A la izquierda del PSOE
Desde hace semanas se ha reabierto el debate a la izquierda del PSOE. Un debate necesario si de verdad se quiere recomponer una estrategia que, en los últimos años, no ha dado los frutos esperados. La fragmentación de la izquierda ha sido en Europa una constante: una forma lenta pero eficaz de perder peso político y capacidad para ilusionar a sus votantes. España no ha sido una excepción.
Hubo un tiempo en que pareció abrirse una brecha de esperanza. El 15M no solo ocupó plazas, también abrió puertas a nuevas ilusiones. De aquel malestar nació Podemos, que durante un tiempo supo convertir la indignación en expectativa. Después llegó el desgaste: la presión mediática, los bulos y, también, los errores propios, que acabaron con aquel impulso a una fuerza residual.
Sumar, por su parte, parece ir apagándose. Gobernar desgasta, incluso cuando se hace con cierta solvencia, y más en una época en la que el ruido, la exageración y la mentira circulan con más fuerza que los hechos. El Partido Comunista, mutado en distintas siglas y alianzas, tampoco ha terminado de consolidarse. Mientras tanto, los partidos nacionalistas, catalanes, vascos y gallegos, mantienen o mejoran posiciones, cada uno con su propio rumbo.
Tal vez la cuestión no sea solo si pueden unirse, sino para qué
Y en este escenario aparece Rufián, dispuesto a agitar el tablero con la propuesta de una alianza amplia de izquierdas que reactive al electorado y tratar de frenar a la extrema derecha. La idea suena bien. La pregunta es si resulta viable.
Conviene ser prudentes. Hay diferencias programáticas, relaciones deterioradas, egos de sobra y estrategias difícilmente compatibles. A ello se suman las legítimas aspiraciones independentistas de algunos nacionalismos, que no encajan fácilmente con los intereses de otras fuerzas de izquierda de ámbito estatal.
¿Y ahora qué? Tal vez la cuestión no sea solo si pueden unirse, sino para qué. Porque sin un proyecto compartido, sin una idea de país que vaya más allá de frenar al adversario, cualquier alianza corre el riesgo de ser un parche más que un horizonte.
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Carlos Brage es socio de infoLibre.