CULTURA
El legado feminista de Almudena Grandes, un recuerdo eterno en forma de moneda por el 8M
Sobre una circunferencia de cuarenta milímetros de diámetro, el rostro inmortal de una escritora y su nombre grabado. Han pasado cuatro años y medio desde que un cáncer se llevó a Almudena Grandes y sumió a generaciones enteras en el desconcierto, pero desde entonces no han dejado de emerger voces que se esfuerzan en apuntalar su legado y su memoria. Este jueves ha sido el turno de la Real Casa de la Moneda, responsable de cincelar una moneda especial en homenaje a la escritora con motivo del Día Internacional de las Mujeres.
En la tercera planta del Ateneo de Madrid se concentraron admiradores, compañeros y familiares de la autora. La emoción contenida de los asistentes al acto de presentación contrastaba con la presencia sublime de la oyente más joven: la nieta de la escritora, un bebé con apenas unos meses de vida.
"Nos ha dolido muchísimo hacer esta moneda", se apresuró a reconocer ante los micrófonos Isabel Valldecabres, presidenta de la institución. Los rostros que figuran entre los homenajeados "aparecen porque ya no están entre nosotros", así que traerlos de vuelta en forma de moneda funciona como una suerte de "tributo y ejercicio de memoria", pero también como un recordatorio de su ausencia.
Rosalía de Castro y Josephine Baker
La primera mujer que mereció un lugar en el listado fue Rosalía de Castro, hace ahora ocho años. A partir de ese momento, el 8M se convirtió en un pretexto para recuperar la memoria de otras tantas que hasta el momento habían permanecido en los márgenes porque "no las habían encontrado, o no las habían siquiera buscado", en palabras de Valldecabres. "Hacen falta más mujeres en todos los ámbitos y más igualdad en todas las facetas de la vida", resumió.
Cuatro años sin Almudena Grandes (y con el corazón helado)
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En el caso de Almudena Grandes, la séptima mujer reconocida por la institución, recordarla es también una "forma de decir cuánto sentimos que se haya ido", asintió la presidenta ante una sala colmada.
El poeta Luis García Montero, compañero de la escritora, leyó desde el atril el texto Por una falda de plátanos, en el que la autora madrileña detalla el pletórico descubrimiento de la bailarina Josephine Baker gracias a una revista del corazón durante su niñez, pero donde también introduce el significado de la memoria en toda su amplitud, con la historia de su abuela como columna vertebral. "La memoria ha sido uno de los aspectos claves de mi vida. Y, por supuesto, de mi literatura", escribía.
Para el poeta, no hay mejor homenaje a la memoria de la escritora que hacer de sus palabras un legado colectivo. En parte, porque fue ella misma quien construyó todo un camino asentado sobre la genealogía de otras que le precedieron. "Ella se sentía heredera de muchas mujeres que desde la Segunda República habían abierto camino", subrayó el también director del Instituto Cervantes. Y aunque poco sabe de caminar el bebé que sostiene en brazos la hija de la escritora, todas las miradas se posan en ella cuando en la sala retumban las palabras escritas por su abuela, en una suerte de abrazo fortuito entre memoria y futuro, cara y reverso de la misma moneda.