Para saltarse la ley no hay mejor chándal que una toga

El diablo está en los detalles. Por ejemplo, en el terreno de la Justicia, que se supone que es el reino de la ecuanimidad: la ley es igual para todos, se suele repetir, el Código Penal no admite banderas ni ideologías. En España, sin embargo, son muchos los que dudan de esa imparcialidad, se dice que el resultado de un proceso tiene más que ver con lo que te hayan costado los abogados que con lo que hayas hecho y, sobre todo, con las relaciones que la persona investigada tenga con el poder: a unos se les condena sin pruebas sólidas y en base a conjeturas, como al fiscal general del Estado, y otros se libran porque el magistrado de turno se vea incapaz de hallar evidencias de que M. Rajoy y Mariano Rajoy sean la misma persona. Aquí un día se creen que las vacas vuelan y al siguiente no saben ir de Pepe a José.

Nos piden respeto, hacen bien; pero, ¿se puede respetar lo que no se entiende? Por ejemplo, lo de las dos velocidades: ¿cómo es que para sentar en el banquillo a la esposa del presidente Sánchez o para bloquearle las cuentas a Zapatero se vaya tan deprisa y, a cambio, el empresario Aldama siga haciendo negocios con los hidrocarburos, aunque se le acuse de defraudar con esos mismos negocios casi doscientos millones de euros? ¿Cómo es posible que todo lo que tiene que ver con el PSOE vaya a mil por hora y lo que tiene que ver con el novio de Ayuso sea más lento que el caballo del malo? Y de Cristóbal Montoro, ¿qué fue? ¿No decíamos que de confirmarse las sospechas que recaen en el antiguo ministro todopoderoso de Hacienda estaríamos ante el mayor escándalo de nuestra democracia? El que pueda hacer, que haga. O como dijo el otro día Feijóo, tratando de glosar a Aznar: “El que pueda hablar, que habla.” Mira que lo tenía fácil, se lo había dejado hecho su antecesor, no era más que darle un calentón… Pero nada, ni por esas.

¿Cómo es posible que todo lo que tiene que ver con el PSOE vaya a mil por hora y lo que tiene que ver con el novio de Ayuso sea más lento que el caballo del malo?

Con Zapatero también han corrido mucho, como si estuviesen entrenando para la Fórmula 1 que va a montar el PP en Madrid. Ya tiene las cuentas bloqueadas y cita ante el tribunal. El informe de la UDEF ha ido a misa, como suele ocurrir, porque los jueces se suelen limitar, en esa primera fase de su instrucción, a seguirle el paso a la policía, en este caso ha sido también así, aunque resulte raro que este se haya editado, se le hayan quitado algunas contradicciones y algunos errores; se le haya hecho un apaño, vaya. Aun así, quedan en él cabos sueltos extraños, por ejemplo que se permita deducir del hecho de que Zapatero amortizase una hipoteca de medio millón de euros que tuvo que hacerlo con dinero de procedencia dudosa y se calle que, en realidad, acababa de vender su antigua casa para comprarse una nueva y de ahí procedía ese ingreso. Si eso es así, y en ese caso será fácil de demostrar, sólo cabrían dos conclusiones: o no saben hacer su trabajo o están prevaricando. Otro detalle inquietante es que se atribuya un presunto pago de la trama Plus Ultra al entonces director del fondo de la SEPI, cuando lo cierto es que este aún no había sido nombrado para ese puesto. ¿Torpeza o mala intención?

A la luz del escrito del juez contra Zapatero, es evidente que aquí hay sobre la mesa preguntas que contestar, empresas pantalla, sociedades instrumentales, pagos que parecen excesivos y cuentas en paraísos fiscales. La pregunta es si en ese escrito se dice la verdad. Y la duda grande, si en nuestro país la Justicia es de fiar o está al servicio de otros intereses políticos y económicos. A ver si, igual que los corruptos encabezan las manifestaciones contra la corrupción, va a resultar que aquí los que se saltan la ley son los mismos que deben aplicarla. Será que para ese deporte no hay mejor chándal que una toga y que algunos llevan bajo la suya la camiseta de su equipo.

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