Entrevistamos a Susy Delgado, escritora paraguaya, Premio Nacional de Poesía en 2017, traductora bilingüe y concretamente al guaraní de la poesía de Rosalía de Castro, Olga Orozco o Augusto Roa Bastos, que promovió la Ley de Lenguas desde su antiguo cargo en la Secretaría de Cultura del Paraguay. Conversamos con ella sobre la fuerte hermandad de su país con Galicia y de cómo ambos procesos lingüísticos y culturales están fuertemente conectados.
María Martínez Pérsico: Quiero empezar preguntándote por tu historia con tus dos idiomas. ¿Con qué parte de tu familia o de tu comunidad hablabas en cada lengua? ¿Cuál es tu lengua materna?
Susy Delgado: Mi infancia fue plenamente campesina paraguaya, y ahí yo escuchaba el noventa por ciento del tiempo el guaraní, así que mi lengua materna, al menos la preferente, la que más escuchaba yo a lo largo del día, era el guaraní. Pero la verdad es que no está muy lejos de esa categoría tampoco el castellano, porque mi mamá era maestra y entonces muy pronto ya adquirí también el castellano. Alguien más técnico que yo quizás podría definir, podría deslindar muy bien si me tocaron dos lenguas maternas o no.
MMP: ¿Y con relación a la escritura? ¿Cómo fue el acceso a la escritura en guaraní y en castellano?
SD: Mi alfabetización, igual que a toda la gente de aquella época, se me dio en castellano, yo empecé a escribir en castellano. Y probablemente durante mucho tiempo ni siquiera se me cruzó por la cabeza que podía escribir también en guaraní. El guaraní fue siempre muy importante porque era la lengua que yo hablaba con mis abuelos, la lengua de mi infancia, la lengua preferente.
MMP: La del afecto…
SD: Sí, del afecto, la lengua entrañable. Yo tengo un librito que recoge la vivencia tal vez central más importante para mi sensibilidad: Tataypýpe se llama ese librito que recoge mi infancia junto al fuego de la cocina campesina, y cómo de aquel crecimiento paulatino fue creciendo una conciencia sobre la lengua. Fui descubriendo el valor tremendo de las dos lenguas que me tocaron en la vida, pero muy tarde ya me atreví a empezar a garabatear el guaraní. Tuve una experiencia que fue crucial en este proceso mío. Yo tenía ya por entonces veintiséis años y estaba trabajando en una agencia de creatividad publicitaria escribiendo textos para radio y televisión. Y un buen día me pidieron algo en guaraní, un pequeño guion para un dúo de cómicos muy famoso que se llamaba “Los compadres”. Ese fue el día maravilloso en que yo descubrí que sí podía escribir en guaraní. Tataypýpe, el libro que mencioné antes, quiere decir “viento viejo” o “viento antiguo”. Es un libro que tuvo la gran suerte de ser galardonado con el Premio Nacional, en el 2017.
A la mezcla o contaminación no hay por qué satanizarlas, son procesos normales de todas las lenguas
MMP: Lo que me estás diciendo sirve para enfatizar la importancia de incentivar desde la escuela una tradición escrita y literaria en determinadas lenguas. Si estas lenguas no se enseñan, difícilmente vaya a existir una tradición sólida de estos idiomas.
SD: Exacto, sí, y hay que tener en cuenta que en el Paraguay por aquellos años había una postergación muy fuerte hacia el guaraní. Si bien la gente le sorprende del caso paraguayo porque el vigor que mantuvo la lengua es indudable, por otro lado, se vino excluyendo de los espacios formales y de la educación. Fue una reivindicación lenta, después de mucho esfuerzo se consiguió un andamiaje legal con una ley que se trabajó durante casi veinte años.
MMP: Eso te quería preguntar, porque parte de tu labor en la Secretaría de Cultura tuvo que ver con dos leyes culturales: una es la de Ley de lenguas, la Ley N.º 4.251/10, ¿verdad? ¿Nos podrías hablar de esto?
