Hoy más que nunca estoy a favor de invertir en armas.
Tenemos un gran enemigo y debemos defendernos. ¡Nos va la vida!
No sé en qué momento nuestro enemigo dejó de ser aliado y se convirtió en la peor de nuestras pesadillas. Sus prácticas arrasan bosques, matan a los más vulnerables manejando su termostato vital, anegan campos, inundan ciudades. Las llamas y las aguas se desmandan y sorprenden en el frente y en la retaguardia.
Nuestro enemigo es común a todos, así que no sería un objetivo imposible que cada país invirtiera en armas. Pero, en esta situación, no son las que nos vende Mr. Trump las armas que necesitamos.
Requerimos armas que no se exhiben en las ferias al uso. Necesitamos inversión en ciencia para que, igual que hubo un momento en el que con el mismo compás conseguimos frenar epidemias, la investigación y nuestros impuestos, al unísono, aplaquen al enemigo común.
¿Para qué queremos misiles, Sr. Sánchez, si no derriban incendios ni calman aguas desenfrenadas?
Sr. Sánchez, presidente, queremos invertir en armas y ser soldadesca de un ejército de prevención y reparación, no de destrucción.
¿Para qué queremos misiles, Sr. Sánchez, si no derriban incendios ni calman aguas desenfrenadas?
Y a la OTAN dígales que sí, que vamos a invertir en armas… pero made in CSIC.
Coraje y un cordial saludo de una ciudadanía abrasada.
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M. Luisa Cid Cerdán es socia de infoLibre.
Hoy más que nunca estoy a favor de invertir en armas.