'Morituri'
El título del artículo es el participio del futuro activo del verbo latino morior (morir), traducible como los/as que van a morir, forma verbal documentada como el ofrecimiento al emperador de la propia vida por parte de los gladiadores en los circos romanos: “Ave Caesar, morituri te salutant” (Salve, César, los que van a morir te saludan). Es lo que sugiere el partido de fútbol jugado por la selección femenina de España contra la de Ucrania en Turquía. En nombre del negocio, que no del deporte, la expedición ha sido obligada a jugar el partido y a jugarse la vida mientras los mandamases flirtean con dictadores y asesinos.
A la vez que ocurre un genocidio, el secuestro de un presidente, el bombardeo a varios estados y medio mundo es amenazado, se obliga a los equipos europeos a jugar con los del estado genocida y viejas glorias como Messi y Ronaldo se prestan a ser floreros de un matón a la altura de Hitler y Stalin. ¡Que siga el espectáculo! exigieron a la orquesta del Titanic mientras los músicos perecían ahogados. Están usando los deportes de masas para blanquear las guerras mientras los mercenarios del balón piden “no politizarlo”.
Las infamias se acumulan en el mundo corrupto del deporte politizado. Un equipo ciclista israelí en la Vuelta removió las conciencias, pero los equipos de baloncesto y fútbol son obligados a jugar sus partidos en casa sin la afición en las gradas y a sufrir el odio sionista cuando juegan en Israel. Mientras tanto, los jugadores israelíes en Europa son protegidos por la UEFA a pesar de que animales como Shon Weissman se pregunten públicamente por qué no se lanzan "200 toneladas de bombas sobre Gaza” o por qué los soldados israelíes no disparan a las cabezas de unos prisioneros palestinos desarmados.
En vísperas de un mundial de fútbol a celebrar en EEUU, México y Canadá, dos de los países amenazados por el simio de pelo naranja, se echa en falta la dignidad de Europa y del resto del mundo para boicotear el torneo
Desde tiempos remotos, el deporte es usado por los poderes públicos como narcótico social y eficaz medio de propaganda ideológica. Ocurría durante el imperio romano, cuando la lucha a muerte entre gladiadores era considerada casi deporte, así lo recogió el poeta latino Juvenal en la expresión peyorativa panem et circenses, una evidente denuncia del plan de políticos decadentes en 140 a. C. para alienar al pueblo anulando el espíritu crítico, una estrategia para acceder al poder vigente aún, dos milenios después, en todo el mundo.
Que la FIFA invente un premio al pacifismo para agradar al señor de la guerra, al golpista que arengó a las masas para tomar el Capitolio, al putero y presunto pederasta, al asesino del Caribe, al matón del Golfo Pérsico, a la mayor amenaza histórica para la civilización y la humanidad, está en la línea de transmitir a través del deporte los valores de Wall Street y el resto de las bolsas mundiales. Los estadios congregan cánticos y parafernalia fascista cada vez que hay partido de fútbol de liga o de copa de Europa y, desde hace años, los medios hacen de ariete para invadir el viejo continente con deporte y más ideología yanqui.
En vísperas de un mundial de fútbol a celebrar en EEUU, México y Canadá, dos de los países amenazados por el simio de pelo naranja, se echa en falta la dignidad de Europa y del resto del mundo para boicotear el torneo organizado para el lucimiento personal del infecto misógino, homófobo y racista que no dudará en hacer el ridículo con sus incultas palabras y/o sus grotescos bailes que luego emitirán en bucle los medios cómplices dentro y fuera de su país mientras patrocina genocidios y bombardeos a escuelas y hospitales.
Las guerras afectan a esa mayoría social que está en contra pero vota a los asesinos.
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Verónica Barcina Téllez es socio de infoLibre.