La chica del lago

Begoña Curiel (El libro durmiente)

El libro durmiente comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.

La chica del lago - Mikel Santiago

Ediciones B. 2025

Lo vuelve a hacer otra vez y con muy buen resultado. Mikel Santiago cambia sus historias pero es fiel al ritmo dinámico y a una efectiva gestión de la intriga. La chica del lago te ahoga a dudas. Tiene callo en eso de jugar al despiste e insinuar culpabilidades. En este caso, de la muerte en el pasado de una chica, que obsesionará a Quintana Torres, la protagonista de esta novela. Una estupenda pesadilla para tragar páginas como locos.

La escritora Quintana Torres es impulsiva, un torrente de locura que roza el atolondramiento. Mikel Santiago le ha buscado mil razones para estresarse, aunque resulta un personaje un tanto inmaduro para sus más de 40 años. La trama la convierte en una “mujer al borde de un ataque de nervios” desde que se dedica a airear interrogantes que quedaron pendientes del extraño ahogamiento de Alba hace 25 años. Que son casi todas. El suceso quedó archivado como un supuesto accidente.

Una de las novelas de Torres se inspiró en lo ocurrido, cuando aún residía en Urkizu, el pueblo guipuzcoano donde vivió y creció. El pasado llama a las puertas de Quintana, cuando un conocido le entrega una fotografía del diario de Alba durante su presentación mientras ella presenta su novela en Bilbao. A partir de ahí... el vértigo. Regresa al pueblo y empieza a observar con otra mirada, a todo y a todos, a intentar revolver lo que se supone que ya está olvidado.

Mikel Santiago apuntará a diestro y siniestro con el dedo acusador a través de Quintana. Podría vivir como dios, con el resultado de su trilogía que ha sido un exitazo. Pero quiere dejar atrás el tema y pensar en otras veredas narrativas. Pero, ay, la editorial no está por la labor —cómo no— de dejar escapar el rédito de ventas mientras ella desea darse un tiempo para curiosear. Hasta que se convierte en algo parecido a una investigación mientras se siente observada. La escritora parece sufrir una locura transitoria. Lógico, porque Mikel Santiago nos la contará en primera persona.

La novela habla a través de Quintana, siente y nos hace sentir los escalofríos que le atormentan, mientras vuelve a los lugares comunes, cuando Alba estaba viva. Hay una ubicación especialmente interesante: el Club de Vela, donde se reúne la crème de la crème del pueblo. Las pequeñas comunidades dan mucho juego narrativo, tan plagaditas de rumores y secretos, que niegan las certezas supuestamente inamovibles.

De aquel lugar, el club de los pijos y los guais, saldrán unos cuantos secundarios que dan vidilla a la novela. Por supuesto, con miles de matices que acentúen las incertidumbres alrededor de Quintana y jugar con el lector, para que no pierda de vista todos los flancos. Como debe ser.

Mikel Santiago cuida mucho los espacios, las ubicaciones. Es otro recurso característico del escritor: trabaja a fondo los escenarios, los paisajes, y para una trama donde prima el suspense, va de maravilla una oscuridad por aquí, alguna que otra casa retirada por allá...

La librería perdida

Entre los ambientes y los secundarios, Quintana va conociendo más a fondo quién fue Alba, qué le sucedía, qué momento vivía que pudiera tener relación con su trágica desaparición bajo las aguas. Hurgar en lo enterrado suele traer problemas pero sirve para que ahonde en su personalidad y comprenderla. Aunque hasta que no aparezca su diario, si es que aparece, parece que la verdad no saldrá a la luz. Así que el estado natural de la protagonista de La chica del lago es el de una permanente sorpresa y la tensión constante. Porque esa noche, la de la muerte de Alba, es la que, de alguna forma, hizo cambiar su entorno.

Esa realidad, que no parece tan evidente —porque la vida ha continuado—, se va mascando a medida que avanza la historia donde no dejan de suceder cosas. Quintana encadena una tras otra… Por eso la novela se vive a fondo, gracias también a esa forma de escribir del autor: sin adornos ni florituras, de método sencillo y sin embargo efectivo. Ayudan también los capítulos cortos y la gran cantidad de diálogos.

No les voy a decir nada del final. Es lo que queremos los lectores: llegar a él, resolver enigmas, pero por el camino Mikel Santiago nos entretiene y trastoca. Da gusto volver a experimentar esa sensación de querer llegar a casa para seguir comiéndote una novela.

Begoña Curiel (El libro durmiente)

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