SD: Caída la Dictadura de Stroessner, pasados dos años, se obtuvo el reconocimiento del guaraní como lengua oficial. Fue el primer logro fundamental. Y luego vino este trabajo largo con la Ley de Lenguas que concluyó en el año 2010, en el eje de las reivindicaciones lingüísticas, en el centro, en el corazón estaba el guaraní por ser lengua mayoritaria, por ser la lengua ancestral mayoritaria y minorizada en muchos aspectos.
MMP: Hablando de estadísticas, Paraguay es un caso único en América Latina, porque según la encuesta permanente de hogares del 2022, que es bastante actual, de los casi 7 millones de habitantes, el casi 35 % habla la mayor parte del tiempo en la casa las dos lenguas, castellano y guaraní. El 33,4 % habla guaraní y el 29,6 % habla en castellano. O sea que los monolingües castellanos son un poco menos que los monolingües guaraníes. Mientras que el porcentaje un poco mayor es el de bilingües completos que alternan las dos lenguas entre el trabajo y la casa.
SD: El guaraní tiene un índice de hablantes muy alto. Pero la lengua de prestigio hasta hoy es el castellano. Hay todavía polémicas fuertes por los porcentajes de introducción del guaraní en los planes de estudio, pero se ha avanzado mucho en las herramientas legales, en la creación de instituciones fundamentales, como la Secretaría de Políticas Lingüísticas, la Academia de la lengua guaraní.
Siempre intenté una traducción lo más fiel posible al autor original, en el sentido de intentar una fidelidad a su espíritu profundo, a lo que hay dentro de todas sus particularidades y de sus tormentas
MMP: Quería preguntarte ahora por tu tarea de traductora. Casi toda tu actividad está más orientada a la poesía, aunque has trabajado también con narrativa. Me interesa tu elección de traducir a Rosalía de Castro al guaraní.
Susy: Yo empecé a trabajar la traducción llevada por un pensamiento básico: me parecía que mi lengua guaraní necesitaba un puente con el castellano. Y empecé a trabajar la traducción con mis propios poemas, “por caradura” y llevada por ese pensamiento de que era importante construir ese puente. Con los años empecé a traducir a mis compañeros de lengua guaraní y empecé a descubrir de a poco que la cosa no era ninguna macana, que la traducción es un tema muy serio que viene desde el fondo de la Antigüedad. Ya no me acuerdo en qué momento, empecé a trabajar al revés, a traducir hacia el castellano. Fui escogiendo ciertos autores seguramente porque se fue profundizando en mi sensibilidad el interés hacia esos autores. La primera traducción individual que me atreví a hacer fue la de Roa, que es una literatura muy compleja. Antes había hecho las antologías y era empezar el camino de traducir del castellano al guaraní, y fui eligiendo seguramente poetas que me llamaron mucho mi atención como lectora de poesía. Y Olga Orozco estaba en ese caminito de lecturas.
MMP: Cuando las dos lenguas le pertenecen, un autor puede innovar, puede recrear, puede modificar lo que quiere y, en general, los autotraductores lo hacen. En cambio, cuando traducimos a otros se presenta más la necesidad de de aproximarse lo más posible al texto del otro. ¿Esto lo has sentido?
SD: En mi caso, siempre intenté una traducción lo más fiel posible al autor original, pero no en ese sentido de la fidelidad literal, de ninguna manera, sino en el sentido de intentar una fidelidad a su espíritu profundo, a lo que hay dentro de todas sus particularidades y de sus tormentas.
Empecé a trabajar la traducción llevada por un pensamiento básico: me parecía que mi lengua guaraní necesitaba un puente con el castellano
MMP: ¿Habría algún aspecto, algún elemento cultural, alguna cuestión que fuera más difícil, o un desafío, trasladar de una lengua a otra?
