Escuela de decencia

Francisco Goya

Escribo estas líneas porque quiero poner en valor a las personas. En un momento en que nuestra sociedad, tan polarizada, parece haber perdido su rumbo, ni siquiera las figuras de autoridad y quienes legislan y nos gobiernan, parecen saber (o querer) mantener sus convicciones.

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No soy autoridad en nada ni de nadie; esto es solo una opinión de un ciudadano. Pero mi experiencia y mi trayectoria vital y profesional me hacen estar en contacto diario con personas capaces, con gran voluntad de avanzar, con vocación de servicio y ayuda a los demás. Y, por eso, ahora que ni tan siquiera la visita del papa ha servido para evitar la crispación, la confrontación y la agresividad entre quienes nos gobiernan y crean las leyes y normas por las que nos regimos; ahora que parece que solo existe corrupción, que jugamos a ver quién ha sido más corrupto, menos decente, y que lo que parece importar es demostrar no lo buen gestor y honrado que soy, sino lo mal gestor y deshonesto que es el contrario, quiero dar valor a las personas que colaboran, que con profesionalidad, conocimiento y, sobre todo, humanidad, tratan de hacer más fácil la vida a quienes tienen a su alrededor, en especial a quienes más lo necesitan.

Quiero dar valor a las personas que colaboran, que con profesionalidad, conocimiento y, sobre todo, humanidad, tratan de hacer más fácil la vida a quienes tienen a su alrededor

Los servicios públicos son la garantía de que las personas podamos disfrutar de cuidados, de carreteras, de educación, cosas que en nuestro mundo avanzado occidental damos por hechas y descontadas, sin valorar el coste y el esfuerzo personal de las personas que lo hacen posible. Ahora que queremos todo y lo queremos ya; que la tecnología avanza de forma exponencial y a un ritmo que no podemos asumir; y a la que le pedimos, seguramente sin ser conscientes del todo de los riesgos, que nos resuelva rápido los problemas; ahora que delegamos, incluso, la labor de pensar en inteligencias artificiales, yo quiero reivindicar el valor de las personas: de cada enfermera, de cada profesor y profesora, de los policías honestos que hacen su trabajo calladamente, pero que, sin verlo, nos permiten al resto seguir adelante con nuestra vida.

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Es gracias a las personas como construimos sociedad. Dejemos de lado diferencias y busquemos la unión en valores fundamentales. La diversidad enriquece. La honradez, la decencia, el respeto al diferente y abrirnos al aprendizaje que quienes vienen de otro lugar nos aportan es lo que nos hace más humanos. No perdamos esa humanidad.

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Francisco Goya es socio de infoLibre.

Escribo estas líneas porque quiero poner en valor a las personas. En un momento en que nuestra sociedad, tan polarizada, parece haber perdido su rumbo, ni siquiera las figuras de autoridad y quienes legislan y nos gobiernan, parecen saber (o querer) mantener sus convicciones.

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