Entre viñedos y ciudades

Francisco Goya Santesteban

Ambientada en la España contemporánea y en distintos países europeos, la novela Entre viñedos y ciudades (Círculo Rojo, 2026) reúne a un grupo de mujeres —acompañadas por personajes que orbitan a su alrededor— que comparten viajes, confidencias y procesos de transformación personal. Entre ellas, una fotógrafa con parálisis cerebral, mujeres que exploran su identidad afectiva y sexual y personas trans que reclaman su espacio desde la normalidad cotidiana. No hay épica impostada ni victimismo: hay vida.

El autor, Francisco Goya Santesteban, construye una narración donde el deseo y el cuidado conviven, donde la diversidad no se subraya como consigna sino como realidad tangible. La discapacidad, la identidad de género o la orientación sexual no son etiquetas, sino matices de personajes complejos que aspiran, simplemente, a decidir cómo y con quién compartir su existencia.

El autor reconoce que su propia experiencia vital —convive con la discapacidad y con la realidad trans en su entorno más cercano— ha sido el motor íntimo de la historia. Sin embargo, la novela no se presenta como testimonio, sino como ficción comprometida con valores claros: respeto, consentimiento, libertad individual y amistad como refugio.

Dirigida a lectores sensibles a las historias humanas y a quienes desean asomarse a realidades poco representadas en la literatura comercial, Entre viñedos y ciudades propone un viaje emocional por escenarios urbanos y afectivos donde los personajes crecen como individuos y como grupo.

infoLibre comparte a continuación un fragmento del capítulo introductorio, en el que el autor presenta la trama.

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Quizá no es común en las novelas un capítulo introductorio que más parece un ensayo académico que la puerta de entrada a una novela. Además, quizá esta nota debería ir al final y no al principio, pero considero importante que los lectores interesados sepan ya desde el comienzo qué van a encontrar en las próximas páginas. Se trata de una novela que, por encima de todo, lo que pretende es hacer reflexionar y también entretener a quien se acerque a ella, pero creo necesario explicar aquí por qué he decidido escribir esta novela.

Me considero fundamentalmente un lector, un lector que ha podido desarrollar su afición gracias a que en mi familia siempre se apoyó la lectura, a que mis padres siempre defendieron la posibilidad de desarrollar una vida plena, normalizando realidades, situaciones y vivencias y a que siempre, en cualquier fecha señalada, ya fuese un cumpleaños, los Reyes Magos o cualquier otra, todo el mundo sabía que yo era feliz con un libro, fuera este de lo que fuese, y se esforzaban por hacérmelos llegar. Por eso, hoy, que por suerte tengo la capacidad de poder hacerme con mis propios libros, sigo siendo fundamentalmente un lector de aquello cuanto cae en mis manos.

No soy escritor, al menos no lo que comúnmente podemos entender como un escritor. No me dedico profesionalmente a la escritura, pero sí que, desde hace bastante tiempo, tenía rondando en mi cabeza esta historia. Además, he procurado siempre estudiar, leer, informarme sobre aquellos asuntos que me atañen, y la realidad de las personas con discapacidad, de las mujeres en situación de vulnerabilidad es algo que me afecta de lleno. Mi trayectoria vital me ha hecho estar cerca de alguna de las realidades que se narran en la novela; yo mismo soy una persona con parálisis cerebral y convivo con una persona trans, y, aunque no me considero una autoridad en nada, sí que he pretendido contar una realidad que espero interese a los lectores.

El hecho de que las protagonistas sean mayoritariamente mujeres no es casual; considero que la mujer, en general, tiene una visión más acorde a los valores que intento transmitir y una mayor sensibilidad, y posiblemente inteligencia, para aceptar realidades distintas y servir de mejor vehículo para la integración y normalización de la diversidad en nuestra sociedad.

Entre viñedos y ciudades reúne a un grupo de personajes diversos en cuanto a experiencias de vida, orientaciones e identidades. Es una historia coral sobre la amistad, el deseo y el cuidado mutuo, que busca reflejar realidades a menudo invisibilizadas y transmitir valores de inclusión, respeto y libertad. A continuación, se presentan las protagonistas y los protagonistas, explicando sus características y contextos —desde la experiencia de vivir con parálisis cerebral hasta la realidad de ser una persona trans en la España contemporánea—, para asentar la verosimilitud de sus historias y los valores que la novela pretende transmitir. La novela se sitúa en la España contemporánea, un escenario donde convergen vidas diversas unidas por la amistad, el deseo y la búsqueda de la autenticidad.

