La Transición descarriló el 23-F José Antonio Martín Pallín
El mundo debería temblar solo al pronunciarlas. Durante mucho tiempo pensamos que eran empresas serias. Pero ahora sospechamos que nos desvalijan el porvenir; no solo a nosotros. Por eso las llamamos con este antiguo apelativo. Más que nada porque nos han engañado cual si fueran piratas que roban la salud de personas en el mundo entero, y cambian la biodiversa existencia; miremos solamente el calentamiento del aire y la crisis/emergencia climática. Si pensamos en las generaciones futuras se nos fosiliza el pensamiento; a punto de agotarse al ver la ligereza con la que se mueven. Confirmamos que estamos refiriéndonos a las reinas de los combustibles fósiles. No parece que les hagan algún rasguño a ciertos gobiernos que les mantienen el mercado abierto sin vigilancias. Sus ganancias llegan hasta la estratosfera y más allá, casi más que los gases de efecto invernadero emitidos con su consumo.
La lista sería larga, pero vamos a concretar. Para ello me sirvo de una noticia que me envía generosamente Carbon Almanac Report. El título, en español, dice mucho a quienes quieran leer con perspectiva global: “Menos empresas generan más emisiones”. Porque hemos de saber que casi la mitad de las emisiones globales de CO₂ causadas por el uso de de combustibles fósiles son fruto de las maniobras de unas 32 en 2024, cuando eran 38 hace cinco años. Copio los datos de Inside Climate News, que informa sobre el último análisis de Carbon Majors de InfluenceMap. Pero no saquemos conclusiones sencillas; las emisiones totales siguen aumentando, casi un 1% entre 2023 y el año siguiente. Por otra parte, lo que preocupa cada vez más es que dos de cada tres de las 32 aumentaron sus emisiones en 2024.
Así pues, la concentración de responsabilidad (lo que hemos titulado filibusterismo energético, recae en unas pocas). Siempre según el mismo informe, dieciséis de los 20 principales emisores son estatales, luego los países incumplen sus compromisos de descarbonización del aire. Es más, entre las gigantescas Saudi Aramco, Coal India, CHN Energy, la Compañía Nacional de Petróleo de Irán y Gazprom representan el 18% del CO₂ fósil global. Mientras aquellas que señalamos como culpables del empeoramiento de nuestra salud, propiedad de inversores, como ExxonMobil, Chevron, Shell, ConocoPhillips y BP, suman en conjunto un 5,5%, que no es poco. Pero además de los números están las maniobras regulatorias. Presionan simultáneamente para debilitar la política climática. Parece que lo consiguen en las negociaciones internacionales. Se asegura que en la COP30 de Brasil, en noviembre pasado, los países productores se opusieron a una hoja de ruta de eliminación gradual acordada con el respaldo de más de 80 países. Repasemos lo ya dicho: diecisiete de los 20 principales emisores estaban controlados por países que se oponían.
Como la esperanza, por pequeña que sea, no hay que perderla nunca, esperemos a ver lo que sale en el próximo abril. Colombia y los Países Bajos se preparan para organizar la que será la primera Conferencia Internacional sobre la Transición Justa hacia el Abandono de los Combustibles Fósiles en Santa Marta (Colombia) del 24 al 29 de abril de este año. Queda por ver si la conferencia generará compromisos vinculantes, ya que reunirá a gobiernos con posturas marcadamente divergentes sobre el futuro de la producción de combustibles fósiles. Es más, en este lío bélico desatado en Oriente Medio no parece ser el mejor momento.
Se rumorea que tras el ataque de Israel y EEUU a Irán mana algo de petróleo. Sin duda todo el incógnito futuro se escribirá con repercusiones en el precio de los combustibles fósiles
Se rumorea que tras el ataque de Israel y EEUU a Irán mana algo de petróleo. Sin duda todo el incógnito futuro se escribirá con repercusiones en el precio de los combustibles fósiles y en las maniobras de las compañías citadas antes; y en nuestros bolsillos. Seguro que buscarán un diferente orden energético; no sabemos cuál. Por lo que escuchamos por ahí podemos pensar que la maniobra “trumpiana” va dirigida a provocar una menor exportación energética. Eso conlleva una mayor compra de petróleo y gas a EEUU, que en los últimos años se ha convertido en un exportador neto de petróleo. Cuando en tiempos fue importador. Seguramente una parte de lo que vende sale de la fracturación hidráulica (fracking). Detrás empujan las energéticas yanquis.
A la hora de redactar estas líneas ya aumentaban las turbulencias energéticas. Con un país observador muy poderoso: China. Hacia allí viaja una buena parte del petróleo a través del Golfo Pérsico y el de Omán, en torno al 12 % de todo lo que consume el gigante asiático. No nos perdamos este artículo (14/02/2026) de EOM (El Orden Mundial): “La guerra del petróleo de Trump: ahogar a Irán para golpear a China”.
Acudo, muchas veces lo hago, a Social Europe. En un artículo del 2 de marzo, Guillermo Duval me proporciona diez variables de lectura para entender un poco más el salto bélico: ¿Una solución venezolana para Irán?; ¿Una transición pacífica a favor de Reza Pahlavi?; ¿Guerra civil y desintegración del país?; ¿Qué quiere Arabia Saudita?; ¿Netanyahu, el gran ganador? Sí, pero…; ¿Conseguirá Donald Trump salir del atolladero iraní?; Vladimir Putin tiene menos que perder de lo que parece a primera vista; Xi Jinping está asumiendo un gran riesgo y tendrá que romper su silencio; Entre los claros perdedores están las Naciones Unidas y el derecho internacional; Un desastre para la Unión Europea.
¡Que tengamos que escuchar que todo se hace para liberar al pueblo iraní del yugo de los ayatolás! Menos mal que el señor Trump tiene el contrapunto de su “Junta de Paz”. La incógnita del futuro tiene muchas derivaciones; más ahora que se ha estrechado el Estrecho de Ormuz. Difícil entender, para quienes desconocemos lo que hay por debajo, el ofrecimiento de apoyo militar hecho desde el Reino Unido, Francia y Alemania. Veremos qué sucede pasado un tiempo. Si nos hicieran caso les rogaríamos humildemente que piensen en nosotros. ¿Seguirán mandando las energéticas ahora que resurge el empleo de los combustibles fósiles, y si son norteamericanos, mejor?
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Carmelo Marcén Albero es doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y especialista en educación ambiental.
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