Caras tapadas

Eduardo Vázquez Martul

No sé si la gente se ha dado cuenta de las milicias de Trump, las HSI, que buscan a migrantes por las calles de EEUU, como los pistoleros del western americano armados hasta los dientes. Todos llevan la cara tapada y con gafas de sol, igual que los ladrones de bancos. Van vestidos con trajes de camuflaje y con una pegatina bien visible de la bandera del imperio, barras con estrellas. Andan por las calles, como en las pelis de los muertos vivientes, buscando a migrantes bajo la consigna de "hagamos América grande otra vez". Sublime locura. Cuando un imperio o poder permite esconder la cara de sus sheriffs, es porque en sus mentes no está el defender la paz de los ciudadanos, sino lo contrario, encarcelar al disidente, hoy migrante, mañana al que opine diferente.

Lo esperpéntico es que vuelven a expulsar, encarcelar, a los descendientes de los que primero poblaron ese continente, antes de que el imperio robara sus tierras con falsas fronteras. Ahora ese imperio de Trump quiere extender sus dominios más allá de lo ya robado: Venezuela, Cuba o incluso México por el sur y Groenlandia o Canadá por el norte. ¿Y después? ¿Qué harán con los nativos, con los pueblos que se levanten contra el invasor? Sabemos que ese mismo imperio masacró a los verdaderos moradores, casi peor, encerraron a los pocos supervivientes, o los trasladaron a regiones de miseria, muy alejados de sus tierras. Técnicas psicológicas que emplean los malvados para destruir las mentes, introduciendo la depresión que mata el alma de las personas al separarlas de sus raíces. El alcoholismo, la tuberculosis y la pobreza terminaron diezmando a tribus orgullosas, quizás los primeros mártires por la libertad que un imperio colonial sometió casi hasta el exterminio.

No debemos olvidar que los imperios destructores empezaron a invadir no sólo por el poder de sus ejércitos, sino también por la desidia y tibieza de los que deberían oponerse. ¿Dónde están los defensores de la democracia en Europa?

Pero sin caer en la simpleza de la comparación, también Europa colonizó parte o casi toda África para exprimir sus riquezas, o lo más execrable, hacer negocio con los esclavos. Vergüenza histórica. Ahora el mundo de la falsa cristiandad les cierra las puertas a los que sólo quieren comer, huir del hambre. Quizás todo lo que está pasando tenga un mismo origen, la riqueza creada a consta del expolio tiene los pies de barro y la historia nos pone en el banquillo.

Las terribles, sanguinarias SS y la Gestapo, asesina de comunistas, judíos, homosexuales y cualquier disidente, tenían más dignidad que la policía anti-inmigración de Trump. No se tapaban la cara ni llevaban gafas de sol. Terrible lo que está pasando. Es como la peste negra que diezmó a Europa, las ratas propagadoras están infectando al mundo que conocemos. Ya están incluso conviviendo entre nosotros. La maldad disfrazada de populismo destructor, engañando con falsa libertad y bulos que contaminan todas las redes utilizadas por sus aparatos de propaganda. Ya ha ocurrido en una historia que fatídicamente quiere repetirse. Pero no debemos olvidar que los imperios destructores empezaron a invadir no sólo por el poder de sus ejércitos, sino también por la desidia y tibieza de los que deberían oponerse. ¿Dónde están los defensores de la democracia en Europa? Muchas miradas tras los cristales limitándose a observar, o aún más grave, los dejamos entrar en nuestras casas y hasta en los parlamentos –ágora de las democracias–, sabiendo que el nuevo fascismo con rostro de empresarios sin ética ni moral, tiene como fin destruir derechos y libertades para hacer más negocio.

Debemos recordar que las libertades y las políticas sociales que la maldad quiere destruir se construyeron sobre las cenizas de más de 50 millones de mártires en la última contienda mundial. Tiempos difíciles, pero serán terribles si el mundo libre sigue mirando por la ventana y cedemos ante los que se tapan la cara para meternos miedo. Ellos saben que el miedo paraliza las mentes.

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Eduardo Vázquez Martul es socio de infoLibre.

Eduardo Vázquez Martul

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