Desde el primer capítulo, nos sumergimos en el día a día de personajes que podrían ser cualquiera de nosotros, con sus rutinas, anhelos y desafíos. En el relato coral destacan voces que encarnan la riqueza de la diversidad: Lucía, una mujer con parálisis cerebral tetraparésica; Andrés y Andrea, personas trans que reivindican su identidad; junto a ellas, amigos de distintas edades, orientaciones y profesiones que construyen una familia elegida basada en el cuidado y el consentimiento. Un reflejo de esta realidad ya se puede ver en el cine en la película La consagración de la primavera de 2022, dirigida por Fernando Franco y con Telmo Irureta, Valeria Sorolla y Emma Suárez como protagonistas. Telmo Irureta recibió el premio Goya al mejor actor revelación en 2022 por esta película. Su discurso de recepción del premio resultó toda una declaración de intenciones.

Lucía: vivir con parálisis cerebral tetraparésica en la edad adulta

Lucía (treinta y nueve años) es fotógrafa, una profesional competente y entregada. Además, tiene parálisis cerebral infantil del tipo tetraparesia espástica, con afectación de la corteza motora. Esto significa que padece una lesión neurológica de nacimiento que le provoca espasticidad, es decir, rigidez y dificultad de movimiento en las cuatro extremidades. En su caso, la lesión también toca funciones frontales, lo que podría conllevar retos en planificación o control de impulsos y movimientos voluntarios; sin embargo, las dificultades de aprendizaje no le han impedido desarrollar una inteligencia plenamente funcional —en la parálisis cerebral es común cierta discapacidad cognitiva, pero la inteligencia puede ser normal.

Lucía es ejemplo de cómo una persona con parálisis cerebral puede llevar una vida autónoma y plena, rompiendo estereotipos. En España viven aproximadamente ciento veinte mil personas con parálisis cerebral, y alrededor de una cuarta parte de ellas tiene entre dieciocho y cuarenta y cinco años, como Lucía. Es decir, no se trata solo de una condición infantil: muchos niños con parálisis cerebral llegan a la adultez y buscan su lugar en la sociedad. No hay dos personas con parálisis cerebral iguales —algunas apenas presentan limitaciones y otras requieren apoyos para la mayoría de las tareas diarias—. En general, con los apoyos adecuados y adaptados a las necesidades individuales, las personas con parálisis cerebral pueden alcanzar importantes niveles de autonomía y llevar una vida plena.

Lucía ha pasado por cirugías para elongar tendones y músculos, para ganar elasticidad, fuerza, movilidad y suavizar contracturas, ha estado varios años haciendo rehabilitación física y ha contado con apoyos técnicos y humanos, pero sobre todo con una determinación férrea. Su movilidad está limitada (usa silla de ruedas para desplazarse largas distancias y tiene movimientos reducidos en brazos y piernas), pero ha desarrollado estrategias para ser independiente en muchas actividades cotidianas.

Trabaja como fotógrafa —algo poco habitual pero posible— adaptando su entorno de trabajo y contando con la colaboración de compañeros para tareas físicamente exigentes. Su historia reivindica que la discapacidad no está reñida con la normalidad ni con la 17 realización personal. De hecho, casos reales lo demuestran. Del mismo modo, Lucía en la novela muestra que una mujer con tetraparesia espástica puede ser profesional, autónoma, vivir sola y tomar sus propias decisiones.

Por supuesto, Lucía también enfrenta retos diarios: tareas que otros dan por hechas (vestirse, conducir, sortear barreras arquitectónicas) requieren más tiempo y planificación. Ha tenido que superar miradas de condescendencia y la sobreprotección de quienes dudaban de sus capacidades. Sin embargo, su presencia en la novela aporta visibilidad a un colectivo raramente retratado: el de las mujeres adultas con discapacidad motora.

En España, tradicionalmente las familias y asociaciones han sido el sostén principal de las personas con parálisis cerebral severa (el ochenta por ciento dependen casi exclusivamente del apoyo familiar o asistencial), y muchas «han reclamado un futuro mejor» con mayor inclusión. Lucía encarna ese futuro posible de autonomía y participación plena. Su personaje transmite la idea de que tener una discapacidad física no anula el deseo, ni la capacidad de amar y ser amada, ni las ganas de aportar a la comunidad. Al reivindicar su derecho al placer, a la independencia y a tomar riesgos, Lucía desafía el prejuicio capacitista y enriquece al grupo con su resiliencia y empatía.

