Librepensadores

"¡ETA, mátalos!"

Antonio García Gómez

“ETA comunica que termina 'su ciclo histórico' y se desmantela por completo”.

Nunca grité “ETA, mátalos” y tampoco coreé a favor de la lucha armada, la lucha ¿sin cuartel?… contra los españolazos opresores. Y tampoco me sentí nunca en peligro, trabajando y viviendo, en EuzkadiEuzkadi. A menudo y principalmente en los primeros años de la actividad terrorista de ETA todo nos parecía bastante lejano. Para cuando los crímenes se recrudecieron y la estela de asesinatos provocaba regueros de sangre derramada ya empezó a ser distinto, aunque todavía parecía pillarnos algo lejos.

Y entonces hasta era posible en el “rasgo generoso y arrojado” de los “bravos muchachos” que lo habían dejado todo por ir a defender “la casa del padre”, de la que hablaba el poeta Aresti. Cuando ya se había iniciado el vareo del nogal para que los más espabilados “nacionalistas”, moderados y pragmáticos corriesen a recoger las nueces. Y entonces se creía que la liberación del País Vasco estaba próxima.

Y nadie había oído hablar del primer guardia civil asesinado, Pardines. Y se pasaba de boca en boca que el asesino y el asesinado Etxebarrieta era un mártir por la causa. Y la “tierra de todos los vascos” aún no se llamaba Euzkalerría.

Y yo no caía en la cuenta de que el cuartel gris de la Guardia Civil del pueblo en el que yo trabajaba, en la Gipuzkoa profunda, permanecía a todas horas cerrado, a cal y canto, incluso con sacos terrarios en las ventanas de la planta baja.

Y a los guardias civiles sólo los veíamos en los controles de carretera, muy armados y muy graves.

Más adelante discutí enfervorizadamente con mi mejor amigo. Yo ya había tomado una postura clara y contundente contra la violencia etarra, contra el tiro en la nuca y la bomba lapa. Y ya nada volvió a ser igual.

Pero seguramente ya era demasiado tarde.

Y en los nidos de las serpientes los huevos ya había eclosionado.

Ya era fácil detectar el odio y la saña. La parcialidad y la cerrazón, y lo que es peor la insensibilidad hacia el dolor ajeno, desde un ombliguismo infame y cruel.

La villanía y la vileza ya habían echado raíces, aunque ahora la derrota ya empezaba a ser posible.

Pero la metástasis ya se había instalado, y el relato comenzó a conformarse, a adaptarse a la falta de absoluta credibilidad, de derrota inapelable, porque el odio y el sentido de la supremacía étnica ya habían cuajado, incluso entre quienes fueron neutros y callaron y miraron hacia otro lado.

Cuando ya resulta obsceno la utilización política, en aras del perdón expreso o en aras del olvido benevolente. Tras una estela mortífera de 854 asesinados y miles de heridos… que se merecen el relato contundente, transparente, y real, con asunción de responsabilidades por “omisión o cobardía, por cálculo o convicción de que… algo habrían hecho”… las víctimas, los perdedores, al cabo, del ¿conflicto, del despiadado desvarío de asesinatos medio consentidos, medio asumidos por sectores muy amplios de la población… ¿inocente?

A pesar de que estemos todos abocados a un futuro de convivencia y respeto, cuando se aprecia que el odio y el visor supremacista aún colea y vomita su racismo mezquino y perverso, tan estúpido como contagioso, a pesar de todo.

Cuando tal vez lo que más interesaría sería “la confesión” de quienes comprendimos demasiado tarde que el horror ya formaba parte de la cotidianidad de nuestras existencia y… seguíamos riendo y compartiendo mesa y mantel con quienes distinguían entre “los buenos y los malos”.

Aunque ya estemos seguros que “no van a volver a matar”, aún está pendiente la confesión de la cobardía inmoral de muchos de nosotros. Aunque cueste reconocerlo.

Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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