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El infierno era México

El infierno era México

En noviembre de 2008 un grupo de periodistas comenzó un viaje en la frontera sur de México para documentar el periplo de los migrantes. Durante un año, viajaron y comieron con ellos, escucharon sus historias y temieron a su lado cada vez que escuchaban el nombre de Los Zetas, el cártel que ha descubierto el filón de extorsionar y secuestrar a personas con familiares en Estados Unidos. De aquella desgarradora aventura salieron las crónicas que el periodista Óscar Martínez publicó en el diario salvadoreño El Faro, recopiladas por la editorial Icaria en el libro Los migrantes que no importan; el documental María, en tierra de nadie, de Marcela Zamora Chamorro; y las fotos de Edu Ponces y Toni Arnau, miembros del colectivo Ruido Photo, que ahora se exhiben en la exposición Trama centroamericana, una mirada colectiva a la migración de PHotoEspaña con el título En el camino.

El festival, que dedica su 18ª edición a Latinoamérica bajo el lema Nos vemos acá, recoge la obra de siete artistas, entre los que está la serie En el camino, que retratan el ciclo de la emigración desde el angustioso inicio de la aventura hasta el impacto sociocultural de las remesas que envían a sus países de origen.

Planteada como una exposición circular, porque el flujo de la emigración nunca cesa (y las deportaciones condenan a muchos a volver a intentarlo de nuevo), Trama centroamericana está concebida como “un mosaico de todas esas situaciones que se encuentran los migrantes”, explica la comisaria Eliett Cabezas. Así, las cinco series que componen la muestra, que se puede ver hasta el 22 de julio en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, retratan con diferentes propuestas estilísticas las fases de un fenómeno que es a veces, esperanzador, amargo casi siempre.

Cruzar México a lomos de La Bestia

Cada año, miles de personas intentan atravesar los más de 3.000 kilómetros que separan la frontera sur de México de la frontera norte. Sólo algunos datos dan cuenta de la crudeza de este extenuante viaje: el 60% de las mujeres son violadas, otros tantos, asediados por el crimen organizado. Los hay que mueren (o agonizan durante días) en las vías del tren, cuando el sueño les vence al viajar como polizones en La Bestia, el tren que recorre el país desde Chiapas hasta Estados Unidos. Los dos millones de kilómetros cuadrados del Estado mexicano están sembrados de los cadáveres de migrantes que perdieron la vida antes de alcanzar su particular El Dorado.

En el camino

La serie del colectivo Ruido Photo documenta los primeros pasos de salvadoreños que huyen de la extorsión y la violencia de las maras, de las amenazas de muerte, de los abusos de la policía, de los asesinatos arbitrarios, del hambre, de la pobreza. Algunos huyen y no saben de qué. También hay mujeres que les prometieron un futuro mejor y acaban pronto su viaje trabajando como prostitutas en algún antro destartalado de Tapachula, la primera ciudad al otro lado de la frontera mexicana. Y adolescentes que saltan de un vagón a otro de La Bestia sin miedo a acabar entre el acero de las vías.

El punto más amable, lo pone la serie de Ruth Prieto, Safe Heaven, una serie de fotografías a mujeres mexicanas en sus puestos de trabajo como camareras de un bar neoyorkino y en la intimidad de sus hogares. Pintadas de colores estridentes, la decoración de sus casas contrasta con el ambiente urbanita del exterior. A Prieto, que acompañó a las mujeres durante un tiempo, le sorprendía mucho ver cómo mantenían el estilo de vida y la cultura mexicana tan lejos de su tierra. “A una le pregunté cómo es que tenía tortillas tlayudas [un tipo de tortilla típico de Oaxaca] en una casa en Nueva York y me contó que su madre se las enviaba como si fuesen documentos a través del servicio postal”, explica la fotógrafa.

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Nuevas casas de inspiración gringa

Si echamos la vista atrás, aquí en España, debido a la tradición como país de emigrantes, podemos ver con facilidad el impacto de las remesas y las huellas culturales que ha dejado el fenómeno. No faltan ejemplos de casas de indianos, enormes chalés de construidos con materiales de poca calidad, pero con un ostentoso diseño. Desde hace años, la arquitectura centroamericana sigue el mismo estilo en nuevos edificios en los que convive el ampuloso estilo estadounidenses con la esencia latina. Walterio Iraheta y Andrés Asturias recogen en la serie Arquitectura de remesas, que cierra la exposición, muchas de esas mansiones con grandes balconadas. Hay una pintada de rosa y decorada con el clásico icono de la marca Nike en la fachada, hay banderas de Estados Unidos por doquier y casas con torreones y las paredes sin lucir.

PHotoEspaña, que comenzó el pasado 3 de junio y durará hasta el 30 de agosto, reúne más de 100 exposiciones en sedes nacionales e internacionales, con fotografías de 395 artistas, la mayoría latinoamericanos. María García Yelo, directora del certamen, destacó en la presentación de Trama centroamericana la necesidad de “plantearnos lo que significa geográfica e históricamente donde está Latinoamérica”, algo que influye de manera notable en la cultura y estética de los países por los que discurre el flujo migratorio. Así, mientras en el panorama urbano de Guatemala o El Salvador crece las viviendas con diseños de influencia gringa, miles de casas de Estados Unidos se llenan de reproducciones de la Virgen de Guadalupe. Y mientras respiran aliviados los 5,3 millones de centroamericanos que se estima viven en Estados Unidos, decenas de sus vecinos cruzan a diario la frontera hacia el infierno que es México para los que no tienen dinero y buscan un futuro en el Norte.

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