El recreo y la batalla

Lo que pasa en el patio del recreo con el bullying no es muy diferente a lo que ocurre en un campo de batalla con la guerra, solo que a otra dimensión, pero todo forma parte de “la ley y el orden” de quienes se sienten dueños de cada una de las situaciones.

Quien tiene el poder decide lo que es el orden y desarrolla la ley que necesita para mantenerlo, esa es la razón por la que quienes más se llenan la boca con el argumento de “ley y orden”, como hace DJ Trump y los partidos conservadores, entre ellos PP y Vox, son los que no dudan en saltarse la ley y crear el desorden, para así justificar el uso de la fuerza y la imposición de sus ideas y decisiones con el objeto de mantener el orden que ellos han roto.

A Trump se le pueden criticar muchas cosas, pero algún día habrá que agradecerle su “exhibicionismo”, algo que ya destaqué en 2016 por su comportamiento en la campaña de las presidenciales, al hacer gala en sus discursos de lo que entonces denominé “machismo exhibicionista”. Todo obedece a la necesidad de presumir de la injusticia del poder, como también llevo explicando hace años.

Hacer lo que hay que hacer y de la forma en que hay que hacerlo no crea la sensación de poder, porque forma parte de la responsabilidad y de las obligaciones. El verdadero poder se vive cuando se ordena algo que no se puede hacer, sabiendo que se hará porque en caso de no hacerlo las consecuencias negativas sobre la persona que se niega serán graves. Por eso, que un jefe le ordene a un empleado hacer unas fotocopias no genera sensación de poder, ni crea la imagen de persona poderosa ante los demás. En cambio, si le dice al trabajador que baje al bar de la esquina y le suba un café, algo que no forma parte de las funciones del trabajador, sí genera esa sensación de poder ante sí mismo y ante todo el que contempla el abuso, porque saben que, si no lo hace, las consecuencias pueden ser muy serias. De manera que el mayor grado de poder se percibe al actuar desde la injusticia.

Y eso es lo que hace Trump y nos muestra en cada una de sus acciones. Nada nuevo en el fondo, pero con un exhibicionismo y una intensidad no vistas hasta ahora. Y no es casualidad.

El modelo es el mismo: alguien con poder abusa, lo justifica bajo sus ideas y objetivos, y el resto lo siguen bajo dos razones principales: porque forman parte del mismo modelo en el que la acción tiene sentido y la comparten, o porque, aun sin compartirla, temen las consecuencias del poderoso abusador.

Entre un patio de recreo y un campo de batalla solo hay distancia, pero el concepto en la forma de organizar las relaciones en cada uno de ellos es muy similar

Veamos un ejemplo de cada una de esas situaciones propias del modelo androcéntrico.

  • La primera sería la violencia contra las mujeres, en la que hombres situados en una posición de poder dada por la desigualdad de la cultura androcéntrica, es decir, por “la ley y el orden” establecidos, maltratan a sus parejas en las relaciones afectivas o agreden sexualmente a otras mujeres en la calle, bajo toda una serie de referencias que la propia cultura da para integrar esas conductas, no para erradicarlas. Es lo que vemos en estudios sociológicos como la Macroencuesta, cuando un porcentaje importante de mujeres no denuncian porque, según manifiestan, creen que tienen parte de culpa, sienten vergüenza, piensan que no van a ser creídas, que lo ocurrido no es tan grave… Y todo ello hace que el resto de los hombres y de la sociedad mantenga el silencio y la pasividad ante una violencia que maltrata a más de 6700 mujeres cada día, y agrede sexualmente a más de 1400.
  • La segunda situación la vemos en los casos de bullying y acoso escolar, cuando el chico más gallito acosa a otro niño o a otro joven, y el resto del grupo lo siguen y participan en sus acciones, incluso lo apoyan y lo valoran como líder, aunque alguno no esté de acuerdo en su interior. Pero lo importante es que él te considere como uno de los suyos, y que el resto te vea como uno de los nuestros y no te señalen ni tomen represalias contra ti.

La política nacional e internacional no es tan diferente. Lo vemos ahora cuando el gallito Trump se salta la ley y rompe el orden, mientras otros callan o lo justifican, y otros le hacen seguidismo, como explícitamente ha señalado Núñez Feijóo, todo para no quedarse fuera del grupo, aunque Trump y el grupo estén fuera de la ley, y sea el responsable de los aranceles que crean los problemas a la gente del campo y a las empresas que tanto dicen defender. Ya tienen la evidencia de que, si estos políticos tuvieran que elegir algún día entre Trump y el pueblo español, elegirán a Donald Trump para ver si los invita a Mar-A-Lago o a la Casa Blanca, como hizo George W. Bush con Aznar en las Azores.

La situación es clara. Para esas posiciones de poder y abuso “ley y orden” significa “su ley y su orden”, lo demás es caos y amenaza, demostrando que entre un patio de recreo y un campo de batalla solo hay distancia, pero el concepto en la forma de organizar las relaciones en cada uno de ellos es muy similar.

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Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.

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