¿Qué esperamos de la literatura? Novela policiaca y condición humana
Asesinato en el Molino del Cura - Arantza Portabales
Lumen. 2026.
En Contra las cosas sin gracia (1961) Iris Murdoch exigía a la novela dar cuenta de la opacidad de las personas convertidas en personajes, ir en literatura más allá de un concepto optimista de personalidad. En mis clases de literatura comparada, cuando analizo ciertos textos críticos que intentan una revisión del canon literario, observo que en ocasiones tal revisión implica un cierto “descontento” con los personajes por sus contradicciones.
Es un tema muy complejo que no puedo analizar aquí con detenimiento, pero a veces comento en clase: en el fondo, ¿qué esperamos de la literatura? ¿Que nos cuente la vida como es o como nos gustaría que fuera? ¿Que nos lleve a asomarnos a los abismos o nos niegue la difícil e incómoda conciencia, parecida a arena entre los dientes, de que personas bondadosas puedan tener sus miserias, prejuicios o sencillamente opiniones que nos escandalicen (algo, por otra parte, fácilmente comprobable en la vida)? ¿Que los personajes sean como somos o como quisiéramos ser? Me apresuro a decir que la literatura puede presentar también espléndidos personajes construidos como nos gustaría ser o incluso anticipar modelos de individualidad antes de que esos existan, pero siempre desde una clara conciencia de la complejidad humana.
La realidad tiene la mala costumbre de no responder siempre a nuestras ideas sobre ella. Y tal vez en ningún lugar quede más patente eso como en la gran novela policiaca. Llego por fin a hablar de Asesinato en el Molino del Cura (Lumen, 2026) de Arantza Portabales, pero las ideas que acabo de exponer están de algún modo conectadas con la impecable exploración de la condición humana que hay en este libro, protagonizado, como el anterior, Asesinato en la Casa Rosa (Lumen, 2025), por la detective (ahora abogada) Iria Santaclara.
Agujereando el presente
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En una trama perfecta y sofisticada, medida al milímetro igual que un mecanismo de relojería (los escritores tenemos mucho que aprender de novelas policiacas excelentes como esta), encontramos personajes muy complejos precisamente porque Arantxa Portabales deja espacio a la opacidad que reclamaba Murdoch, deja aflorar lo que no queremos ver, lo que nos desazona: las aguas turbias de los seres humanos. Las cosas no son lo que parecen, ni las personas-personajes son lo que parecen.
Hay una mujer infeliz que intenta conocer un pasado que se le ha ocultado, Alba, unas familiares con actitudes siniestras, las hermanas Freijomil, un primo envolvente, Mikel, una inspectora convertida en abogada (Iria Santaclara) que intenta ayudar a Alba, la simpática Sinda, el telón de fondo del pueblo gallego de Loeiro donde una calma tensa agita los peores presagios. Con mano firme y una prosa que se bebe más que se lee (no pude desprenderme de la novela hasta que la acabé), Arantxa Portabales ha escrito una gran novela policiaca porque ha revelado en unos personajes redondos, inolvidables, desasosegantes, los pliegues, los recovecos y los abismos de la condición humana.
* Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura.