Marina Pereda (Miranda de Ebro, 1989) entró en el Opus Dei con 14 años y consiguió salir con 25. Con la perspectiva que da el tiempo, cuenta ahora su vida en La Obra (Aguilar, 2026), un libro en el que explica desde dentro cómo funciona la organización a través de la manipulación y el abuso psicológico. "Cuando entras sientes que estás comprometiéndote y casándote con dios", reconoce a infoLibre en esta entrevista, en la que también sentencia: "Dios tendría que ser amor, no sacrificio, culpa y dolor".
¿Qué es La Obra?
Un libro autobiográfico escrito de manera literaria y narrativa, en el que cuento mi experiencia como hija de unos padres que pertenecen al Opus Dei, una organización a la que termino pidiendo la admisión con 14 años como célibe. Es una experiencia de vida y una reflexión sobre qué es y cómo funciona el Opus Dei, así como una exposición de la manera en que los niños son educados en este entorno y acaban asumiendo, en nombre de una vocación divina, un compromiso que condiciona y determina su vida para siempre.
¿Por qué escribir este libro?
En 2021 escribí una obra de teatro y me di cuenta de que mi experiencia y mi manera de contar podían, de alguna manera, reflejar muchas historias, ser más universal de lo que yo pensaba. Porque, cuando lo compartes, te das cuenta de que puede ser una vivencia compartida. Eso también me pasó con el documental El minuto heroico, desde un punto de vista más periodístico y de investigación. Con este libro quería mostrar lo que me parecía que no había quedado recogido ni en la obra de teatro ni en el documental: esa mirada inocente de una niña que crece en este entorno y lo normaliza de adulta. Por eso, esta es también una historia de madurez, pues acaba analizando y rompiendo con lo que siempre ha dado por sentado. Me parecía que era una voz que todavía no se había explorado, porque hay un gran silencio y tabú entre las personas de mi generación, que quizás por cuestiones familiares no se habían atrevido a escribir su historia.
Como suele decirse, ¿escribir esta historia ha sido una terapia?
No es terapia. Siempre digo que ojalá escribir un libro fuera terapia, porque sería muchísimo más barato y divertido (risas). La terapia ya la he hecho durante mucho tiempo, esto es otra cosa. El libro lo he escrito porque la editorial me dio la oportunidad.
Dice en algún pasaje que el Opus Dei es una gran obra de teatro que se mantiene porque cada personaje interpreta su papel.
Lo que muestra también mi experiencia, sobre todo, por las circunstancias que me rodean, es que, incluso sin haber estado educada desde pequeña en un colegio del Opus Dei, como la grandísima mayoría de gente que entra, te das cuenta de hasta qué punto la pertenencia a la organización resulta invasiva y cómo entra en el alma y en la conciencia de los niños desde pequeños. Esa mirada cambia absolutamente todo. Yo fui a un colegio público, pero mis padres eran del Opus, así que viví constantemente entre esos dos mundos. Quería mostrar que el Opus Dei es una organización con la que todos convivimos, que todos sabemos que existe y que hemos normalizado como sociedad. Por eso, un niño que crece ahí está constantemente saltando de un mundo a otro. Entra y sale de esa obra de teatro de una manera absolutamente normalizada, hasta el punto de que cambia su vocabulario, su manera de expresarse, sabe qué puede decir en unos ambientes y qué no puede decir en otros. Y eso se normaliza hasta tal punto que muchos adultos ni siquiera ven esa ficción, son incapaces de distinguirla porque es una segunda piel.
Me di cuenta de que en ese lugar no estaba Dios
Viviendo en ese contexto, ¿cómo se siente una cuando al fin es aceptada en el Opus Dei con 14 años?
Lo que se te plantea todo el rato es un camino de entrega. La palabra que ellos usan es “entrega”, y entregar significa darlo todo sin mirar atrás, sin pedir nunca nada a cambio, sin exigir ni reclamar nada. Tiene que ser una entrega absoluta y total a dios, o a lo que ellos te hacen ver como dios, y a tu vocación. Cuando te inculcan esa idea desde tan pequeñita, tú haces lo que haga falta. Esto es lo que muchas veces no se entiende de la manipulación y por eso no puedes ir con pruebas a un juez. ¿Puede un niño de 14 años entregarse a dios a través de una organización? ¿Y puede una organización admitirlo e imponerle unas normas?
¿Es la literatura una vía para intentar responder esas preguntas?
Cuando ese daño es tan profundo y tan complejo, hay sitios a los que solo puedes llegar con la literatura, porque la racionalidad no alcanza, ya que estamos hablando de cuestiones emocionales e irracionales. Se escudan en la fe para seguir con su modus operandi, que es hacer que los niños firmen estas cartas solicitando entrar, e incluso en lograr que los padres firmen autorizaciones o estén de acuerdo en que hagan eso con sus hijos. Al final, yo lo expreso como una entrega total, un momento de felicidad, porque cuando entras sientes que estás comprometiéndote y casándote con dios, que es lo más grande que hay, que es el amor infinito, y que no hay nada superior a eso. Pero, a la vez, también intento mostrar y derribar los estigmas sobre estas cuestiones cuando hablamos de manipulación, etcétera, como si una persona que está dentro nunca tuviera dudas y no arrastrara consigo su propia personalidad.
El Opus Dei es una organización con la que todos convivimos
¿Se habla de esas dudas?