SD: Hay diferentes maneras de encararlo. Hay quienes optan por la fórmula de “paraguayizar” los elementos tomados de autores que son de otras culturas, de otros contextos culturales o literarios. Pero no es el mío. En todos los aspectos, yo creo que estoy en lo que los teóricos llaman “la traducción hospitalaria”, intento traer, por ejemplo, a Gabriela Mistral a mi lengua, pero que sea Gabriela la que llegue hasta donde se pueda, hasta donde lo permita el trabajo atrevido de Susy Delgado (risas).
MMP: ¿Qué nos podrías contar de tu traducción de Rosalía de Castro?
SD: Ese fue un caso especial, resulta que tenemos una hermandad muy fuerte con Galicia, el proceso lingüístico nuestro ha tenido siempre el acompañamiento, el apoyo de Galicia. Primero me dije “bueno, la voy a traducir desde las versiones al castellano”, y busqué todas las versiones, todas las traducciones más respetadas. Pero en un momento dado me dije: “bueno, pero ¿por qué no me atrevo a leer en gallego, que no lo voy a entender del todo, pero es un poquito como el portugués, que lo entiendo bastante? A lgo me va a decir, algo me va a ayudar, tal vez mucho. Y me sirvió muchísimo zambullirme en la versión al gallego. Y además fue maravilloso descubrir que entendía bastante, y por ahí a alguna palabrita un poquito extraña yo le buscaba la raíz latina. Este tipo de trabajos, busco la música del poeta finalmente. Esa es mi pretensión mayor, la más atrevida tal vez, pero esa es mi pretensión mayor. Yo creo que la música está en el escalón más alto de la poesía de cualquier autor y, principalmente, de los grandes autores que, en mi modesta opinión, cantan. Mi aspiración mayor siempre está en acercarme a su música. Esta traducción que hice de Rosalía de Castro fue acogida en una forma maravillosa por los gallegos, por la universidad de Vigo, por la fundación Rosalía de Castro. Me hicieron una presentación honrosa desde allá, que no terminaré de agradecer.
MMP: Quería preguntarte también por la revista cultural Takuapu y tu taller de poesía Ára Satî. ¿Qué significan estos nombres?
Susy: Takuapu es la concreción de un sueño. Me lancé con este viejo sueño de tener mi propia revista diseñada y dirigida por mí. Takapu viene de la unión de dos cosas, el “tacua” es la tacuara ritual, el bambú ritual de las indígenas. Y “pu” es el sonido, es el sonido del tacua, un poco como un símbolo de la mujer que quiere hacerse escuchar. Y era el “ára satî” es el alba, el alba transparente o el cielo transparente, según tiene sus acepciones, sería eso.
MMP: ¿Escribes en ambas lenguas y después te autotraduces? ¿Sueles mezclar las lenguas en un mismo poema?
SD: En los últimos años fui mezclando mis dos lenguas, pero en algunos casos no, los textos tienen su versión en guaraní y su versión en castellano. En los últimos años sentí que me llamaba la mezcla. Un día me dije: “bueno, pero si yo mezclo todos los días a cada rato mis lenguas, ¿por qué la escritora no puede hacer eso mismo?”. Y entonces empecé a experimentar ese camino. En Paraguay se llama jopará, la mezcla, un grandísimo tema. Nos ha marcado mucho en Paraguay. Tuvo un larguísimo periodo, que no está superado del todo, en que fue satanizado, despreciado rotundamente, mirado como lo peor que se le puede hacer a la lengua. Pero a medida que tratamos de conocer lo que está detrás de las lenguas del mundo, vemos que todas ellas son jopará, son ejemplos de jopará. Sin ir más lejos, el castellano es un grandísimo jopará, un jopará infernal. Un estudioso alemán que se interesó en el habla de Paraguay, Guido Kallfel, de la Universidad de Münster, vino una vez a un encuentro y dijo algo que le llamó la atención a muchos compañeros. Nunca olvidaré esa frasecita que dijo: las lenguas que han sobrevivido son las que se han contaminado. Usó esa palabra, “contaminado”. Volviendo a los poemas de mezcla, recordarás seguramente aquel niño, Aylan, ese niño sirio que un día se encontró en una playa de Turquía, tal vez lo recuerden… estaba ahogado en una playa de Turquía en el año 2015. Escribí un poema inspirado en aquel hecho tan triste y mezclé mis dos lenguas. Es una “Canción de cuna para Aylan”, pero tal vez sea en realidad una anticanción de cuna.