Andrés y Andrea: ser trans en la España actual

Andrés (treinta y nueve años) y Andrea (treinta y cinco años) son dos personajes clave que aportan la perspectiva trans, masculina y femenina, respectivamente. Andrés es un hombre trans y realizador y editor de documentales; Andrea es una mujer trans que regenta una panadería. Ambos han transitado el complejo camino de afirmar su identidad de género en una sociedad que en las últimas décadas ha avanzado en derechos LGTBI, pero donde las personas trans todavía enfrentan incomprensión y discriminación.

Sus experiencias, aunque distintas, reflejan luces y sombras de la realidad trans en España. España ha sido pionera en algunos ámbitos LGTBI, aprobando el matrimonio igualitario en 2005 y, más recientemente, una Ley Integral Trans en 2023 que permite la autodeterminación de género en el registro civil sin necesidad de informes médicos. Estos avances legislativos evidencian una mayor aceptación social: España lidera en Europa el apoyo a que cada persona pueda mostrar abiertamente su identidad de género (sesenta y seis por ciento de la población lo respalda).

Sin embargo, persisten prejuicios especialmente hacia la transexualidad. Las personas trans reciben un apoyo ligeramente menor que otros colectivos LGTBIQ+ en cuanto a protección (setenta y cuatro por ciento de españoles apoya protegerles, frente a ochenta por ciento que apoya a gays/lesbianas), y en debates como el deporte o la infancia trans se percibe división de opiniones. Detrás de las leyes, la realidad cotidiana para las personas trans sigue marcada por la discriminación y la necesidad de lucha personal.

Andrés, como hombre trans de casi cuarenta años, inició su transición en una época en que la visibilidad trans era menor que hoy. Probablemente enfrentó el rechazo de parte de su familia o entorno, y tuvo que «irse haciendo un hueco» en círculos donde lo aceptaran. En la novela, Andrés es reservado y habla poco; su ética visible y silencio sugieren un pasado de observación cauta antes de confiar. Muchos hombres trans de su generación relatan haber sufrido incomprensión médica y social antes de que existiera siquiera el concepto de transición administrativa fácil.

Aun así, Andrés ha logrado vivir auténticamente: modificó sus documentos, construyó una carrera en el fotoperiodismo documental —donde a veces le ha tocado retratar injusticias que le resuenan muy de cerca— y encontró amistades que le respetan 19 plenamente. No obstante, carga con las huellas de haberse tenido que demostrar a sí mismo constantemente. Su personaje aporta una mirada sensible y justa, posiblemente debido a haber vivido en carne propia la negación y luego la reivindicación de su identidad.

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Por su parte, Andrea, mujer trans y panadera de vocación, ejemplifica otra faceta de la realidad trans: la búsqueda de estabilidad laboral y afectiva en medio de la adversidad. Es fuerte de antebrazos —amasando pan todos los días— y sonriente de cara al público, pero ha tenido que luchar duro para conquistar un «espacio seguro» en el mundo laboral. Las estadísticas revelan que las personas trans enfrentan grandes dificultades de empleo: un 42 % de las personas trans encuestadas en España reporta haber sufrido discriminación al buscar trabajo, y las tasas de desempleo triplican a la media nacional según algunos estudios (alrededor del 37 % frente al ~13 % actual).

Esto explica por qué, durante años, muchas mujeres trans solo encontraban salida en la economía informal o el trabajo sexual —casi la mitad de mujeres trans entrevistadas había ejercido la prostitución en algún momento debido a la falta de alternativas—. Andrea ha desafiado esas estadísticas al emprender su propio negocio de panadería, pero no sin obstáculos: es probable que antes pasara por empleos precarios o periodos en paro, y que incluso en su panadería haya tenido que ganarse la clientela evitando prejuicios.

En el ámbito social y afectivo, tanto Andrés como Andrea han vivido las dos caras de la realidad trans. Por un lado, habrán sentido el apoyo incondicional de amistades (la novela muestra que el grupo de protagonistas les acoge con total naturalidad) e incluso de parte de la sociedad que cada vez es más consciente —por ejemplo, aproximadamente el 71% de los españoles reconoce que las personas trans sufren discriminación y muchos abogan por proteger sus derechos.

Ambientada en la España contemporánea y en distintos países europeos, la novela Entre viñedos y ciudades (Círculo Rojo, 2026) reúne a un grupo de mujeres —acompañadas por personajes que orbitan a su alrededor— que comparten viajes, confidencias y procesos de transformación personal. Entre ellas, una fotógrafa con parálisis cerebral, mujeres que exploran su identidad afectiva y sexual y personas trans que reclaman su espacio desde la normalidad cotidiana. No hay épica impostada ni victimismo: hay vida.