonista, que tiene unas condiciones de vida, digamos, confortables y quiere vivir, y quiere mirar al futuro. Y creo que estas dos nociones, de generosidad y olvido, están presentes en ese abrazo que se dan Miren y Bittori”.

“Hemos soportado fracturas brutales por nuestra actitud ante el terrorismo”

La serie exhibe todo un catálogo del sufrimiento, de la devastación tras el asesinato. Cada personaje de las dos familias muestra su particular forma de afrontar la tragedia y uno de ellos, Bittori, la protagonista, pone un cierre. Esta conclusión es sólo una posibilidad para el político: “Es un final de película. Podrían haberse construido otros muchos. Había que ponerle un final. Pero es verdad que Fernando Aramburu en la novela y en la serie está muy bien tramada la recuperación de la relación entre las que fueron dos amigas y dejaron de serlo porque el terrorismo las fracturó. Por cierto, esta es otra idea también acertada de la serie porque esto nos ha pasado a todos, con los amigos, con las familias. Las fracturas brutales que hemos soportado, que hemos padecido durante muchos años cuando nuestra actitud ante el terrorismo provocaba antagonismos irreconciliables. Pienso que el final es un final posible, pero hay que respetar que pudiera haber habido otros, de hecho muchas víctimas no quieren saber nada del perdón ni de los asesinos. Simplemente tienen derecho a llevar su dolor y a actuar con respecto al mundo terrorista y a los asesinos como les plazca, es su derecho”.

Ramón Jáuregui resume finalmente su opinión sobre Patria: “Creo que es una serie espléndida y creo que hay un reflejo muy realista de lo que fue el terrorismo en nuestra sociedad. Uno de los políticos más brillantes, que ya no está con nosotros, Alfredo Pérez Rubalcaba, que tenía esa capacidad extraordinaria de simplificar, reducir y sintetizar ideas muy complejas, cuando le preguntaron qué opinaba de la novela dijo solo dos palabras y con eso lo dijo todo: ‘Así fue’. Y ciertamente, eso es lo mejor que podemos decir de esa novela y de esa buena serie”.

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