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El fabuloso negocio de las armas

Antonio García Gómez

“Detrás del asesino de Uvalde, hay un país incapaz de frenar la barbarie provocada por un negocio multimillonario”. Baltasar Garzón.

Último balance en EEUU. En el centro de Texas, en una escuela de niños/as, 21 víctimas tiroteadas, asesinadas, 19 menores de diez años, dos adultos, víctimas causadas por un joven de dieciocho años, abatido a su vez, armado hasta los dientes con armamento al que tuvo gran facilidad para adquirirlo.

Solo en EEUU existe la mitad de las armas privadas que en el resto del mundo.

La ley de la defensa propia, a tiros, conduce a la facilidad con que se pueden adquirir armas de fuego, armas de matar, desatado el miedo, desatado el odio, desatada la pericia para desenfundar más rápido que el otro, a merced de la decisión de algunos francotiradores iluminados que tratan de causar el mayor número de muertes posibles. A partir de una mentalidad que ha sido inducida a “defenderse” al margen de las fuerzas de Seguridad encargadas para esa función pública.

La Asociación del rifle defiende ese supuesto derecho a pertrecharse de armas de matar, apoyada por la representación del partido republicano, en contra de cualquier pretensión de supervisar tanta facilidad a la hora de comprar armas, a la hora de haberse creído la necesidad de poder ejercer la violencia según criterios y motivaciones personales.

Porque, en definitiva, son millones y millones de dólares los que están en juego.

El presidente Obama, no precisamente sospechoso de izquierdista, intentó asegurar cierta cobertura social para “la sanidad, la seguridad, la educación”, valores esenciales para cualquier sociedad que se precie y se auto exija evolucionar en derechos y libertades, a resguardo de la protección gubernamental, en contra de la iniciativa individual, “privada” que solo fomenta el negocio, el descontrol y la desigualdad.

Naturalmente encontró el rechazo brutal de los “defensores, falsarios, de esas libertades que solo tratan de mimetizar los grandes negocios, el olor y el rastro nauseabundos del dinero, haciendo negación a las obligaciones gubernamentales que igualaría a todos los usuarios, es decir a toda la ciudadanía”, para promocionar, en definitiva, “la inversión, privada”, la inversión particular, la inversión que enriquezca a las empresas de “la seguridad, la sanidad, la educación”, afianzando la desigualdad.

“Ninguna comunidad, en nuestro país, cumple, por ejemplo,  la directriz de la OMS de invertir el 25% del presupuesto sanitario en atención primaria”.

Y la respuesta que se nos apunta es el reclutamiento de “seguros privados” `para la sanidad ¿garantizada?, para la seguridad ¿a prueba de maleantes?, para la educación pública, “gran tesoro de una sociedad igualitaria”.

Y luego se hablará de daños colaterales, se lamentarán las tragedias, a la vez que se azuzará el gasto personal, el gasto que augure el endeudamiento particular, a costa de vaciar de obligaciones a los gobiernos que solo pretenderán “ayudar a sus amistades más poderosas”, a sus comisionistas de manual y de cabecera,  para asegurar los pelotazos y los negocios, aunque solo sea en nombre de los más grandes retos humanos, solidarios, igualitarios… eliminados por “poco rentables”.

Mientras se lamenta periódicamente la muerte de víctimas a manos de disparos de armas, tan rentables en este mundo que ofrece tragedias a diario…. ¿por un minuto de silencio”, por un minuto.

¿En nombre de la rentabilidad de los más insensibles?

Cada misil que se dispara en Ucrania ronda los dos millones de euros cada uno. Mientras se invoca la libertad de seguir haciendo… el gran negocio de las armas, empezando por el revólver, la pistola, la escopeta de repetición... el odio a mansalva y sin control. 

Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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