Cine

El embrujo de Emma Cohen

Paco Algora, Mary Santpere y Emma Cohen, en '¡Bruja, más que bruja!'.

Como por cosa de magia negra, Emma Cohen (nacida como Emmanuela Beltrán Rahola en 1946) no pudo ver el reestreno de una pieza hasta ahora olvidada de su filmografía. Horas antes de la proyección a la prensa de ¡Bruja, más que bruja! (dirigida por el que fue su pareja, Fernando Fernán Gómez, en 1976), la actriz, guionista y escritora fallecía a los 69 años por un cáncer que sufría desde hacía unos meses y que había llevado con extrema discreción. La película llegará a los cines este viernes como "festejo" (son palabras de Helena de Llanos, nieta del director) de esta artista que logró construirse una vida muy lejos de la que su época había preparado para ella. 

En cierto modo, Emma Cohen había terminado sufriendo la misma desmemoria que el largometraje que se presentaba el martes. Dejó la carrera de Derecho y el ambiente de la burguesía barcelonesa para formar parte del despertar del teatro en los últimos años del franquismo; trabajó con Adolfo Marsillach en aquel Marat-Sade que, en 1968, hizo temblar la apoltronada escena española; estuvo en Al otro lado del espejo, de Jesús (Jess) Franco; fue una cara familiar del cine (y el destape) de los setenta. Uno de sus últimos papeles —un giro más en una trayectoria que fue cualquier cosa menos precedible— fue el de la conocida Gallina Caponata de Barrio SésamoBarrio Sésamo

En ¡Bruja, más que bruja! daba vida a Mariana, esposa de un Fernán Gómez transmutado en tío Justino, el Rubiales, y amante de Juan, un Paco Algoraque no llegaba a los 30. Los tres estaban al servicio de la penúltima locura del director: una "parodia de una zarzuela rural". Dicho de otra forma, un musical hollywoodiense, de esos en los que los protagonistas rompen a cantar y bailar sin mediar palabra, pero a la española. Cambiando Oklahoma por Algete y las pomposas melodías por no menos pomposas zarzuelas. El resultado, que hoy resulta sorprendentemente moderno (y fue alabado en el último Festival de Málaga), no entusiasmó al público de la época

"Una gran compañera"

"Emma era vitalidad a chorros, generosidad brutal", reivindicaba De Llanos justo antes de la proyección del filme, "Ver la película en un día como hoy es muy apropiado, porque es una burla, un disfrute de la vida muy surrealista". En la misma línea hablaba José Lifante, el único de los actores principales de la película que aún vive, después del fallecimiento de Cohen en la noche del lunes y el de Paco Algora el pasado marzo: "Emma era muy brillante, muy cómplice, tenía un gancho muy especial". Aunque puntualizaba que en los últimos años "estaba muy apartada de la vida pública". 

Y tanto. Fue "el báculo" de Fernán Gómez durante "siete años de moribundia" y en los diez anteriores, "bastante duros", hasta su fallecimiento en 2007, como contaba a La Nueva España en una entrevista de 2012, de las últimas que concedió. Juan José Daza, el productor del filme, la recordaba sobre todo como "una gran compañera" de su marido, "incluso en los momentos de crisis". No es el único. Su nombre, después de décadas de relación, quedó a la sombra del cineasta. Tras el entierro del pelirrojo, el diario 20minutos tituló una crónica con un elocuente "Emma Cohen: la mujer que se afeó por amor".

Ella incluso admitió haberse afeado voluntariamente para que no la requirieran en pantalla, y poder dedicarse sin "sucumbir" al cuidado de su pareja. "Aunque por fuera no parezca que salgo ganando, por dentro sí salgo ganando", aseguraba, frente a los temores de su entorno a que se hubiera "anulado". Nada se dijo de ella en la presentación —salvo las palabras de Helena de Llanos, que acompañó a la actriz en los meses de enfermedad— que no tuviera que ver con Fernán Gómez. Pero cómo no hacerlo, si él era también el director y el protagonista del filme. 

Un 'Oklahoma!' de Castilla

"Fernando decía que si los americanos tenían Oklahoma!, por qué no podía él hacer lo mismoOklahoma!", resumía el crítico Fernando Lara. Si el musical de 1955 comenzaba con la bucólica melodía de "Oh, what a beautiful mornin" cantada entre maizales, ¡Bruja, más que bruja! se inicia con una descripción visual de un pueblo de la meseta: calles apenas empedradas, casas sin ventanas, gallinas... y Juan (Algora), que pinta en una pared "Viva la quinta del 50". Este galán sui generis, con la boina calada, hace playback sobre una zarzuela pregrabadaplayback que dice "la mili es un paraíso" mientras abandona la aldea para dirigirse al cuartel. 

La película podría haber sido un drama... si no fuera una comedia. La historia recoge el tropo de la enamorada que traiciona al enamorado mientras este está en el frente —o haciendo maniobras imaginarias en la ciudad, en este caso— para casarse con un hombre rico —un "señor amo" dueño de alguna casa, alguna tierra y algún rebaño, en este caso— y que, tras el regreso de este, vuelve a sus brazos traicionado, esta vez, a su marido. Un El cartero siempre llama dos veces, señalaba Lara, pero rural, musical y nada serio. 

Fernán Gómez paseó esa idea loca de productora en productora, sin resultado. Hasta que Daza aceptó invertir en ella. Entonces era distribuidor regional, lo que permitía vender el filme a los cines de provincias, incluyéndola en packs junto a famosas películas estadounidenses. "Lo que perdieran por esta, lo ganaban por otras", explica. Y admite, sin paliativos, que el público "la recibió mal". Igual que la crítica diaria —la especializada sí supo apreciarla—, que terminó de dilapidar las expectativas comerciales el filme. Pese a todo, recaudó 30 millones de pesetas, frente a los 13 millones de coste.

Tanto Daza como Sherlock Films y A Contracorriente, impulsoras del reestreno, esperan que el público contemporáneo sepa apreciar la extraña posmodernidad de un experimento formal que aprovechaba, además, para lanzar dardos a la iglesia, la justicia, la industria, la hipocresía de la sociedad y el matrimonio (además de incluir algún que otro desnudo). El fallecimiento de Cohen subraya, además, la hilarante actuación de la actriz en el filme, y la necesidad de recuperarla más allá de Fernán Gómez. Cosas, también, de la magia blanca. 

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