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Adoctrinamiento I

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Carlos Ávila

Si hay un concepto que está teniendo recorrido últimamente es este el adoctrinamiento. Empieza a utilizarlo el Ciudadanos de Rivera para describir lo que, para ellos, se hacía en la enseñanza en Cataluña. Era su verdadero leitmotiv. También el diario El Mundo ha hecho de él su campo de batalla contra el catalanismo ya sea cultural o político. De hecho, Rivera presentó en su día un proyecto de ley para crear una agencia que luchase contra el adoctrinamiento no solo en la educación, sino incluso en la programación infantil de algunas televisiones. En la actualidad, tras la práctica desaparición de ese partido, son tanto el PP como, sobre todo, Vox los que han tomado el relevo y no paran de hablar de adoctrinamiento para referirse a multitud de cosas, pero principalmente a lo que, según ellos, se hace con el tema LGTBI.

Creo que a un tema tan importante y tan grave merece la pena que le dediquemos algunas reflexiones y muchas, muchísimas, matizaciones y aclaraciones. Nos jugamos mucho en este envite.

Comencemos por acudir al diccionario de la RAE para tener claro de qué hablamos cuando empleamos este concepto:

Adoctrinar. Inculcar a alguien determinadas ideas o creencias.

Inculcar.

2. Repetir con empeño muchas veces algo a alguien.

3. Infundir con ahínco en el ánimo de alguien una idea, un concepto, etc.

Ahínco. Eficacia, empeño o diligencia grande con que se hace o solicita algo.

Si atendemos a las distintas definiciones, podemos concluir que hablamos de adoctrinamiento cuando de forma deliberada se repiten determinadas ideas y conceptos con la intención de influir en los otros.

Teniendo todo esto en cuenta, creo que se puede hablar de diferentes formas de adoctrinamiento con efectos también diferentes y, sobre todo, lo más importante, con diversos orígenes. Vamos a verlos en referencia solo a la educación.

En primer lugar, está el que yo llamaría adoctrinamiento “institucional” o adoctrinamiento “invisible”. Este lo realizan la escuela y los profesores de manera más o menos inconsciente e involuntaria. Los alumnos entran a las aulas para iniciar su jornada laboral, a partir del sonido de un timbre o similar, y de la misma forma la terminarán. Los retrasos tendrán algún tipo de sanción y las ausencias tendrán que ser debidamente justificadas, incluso con certificado médico en algunos casos. Durante la jornada tienen siempre delante un jefe, el profesor, que les dirá en cada momento lo que tienen que hacer y controlará que lo hagan. La falta de atención y el bajo rendimiento tendrán también su correspondiente correctivo en forma de sanción o bajada de sueldo (la nota). Y esto un día tras otros a lo largo de un período de tiempo variable, pero en cualquier caso muy largo. ¿Qué se consigue con ello? Creo que no hace falta aclararlo demasiado. Está claro que el alumno se va adaptando poco a poco a un sistema similar en parte al que tendrá en el mundo laboral. ¿Podemos hablar aquí de adoctrinamiento? Hay repetición, es deliberado y se pretende influir en comportamientos, actitudes e ideas, por lo tanto la respuesta no puede ser otra que sí. De esta función del sistema educativo se habla poco o nada. Yo tuve ocasión de escucharla por primera vez cuando hice el CAP (Curso de Aptitud Pedagógica) y tuve como profesor de Sociología de la Educación a Mariano Fernández Enguita. Luego lo he leído varias veces sus libros y artículos. En clase lo he comentado muchas veces con los alumnos e incluso he hecho ejercicios para demostrar hasta qué punto el timbre y yo éramos los dos ejes vertebradores de su vida laboral. Lo entendían perfectamente. Hay quien llama a esta forma de adoctrinamiento “preparación para la vida”.

En segundo lugar, está lo que podríamos llamar el adoctrinamiento “ideológico” que es el único al que se refieren tanto Ciudadanos como El Mundo, pero se refieren a él en “versión reducida”. ¿Por qué digo esto? Este tipo de adoctrinamiento se puede dividir en dos muy diferentes sobre todo por sus orígenes y efectos.

Por un lado, el “legal” o también “administrativo”. Me refiero al planteamiento ideológico que tienen las distintas normas con las que se regula la educación y que van desde los planes de estudio, escogiendo unas asignaturas y eliminando otras, hasta los contenidos concretos de las diferentes materias especialmente las que en sí mismas ya tiene una fuerte carga ideológica como pueden ser: Geografía, Historia, Economía o Filosofía. Solo un ejemplo. Cuando Esperanza Aguirre fue ministra de Educación, se cambió el contenido de la asignatura Historia de España de 2º de bachillerato. Antes se estudiaba solo la historia contemporánea y desde entonces se estudia desde la prehistoria. El objetivo, lo dijo explícitamente la ministra, era fomentar la identidad nacional. Este tipo puede darse también, y seguramente se da, en alguna comunidad autónoma sobre todo en aquellas que se consideran una nación. Este es igual de legítimo que el que se hace desde el estado.

Por otro lado, se puede dar un adoctrinamiento por parte de un colectivo, normalmente un centro escolar o un departamento, o también por parte de profesores de forma individual. En el primer caso, podemos imaginar que un departamento de matemáticas decide plantear problemas en los que se muestren las desigualdades del mundo actual y lo haga sistemáticamente. De la misma forma podemos imaginar otro que lo que plantee en sus problemas sean cálculos de beneficios de las empresas o de valoración de las acciones en la bolsa y también lo haga sistemáticamente. Es evidente que los alumnos saldrán con percepciones bien diferentes. Y eso que las matemáticas son una ciencia pura. En el caso de un profesor particular puede suceder los mismo y en cualquiera de las asignaturas. La pregunta pertinente es, ¿están generalizados estos comportamientos?, ¿se están inculcando de manera sistemática en los alumnos ideas y conceptos que les marquen y dirijan sus pasos hacia determinadas ideologías? Desde luego, en los 25 años que he dedicado a la enseñanza no he conocido ningún caso aunque, evidentemente, estoy seguro de que los hay, pero también de que deben de ser muy minoritarios.

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Se podría concluir, por tanto, que el mayor adoctrinamiento se produce desde la administración y en un sentido bien distinto al que se denuncia.

Y en cualquier caso, adoctrinar no es necesariamente algo negativo. De hecho, todos los profesores lo hacen con sus palabras, pero, sobre todo, con su comportamiento, con su actitud. Hace poco pudo ver una imagen con una composición de mensajes en los que se podía leer “Yo adoctrino en la tolerancia”, “Yo adoctrino en la solidaridad”, “Yo adoctrino en el respeto”, y seguía con “creatividad”, “trabajo en equipo”, “democracia”, “no violencia”. Y creo que este es un magnífico programa de adoctrinamiento.

Carlos Ávila es socio de infoLibre

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