Librepensadores
Inmovilismo, cambio frustrado y... Podemos
El 28 de octubre de 1982, y bajo el lema Por el cambio, el PSOE, apoyado por más de 10 millones de votos dio un revolcón al escenario político surgido del tardofranquismo y que supuso la debacle de la UCD dominadora electoral en la primera legislatura desde el inicio del proceso constituyente.
Los ciudadanos pusieron ese año, 1982 –icónico en la política española– en manos del PSOE y de Felipe González 202 diputados; una contundente mayoría parlamentaria que inició el período de esplendor del partido –y a la vez paradójicamente de su progresiva decadencia- durante las cuatro siguientes legislaturas y que finalizó con la llegada del PP y Aznar en el año 1996.
Desde entonces el duopolio mayoritario inició una alternancia cada dos legislaturas, el PP con Aznar como presidente del gobierno, dominador durante la VI y VII al que siguió el nuevo bienio socialista con Zapatero durante la VIII y IX.
El retorno del PP en 2011 con Rajoy como presidente de la X coincidió con el estallido de la crisis brutal que venimos padeciendo desde 2008, hecho que determinó la aparición de los nuevos partidos emergentes, fruto del hartazgo ciudadano ante las medidas impopulares e injustas adoptadas por la troika en el caso de Unidos/Podemos, y de Ciutadans, creado en su caso artificialmente desde “las sombras económicas” como una prótesis ideológica para asegurar una alternativa maquillada de derecha light, ante el descrédito ético de la contundente derecha tradicional española.
Sin embargo el escenario electoral surgido tras el 20D y el nuevo desafío del 26J con el cuatripartito en liza sobre las tablas, ha quebrado la confortable alternancia del duopolio –cada vez más mimético en temas económicos- poniendo en solfa y sembrando incertidumbre –cuando no miedo- entre los hasta ahora partidos mayoritarios que ven peligrar el rol compartido ejercido por ambos en las diez legislaturas precedentes hasta esa fecha, sin otras alternativas políticas posibles en apariencia.
Pero lo imposible, se ha hecho realidad, se ha roto el modelo político dominante desde la Transición, y el nuevo modelo y sus previsibles –cada vez los son más- consecuencias electorales, han venido para quedarse democrática y… afortunadamente entre nosotros.
A esta alturas y a pocos días de la jornada de reflexión del 26-J lo que debemos preguntarnos los ciudadanos es algo muy básico: ¿Quiénes han sido los coautores o corresponsables, ya sea por acción en el primer caso u omisión en el segundo, de la situación en que nos encontramos?
No puedo negar la congruencia política de la derecha española, siempre fiel en el voto monolítico, cuasi religioso a su ideario económico neoliberal, que en aras de una falaz eficacia y eficiencia de lo privado, a la menor oportunidad, toman lo público al asalto, eso sí, con pingues beneficios para la nada despreciable patriótica pléyade que no cesa, de delincuentes políticos que participan en el mismo chapoteando en su mafiosa y orquestada pocilga de corrupción y alardeando además de su vergonzoso y fariseo patriotismo.
Lo que es más difícil de entender y asimilar para los que siempre creímos en su modelo, es la tibia actitud –cuando no franca colaboración- adoptada por la izquierda “socialdemócrata” española –pero también europea y aquí está el quid de la cuestión- que por una parte ha contribuido al desbordamiento ideológico neoliberal y por otra, aunque en menor escala, al desprestigio en la gestión de lo público en beneficio como siempre de algunos “vivos”, con comportamientos –ya hablará los jueces- rayanos en los difusos límites de la mala gestión o del delito puro y duro.
En ninguno de los dos escenarios anteriormente comentados se rompe la ley del silencio. La omertá tribal ante la desavenencia crítica se impone a los militantes (RAE: Del ant. Part. Act. De militar; lat. militans, -antis. 1. Adj Que milita) acallando disidencias, amortiguando críticas...
Nadie crítico se rebela ante el discurso impuesto, nadie digno denuncia lo injustificable éticamente, nadie abandona la tribu… solo reina el silencio acrítico o si existe la crítica, la autocensura se impone en aras de la coartada sedante que todo lo justifica en nombre de la cohesión y del bien de la tribu... del partido.
¿Pueden los responsables políticos –marionetas del poder económico- de la degradación ética que deshabita nuestra democracia carente de autocrítica pregonarse ahora como sus regeneradores?
Cuando los ciudadanos no exigimos explicaciones a nuestros representantes instalados en un confortable y crédulo conformismo o sectarismo, solo nos queda la opción de creer pasivamente en la veracidad de sus justificaciones y de su discurso.
Si no damos credibilidad como ciudadanos críticos informados y activos en nuestra exigencia legítima de veracidad a su discurso trufado de argumentarios de manual -diseñados para alimentar la mediocridad de los que ellos deben considerar estúpidos- solo nos queda una solución: condenarlos a la minoría silenciosa en el parlamento dando voz mayoritaria a otros políticos y a otros discursos distintos.
El 26J tenemos como ciudadanos la oportunidad de hacerlo. Ante la opción inmovilista de algunos y de la oferta de cambio que cíclicamente otros proponen y vuelven a proponer, señal inequívoca de que periódicamente retrocedemos y que lastran nuestro futuro, tenemos la ocasión de poner con las voces de nuestros votos, voz a otras voces distintas que abran nuevas posibilidades –impensables hace un año- a otras ofertas de futuro.
PD: Que no te asusten como intentan algunos con Venezuela ni con Grecia. 177 economistas españoles y europeos Thomas Piketty y Vicenç Navarro entre ellos piden el voto para Podemos. España no es Grecia. Algo se mueve en Europa y sus ciudadanos se están por fin moviendo. Este es el camino; si caminamos juntos los europeos, en el camino nos encontraremos y juntos llegaremos al final del mismo.
¡Ciudadano vota sin miedo el 26-J! ¡El miedo por fin es de ellos... no nuestro!
Amador Ramos Martos es socio de infoLibre