Verdad histórica y verdad oficial

Javier Herrera Navarro

Tras echar un vistazo pormenorizado a los documentos desclasificados del 23F, he llegado a algunas conclusiones como archivero-documentalista e historiador. La primera y más importante es que se ha demostrado la verdad oficial pero no la verdad histórica. Esta acaso nunca se sepa porque es evidente que ha desaparecido mucha documentación y seguramente la más sensible por una sencilla razón: porque quien detenta el poder es quien escribe la historia según le interesa, y el historiador tiene que utilizar las fuentes que existen y que le dejan porque habitualmente en origen, salvo raras excepciones, se destruyen todos aquellos documentos que pueden poner en solfa a los principales implicados, salvo que tengan interés en ser recordados de una forma poco comprometida. De ahí que la verdad oficial sea habitualmente la que se hace pasar por la "verdad histórica".

Hablemos de documentos. Y aquí, en los que se nos han presentado, hay muchos que carecen de trazabilidad, es decir de los códigos que los identifican para saber que son verdaderos; igualmente hay también muchas copias sin firmar y sin sellar, lo que en mi opinión induce a desconfianza; precisamente los que mejor están identificados son aquellos que en mi opinión tienen menos relevancia: las crónicas de las vistas orales del juicio, los del Ministerio de Exteriores, las comunicaciones de recursos y procesamientos, y los informes policiales.

Sin embargo, los más interesantes, por ejemplo el manuscrito de un plan establecido en noviembre de 1980, de más de veinte páginas con profusión de detalles, sólo sabemos que procede de la Guardia Civil porque lo suponemos custodiado ahí, pero nada más, no se nos proporciona ningún dato más; igualmente, otro importante, como el titulado Campaña contra S.M. El Rey en relación con el 23-F con número de referencia: C/DI 3, del Ministerio del Interior, se trata de una copia, sin firma, sin fecha y sin sello. Igualmente, desde el punto de vista documental resulta lamentable que haya bastantes documentos recortados que resultan ilegibles en algunas líneas; no se entiende cómo no han sido escaneados en su integridad.

Hasta aquí una primera aproximación. Suele suceder que cuando pasa tanto tiempo y los testimonios van aumentando, las incógnitas suben exponencialmente, por lo que me temo que seguiremos estando entretenidos con el tema; como con el asesinato de Kennedy, permanecerá entre los misterios de la historia, en el saco de las verdades históricas, es decir en el saco de las verdades que han pasado a mejor vida.

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Javier Herrera Navarro es socio de infoLibre.

Javier Herrera Navarro

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