El argentino Alejo Stivel (Buenos Aires, 1959) y el cubano Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, 1946) son amigos de largo recorrido, pero nunca habían intentado sellar esa amistad con una canción para la posteridad. "Tenemos una relación muy cercana, pero siempre fui muy consciente de quién es él y en qué estratosfera se mueve", explica a infoLibre Alejo, que quedó conmocionado cuando Silvio le propuso dar el paso. Empezaba así un proceso materializado en una canción, Déjame en paz, en la que el emblemático cantautor canta, por primera vez, un rocanrol con aires tequileros y una letra sobre la conciencia, la fragilidad humana y la necesidad de convivir con nuestras propias contradicciones. Pero mejor que nos cuente Stivel, que es quien tiene todos los detalles.
¿Qué es Déjame en paz?
Fuimos a comer un día y Silvio me propuso hacer una canción. Yo le sugerí que me gustaría producirla y él me dijo que no, que quería hacer una canción juntos. ¡Mucho mejor! La verdad es que no di crédito cuando me lo dijo porque yo le conozco hace muchos años, tenemos una relación muy cercana, pero siempre fui muy consciente de quién es él y en qué estratosfera se mueve. Nunca quise utilizar esa amistad para hacer algo profesional.
Tuvo que dar el paso él.
Eso es. Y al cabo de unos días me manda una letra de una canción que se llama Déjame en paz. Me dije: "Hostias, a ver a quién le dice eso". [Risas] Pero la leí y vi que dice "déjame en paz, conciencia". Me encantó. A partir de ahí me puse a intentar hacer una música que estuviera a la altura de una letra de Silvio Rodríguez, algo que me costó muchísimo porque me sentía muy exigido. Tenía muchas melodías, pero no me gustaba ninguna y no me atrevía a decírselo. Al mismo tiempo, pensaba que si no daba señales de vida iba a pensar que no me interesaba, hasta que un día decidí ir al estudio de mi guitarrista con la intención de escoger una de las melodías y grabarla para ver qué pasaba. De camino, conduciendo por la carretera de A Coruña, se me ocurrió otra y, que no nos lea la DGT, la grabé con el móvil. Esa fue la que me convenció, después de meses de pruebas, se ve que trabajo bien bajo presión. Así que llamé a los músicos, grabamos el 30 o 31 de diciembre y se la mandé a Silvio el día de Reyes.
¿Cómo fue la respuesta?
No sabía qué iba a decir, porque cuando componemos algo no sabemos hasta que hay feedback. Esa es la inseguridad típica del creador. Además, me salió un rock, con lo que me preguntaba si, más allá de que le gustara la canción, se iba a sentir cómodo en ese estilo. Pero su whatsapp de respuesta fue muy claro: "Me gusta el rock and roll". Fue toda una alegría. La grabamos y, cuando le mando toda la mezcla terminada, me pone: "Tremendo swing". Casi te diría que estoy más emocionado que cuando saqué mi primer disco.
¿Poner a Silvio Rodríguez a cantar rock and roll es ya otro de los grandes logros de su carrera?
La verdad que sí. [Risas] Debe ser buena la canción para convencer a este genio de la música a meterse en otros terrenos cuando está tan cómodo en el suyo. También me gusta mucho eso, la apertura de alguien que está consagrado, la predisposición para tirarse a la piscina. Poca gente de esa categoría, de ese olimpo, es capaz de hacer eso. Normalmente, te dirían: "Uff, está muy bien, pero yo hago otra cosa".
Silvio está en el olimpo de la música, es así, pero: ¿lo valoramos debidamente? Parece que siempre son los anglosajones los más venerados.
Hasta hace unos años, yo decía que Silvio es el mejor compositor y artista de música de habla hispana. De un tiempo a esta parte, quité lo de habla hispana, porque realmente está al mismo nivel que Bob Dylan, Paul Simon o James Taylor.
¿Crear algo juntos es la mejor manera de sellar una amistad?
Sí, sin duda. Es una experiencia muy intensa, profunda y conmovedora. Lo que pasa es que no siempre funciona. Yo he probado a componer con gente que quiero mucho, y la cercanía no necesariamente te garantiza que vaya bien. Yo he probado con alguna gente cercana y no ha funcionado, y también con otra que lo era menos y funcionó. El hecho creativo de componer una canción es muy aleatorio.
La juventud la inventaron los Beatles
¿Nunca es demasiado tarde para hacer algo nuevo, como debutar en el rock and roll?
Exactamente, esa es la lección que nos da el maestro. También ocurre que el rock and roll nació como una música juvenil. La juventud la inventaron los Beatles. Yo tenía un libro de las canciones ilustradas de los Beatles, que es con el que aprendí a hablar inglés. Ese libro es lo más importante de mi infancia, porque en esas gráficas yo volaba, viajaba oyendo la canción y mirando. Ahí había un dibujo de ellos de viejos, pero tú te decías que eso no iba a ocurrir nunca, porque iban a ser jóvenes para siempre. Veo hoy a Paul McCartney, que tiene 83 años, pero para mí sigue siendo joven. Esa generación inventó la juventud y la mantuvo. Con 90 años, Chuck Berry cantaba Sweet little sixteen. Y Brian Wilson siguió cantando Surfin' USA hasta poco antes de morir.
