Literatura

La novela de su vida

La novela de su vida

Hace unas semanas, Javier Moro resultó ganador del Premio Primavera de Novela 2018 con Mi pecado, obra que recupera la historia de la actriz Conchita Montenegro y su trayectoria desde el Hollywood de los años 30 a la España del franquismo.

El anuncio del fallo del jurado vino seguido de un conato de polémica, porque Montenegro había sido protagonista de una recuperación reciente, firmada por Carmen Ro en Mientras tú no estabas. Ni que decir tiene que Moro negó toda insinuación de plagio. Pero la coincidencia era notable…

¿O no? De un tiempo a esta parte, son muchos los autores que por razones que intentaremos dilucidar recurren a personajes reales en general, y en particular, a mujeres de carne y hueso para alimentar sus ficciones.

Por citar sólo algunos casos: el mismo Javier Moro se atrevió con Sonia Gandhi y con Anita Delgado, en la que antes se había fijado Elisa Vázquez de Gey, biógrafa oficial de La princesa de Kapurthala; Pilar Eyre ha novelado la vida de Carmen Ruiz Moragas (tras hacer lo propio con la de Isabel Preysler y otras), y Reyes Monforte ha convertido en heroínas literarias a Lina Codina, Mª José Carrascosa o María Galera.

Nada nuevo, desde luego, porque en literatura es corriente este tipo de préstamos. Si acaso, lo particular de la (no sé si atreverme a llamarla) moda que atravesamos es que esos personajes redivivos son mujeres cuya peripecia real quizá ha quedado relegada porque no tiene enjundia histórica, aunque fue destacada y muestra potencial para seguir fascinando.

"Stefan Zweig decía 'no sé si me va a quedar bien esta biografía porque tengo demasiado documentación…", cita Pilar Eyre. "Si el personaje es demasiado conocido, tiene el inconveniente de que ya hay una imagen prefabricada de él y es difícil luchar contra ella; si es desconocido, la dificultad está en localizar información. Encontrar ese equilibrio entre la fidelidad a los hechos reales y la cuota de ficción que requiere una novela, es el mismo que existe entre el vuelo de los pájaros y el constante y honesto laborar de las hormigas, igualmente necesarios para el correcto funcionamiento del universo".

Es lo que sostiene Javier Cercas, que pintar un personaje real es muy parecido a pintar un personaje de ficción, "sólo que bastante más difícil; en ambos casos tienes que usar sobre todo la imaginación y la empatía, pero en el caso del personaje real, además, tienes que ser rigurosamente fiel a sus rasgos reales".

Lo cual elimina mi primera sospecha, perfectamente maliciosa: que lo de novelar historias reales podría ser una cuestión de pereza.

"¿Pereza?", se sorprende Elisa Vázquez de Gey. "Nunca —completa Carmen Ro—. Porque para componer una novela 'de personaje real' hace falta un doble oficio, el de documentalista, y el de escritor". Y la fase de documentación de una novela o de una biografía con protagonistas reales "es bastante más complicada y trabajosa  que la creación de personajes de ficción —coincide Elisa—. Y sí. No pocas veces las circunstancias vitales de las personas son más potentes que las andanzas novelescas de heroínas o de héroes creados para tal fin".

Quizá por eso, Moro siempre parte de hechos reales. "En la Historia encuentro mi inspiración y creo que lo que sé hacer es dramatizar la Historia. Necesito apoyarme en historias y personajes que sucedieron, porque son un báculo para mí. ¡No sirvo para inventármelo todo, no me lo creería ni yo! Y además, es verdad, la realidad supera a la ficción".

Pero no, "no tiene nada que ver con la pereza, más bien al contrario —precisa Reyes Monforte—. Es mucho más cómodo inventarse y partir de cero, pero aún haciendo eso y creando unos personajes ficticios, el autor siempre se inspira en alguien que conoce, incluso, a veces, sin ser consciente de ello".

Una cierta reivindicación

Lo peculiar del trabajo de Monforte es que sus mujeres protagonistas no siempre fueron famosas en su tiempo, que a veces es el nuestro. "Tienen en común que son personas normales, como tú y yo como yo, pero en circunstancias extraordinarias. Y eso es lo que llega más al lector, y por supuesto, al escritor". En su opinión, cuando nos dicen que una historia está basada en hechos reales y se despierta una empatía con la protagonista, esa historia llega más.