Las dudas existen aun estando dentro. Tienes dudas, pero el problema es que nunca las verbalizas ni las expresas fuera del grupo. Nunca las cuentas en tu entorno y, si emocionalmente no estás preparado para asumir realmente lo que supone esa duda y hacerte cargo de las consecuencias de salir de ahí, de renunciar a eso, es prácticamente imposible poder llegar a plantearte dudas y ver cosas cuestionables que, si no tienen una respuesta satisfactoria, te hagan pensar en salir. Porque hay un límite a la entrega, pero es tremendamente difícil elaborar todo eso cuando has sufrido una captación siendo menor, ya que es un abuso psicológico, de conciencia y de poder en nombre de un dios y de una autoridad. Para un niño, aunque se haga adulto, es muy difícil elaborar sus críticas y cortar con todos esos hilos que, además, en su vida adulta la organización ha ido tejiendo de manera cada vez más fuerte a través de un testamento, de un trabajo, de un lugar de residencia. ¿Cómo sales de todo ese entramado cuando has entrado siendo menor de edad?
¿Cómo sales de todo ese entramado cuando has entrado siendo menor de edad?
Es muy complicado llegar a ese punto de conciencia crítica.
No solo te hacen dudar mientras estás en la organización y quieres salir, un momento en el que tienes que pasar por un largo proceso que no se da al entrar, sino que incluso después, cuando he hablado públicamente, desde el Opus Dei se han puesto en contacto conmigo para hacerme ver que tengo heridas, que estoy resentida. Te hacen creer que estás enferma, que estás llena de heridas, y te hacen dudar de tu propia voz, cuando has hecho todo un proceso de recuperación que es muy duro. Entiendo perfectamente que haya exmiembros que no se quieran exponer a estas prácticas que el Opus Dei sigue haciendo a día de hoy y que son revictimizantes.
¿Cómo sale alguien del Opus Dei?
Sales cuando te ves con fuerzas y te ves capaz. Yo me considero una privilegiada absoluta porque pude ir a una psicóloga independiente y tuve el apoyo de un sacerdote que estaba dentro de la organización, al que tenían absolutamente apartado. Salí cuando me vi con las fuerzas de poder hacerlo y cuando, leyendo el Evangelio, volví un poco al origen de por qué había entrado ahí y me di cuenta de que en ese lugar no estaba dios, no estaba el amor, no estaba el catolicismo en el que yo en aquel momento creía y en el que, en cierta manera, sigo creyendo. Dios tendría que ser amor, no sacrificio, culpa, dolor e individualismo, que es lo que yo veía ahí. Cuando pedí ayuda psicológica, me dijeron que tenía que ir con alguien de la organización, y eso para mí es lo contrario al amor. El amor no es retener de cualquier manera y a cualquier precio, eso es control y miedo, que es lo que hay en el Opus Dei a día de hoy.
¿Qué se siente al dejar la organización? ¿Liberación?
Poder sentirse liberada es también un proceso y no es tan inmediato. No es tan fácil como hacer borrón y cuenta nueva, sientes mucho miedo, tienes secuelas psicológicas, físicas y económicas. Ser libre no es fácil para nadie, y te das cuenta de que en el fondo estar ahí te creaba una ilusión de felicidad y una ilusión de certeza que, claro, cuando baja el telón y acaba la función, te espera la realidad, donde las cosas no siempre van a ir bien. Porque, además, todo el proceso de maduración que la gente hace normalmente en la adolescencia, tú no lo has hecho. Yo tuve suerte, salí con 25 años, pero a la gente que sale con 50 o 60 años se le complica todo mucho. En mi caso, todavía tenía ciertos puntos que me conectaban con mis amigas, con mi círculo generacional, pero aun así, me sentía totalmente por detrás a nivel madurativo. Yo pude costearme el apoyo psicológico en una terapia privada haciendo muchos esfuerzos, pero esa mirada que te ha inculcado el Opus Dei sigue sobre ti y sobre tu cuerpo. La manipulación consigue meterte en un callejón sin salida, e incluso una vez que estás fuera tienes miedo a hacer tu vida realmente y a ser libre. Yo tengo gente en mi entorno que me ha dicho que no podía asistir a la presentación de este libro porque si alguien le veía igual tenía consecuencias laborales.
Se habla muy poco de este tipo de cosas, aunque más o menos todos las sabemos.
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Ahora mismo, hay más exmiembros que miembros del Opus Dei, y saben que su única manera de mantener el statu quo, de mantener esta obra, es que incluso los exmiembros no hablen demasiado, no critiquen demasiado, lleven a sus hijos a los colegios del Opus Dei y asuman otro papel diferente.
¿Ha visto Los domingos? ¿Qué le parece la deriva religiosa de artistas como Rosalía?
Los domingos me gustó muchísimo y me parece que es muy clara. Lo que nos tendría que hacer reflexionar como sociedad es cómo alguien puede ver esa película y no ver un abuso y una manipulación. O cómo alguien puede ver a Rosalía o escuchar su disco y no ver una performance, una apuesta desde un privilegio de libertad absoluta por parte de una mujer que es, hasta donde yo sé, bisexual, y que hace lo que le da la gana. ¿A quién le interesa apropiarse de ese discurso e imponérselo a personas que no tienen los privilegios de Rosalía?
Marina Pereda (Miranda de Ebro, 1989) entró en el Opus Dei con 14 años y consiguió salir con 25. Con la perspectiva que da el tiempo, cuenta ahora su vida en La Obra (Aguilar, 2026), un libro en el que explica desde dentro cómo funciona la organización a través de la manipulación y el abuso psicológico. "Cuando entras sientes que estás comprometiéndote y casándote con dios", reconoce a infoLibre en esta entrevista, en la que también sentencia: "Dios tendría que ser amor, no sacrificio, culpa y dolor".