“Siempre me dices lo mismo, tus consejos no quiero escuchar”, cantaban los zarzueleros en La del Soto del Parral, estrenada en 1927. Qué buena cosecha: Lorca, Alberti, Salinas, Aleixandre y muchos otros comprometidos hasta las trancas con la democracia y España.
Seis años después, 1933, alguien proclamó: “Contra mi opinión, contra mis clamores, contra mis consejos, la coalición electoral se rompió; conozco los motivos y los respeto, pero me atengo a las consecuencias”. Y continúa el dueño de estas palabras: “Las fuerzas de izquierda que hoy están comprendidas en la coalición electoral tuvieron más votos que las derechas, pero votos dispersos, yendo cada cual a una candidatura diferente; resultado: Ya lo habéis visto, nosotros rompimos la coalición y las derechas nos han roto la crisma”. Han pasado 93 años. Las palabras de don Manuel Azaña siguen vivas.
Los ciudadanos cantamos por no llorar, por el guirigay de todas las bancadas incapaces de sentarse, centrarse en la ideología, respetarse entre ellos y dejar la pantomima para el teatro. No hace falta que se mezclen; con que no se insulten nos conformaríamos, pero exhiben discursos inflamados, unos más que otros, a la vista de toda la gente. Si ellos no se moderan, tal vez necesiten, como decía Azaña, que hayamos de sentar la mano, aunque, entre tanto ignaro y becerro, lo de sentar la mano lo tomarían de manera literal, pues solo entienden la violencia como solución a los problemas.
Si los líderes no están en primera fila, no juegan. Los hemos visto desaparecer, pero insisten. A unos el sol les ciega; los otros son incapaces de mirar al frente
Encontramos a un vociferante presidente de Estados Unidos abandonar el pacto climático; tras él, trotan los correveidiles y chismosos de medio pelo carentes de la mínima civilización; cretinos que han pasado por la universidad, pero la universidad no ha pasado por ellos. Aquí, un diputado afirma en un mitin que el cambio climático es un invento de la izquierda; falta a su deber de estar en el Congreso, justificando su ausencia por estar ocupado en tareas de paternidad. Además de contradecir las evidencias científicas, miente. Ya sabemos que mentir no es ilegal, como afirmó el líder del PP.
A unos no hay por dónde cogerlos, pues carecen de sustancia, ideología y razón y se apuntan al ruido del más fuerte; muchos provienen del mundo del Derecho, esa ciencia que en sus inicios (derecho romano) pretendía proteger a la plebe de patricios y sacerdotes. Ecuanimidad y racionalidad frente a parcialidad e insensatez.
Los otros, porque llevan un siglo instalados en la misma historia, y “siempre nos dicen lo mismo”, para acabar en las mismas discordias: ¡cansinos! Si los líderes no están en primera fila, no juegan. Los hemos visto desaparecer, pero insisten. A unos el sol les ciega; los otros son incapaces de mirar al frente. Ambos tropiezan, y a nosotros nos arrastran.
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Mariano de la Puente Mayenco es socio de infoLibre.
“Siempre me dices lo mismo, tus consejos no quiero escuchar”, cantaban los zarzueleros en La del Soto del Parral, estrenada en 1927. Qué buena cosecha: Lorca, Alberti, Salinas, Aleixandre y muchos otros comprometidos hasta las trancas con la democracia y España.