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Agentes y editores vitaminados y mineralizados

Agentes y editores vitaminados y mineralizados

En algún momento de su larga vida profesional, Juan Cruz elaboró un decálogo para editores cuyo primer artículo reza: "Los escritores desayunan egos revueltos".

"Lo más importante es que se sientan queridos con argumentos tangibles ―afirma―. Un autor escribe en soledad, y a veces no vive tiempos tan felices como la gente cree. La soledad del escritor tiende a crear necesidad de mimos, de halagos, y es natural: nadie dice nada de lo que haces mientras lo que haces se está haciendo".

A él, que ha publicado (en Alfaguara), gestionado (en La Oficina del Autor), entrevistado (fundamentalmente para El País) y, sobre todo, acompañado a cientos, qué escribo cientos, a miles de autores, la constatación no le escandaliza. Y tras recordar que no estaba solo en ese empeño (cita a Amaya Elezcano, Marta Donada, Pepe Verdes, Gisele Etcheverry o Basilio Baltasar), recuerda cuál era su filosofía: "dejar solo a un escritor es dejar sola a una editorial".

La experiencia que viene al caso es La Oficina del Autor, un sistema unificado para la gestión de los autores de Prisa y, en mi recuerdo, una manera de (perdón por la expresión) sacar partido a los escritores y tenía algo de "unidad de cuidados intensivos" para autores necesitados de apoyo e ingresos…

"Era exactamente eso, pero al revés ―me precisa Cruz―: queríamos poner a disposición de los autores las posibilidades que abre un grupo de comunicación y era el primer sistema de ese tipo que se abría en el mundo editorial español. Había algunos autores de Alfaguara, que era de nuestro grupo, que también colaboraban en El País y en la Ser. Se trataba de seguir su rumbo para saber cómo estaban, qué hacían cuando no estaban presentando libros o metidos en alguna tarea de preparación de los mismos. Un autor solo y sin actividad suele ser muy tentador para la competencia, pues en los tiempos muertos de los escritores es cuando los otros editores se sienten tentados a ofrecerles el oro y el moro. La idea se le ocurrió a Jesús Polanco y me propusieron que yo pusiera mi experiencia en el grupo al servicio de la misma". Fruto de ese empeño es el blog Boomeran(g), puesto en marcha por su sucesor, el mencionado Baltasar.

Pero vamos por orden

La frase clave es: "Un autor solo y sin actividad suele ser muy tentador para la competencia, pues en los tiempos muertos de los escritores es cuando los otros editores se sienten tentados a ofrecerles el oro y el moro".

Garantizar la permanencia es fundamental. También para los agentes literarios… en realidad, LAS agentes literarias (las mujeres son mayoría en este sector), cuya relación con sus representados siempre ha sido especial. "Debe fundamentarse en la comunicación, la confianza, la transparencia… En este caso, también en la confidencialidad", me dice Palmira Márquez, agente literaria de la agencia Dos Passos, quien incluso habla de auténtica amistad: "ellos saben que pueden contar conmigo y yo con ellos".

Eso, y conseguir contratos, era suficiente. Hasta que todo cambió, y las agencias literarias mutaron en agencias de colocación. "El objetivo del autor es ser leído por el mayor número de lectores posibles y el objetivo de un agente es conseguirlo, profesionalizar al autor, conseguir que pueda vivir de su trabajo". Eso se logra publicando en el mayor número de países posible, trabajando también para que sus libros puedan adaptarse al cine o la televisión. "En nuestro caso, al ser también agencia de comunicación, trabajamos en la promoción de sus obras y en la propia imagen de marca del autor, haciendo que tengan firmas en prensa, colaboraciones en otros medios, buscándoles su participación en determinados foros y ferias a través de conferencias o mesas redondas, en clubes de lectura, etc.".

Todo lo cual les lleva, como le sucede a Raquel Abad, responsable del Speakers Bureau de Penguin Random House España, a trabajar y colaborar "estrechamente con instituciones y entidades imprescindibles y cuya labor es fundamental en el ámbito de la cultura, así como organizaciones del ámbito empresarial que solicitan la participación de nuestros autores para que trasladen sus experiencias y conocimientos a sus profesionales".

Abad explica que su grupo ha puesto en marcha varios servicios cuya prioridad es poner en contacto a los autores y a sus lectores de diferentes maneras. El que ella dirige "promueve la figura de los autores y sus obras a través de su participación en conferencias, congresos, festivales, clubes de lectura y otros eventos similares". En términos faranduleros, les buscan bolos. Pero no sólo: otra de las puertas conduce a la Escuela Cursiva, en la que los escritores se desempeñan como profesores, "de manera que los lectores que quieran dedicarse a escribir, tienen la oportunidad de aprender de sus autores más admirados".

