El cine, el 'refugio analógico' que resucitan los jóvenes para evitar el uso compulsivo del móvil

Ilustración de un joven en el cine.

Es una realidad. En los últimos años, la asistencia al cine ha ido bajando paulatinamente mientras las plataformas de streaming ganan cuota de pantalla, lo que ha supuesto el cierre obligado de varias salas. Según el último informe de Comscore, una empresa que se dedica a medir las audiencias, en 2024 la asistencia ya había descendido un 5% con respecto al año anterior. Datos que no mejoraron en 2025, cuando la cifra volvió a caer un 8%. La asistencia a salas de cine en 2025 registró un total de 65 millones de espectadores, mientras que la taquilla alcanzó la cifra de 453 millones de euros. 40 millones menos que, por ejemplo, en 2023.

Las cifras no son esperanzadoras, así que la pregunta parece obligada: ¿está todo perdido? No. Hay un grupo social que está reanimando la taquilla con su regreso a las salas de cine: los jóvenes. Muchos han encontrado en el cine el perfecto remedio contra el uso compulsivo de las pantallas, el multitasking y el síndrome de la doble pantalla. Sergio es un ejemplo de ello. Este estudiante de 25 años acude asiduamente a la Cineteca de Madrid porque, reconoce, “en casa es casi imposible ver una película sin mirar el móvil”.

Según un estudio de Cinema United, el porcentaje de miembros de la Generación Z que acuden al menos 6 veces al año al cine ha incrementado de un 31% en 2022 a un 41% en 2025.

El síndrome de la doble pantalla

Cada vez parece más evidente que somos incapaces de ver una película en casa sin echar un vistazo al móvil. Esta tendencia cada vez más habitual se conoce como el síndrome de la doble (o segunda) pantalla. Aunque todavía no está reconocido médicamente, es una práctica real y muy extendida, sobre todo, entre el público más joven. Así lo refleja el último Barómetro de OTT Cine, elaborado por la consultora audiovisual GECA

Los jóvenes de entre 18 y 34 años son los que en mayor medida afirman utilizar el teléfono mientras ven películas, con más del 50% declarando usarlo gran parte del tiempo o de forma intermitente. Una práctica muy relacionada con el uso abusivo de las pantallas, una situación en la que, según un estudio de Cáritas, se encuentran el 36% de los jóvenes españoles. 

Sergio cuenta que suele tener el móvil al lado cada vez que ve una película en casa: “En casa me gustaría dejarlo más lejos para evitar la tentación, sin embargo en el cine nunca siento la necesidad de mirarlo”. Algo similar a lo que le ocurre a Alonso, estudiante de 22 años de Biología y asiduo a los cines de su barrio: “Cuando veo películas en casa intento siempre dejar el móvil fuera de la habitación porque si no, lo miro aunque no busque nada en concreto. En el cine directamente lo dejo en el bolsillo del abrigo para no tenerlo ni cerca”

Ni que decir tiene que de todo esto son conscientes las grandes plataformas como Netflix. El actor Matt Damon, protagonista de algunas de las películas más importantes de Hollywood, sorprendió con unas declaraciones en las que aseguraba que "Netflix quiere que la trama de una película se repita tres o cuatro veces en los diálogos porque la gente está con sus teléfonos móviles mientras la ve". Pese a que la productora norteamericana ha desmentido esto, parece que la lógica que explica el actor es muy plausible en los tiempos que corren.

Jorge Ramiro Pérez Suárez, experto en Espacios Digitales en la Universidad Europea, subraya que se ha producido un “profundo cambio sociocultural en el que las tecnologías se han incorporado a todos los ámbitos de la vida desde una edad muy temprana”. Reconoce que hemos de admitir que la tecnología no es políticamente neutra: “tiene un claro sesgo marcado por las plataformas tecnofeudalistas y por el capitalismo digital”.

