El rincón de los lectores

El cuaderno nuevo de Luis Landero

El escritor Luis Landero.

Nieves Álvarez Martín

Durante este largo tiempo de pandemia, confinamiento, mascarillas, mascaradas, bulos y fake news, he seguido masticando la vida, el presunto final de lo que no se espera y el certero dolor de las ausencias. No obstante, me he dedicado a multitud de tareas, todas ellas hermosas. La lectura sin pausa, la escritura sin remedio, la creación sin timón, y la reflexión no alejada de inventario de daños, anotación de mentiras y descubrimiento de verdaderas joyas de las letras y las humanidades. Tendría que citar, entre otras muchas lecturas, El infinito en un junco de Irene Vallejo, una de las gemas más preciadas de la literatura de todos los tiempos, que he disfrutado sin medida, sin pausa, sin horario. No en vano habla de libros, bibliotecas, lectores, historia y vida. Y, desde luego, he disfrutado de una larga lista de libros de poesía, novela, ensayo, malabarismos de la palabra escrita con mejor o peor fortuna.

No suelo abandonar la lectura de un libro cuando lo comienzo, pero… he empezado a hacerlo en este espacio intruso de lento desencanto. No todo lo que se escribe es comestible.

Entre todas las lecturas, quiero recomendarles una que no es lo que parece. Una que me ha enganchado y seducido sin saber por qué, ni cómo, ni siquiera tengo una justificación certera.

No ha sido la historia, porque no tiene, tampoco el argumento, porque está diluido, ni siquiera el desarrollo de los acontecimientos, porque no hay ni orden ni concierto. Ha sido el texto, todo el texto, su verdad, su cercanía, los sentimientos que ha provocado en mí. Han sido las reflexiones, la vuelta a la infancia, la introspección que provoca y que expone sin pudor alguno, no exenta de ironía y exhibicionismo.

Cuando alguien como yo, lectora empedernida, se encuentra con un libro como este, El huerto de Emerson de Luis Landero, tras el desconcierto inicial llega la necesidad de seguir leyendo, de comprobar por dónde van los tiros, de aprehender el vuelo de cada frase, el sentido de cada cita, el engranaje de una deconstrucción que funciona como un reloj con las piezas en lugares distintos a los que una espera.

Adentrarse en un libro intenso, como este, a la par que sencillo, valiente, generoso y no lineal, exige de la lectora las mismas dosis de entusiasmo y sinrazón que tuvo, estoy casi segura de ello, el escritor al plasmar de esta manera la esencia de una sabiduría antigua, amasada al amor de la lumbre, en los viajes navegables a través de los libros, demostrada mientras se aprende al tiempo que se enseña a un alumnado sorprendido y desigualmente inmerso en la lectura cuando descubre que todo está por hacer y sin embargo no queda tiempo sino el que te invita a regresar a la infancia.

Cada capítulo del libro tiene su liturgia, su historia, su necesidad de caminar en diferentes direcciones: ninguna de ellas conduce a Roma, pero todas aciertan de lleno en ese lugar escondido en nuestras neuronas que nos hace comprender la esencia de las cosas pequeñas.

Lean y disfruten de la verdadera literatura, esa que muestra el pensamiento y la honestidad de las palabras cuando se exponen al desnudo, sin artificios, sin trucos de magia, sin extravagantes recursos estilísticos. Lean un texto incalificable, sorprendente, sencillo y complejo al mismo tiempo. En la forma en que Luis Landero ha gastado su cuaderno nuevo es una delicia para el paladar más exigente. No dejen de leer esta maravilla. Lo agradecerán si, de verdad, aman la Literatura con mayúsculas.

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Nieves Álvarez Martín es escritora, poeta y artista plástica.

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