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Arte

Exposiciones divinas para unas santas vacaciones

Hector Leroux. Herculano, 23 de agosto del año 79. 1881.

San Juanito (y más) en El Museo del Prado

Destruida a comienzos de la Guerra Civil por el bando rojo, la escultura salió en 1994 de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, propietaria de la Capilla del Salvador de Úbeda donde se guardaba. Fue enviada en pedazos a una institución de Florencia para su restauración, que concluyó en 2013. Ahora, la figura de San Juanito, que Italia había buscado durante largo tiempo como una obra perdida de Miguel Ángel, regresa nuevamente a España, al Museo del Prado, donde permanecerá expuesta hasta el 28 de junio.

Poco antes de la contienda, en 1930, ya se atribuyó la escultura a Miguel Ángel, aunque no ha sido hasta esta restauración cuando se ha confirmado la autoría. La imagen del Bautista en su niñez se convierte así en la única escultura del artista florentino desplegada en España, donde sí se pueden ver algunas otras creaciones del genio renacentista, como una pintura en la Catedral de Santa María la Redonda de Logroño o unos dibujos en el mismo Prado.

La pinacoteca alberga estos días (y hasta el 14 de septiembre) otra interesante –y única- propuesta: una decena de pinturas de Pablo Picasso procedentes del Kunstmuseum de Basilea, que ha cerrado por reformas y las ha prestado de forma gratuita. Las pinturas del malagueño, colgadas en la galería central del museo, son solo una parte de la cesión de la institución suiza, que ha depositado temporalmente en el Reina Sofía 166 obras de los siglos XIX y XX, pertenecientes a artistas como Edvard Munch, Vasili Kandinski, Pablo Picasso, Juan Gris, Georges Braque, Le Corbusier, Fernand Léger, Hans Arp, Yves Tanguy, Max Ernst, Paul Klee, Piet Mondrian, Mark Rothko, Jasper Johns o Steve McQueen, agrupados bajo el título de Fuego blanco. Fuego blanco.

El canto del cisne. Pinturas académicas del Salón de París. Colecciones Musée d'Orsay

Ahora que, viendo obras como la que protagonizó una reciente polémica en el Macba, más de uno se pregunta dónde está el buen gusto en el arte a día de hoy, esta muestra, abierta hasta el 3 de mayo en la Fundación Mapfre, responde a esa pregunta en relación a lo que pensaban los más puristas en el siglo XIX sobre cuál debe ser el objeto y la forma plástica. Las temáticas históricas, mitológicas y religiosas, plasmadas muchas veces como desnudos y retratos, imperaban en el imaginario de los pintores academicistas de aquella época, que exponían sus obras, normativas e idealistas, en el Salón de París.

En su búsqueda de la cualidad de lo exótico, asociada muchas veces a lo oriental y al pasado medieval (mientras que la antigüedad clásica se entendía como aspiración), aquellos artistas no tenían por meta epatar ni innovar, sino que su anhelo se enfocaba en la concreción de una belleza equilibrada a través de las representaciones de figuras y paisajes. Por eso, pintores como Jean-Léon Gêrome, Alexandre Cabanel o William Bouguereau nunca llegaron a gozar de la fama de otros contemporáneos que abrieron las puertas de las vanguardias nacidas a principios del siglo XX.

Y por eso, esta exposición supone ahora una anomalía, ya que con las 80 obras que reúne -llegadas del Museo de Orsay y con aportaciones de artistas canónicos como Ingres, así como de otros más personales como el realista Gustave Courbet o el simbolista Puvis de Chavannes- se quiere aportar una nueva visión, al menos una revisión, de los logros y las limitaciones de estos pintores clasicistas, encorsetados, sí, pero a la vez profundamente –y por qué no- esteticistas.

El gusto moderno. Art Déco en París. 1910-1935.

Si el arte académico ha sido denostado por su carácter rígido y normativo, el diseño también ha recibido lo suyo, en su caso por su voluntad de utilidad. En este estilo concreto, el art déco, uno de los pedazos surgidos de la explosión de las vanguardias, la Fundación Juan March se jacta de haber organizado “la primera muestra que se le dedica en España y también la primera en celebrarse fuera de un museo generalista o de artes decorativas”.

Dicen desde la institución que la exposición (abierta hasta el 28 de junio) quiere y a la vez no quiere ser una exposición de artes decorativas. Porque entre sus 350 piezas se puede seguir su rastro en forma de joyas, mobiliario, moda, revistas, cerámicas, vidrios, tejidos o perfumes, sí, pero vistos codo con codo con sus primos más ilustres, las llamadas bellas artes: fotografías, pinturas, esculturas o dibujos de artistas como Picasso, Léger o Lipchitz quienes, entre sus muchas fuentes de inspiración, bebieron de la estética refinada y ornamental del art déco.

Punk, sus rastros en el arte contemporáneo

Hablando del rastro del art déco en el arte del siglo XX, he aquí otro estilo que ha dejado huella. El movimiento del Hazlo tú mismo, probablemente más estético que musical, continúa quizá por eso mismo coleando en el imaginario colectivo desde sus albores anglosajones a mediados de los setenta. En esta exposición, desplegada en el Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles hasta el 4 de octubre, el comisario David G. Torres ha querido plantear una reflexión sobre el alcance de la dimensión punk a través de sus reminiscencias en obras de arte creadas desde sus inicios hasta nuestros días.

Están desde Jean-Michel Basquiat a Jordi Colomer, desde Tracey Emin a Nan Goldin, de las Guerrilla Girls a Paul McCarthy o de Raymond Pettibon a Juan Pérez Aguirregoikoa. Así hasta cerca de seis decenas de artistas internacionales y contemporáneos, con obras materializadas como fotografías, vídeos, pinturas o instalaciones. En su absoluta disparidad, todas dejan entrever un hilo conductor: la idea de inconformismo, de frustración; la voluntad de anarquía y de libertad y su ausencia. La alienación.

*Créditos de las imágenes:

1. 'San Juanito', de Miguel Ángel | Museo del Prado.

2. Jacques-Émile Blanche, 'Retrato de Marcel Proust'. 1892 | © RMN-Grand Palais / Hervé Lewandowski. 

3. Jean Dunand, 'Madame Agnès'. 1927 | Cortesía Galerie Michel Giraud, París.

4. Tracey Emin, 'I've got it all' | CA2M

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