SALUD MENTAL
Así crecen las enfermedades mentales en la ciudad con el ruido, la contaminación del aire y los metales pesados
La exposición a la contaminación ambiental, principalmente el ruido, los gases del tráfico y los metales pesados, está directamente relacionada con la salud mental. Afecta principalmente al número de casos de depresión, pero de manera más sutil también incrementa la esquizofrenia o incluso la tasa de suicidios. Los elementos de mayor riesgo son los gases y micropartículas que flotan en el aire de la ciudad, el ruido de los coches y de los aviones, y algunos elementos tóxicos como el plomo y los pesticidas, según un estudio publicado a principios de marzo por la Agencia Europea de Medioambiente.
Para llegar a esa conclusión, los autores han analizado más de 350 investigaciones previas sobre el impacto de todo tipo de contaminantes urbanos sobre la salud mental, y los han clasificado de más a menos dañinos. En general, en los casos en los que se ha encontrado una relación, ese agente externo provoca una reacción de estrés oxidativo en el organismo que provoca inflamación en el cerebro, y esta puede derivar en diferentes enfermedades neurológicas. La agencia europea recuerda también que las enfermedades mentales son la octava causa de muerte en el continente.
La contaminación del aire
En el caso de la polución atmosférica, provocada principalmente por el tráfico de los coches, hay una "evidencia moderada" de que las micropartículas de hasta 10 micras de diámetro (PM2,5 y PM10), el dióxido de nitrógeno (NO2), el monóxido de carbono (CO) y el dióxido de azufre (SO2) provocan depresión tras una exposición a corto y largo plazo, y algunas de ellas también se relacionan de manera menos clara con la ansiedad y la esquizofrenia. En el caso del suicidio, encuentran una relación baja entre este fenómeno y la inhalación de PM2,5, de NO2, de ozono (O3) y de SO2, siempre tras exposiciones fuertes y con una reacción a corto plazo, en los siguientes días al pico de contaminación.
"Todas las revisiones sistemáticas que investigan los efectos de la contaminación del aire en la depresión o los síntomas depresivos muestran una asociación estadísticamente significativa entre la exposición a largo plazo a una mala calidad del aire y una mayor prevalencia o riesgo de depresión de nueva aparición y episodios agudos de alta contaminación durante los cuales se exacerban los síntomas depresivos", subraya el estudio.
Entre las docenas de investigaciones que han analizado, una de ellos está firmada por Julio Díaz, investigador del Instituto de Salud Carlos III, que lleva dos décadas estudiando el impacto de los contaminantes ambientales en la salud pública. En 2024, Díaz publicó sobre cómo el humo de los incendios y el polvo del Sáhara afectan a los ingresos hospitalarios por enfermedades mentales, y concluyó que en ambos eventos estaban directamente relacionados. "En el caso de los incendios, hay una asociación probablemente por la toxicidad que tienen esas partículas. Mientras que en los días de polvo del Sáhara, la relación tiene que ver más con el aumento de las temperaturas, que va ligado a estos episodios de polvaredas", explica el investigador a infoLibre.
El ruido, lo más preocupante
Pero lo que más preocupa a Julio Díaz es el impacto del ruido sobre las enfermedades mentales, otro de los campos que ha estudiado la Agencia Europea de Medioambiente. En 2020, Díaz estudió el daño del ruido sobre el cerebro en la Comunidad de Madrid , y encontró una relación incluso más preocupante que la de la polución atmosférica. "De las variables ambientales que estudiamos, el ruido es la que más ingresos hospitalarios produjo. Esto demuestra que hay que prestarle mucha más atención",
El reciente estudio de la agencia europea observa también una relación similar. Según los autores, la exposición crónica a niveles bajos de ruido activa una respuesta al estrés en el organismo y también provoca trastornos del sueño, dos problemas que a largo plazo pueden generar inflamación y estrés oxidativo en el cerebro y desencadenar enfermedades mentales y cambios en el comportamiento.
Concretamente, los investigadores europeos concluyen que el ruido del tráfico en calles y carreteras se relaciona de manera moderada con la depresión en adultos y con problemas de comportamiento en niños y adolescentes, y de manera menos clara parece que afecta a la ansiedad en adultos.
Por ejemplo, citan un estudio que sugiere que por cada aumento de 10 decibelios (dB) en el nivel de ruido al que está expuesta una persona, existe un pequeño aumento en el riesgo de depresión (3%) y ansiedad (2%), aunque la calidad de los datos de esa investigación no es óptima, añaden. Otro análisis de 2023 halló un aumento del 4% en las tasas de suicidio por cada aumento de 10 dB en el ruido del tráfico rodado junto al domicilio de cada persona.
Productos químicos
Cuando se habla de contaminación ambiental, a menudo se obvia el impacto de productos químicos presentes en el aire, el agua o los alimentos, y pero en esta ocasión también han formado parte del trabajo de la Agencia Europea de Medioambiente. En teoría, estos agentes están fuertemente controlados y restringidos dentro de la Unión Europea, pero hay numerosos casos de fugas industriales y mineras por todo el continente. Estas sustancias provocan un daño celular directo y otros problemas que derivan, de nuevo, en un estrés oxidativo que puede terminar en neuroinflamación.
Es el caso de los metales pesados –como el plomo (Pb), el cadmio (Cd), el mercurio (Hg) o el estaño (Sn)–, el llamado humo de segunda mano –el humo de los cigarrillos o el exhalado por los fumadores– y los disruptores endocrinos –químicos como el bisfenol A– o los pesticidas.
Según el estudio, el humo de segunda mano y el plomo tienen una relación moderada con la esquizofrenia, y esos dos elementos junto con los pesticidas, afectan también a la depresión en adultos. Mientras que el bisfenol A, en contacto durante el embarazo, provoca depresión y ansiedad en el futuro sobre esos niños y adolescentes.