La carrera de fondo hacia China Alejandro López Canorea
Donald Trump y Vladímir Putin han viajado a China en los últimos días. Y no se trata de noticias importantes solo por lo que puedan suponer a nivel de posicionamientos geoestratégicos sino también por la carrera global que existe de cara al futuro.
Obviando la evidencia del músculo que se presupone a una superpotencia económica, más en concreto Pekín se ha erigido como un actor esencial para prácticamente todo el globo a la hora de redibujar el orden internacional.
El rumbo del multilateralismo se decide hoy en China. Lo cual no deja de ser irónico porque las grandes capitales del mundo han visto tradicionalmente a Pekín como un actor no acoplado políticamente a pesar de las aperturas promovidas por Deng Xiaping y Jiang Zemin, ni económicamente hasta los años 2000. Washington, Bruselas y los suyos, Tokio, Nueva Delhi e incluso Moscú. Todos miraban desde lejos a Pekín.
Moscú mantenía cierta distancia de Pekín desde la época soviética, así como durante el acercamiento a Estados Unidos que China llevó a cabo en los años noventa. Los lazos sino-rusos han mejorado en la medida que los occidentales constataban su negativa a mantener relaciones normalizadas con una Rusia cada día más revisionista en torno a su menguante espacio de influencia inmediato. En el año 2022, a raíz de la ruptura definitiva entre Bruselas y Moscú, el Zhongnanhai halló una ventana de oportunidad en sus homólogos del Kremlin.
La relación ya no podía leerse solo en términos de conveniencia forzada. China y Rusia se propusieron forjar un nuevo modelo de gobernanza global no sujeto al provecho de los gobiernos occidentales, encarnados mayormente por el régimen liberal demócrata. Y con la revitalización y expansión de los BRICS o la Organización de Cooperación de Shanghái llegaron grandes proyectos como la interconexión de sistemas de pagos internacionales para romper con el dominio occidental o el desvío de suministros energéticos rusos hacia el este.
China y Rusia se propusieron forjar un nuevo modelo de gobernanza global no sujeto a la conveniencia de los gobiernos occidentales, encarnados mayormente por el régimen liberal demócrata
Como se ha tratado en la reciente visita de Putin a Xi Jinping, cumpliéndose un cuarto de siglo de su tratado de buena vecindad y amistad, sigue sobre la mesa el Power of Siberia 2, un gasoducto que conectaría ambos países a través de Mongolia. Sin duda, Rusia y China siguen en la senda de romper con las imposiciones de un orden diseñado bajo otra óptica histórica.
Moscú ya demostró no estar dispuesta a tolerar la supremacía de la OTAN en lo que considera su área de influencia pero Pekín ha salido de su tradicional perfil bajo para ofrecer un reto al mundo dominado por Estados Unidos a través de su poderío económico.
En primer lugar, Trump llegaba a China con un panorama aciago: su popularidad está por los suelos ante unas elecciones clave en noviembre, la visita sufrió retrasos por una guerra en Irán que no logra cerrar de manera satisfactoria para sus intereses, su guerra comercial se encuentra en una pausa forzada entre los tribunales y la respuesta firme del Gobierno chino.
De hecho se podría decir que Pekín ha sido la única gran capital en responder con firmeza ante los órdagos de Trump. El poderío de China en áreas clave como el mercado de las tierras raras hace que plantee sin estridencias imposiciones de carácter político como el “principio de una sola China” en relación con Taiwán. Pero las alabanzas de Trump a Xi tras su paso por la Plaza de Tiananmen, el Gran Salón del Pueblo y el Templo del Cielo se entienden en una óptica más empresarial.
A Donald Trump le gustan los líderes fuertes, no los líderes avasallados. Incluso aunque estos últimos estén dispuestos a aliarse contigo y los primeros no. La lógica complaciente de los europeos, aprobando el acuerdo comercial que Trump exigía a pesar de las constantes amenazas, demuestra que el republicano preferiría por mucho un acuerdo con sus homólogos ruso y chino porque, aunque rivales, le podrían ofrecer una cuota de poder en el mundo que Bruselas no está en disposición de darle.
Y es en ese marco en el que Trump y Putin acuden a China, sabedores del momento crucial que vivimos a la hora de redibujar el tan manido mundo basado en normas. Para empezar Xi es uno de los líderes más importantes de la historia del gigante asiático, con su pensamiento al nivel del de Mao Zedong en la Constitución, por lo que sabe perfectamente en qué situación se encuentra.
El llamado Sur Global y los países no alineados con Estados Unidos ofrecen a China una oportunidad de liderar el nuevo modelo multipolar global donde le correspondería un buen pedazo desde su respectivo polo. Pero hay gobiernos occidentales –como el español, que no se encuentra cómodo en el nuevo panorama global– que ante el rupturismo de Trump para adaptarse al declive de su imperio ven en China un irónico salvavidas al multilateralismo.
Xi Jinping sabe que con Rusia y socios menores puede construir algo nuevo. La crisis de Ormuz le perjudica, pero China aún cuenta con grandes apoyos energéticos como Rusia y Malasia. Sin embargo cada error que cometa Washington en Oriente Medio le alejaría un día más de confrontar las aspiraciones chinas. Xi mira a la Casa Blanca y entiende que la visita iba de marcar líneas en Taiwán y en la guerra comercial.
La ofensiva está aquí. Pekín ha aplicado por primera vez en su historia un mecanismo que reta todo el sistema de sanciones estadounidense. Considerando que la aplicación de leyes extranjeras de manera extraterritorial puede estar injustificado, China plantea hacer elegir al mundo sobre si comerciará con ellos o con Estados Unidos. Y ha empezado a hacerlo en el marco de las refinerías que operan con Irán. La guerra de Oriente Medio es el gran monstruo invisible en las reuniones de Xi, Trump y Putin. Una carrera por el futuro.
_________________________________________
Alejandro López Canorea dirige el medio Descifrando la Guerra. Antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.
Lo más...
Lo más...
LeídoLa Xunta ordena a un instituto público borrar de redes un mensaje sobre el impacto de los recortes
David Lombao (Praza.gal)Trump cierra un acuerdo para que la Agencia Tributaria de EEUU no pueda investigar sus declaraciones
Iván MuñozEl vídeo de Ben Gvir humillando a activistas de la flotilla abre una crisis dentro y fuera de Israel
infoLibreTu cita diaria con el periodismo que importa. Un avance exclusivo de las informaciones y opiniones que marcarán la agenda del día, seleccionado por la dirección de infoLibre.
Quiero recibirlaLa 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales
Palabras a puñetazo limpio
¿Qué esperamos de la literatura? Novela policiaca y condición humana
¡Hola, !
Gracias por sumarte. Ahora formas parte de la comunidad de infoLibre que hace posible un periodismo de investigación riguroso y honesto.
En tu perfil puedes elegir qué boletines recibir, modificar tus datos personales y tu cuota.