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El olvido está lleno de memoria

Julián Lobete Pastor

El olvido está lleno de memoria es el título de un poemario del poeta uruguayo Mario Benedetti: “Hay quienes imaginan el olvido como un depósito desierto, una cosecha de la nada, y sin embargo el olvido está lleno de memoria”.

La amnistía es una forma de olvido. Nos olvidamos de lo que se hizo (mal) para buscar otra forma de relacionarnos, para poder seguir conviviendo. La amnistía en política es tan vieja como la existencia de comunidades humanas y se ha utilizado profusamente en muchos países, también en España. (Ver el ensayo de Enrique Linde Paniagua, Amnistía y Conflicto Social en la Historia de España).

La pregunta no es si la amnistía va a beneficiar a Puigdemont y demás procesados. La pregunta es si la amnistía va a beneficiar a Cataluña y España

También la utilizamos los humanos en las relaciones familiares, de amistad o pareja, y a veces hasta nos autoamnistiamos para seguir viviendo, aunque, como nos recuerda Benedetti, “ el olvido está tan lleno de memoria, que a veces no caben las remembranzas y hay que tirar los rencores por la borda, en el fondo el olvido es un gran simulacro; nadie sabe ni puede, aunque quiera, olvidar un gran simulacro repleto de fantasmas esos romeros que peregrinan por el olvido como si fuese el camino de Santiago…”

Dicen algunos ahora en España que la amnistía significa reconocer que el amnistiado no lo hizo mal sino bien y que el responsable de lo ocurrido es el amnistiador. Si así fuera, no se trataría de una amnistía sino de una rehabilitación del injustamente castigado; rehabilitación que nada tiene que ver con la amnistía, aunque puede que alguno quiera disfrazar la amnistía de rehabilitación. 

En la ley de amnistía de 1977, ley 46/1977 de 15 de octubre, aprobada por el primer parlamento democrático tras la dictadura de Franco, quedaron amnistiados los delitos y faltas que pudieran haber cometido las autoridades, funcionarios y agentes con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los actos incluidos en esa ley. Es decir, se amnistiaban las torturas, palizas y asesinatos que las autoridades franquistas cometieron en la persecución de lo que entonces eran delitos pero que constituían la base de la lucha por la democracia, libertad de asociación, expresión, sindicación, etc .

Con la amnistía se olvidó legalmente la represión ejercida por el franquismo y se exoneró de responsabilidad a los que la ejecutaron, en aras de una convivencia nueva; pero la amnistía no supuso la rehabilitación de los represores, ni el reconocimiento de que lo que hicieron estuviera bien hecho. Tampoco significó que el parlamento democrático fuera el responsable de los delitos cometidos por el franquismo.

¿Se arrepintieron los amnistiados de sus actos por la amnistía? Posiblemente no. ¿Hubieran vuelto a hacerlo si, por ejemplo, el golpe de 1981 hubiera triunfado? Seguramente sí. 

Lo que nunca pudo borrar la amnistía de 1977 es la memoria de los crímenes y delitos cometidos por el franquismo, protegida ahora por las leyes de memoria democrática que algunos se empeñan en hacer desaparecer. Con las leyes de memoria no se quiere cambiar la historia, ni venganzas, únicamente se quiere ayudar a construir un NUNCA MÁS firme para que nadie intente volver atrás. “Aunque nadie los desangre en voz alta , ni el desamparo ni el dolor se borran y las lealtades y traiciones giran, como satélites, del sacrificio, “ apunta Benedetti.

Lo importante en la amnistía

En la aprobación de la amnistía los importantes no son los amnistiados, sino los beneficiarios indirectos de la misma. En el ejemplo de 1977, los beneficiarios fueron todos los españoles, que pudieron abrir un nuevo camino de concordia sin la rémora que significaban los amnistiados.

En el caso presente en Cataluña, la pregunta no es si la amnistía va a beneficiar a Puigdemont y demás procesados. La pregunta es si la amnistía va a beneficiar a Cataluña y España; si la respuesta es afirmativa, el parlamento español debería aprobar esa nueva ley de amnistía dejando claro en el preámbulo y en el articulado, para eso tenemos excelentes juristas, qué significa y qué no significa la ley, para que ningún olvidador pretenda apropiarse.

“Es ilusión de estos olvidadores, que los otros, las otras, los otritos, no sigan recordando su vileza, pero son fantasías sin futuro ni magia”, apunta el sabio Benedetti.

Los resultados de las diversas amnistías aprobadas a lo largo de la historia son muy variados, pero muchas de ellas consiguieron un avance en la resolución del conflicto que pretendían resolver. Sería iluso pretender conseguir que los amnistiados reconocieran su error o una confesión de que no lo van a repetir. Lo importante es que no lo puedan repetir porque se han quedado sin recursos políticos y por su aislamiento social. El independentismo es hoy minoritario en Cataluña en número de votos en las recientes elecciones generales. Con la amnistía se les quita uno de sus recursos preferidos, el victimismo.

“ El olvido no es victoria sobre el mal, ni sobre nada, y si es la forma velada de olvidarse de la historia, para eso está la memoria, que se abre de par en par, en busca de algún lugar que devuelva lo perdido, no olvida el que finge olvidar, sino el que puede olvidar”, define Benedetti.

El pueblo español puede olvidar pero en su memoria quedará el daño que algunos irresponsables causaron a todos los catalanes y españoles en 2017. Para algunos catalanes independentistas, la memoria estará repleta de reproches a un Estado opresor, con o sin amnistía. La tarea de todos los españoles es convencerles de que hay otros caminos para la convivencia. La amnistía, y las memorias sin rencores, pueden ayudar a conseguirlo.

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Julián Lobete Pastor es socio de infoLibre

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