Sin embargo, Pilar Eyre tiende a prestar atención a mujeres de las que, aunque imprecisas o desvaídas, tenemos referencias. "Mi Carmen Ruiz Moragas era tan solo una nota a pie de página, un nombre en un periódico amarillento, solo existía porque había sido la amante de un rey, la madre de un bastardo… ¿Quién recordaba a Ena, que fue reina de España? ¿O a María la Brava? ¿Eugenia de Montijo fue algo más que una canción, existió de verdad o era una leyenda? Mostrar cómo eran estas mujeres extraordinarias que dejaron una huella profunda en nuestra historia que luego se han atribuido los hombres, se ha convertido en el motor de mi literatura. Espero que no me tome por loca, pero a veces sueño que vienen por la noche y me dan las gracias".

No descarto que eso ocurra, porque algunas de las recuperadas fueron glorias de su época cuyo brillo pasó. "Me sorprendió muchísimo, al conocer la existencia de Conchita Montenegro, que no hubiese ningún libro sobre su vida fabulosa", afirma Ro. "Se trata de la primera española que triunfa en Hollywood, de una musa de Balenciaga, del amor imposible de Leslie Howard, abreviando. Una diva. Era su vida una novela, pero la novela no estaba. Por eso me puse a escribir. Mi libro tiene una mitad de rescate de una gran actriz olvidada, y otra mitad de homenaje a la mujer, en general, cuya voluntad es quererse libre, como mi protagonista".

A veces, el viaje al centro de esa mujer es una aventura. "Conocer a Anita Delgado, más allá de su historia de amor con el Maharajá de Kapurthala, resultó descubrir la vida de la única española que fue princesa en el Punjab y una de las pocas que tuvo el privilegio de asistir, en primera persona, a los acontecimientos más trascendentales de la primera mitad del siglo XX —evoca Vázquez de Gey—. Eso a nivel público, pero en el marco de lo privado y a pesar de su origen humilde, me impresionó su tremenda voluntad de aprendizaje y el constante deseo de cultivarse que la llevó a estar muy cerca de los pintores, fotógrafos, intelectuales y escritores más relevantes".

Por eso, porque la persona supera y mejora al personaje, la escritora que la recupera considera "que es de ley dejar de ver a esta mujer desde la perspectiva del vodevil romanticón y colocarla de una vez por todas en el lugar que le corresponde". Elisa es autora de cuatro libros sobre la Princesa de Kapurthala "y te sorprendería la cantidad de lectores masculinos que atrae el personaje".

Al cabo, lo importante es que la peripecia vital, que brille e inspire. Dice Reyes Monforte que ella no se fija en historias de mujeres (aunque, hasta ahora, todas sus protagonistas han sido mujeres), sino en buenas historias, porque "el interés de una novela no está en el género de su protagonista, sino en su historia". En la misma línea, Javier Moro: "Uno no se fija en historias de mujeres per se. Uno busca ante todo una buena historia que contar. Lo difícil es encontrar esa buena historia, todo lo demás es secundario", afirma. Y a renglón seguido añade "otro argumento, que también es válido: es cierto que es mas fácil identificarte con personajes femeninos históricos porque eran las 'víctimas', eran las débiles frente a los fuertes. Es mas fácil identificarse con David que con Goliat. A mi me pasa con personajes históricos, me refiero a personajes de un pasado mas bien lejano".

¡Yo la vi primero!

Redactando este texto, al revisar las coincidencias (Anita Delgado fue escrita por Vázquez de Gey y Moro y otros; Moro, a su vez, firma un libro sobre Conchita Montesinos al poco de que Carmen Ro lanzara el suyo), he recordado lo ocurrido hace algunos años, cuando el panorama se pobló de editoriales pequeñas que pescaban en las aguas de las obras sin derechos de autor, fruto de lo cual fue la extraordinaria coincidencia en librerías de mismos títulos con distintos sellos.

Imagino que ahora son muchos los escritores que, sabedores de lo bien que funciona el "basado en hechos reales" o por afán justiciero, andan a la caza de mujeres extraordinarias caídas en el olvido. De ahí las coincidencias.

Carmen Ro asegura que escribió Mientras tú no estabas "alentada por la pasión excepcional de estar escribiendo la primera novela sobre la primera actriz española que fue internacional", y admite lo excepcional del caso: "No es frecuente que dos autores escriban sobre una misma figura. Y aún menos frecuente con poca distancia en el tiempo".

Por si le sirve de consuelo, Vázquez de Gey cree que ese interés duplicado o triplicado es positivo. "Los personajes históricos, y Anita Delgado lo es, son nuestro patrimonio y debemos cuidarlos. El que diferentes autores aborden su itinerario vital contribuye a empoderarlos, les aporta valor, visibilidad y en algunos casos dimensión internacional". Hay también, y no debemos soslayarlo, un lado negativo, ése que "surge cuando el autor o la autora tergiversan su historia por oportunismo literario. Sucede a menudo con las protagonistas femeninas, quedan cosificadas y en esos casos el personaje, dañado para siempre, devora a la persona".

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