“La mayor parte de nuestras interacciones vienen mediadas por la tecnología”, por eso en muchos casos, cuenta, “es casi imposible desaprender estas acciones que ya hemos naturalizado”. Pérez Suárez subraya que en los estudios de su grupo en Conocimiento e Investigación en Problemáticas Sociales, se ha identificado que los jóvenes prefieren interacciones “mucho más sencillas, visuales y dicotómicas”

“Esto hace que se pierda muchísimo contexto y profundidad, la idea de tiempo libre o aburrimiento resulta abisal y sobre todo tiene un impacto muy profundo en la concentración, la manera de retener y enfrentarse al conocimiento o incluso de expresarse”, añade.

Tiempos de uso (del móvil) desorbitados

¿Qué es lo primero y lo último que haces al despertarte o al irte a dormir? Reducir los tiempos de uso del móvil se ha colado de lleno en las listas de objetivos de año nuevo de gran parte de la población, desde los más jóvenes a los más adultos. 

Según la última encuesta online de RTVE de finales de 2025, “el 71% de los encuestados cree que debería reducir el tiempo que pasa en el móvil, en particular, de aplicaciones como Instagram o TikTok, conocidas por favorecer el scrolling sin control”. Un sentimiento que es especialmente fuerte en la franja de edad de 25 a 34 años. Los datos de la encuesta exponen que los usuarios de la Generación Z pasan más de cuatro horas diarias frente a la pantalla

Pero, ¿qué opinan los protagonistas? Sergio subraya que querría “reducir su uso y dependencia del móvil”, que ronda entre las cinco y seis horas al día. Natalia, estudiante de 24 años, coge el móvil más de lo que le gustaría pese a que no se siente orgullosa de ello. “Muchas veces entro en TikTok cuando me he metido hace 2 minutos. Sé que no voy a ver nada nuevo que me interese, pero siento la necesidad de entrar en la aplicación”, cuenta a infoLibre

El cine como refugio analógico

Sergio encuentra el cine como "un refugio en el que no existen distracciones”. El cine siempre ha sido un lugar para evadirse, conectar con la película y, a la vez, desconectar del ajetreo de los días. Es, a su vez y a diferencia de casa, un sitio de reunión, de comunidad a donde acuden personas con un interés genuino en la obra que se va a proyectar.

El experto en Espacios Digitales cuenta que, por una parte, “existe un reclamo de un pasado analógico como una suerte de nostalgia ochentera y noventera que, de otro modo, también resulta en una máscara ideológica”, pero que, por otra, “va a haber elementos que se conviertan en productos gourmet: aquellas ilustraciones, películas o libros que no usen la IA y que vuelvan a la autenticidad y a la artesanía”. 

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“El cine es una poderosísima herramienta política y cultural que puede convertirse como remedio contra muchísimas cosas. De hecho me parece que es la mejor ventana que existe a la experiencia humana”, sostiene. “Es lógico que los jóvenes miren al cine como un lugar que se salga de la norma y que encuentren en él un refugio colectivo donde evadirse y desarrollar comunidad”, concluye.

La última película que Natalia disfrutó en el cine fue Marty Supreme y cuenta que le encantó tanto que aunque durase casi 3 horas ni se le pasó por la cabeza mirar el móvil. Aunque a Noelia, lo que más le gusta del cine, cuenta, “es el concepto de compartir con la gente”. “En el cine no hay vecinos tocapelotas o molestias inesperadas, solo sois unos cuantos que os habéis reunido en un sitio porque os morís de ganas por ver esa película”.

Sergio, por ejemplo, disfrutó tanto de La estrella azul de Javier Macipe que no se despegó de la pantalla hasta los créditos: “Me negaba a que se acabase, me la habría vuelto a ver otra vez seguida”. Alonso vuelve al cine cada semana por lo que hace sentir apagar el móvil. “Siento un enorme alivio cuando lo apago, como si el ruido se cortara”. “El cine siempre será algo especial contra lo que las plataformas no podrán competir, tiene algo de sagrado, como un lugar de culto”, concluye.

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