Cultura

La "guerra interminable" de Almudena Grandes

La escritora Almudena Grandes, Premio Nacional de Narrativa 2018, tras el fallo del jurado el pasado martes.

"Ha conseguido un difícil y preciso equilibrio entre lo imaginado y la lealtad a la verdad histórica". Así reconocía este martes el jurado del Premio Nacional de Narrativa el trabajo de Almudena Grandes en Los pacientes del doctor García, su última novela, publicada en septiembre de 2017. Y así obtenía quien es una de las escritoras más reconocidas de la literatura en castellano el máximo galardón otorgado a una obra narrativa por el Ministerio de Cultura —después del Cervantes, que premia toda una carrera—, dotado con 20.000 euros. Pero el comité que proponía su nombre, compuesto por representantes de las distintas academias de las lenguas del Estado, de los periodistas, críticos, escritores y de las universidades, no olvidaba nombrar también la saga a la que pertenece. Los Episodios de una guerra interminable, que edita la autora desde 2010, son a ojos del jurado un "ambicioso proyecto narrativo". Y el galardón a Los pacientes no podría entenderse más que como guiño a la obra completa. 

"La obra son las seis novelas". Lo ha repetido Grandes (Madrid, 1960) desde que anunciara la descomunal tarea que se ponía por delante, allá por 2010. Los Episodios no nacen como una ampliación a posteriori de Inés y la alegría (su primer libro), aunque ella misma ha contado que las historias que dan cuerpo a los seis volúmenes de la sagase le aparecieron durante la escritura de El corazón helado, novela a la que puso punto y final en junio de 2006. Pero la serie fue concebida de una vez, con sus títulos, sus subtítulos, sus tramas. No es por nada que la novelista se define como "prusiana" en su escritura. Así lo contaba a infoLibre cuando estaba inmersa en la redacción de Los pacientes del doctor García, allá por 2015: "Tengo un lado neurótico con la estructura de las novelas. Si una casa es fea, siempre tiene arreglo si está bien construida. Si una casa es bonita, pero mal hecha, se caerá de todas formas". 

 

Así que los cimientos de los Episodios —una referencia evidente a los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós, a quien la autora reivindica como autor clave—  estaban claros. Primero Inés y la alegría, con el subtítulo de El ejército de la Unión Nacional Española y la invasión del valle de Arán, Pirineo de Lérida, 19-27 de octubre de 1944. Luego El lector de Julio Verne, publicado en 2012 con el subtítulo de La guerrilla de Cencerro y el Trienio del Terror, Jaén, Sierra Sur, 1947-1949. El tercer volumen, Las tres bodas de Manolita, editada en 2014 con el subtítulo de El cura de Porlier, el Patronato de Redención de Penas y el nacimiento de la resistencia clandestina contra el franquismo, Madrid, 1940-1950. El cuarto, Los pacientes del doctor García, ahora premiado,Los pacientes del doctor García con el subtítulo de El fin de la esperanza y la red de evasión de jerarcas nazis dirigida por Clara Stauffer, Madrid-Buenos Aires, 1945-1954. Y quedan dos, aún en el tintero: La madre de Frankenstein, a cuya escritura se dedica ya Grandes, con el apellido de Agonía y muerte de Aurora Rodríguez Carballeira en el apogeo de la España nacionalcatólica, Manicomio de Ciempozuelos (Madrid), 1955-1956. El último volumen sería Mariano en el Bidasoa. Los topos de larga duración, la emigración económica interior y los 25 años de paz, Castuera (Badajoz)-Eibar (Guipúzcoa), 1939-1964. Cuando la novelista presentaba el proyecto aventuraba: "Tengo trabajo hasta 2017". Y un poco más.  