Porque, en efecto, la relación entre la editorial y el autor ni empieza ni acaba con la publicación de la obra. "No, no. Si algo caracteriza a un editor, es el contacto frecuente con su autor, cuando escribe, cuando publica y cuando promociona ―confirma Ana Gavín―. Aunque en este último caso, intervienen por supuesto otros departamentos como marketing, prensa, comercial, y posteriormente un departamento como el que dirijo en el Grupo Planeta, denominado Relaciones Editoriales". Una tarea que compatibiliza con la dirección de la Fundación José Manuel Lara.

En esa tarea, tienen una amplia cartera de servicios. "Para la etapa posterior a la promoción, existe una coordinación estrecha entre Comercial y Relaciones Editoriales: se canalizan las peticiones de presentaciones, ferias del libro, clubes de lectura, conferencias pagadas". La lista de Gavín es larga. "Gestionamos todo: desde el lugar o entidad que realiza la petición, gestionamos el pago, si lo hay, viajes, prensa del lugar, que pueda haber un librero con los libros del autor… todo lo relacionado con el acto y los lectores".

Es una prolongación de la relación, digamos, natural u obvia entre ambas partes de la que ambos se benefician. "En el mercado editorial actual cada vez es más importante para los autores saber que la editorial puede cubrir otras necesidades profesionales y contribuir a una mayor visibilidad tanto de ellos como de sus libros, lo cual puede ser decisivo para ellos a la hora de publicar sus libros en una editorial u otra", asegura Abad. "Fideliza, y además el autor se siente acompañado en el camino de su obra. También puede ayudar si existe un departamento como este", corrobora Gavín, que se basa en su propia experiencia: esta manera de trabajar prolonga la vida de una obra, ya que a veces la rapidez con la que lanzan novedades dificulta el "estar tan encima como todos quisiéramos. Un departamento como Relaciones Editoriales comienza después de la promoción, e intentamos que el interés por el libro continúe durante un plazo más largo".

Y más, y más, pero mucho más

En definitiva, los actores del mundo editorial no dejan de explorar nuevas posibilidades que les permitan ofrecer más salidas a sus autores; en ocasiones, transformándolos en algo que no tenían previsto ser.

Así, Planeta Hipermedia da la posibilidad de convertir los textos en un formato hipermedia "que une texto, vídeos, ejercicios, gráficos, infografías, tests de autoevaluación… Es decir ―resume Eugenia Toledo Troxler, su directora―, convertimos el libro del autor en un curso o master class online, siendo el propio autor, a quien grabamos en vídeo, quien explica al usuario el contenido que desarrolla en el libro".

Aquí se trata de difundir contenidos inicialmente pensados para ser leídos en una experiencia diferente para llegar a un público más amplio. "Es una manera de adaptarse a los nuevos hábitos de lectura de los consumidores. Nosotros, desde hace ya varios años, no somos sólo los editores de sus libros, sino que somos los editores de sus contenidos, los cuales transformamos, distribuimos y comercializamos en varios formatos".

La tendencia parece imparable, hace unos días se anunció la unión de Libranda, distribuidora de contenidos digitales, y Vivlium.com para promover los formatos editoriales hipermedia. Toledo Troxler insiste, no obstante, en que su propuesta no sustituye al papel; simplemente, toma nota de la nueva realidad. "Con la irrupción de las nuevas tecnologías y de los dispositivos inteligentes los hábitos han cambiado. Ahora leemos de otra manera, necesitamos una interacción que el libro en papel no nos da. Las editoriales nos adaptamos a esos nuevos hábitos de lectura".

Porque, en el fondo del fondo, la esencia permanece. "Durante los años más duros de la crisis y ante el proceso de concentración editorial que hemos vivido en el sector, hubo voces que auguraban un futuro incierto a la figura del agente literario, algunos se atrevieron a decir que estábamos condenados a desaparecer ―reflexiona Palmira Márquez―. Sin embargo, todo eso ha provocado lo contrario, que los autores necesiten agentes literarios más que nunca". Y también editores. Eso sí, vitaminados y mineralizados, como siempre pero como nunca, porque en el mundo complejo que nos ha tocado vivir es difícil (no imposible) que un autor se las apañe solo.

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