Inglaterra ha perdido nueve de las doce esculturas dedicadas a Leonor de Castilla

Conxa Rodríguez

Londres —

Los ingleses galantean de ser los mejores en conservar su patrimonio cultural e incluso el ajeno. Sin embargo, no se han esmerado mucho en guardar lo que llaman Eleanor’s Crosses (Las Cruces de Leonor), de las que construyeron doce, una en cada lugar en el que reposó el cuerpo inerme de Leonor de Castilla (1241-1290) en su último viaje, desde Harby, centro de Inglaterra, hasta Westminster, Londres.

A día de hoy, la distancia que traqueteó el féretro de la reina nacida en Burgos se cuenta en unos 225 kilómetros. En 1290 necesitaron veinte días y doce largos descansos para llevarla del lugar de su defunción hasta Westminster, que ya era el centro político de Inglaterra. El viudo, Eduardo I, mandó levantar un monumento de piedra o material perenne en cada sitio en el que el cuerpo de la española había reposado. En total: doce, de los cuales quedan tres originales y varias copias, más o menos parecidas a las obras que sustituían.

En realidad, las cruces no eran cruces, sino monolitos o pedestales engalanados con estatuas y erigidos en cruces de calles o de caminos en los que descansaba el cortejo fúnebre. El cuerpo de Leonor fue embalsamado; sus órganos enterrados en la catedral de Lincoln; el corazón sumergido en un jarrón depositado en una iglesia de Blackfrias, Londres; y el resto del cuerpo sepultado en un sarcófago de mármol en la abadía de Westminster el día 17 de diciembre de 1290.

La última escultura del lúgubre itinerario se alzó en Charing, actual Trafalgar Square. Fue destruida en la revolución contra la monarquía en 1647. En la época victoriana se instaló, en 1864-5, una copia, más o menos parecida a la original, frente a la estación de Charing Cross, el punto actual desde el que se cuentan las distancias desde Londres. El resto de las obras perdidas corrieron suerte similar.

“Para la exposición Mujeres medievales encargamos una réplica de la escultura original que pertenece al distrito de Hertfordshire y que está depositada en el museo Victoria & Albert. Tras la exposición, la adquirió el mismo distrito que posee la original”, explican a infoLibre desde la Biblioteca Británica, donde encomendaron en 2024 la última clonación artística de Leonor de Castilla.

En el museo Victoria & Albert guardan la estatua original como oro en paño. Hecha en 1291-4, de piedra de Caen, hoy se exhibe con muchas roturas: mutilada, manca, sin la punta de la nariz, despeinada y con la túnica en trizas, testigo de los avatares que ha vivido durante siglos. La tienen confinada, sobre un pedestal, junto a un Cristo en la cruz que parece protegerla. “Esta escultura proviene de Waltham Cross en Hertfordshire [afueras de Londres] y la tenemos en depósito a largo plazo; está en exposición permanente al público en la sala diez, no tiene fecha de regreso a su lugar de origen”, dicen del museo a infoLibre.

La parte amable de la historia apunta a que el rey Eduardo I quedó tan tocado por la muerte de Leonor que la homenajeó como nunca se había hecho hasta entonces. Doce monumentos que marcaron su último viaje, dos tumbas para los órganos de su cuerpo y un sepulcro en la misma catedral de Westminster sobre el que yace acostada la figura de ella en mármol. A él le pasó la congoja en 1299, con sesenta años de edad, al casarse con la joven de veinte años, Margarita de Francia, y resolver con el matrimonio una crisis política con el país galo.

El escultor y picapedrero Alexander de Abingdon esculpió la estatua expuesta en el museo citado, otra destinada (y desaparecida) a la catedral de Lincoln donde se enterraron los órganos de Leonor, así como un relieve (perdido) del corazón depositado en la iglesia de Blackfrias. De los doce monumentos originales, solo quedan tres: Geddington, Hardingstone y Waltham, del que forma parte la efigie al recaudo del museo Victoria & Albert. El resto son réplicas hechas desde el siglo XIV hasta la escultura fabricada hace dos años para una exposición. Las grandes dimensiones de esta Leonor, elaborada en 1295-6, han hecho de la obra la más importante imagen de la reina, casada con Eduardo I en el monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas (Burgos) el día de Todos los Santos de 1254, a los trece años de edad. 

La biógrafa de Leonor, Sara Cockerill, destaca que la española “dedicó más tiempo a los negocios y a enriquecer la monarquía que a la familia y a lo doméstico; ella, que nació princesa y fue educada como sus hermanos príncipes en España, y su marido hicieron solvente la monarquía; fue la primera gran propietaria de tierras y castillos, y parió, al menos, dieciséis hijos, de los que cinco vivían cuando ella murió a los 49 años”.

A Leonor de Castilla la admiraron por adelantada a su tiempo (primera reina, y mujer, propietaria e inversora) y la detestaron por déspota, puesto que se apropiaba de tierras ajenas, entre las que llegó a adquirir el castillo Leeds, en el condado de Surrey. La biógrafa cuestiona la historia de que Eduardo I fuese envenenado y Leonor le extrajera el veneno absorbiéndolo con los labios de ella.

“Fue una gran viajera, de negocios, por lo que hoy es España, Francia y Gran Bretaña; de hecho, murió en uno de sus desplazamientos por Inglaterra. A Eduardo I le gustaba el ambiente y las costumbres de las cortes de Castilla que ella conocía: introdujo en Inglaterra el tenedor tal como se conoce hoy, el primer cuarto de baño, la malva real en los jardines ingleses o la primera glorieta, y también se aprovechaba de los súbditos endeudados para arrebatarles las posesiones e incorporarlas a la Corona”, acentúa Sara Cockerill.

Arte sin salir de casa: algunas recomendaciones bibliográficas

Ver más

En Europa, las crisis diplomáticas y las alianzas entre países se plasmaban en acuerdos matrimoniales hasta el siglo XIX-XX. Leonor y Eduardo no fueron excepción, aunque en su caso el matrimonio parece que funcionó, según opina el historiador Nick Holder. Los nueve monumentos desaparecidos, alzados en memoria de Leonor, fueron destruidos durante conflictos bélicos contrarios a la monarquía, convertida en negocio rentable gracias a Eduardo y Leonor.

“Las revoluciones del siglo XVII y los conflictos religiosos y civiles previos y posteriores a la caída de la monarquía en la década de 1640, así como las luchas con Escocia, eran contrarias a la familia real o al catolicismo que persistía y se veía como conatos de superstición. Por eso destruyeron las cruces de Leonor”, apunta Holder.

No eran cruces; quedan tres, pero no dejan de reproducirse para mantener el hilo de la historia y del arte.

Los ingleses galantean de ser los mejores en conservar su patrimonio cultural e incluso el ajeno. Sin embargo, no se han esmerado mucho en guardar lo que llaman Eleanor’s Crosses (Las Cruces de Leonor), de las que construyeron doce, una en cada lugar en el que reposó el cuerpo inerme de Leonor de Castilla (1241-1290) en su último viaje, desde Harby, centro de Inglaterra, hasta Westminster, Londres.

Más sobre este tema