MMP: Sí, la palabra “contaminación” se usa en lingüística y no tiene una acepción negativa.
SD: A la mezcla o contaminación no hay por qué satanizarlas, son procesos normales de todas las lenguas. Y yo empecé a experimentar con la mezcla, en realidad creo que el campo del jopará se presta a una experimentación muy rica y muy variada. Nosotros tenemos un gran poeta popular que para mí fue, sin quererlo, el gran emblema, el poeta emblemático del jopará, de la mezcla. Emiliano R. Fernández fue un grandísimo poeta popular y nadie se atreve mucho a tocar el tema de que él cultivaba el jopará, pero además nos dejó una lección riquísima, porque él cultivaba un jopará que de pronto era solamente un remate final en un verso, en un cuarteto, un remate final con una palabra o el verso final en guaraní. A veces era alternar verso a verso el castellano y el guaraní, hizo infinitos ejemplos, infinitas experimentaciones con el jopará; lecciones maravillosas que para mí nos dejó Emiliano y que no nos atrevemos a estudiar con la profundidad que se merece. Y entonces hemos tenido dentro del desprecio generalizado, de este concepto generalizado de considerar el jopará como un fenómeno que puede matar o ya está matando nuestra lengua guaraní, hemos tenido por suerte algunos grandes poetas de lengua castellana, pero estudiosos serios del guaraní, como Carlos Villagra Marsal y Rubén Bareiro Saguier, y el propio Roa Bastos en algunos momentos, que fueron grandes defensores del jopará, de la mezcla, y yo creo que estamos en un proceso lento porque todavía hay sectores muy duros que resisten a la mezcla, que niegan el valor literario o que niegan la legitimidad, por así decirlo, de experimentar con el jopará, pero de a poco va ganando terreno el reconocimiento de que esto también es un camino legítimo.
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MMP: Por último, te pregunto, ¿cómo ves a las nuevas generaciones de escritoras, de poetas en guaraní en tu país? ¿Se piensa como literatura nacional también la guaraní?
SD: Sobre el caso de las mujeres escribiendo en guaraní en Paraguay hay un fenómeno llamativo que merecería un estudio cuidadoso porque se nota una extraña ausencia de la mujer que yo, a mi manera, he tratado de investigar, pero no he llegado al meollo de la cosa. Incluso me vi en apuros una vez cuando me pidieron una ponencia sobre el tema para un encuentro en Francia, y de todo lo que investigué logré encontrar unas pocas figuras. Tengo la impresión de que es uno de los terrenos en que todavía está la postergación femenina, , Una va encontrando mujeres que escriben, pero no se han atrevido todavía a darse a conocer, no se han atrevido al libro. Respecto de si la literatura guaraní es considerada una literatura nacional, sí, aunque todavía hay reductos duros de resistencia que no se han terminado de ganar, de conquistar, todavía quedan espacios importantes para que el guaraní realmente ocupe el lugar que se merece. Ahora, la nueva ley del libro, esperemos que aporte mucho en ese aspecto, porque también atañe, en gran medida, al guaraní.
*Marisa Martínez Pérsico es una poeta y profesora argentina. Su último libro es 'Canción de amor a un padre desconocido', Ediciones del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, 2026.
Entrevistamos a Susy Delgado, escritora paraguaya, Premio Nacional de Poesía en 2017, traductora bilingüe y concretamente al guaraní de la poesía de Rosalía de Castro, Olga Orozco o Augusto Roa Bastos, que promovió la Ley de Lenguas desde su antiguo cargo en la Secretaría de Cultura del Paraguay. Conversamos con ella sobre la fuerte hermandad de su país con Galicia y de cómo ambos procesos lingüísticos y culturales están fuertemente conectados.