El propósito de la serie, repetía Almudena Grandes tras conocer la noticia del premio, tiene que ver con un deber de memoria: "Si no sabemos de dónde venimos, nunca sabremos a quién nos queremos parecer ni quién queremos ser". Pero hay que afinar un poco más para reconocer el hilo que une los seis volúmenes. "Yo escribo esta serie porque los militantes antifranquistas molestan en el relato oficial de cómo llegó la democracia", decía en una entrevista con este periódico por la salida de la última novela. "Parece que eran unos pesados que se estaban jugando la vida cuando lo único que había que hacer era esperar a que se muriera Franco y a que se reunieran unos señores para arreglar esto". A lo largo de los veinte años que recorre la autora —que en los epílogos alarga las consecuencias de sus tramas hasta la Transición— se ve la ambición de una ofensiva militar contra el Gobierno de Franco, pero también a los maquis, las redes de militantes clandestinos en las grandes ciudades y las cárceles, las labores diplomáticas desde el exterior o el papel de la mujer en la resistencia. 

Y hay otra idea que rige la saga, así como parte del trabajo anterior de la autora: "Los españoles vivimos encima de una mina de oro de historias increíbles que no se han contado". En eso ha insistido también durante la larga gira de presentaciones de la novela premiada. No es casualidad que las expresiones memoria colectiva, memoria histórica o memoria a secas aparezca con frecuencia cuando la prensa o la academia aborda la obra de Grandes. Ella misma explicaba su importancia en una conversación publicada en infoLibre en la que merece la pena detenerse: "La Transición consagró la anormalidad de España, un país que ya era una pura anomalía desde que en 1945 los aliados decidieron apoyar a Franco contra los demócratas españoles. En la fundación del nuevo estado se obvió deliberadamente la memoria democrática, y se incentivó el olvido como una infalible receta de progreso. Así, la versión del pasado que había estado vigente durante cuarenta años de dictadura se ha perpetuado sin grandes daños en cuarenta años de democracia".

El jurado habla de una "lealtad a la verdad histórica" en la obra de Grandes, y podrían ser casi palabras suyas. Por ejemplo: "Para escribir novelas como estas hay que llegar a un compromiso entre la libertad y la lealtad. La libertad es fundamental para cualquier autor y sin ella no escribes libro bueno, pero hay que ser también leal a la historia. Fiel no, porque me da igual que llueva o no llueva un día determinado; pero sí leal". Aquí hace aparición la vocación como historiadora de una licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Por los Episodios han pasado personajes reales como los presidentes republicanos Juan Negrín y Manuel Azaña, Dolores Ibárruri La Pasionaria, el militante comunista Jesús Monzón, pero también el comisario Roberto Conesa —infiltrado en el Partido Comunista de España, torturador— o Clara Stauffer —dirigente de Sección Femenina y responsable de una red de evacuación de nazis tras la Segunda Guerra Mundial—. Y renacen episodios olvidados por la mayoría, como la invasión del valle de Arán, la guerrilla de los cuarenta, la resistencia en las cárceles de los cincuenta, el fracaso de las maniobras diplomáticas de los republicanos con los Aliados después de 1944...

Por tanto, una de las finalidades ineludibles del proyecto de Grandes —además de la pura voluntad de —"escribir buenos libros"— es la de contribuir a la construcción de una nueva memoria colectiva. En ese propósito no es una banalidad calibrar el alcance de la autora. Los pacientes del doctor García suma diez ediciones y 200.000 ejemplares vendidos. El anterior volumen de los Episodios tuvo una tirada inicial de 100.000 ejemplares, según datos de la editorial. La lista de premios recibidos es larga, pero se lleva la palma el título que abrió la serie: Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, Premio Sor Juana Inés de la Cruz y Premio de la Crítica por Inés y la alegría. Si, como aseguraba la autora este martes, "es un error pensar que la memoria tiene que ver solo con el pasado", el Premio Nacional es tanto un reconocimiento a esa reconstrucción como un elemento más de la misma. Los Episodios de una guerra interminable reescriben también la memoria colectiva de una batalla que quizás no acabe nunca.  

 

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