Flecha de nosotros y Ser uno - Mariano Peyrou
Valencia, Pre-Textos, 2026,
Si el curioso lector busca el valor simbólico asociado a la flecha en algunos de los diccionarios dedicados a la materia, como el de Juan Eduardo Cirlot, se topará en la entrada correspondiente con buena parte del panteón mitológico, desde los venablos homicidas disparados por la diosa Diana hasta los insidiosos flechazos propinados por Cupido.
Flecha de nosotros
Sin embargo, Flecha de nosotros, el poemario más reciente de Mariano Peyrou, requiere que desentrañemos su laberinto de símbolos acudiendo a otra tradición: la del kuydo, un arte marcial de origen nipón cuya finalidad no es tanto acertar con el tiro como contribuir al desarrollo espiritual del arquero. De hecho, hay algo de minimalismo taoísta en el camino por el que el autor nos invita a adentrarnos.
A lo largo de diecisiete secuencias numeradas, Flecha de nosotros construye un paisaje sustentado en imágenes recurrentes y variaciones rítmicas: un lago de aguas quietas, un cántaro medio vacío y medio lleno, un pájaro con o sin alas, un niño sin más, un sueño que convoca la memoria y el deseo, y los “supermercados del mundo” son el paisaje y el paisanaje que hallamos en estos versos. No obstante, pese al juego de permutaciones que Peyrou elabora a partir de esta materia prima, las estrofas van cargándose de sugerencias ligadas a las connotaciones líricas de la flecha, desde la representación vectorial del paso del tiempo hasta la evocación fragmentaria de una historia de amor definida alternativamente por la pulsión unitiva y la voluntad de disolución.
Por ese alambre argumental avanza una propuesta que en ocasiones apunta a la aleación imaginativa de la greguería (“la burbuja es el infinito del olvido”, “el sueño [...] es un pájaro de las ideas”) y que en otros casos indaga en los vínculos secretos entre los significantes y en la polisemia de los significados: así, el término “blanco” remite tanto al objetivo al que se dispara para ejercitar la puntería como a un color identificado con la emoción primigenia de la nieve. La tensión dialéctica entre el blanco y el rojo (“la sangre de la flecha”, “el corazón del blanco”, “el rojo de los besos”) nos autoriza a realizar una transposición metafórica basándonos en ese cromatismo. No en vano, el “nosotros” del título entronca con los matices que desde el soneto XXIII de Garcilaso atribuimos respectivamente a la rosa (fuego, ardor, combustión sexual) y a la azucena (melancolía, asepsia sentimental, temporalidad).
Atravesado por la flecha que le asignó Basho, Mariano Peyrou firma un tratado sobre las pasiones del alma que transita entre el sueño imposible de la unidad y la constatación del dualismo tras el impacto decisivo. Que los “supermercados del mundo” sean el único agente capaz de arbitrar las transacciones afectivas contemporáneas dice también mucho acerca de los escaparates que nos incitan a comprar y vender las proyecciones de los demás y de nosotros mismos.
Ser uno
Ver másContra el pecado original
Ser uno se titula la colección de poéticas que Peyrou ha publicado simultáneamente a Flecha de nosotros. Entre la autorreflexión y la escritura lírica, el autor recopila en este volumen tanto aquellas poéticas implícitas en sus libros en verso como aquellas otras declaraciones en prosa que han ido acompañando a su proyecto creativo. Sin embargo, que nadie espere normas, preceptos o fórmulas magistrales: la estética de Peyrou, como ya se ha dicho, se levanta sobre el merodeo, la sospecha y la aproximación especulativa.
Incluso cuando se ve impelido a dar una respuesta concreta, como en la entrevista de Tes Nehuén recogida aquí, Peyrou prefiere ensayar una réplica elusiva y provisional, ya que andarse por las ramas es su manera de ver el bosque: “Es muy difícil definir la poesía, pero podríamos intentarlo diciendo que eso es lo que pretende hacer la poesía: trabajar con las palabras y con la construcción del sentido al margen o más allá del significado”. En definitiva, quien se sumerja en las páginas de Flecha de nosotros y Ser uno saldrá de ellas convencido de que la poesía es un blanco móvil que dispara en múltiples direcciones y que solo se niega a dar una cosa: explicaciones.
* Luis Bagué Quílez es escritor y crítico literario.