“En las cadenas de televisión se veta a los actores negros”

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A Pilar Pardo, representante, no le faltan actores en su cartera. Pero había uno entre todos que le daba algo de dolor de cabeza. Obtenía menos trabajos que el resto y, aunque cumplía las características de los perfiles que solicitaban las productoras, recibía más rechazos que la mayoría de los actores. Era Armando Buika. Y Armando Buika es negro. "En muchas ocasiones, no en todas, los directores de casting me decían que ellos no habían pedido un actor negro. Aunque el papel no hablara en ningún momento del color de piel. '¿Qué está pasando?', nos preguntamos". Pardo es también afrodescendiente. y sabía que lo que estaba pasando era el racismo. Para luchar contra él crearon The black view, un proyecto mitad agencia y mitad asociación integrada por actores, directores y artistas afro que ha avivado el debate sobre la falta de representación de las minorías étnicas en el teatro, el cine y la televisión. 

Pardo insiste en que no se mueven "desde la rabia" —sus lemas parecen ser "No trabajamos para los actores negros, sino para la cultura" y también "Esta no es una pataleta adolescente"—, aunque tienen todo el derecho a sentirla. Sus actores tienen que aguantar que les pidan "acento africano" para un papel —"¡Señores, África es un continente!", señala la mánager entre risas— o que les suelten perlas como "Estamos buscando un camarero, no un negro". "Queremos que se tiren un poco a la piscina", dice Pardo en un ejercicio de temple. Pero retoma. "Estamos aquí para hablar, y no echamos la culpa a los directores de casting. No sabemos en qué eslabón profesional se hace, pero las cadenas de televisión vetan a los actores negros." 

Es lo que han experimentado actrices como Claudia Coelho y Anahi Beholi a lo largo de su carrera. Cuando hablan de los papeles de los que se sienten más orgullosas, nombran los escenarios, más inclusivos pese a la incapacidad de los grandes centros de incorporar a minorías étnicas en sus producciones. La primera trabaja en un proyecto de teatro clásico en La Abadía, y la segunda forma parte del nuevo espectáculo de Lucía Miranda, una de las dramaturgas emergentes del panorama español. Pero Beholi nombra también entre sus trabajos favoritos la agente inmobiliaria de Un golpe de suerte, serie de Telecinco: "No es el trabajo del que me sienta más orgullosa, pero la directora de casting fue valiente. Había tres chicas blancas, castañas, cortadas por el mismo patrón. Y me lo llevé yo. En el guion en ningún momento se hablaba ni de mi pelo ni de mi piel, pero ahí estaba yo con mi pelo y mi piel, sin poner acentos y sin más disfraz del que llevaba el personaje". Aseguran que no piden tanto. 

Las tres saben que las reclamaciones de The black view van más allá del futuro laboral de sus integrantes. "Eso sí que nos da vértigo, la inmensidad que es este tema y todas las implicaciones que tiene. Pero por algo se empieza", dice Pardo. "Algo" era la presencia de Vicenta Ndongo en Airbag (1997) y luego en series como 7 vidas o Aquí no hay quien viva. "Es que no es ya solo que me salga algo a mí o no", insiste Coelho, "sino crear referentes, que la gente pueda sentirse identificada, porque ya es hora de que se refleje la sociedad que tenemos". Su compañera, Anahi, no fue consciente de que iba a tenerlo especialmente difícil hasta que salió de la escuela de interpretación. "Nos hemos sentido cada uno muy solo desde pequeño, ser el único en la clase y en tu pueblo", recuerda, "y luego creces y te das cuenta de que apenas has tenido referentes". El proyecto ha sido para ella "un soplo de aire fresco"  y una forma de "unir una lucha" que han llevado "por separado" hasta ahora. 

Beholi asegura que no solo no se ha avanzado en la representación de la multiculturalidad, sino que se ha retrocedido en los últimos años. Ella creció viendo a Ndongo, a las periodistas Francine Gálvez y Desirée Ndjambo. Hoy apenas encuentra referentes similares en televisión, y tampoco en el cine español. De las series españolas más vistas en 2016, solo Mar de plástico y Vis a visMar de plásticoVis a vis incluían en su elenco a actores afrodescendientes, aunque en ambos casos interpretan a personajes cercanos al estereotipo (migrantes y convictos) y ninguno de ellos sea protagonista. Ninguna de las diez películas españolas más taquilleras de 2016 incluían a personajes afrodescendientes relevantes para la trama. "Antes había otros colores... y luego todo eso se fue a pique", dice Beholi. Cuando se le pregunta a Coelho por los referentes que encuentra en la pantalla a día de hoy, su respuesta es igual de desesperanzadora: "¿Sabes? Es que como realmente la cosa no ha cambiado nada...". 

Después de su presentación entre la comunidad afro, muy celebrada, y de su buen recibimiento por parte de los medios, The black view se enfrentará ahora a su mayor desafío: las productoras. Ellas son la llave de la representación en cine y televisión, y aunque Pardo se muestra esperanzada de cara a las futuras reuniones con ellas —"Sus profesionales son personas cultas y van a tener la mente abierta"—, la tarea no parece sencilla. En parte por el racismo estructural que liga la negritud a un cierto tipo de papeles, pero también en parte a la lógica del mercado, que exige "que los actores sean conocidos y que el público se identifique fácilmente con ellos". Un círculo vicioso del que actores poco populares y pertenecientes a una minoría tienen difícil salir. "Pero todo eso no tiene sentido", objeta Coelho, "porque hay muchas series extranjeras protagonizadas por actores negros que tienen mucho éxito". 

Pilar Pardo señala otras deficiencias de la industria derivadas de la ausencia de creadores afrodescendientes en ellas, como que no haya maquilladores o fotógrafos que sepan trabajar con pieles oscuras. O que 

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existan errores sustanciales en los guiones, como personajes "africanos" sin país de procedencia determinado o acentos incorrectos. "Hay mucha ignorancia", critica la representante, "y nosotros podemos aportar nuestro conocimiento a todo eso". 

A Anahi Beholi no le sirven las excusas. Ni la excusa de que las productoras no hacen más que reflejar la realidad cuando pintan personajes de migrantes, esclavos y prostitutas, porque "eso es solo una parte de lo que pasa". Su madre nació en Guinea Ecuatorial cuando era todavía , por lo que es tan española como cualquiera, y llegó a España a los cinco años. "No acabamos de llegar, llevamos mucho tiempo aquí", reclama. Y tampoco le vale la excusa de que no hay actores racializados: "Estamos preparados, somos profesionales y estamos para la acción. Cuando los que están del otro lado de la pantalla se den cuenta de la riqueza que hay entre estos otros profesionales, nuestra cultura va a ganar en potencia". 

 

A Pilar Pardo, representante, no le faltan actores en su cartera. Pero había uno entre todos que le daba algo de dolor de cabeza. Obtenía menos trabajos que el resto y, aunque cumplía las características de los perfiles que solicitaban las productoras, recibía más rechazos que la mayoría de los actores. Era Armando Buika. Y Armando Buika es negro. "En muchas ocasiones, no en todas, los directores de casting me decían que ellos no habían pedido un actor negro. Aunque el papel no hablara en ningún momento del color de piel. '¿Qué está pasando?', nos preguntamos". Pardo es también afrodescendiente. y sabía que lo que estaba pasando era el racismo. Para luchar contra él crearon The black view, un proyecto mitad agencia y mitad asociación integrada por actores, directores y artistas afro que ha avivado el debate sobre la falta de representación de las minorías étnicas en el teatro, el cine y la televisión. 

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