El renacimiento de la democracia Jorge Moruno
La democracia siempre vive asediada por fuerzas antidemocráticas. Hay una corriente de fondo que, ante la situación actual, interpreta que los problemas de la democracia se solventan reduciendo la democracia en lugar de ampliarla. La actual puesta en duda de la democracia es una tendencia global: Nick Fuentes, un influencer norteamericano de extrema derecha, afirma que muchos colectivos no deberían poder votar, empezando por las mujeres, a las que devuelve a la minoría de edad. A las mujeres les siguen todos aquellos que viven directamente del Estado, como los pensionistas y los funcionarios; después vienen quienes no pueden acreditar el conocimiento mínimo para ejercer el voto. De toda esta criba, los que quedan con capacidad de voto son los que saben, que suele coincidir con los que tienen, lo cual les capacita para gobernar y decidir.
Esta es una posición que no varía en la historia y siempre apela a los mismos valores: los pobres, los que no saben, están incapacitados para gobernar porque esa es una tarea que les corresponde a la gente de bien, a los ricos, a los que saben y pueden hacerlo. La crítica de Jenofonte a la Constitución de Atenas es clara: la democracia tiene lugar cuando los peores, la gente corriente, gobiernan sobre los mejores, los ricos; lo mejor se opone a la democracia. La oposición a la democracia es siempre una afirmación de que el talento, las capacidades, la riqueza y la desigualdad son el resultado de una distribución natural que lo justifica. Ya sea por criterio de nacimiento, de sexo, de raza, de clase o de mercado, siempre existe un modo de justificar que la realidad desigual, tal y como es, refleja la realidad tal y como debe ser. Alterar esa relación y poner en duda el orden de la desigualdad es siempre percibido como una ventana al caos, al descontrol y al destape de las pasiones más bajas del pueblo: las cosas funcionan correctamente cuando cada uno cumple con su función y no se mueve del papel que le ha sido asignado. Trabaja, obedece, calla y agradece.
¿Cuál es la condición fundamental de la política que unos disfrutan y otros no? El tiempo. Por eso, a Sócrates le siguen los hijos de los más pudientes, que son los que cuentan con más tiempo de ocio; por eso, quien no depende de otro para vivir, de tener que vender su tiempo a un tercero, como un heredero rentista, es más libre para participar políticamente; por eso, recuerda Aristóteles, la democracia es el tiempo libre de los pobres, porque se liberan de su dependencia al recibir una remuneración. Pericles introdujo la mistoforia, la retribución económica de las funciones públicas, permitiendo así que los más pobres pudiesen acceder a los cargos y hacer real la participación del demos en la vida política. Es lo que les permite consagrar su tiempo a la ciudad del mismo modo que podía hacerlo la gente de bien. Remunerar la asistencia a las asambleas o a los jurados populares era también una forma de impedir que los poderes privados comprasen favores con su riqueza.
El fundamento de la democracia es empobrecer a los ricos y enriquecer a los pobres
Hablamos del siglo V a.C., pero todo esto sigue siendo muy actual porque los elementos nucleares antidemocráticos se mantienen: naturalizar la desigualdad, poderes privados que gobiernan a través de su riqueza y dominan políticamente a quienes no tienen nada más que su tiempo y capacidad para trabajar. Lo económico, lo social y lo político es indisociable: las mismas tendencias que quieren socavar los derechos sociales y laborales, que pretenden blindar la concentración de riqueza, son las mismas que buscan acabar con los derechos políticos para concentrar el poder.
La democracia, más que un régimen, es una tensión inagotable entre avanzar o retroceder, entre el deseo del pueblo de no ser dominado y el de los poderosos de querer someterlo; por eso, la democracia nunca puede ser plena, ya que, por su propia naturaleza, no puede constituirse del todo. Que las democracias actuales tienen problemas es algo indudable, pero son problemas que se explican por un déficit de democracia y por una tendencia oligárquica de las mismas, en ningún caso por un exceso de democracia. La democracia liberal es un límite a la democracia del mismo modo que el trabajo asalariado es un límite a la libertad. La solución a esos problemas no puede ser reducir aún más la democracia; al contrario, debe ampliarse: más tiempo libre para una mayor capacidad de decisión sobre el poder.
El fundamento de la democracia es empobrecer a los ricos y enriquecer a los pobres: buscar la libertad en la igualdad, porque libre significa vivir liberado de la necesidad y de la dominación para así poder desplegar tu propia singularidad. Democracia significa que todo avance, recurso, conocimiento y posibilidad se ponga a disposición del pueblo, esto es, a disposición de cualquiera. Pero también significa impedir que ninguno de sus miembros sea tan poderoso o tan rico como para someter a otro; así es como se protege colectivamente la libertad individual. El amor a la libertad común propio del vivere libero de Maquiavelo: hacer ricos a los pobres y pobres a los ricos. Una igualdad que enriquece la vida civil porque se deshace de los grandes que destruyen la autonomía de los demás y los someten a la dependencia. Ese es el horizonte republicano para el renacimiento democrático.
________________________
Jorge Moruno es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.
Lo más...
Lo más...
LeídoTu cita diaria con el periodismo que importa. Un avance exclusivo de las informaciones y opiniones que marcarán la agenda del día, seleccionado por la dirección de infoLibre.
Quiero recibirla¡Hola, !
Gracias por sumarte. Ahora formas parte de la comunidad de infoLibre que hace posible un periodismo de investigación riguroso y honesto.
En tu perfil puedes elegir qué boletines recibir, modificar tus datos personales y tu cuota.