En el momento de salir al escenario se sella un pacto con el público, según el cual ni ellos ni nosotros tenemos la edad cronológica que tenemos
¿Déjame en paz es una llamada a la conciencia individual en un mundo sin conciencia?
Eso ya cada uno lo pillará cuando haga suya la canción y la interprete como quiera. Yo interpreto que no está hablando de una mala conciencia, sino de una mente que nos cuestiona, que nos pincha, y que a veces nos deja tranquilos. Después de eso, con respecto al mundo, no creo que estemos en el peor momento del mundo, ni mucho menos. Hace unos días estuve en Berlín y fui al Museo Judío, donde te cuentan que en Polonia mataron a tres millones de judíos, que es toda la ciudad de Madrid. En Alemania, a 300.000, como en Hungría, y 200.000 en Francia. En la Segunda Guerra Mundial, con el nazismo, murieron 60 millones de personas. En la pandemia de la fiebre amarilla también murieron otros 60 millones de personas, esto es, sumando, 120 millones en un mundo que tenía unos 3.000 millones de habitantes, menos de la mitad que hoy. En España, en la Gran Vía de Madrid había cadáveres tirados y caballos muertos. Ahora no veo que tengamos que escondernos en el Metro de los bombardeos, ni veo muertos cuando salgo a la calle. El mundo no está como nos gustaría, hay fuerzas malignas tirando que eventualmente podrán llegar a gobernar, pero de ahí a que ocurran las tragedias más grandes de la humanidad estamos bastante lejos. Nunca se sabe qué puede venir, pero cuando se dice que el mundo está mal, la verdad es que siempre lo estuvo. Como dice el tango de Enrique Santos Discépolo: el mundo fue y será una porquería.
El mundo no está como nos gustaría, hay fuerzas malignas tirando que eventualmente podrán llegar a gobernar, pero de ahí a que ocurran las tragedias más grandes de la humanidad estamos bastante lejos
¿Pueden las canciones hacer ese mundo un poquito mejor, al menos?
Hay canciones que enferman también, hay de todo, como en el mundo. Pero sí, tenemos canciones que nos acompañan en la tristeza y en la alegría, que nos dan energía por la mañana cuando nos levantamos, que nos ayudan. También hay canciones que nos exasperan y que nos dan ganas de matar al que las canta, ¿no? [Risas]
Es el poder de las canciones, para mal y, sobre todo, para bien.
Cuando salgo al escenario, ya no soy un señor adulto. Eso, por no decir que todavía no siento que haya entrado en la tercera edad. Porque la tercera edad se movió, veo fotos de mis abuelos conmigo de bebé y parecen dos ancianos, cuando en realidad tenían 45 años. En el momento de salir al escenario se sella un pacto con el público, según el cual ni ellos ni nosotros tenemos la edad cronológica que tenemos. Abandonamos la cronología y hacemos una puesta en escena como si no tuviéramos edad. Tampoco tenemos 20, porque yo no actúo igual, pero nos abstraemos de la edad.
Hay canciones que nos acompañan en la tristeza y en la alegría, que nos dan energía, que nos ayudan. También hay canciones que nos exasperan y que nos dan ganas de matar al que las canta
A lo Bob Dylan y su gira interminable, Alejo Stivel sigue actuando prácticamente todas las semanas. ¿Cuáles son los planes inmediatos?
Seguimos tocando por ahí, claro que sí, en nuestro Neverending Tour, como bien dices. Tengo bastantes fechas y espero que salgan más, pero no me planteo muchos planes a medio y largo plazo. Ahora mismo, no puedo pensar en otra cosa que en la canción Déjame en paz y en los conciertos que voy a hacer, ya veremos después. No sé si volveré a sacar álbumes de 12 canciones, me gusta la inmediatez de publicar singles, me parece muy fresco.
Su tarea como productor tampoco para. Hace poco hablamos con Rosa León y nos contaba maravillas del disco que tienen entre manos con canciones de María Elena Walsh.
En Argentina, María Elena Walsh está por encima de Dios, como John Lennon, es la que formó musicalmente a todo el país. Todos empezamos con ella y luego pasamos a los Beatles. Además, era muy amiga de mi madre, venía mucho a casa y me cantaba sus canciones, lo cual es un privilegio absoluto. Rosa ya cantó canciones suyas en los 70 y nos conocimos cuando vine exiliado a España desde Argentina con mi madre. Luego pasó mucho tiempo sin grabar, dedicada a otras cosas relacionadas con la cultura, pero siempre hablábamos de hacer un disco. Hasta que volvió a Madrid y me dijo que si me seguía apeteciendo, podíamos hacerlo. Buscando un proyecto, Joaquín Sabina nos dio una carpeta llena de sonetos inéditos y nos pareció la bomba sacar un disco con canciones inéditas suyas, pero eran versos decasílabos, con unas rimas muy complejas, y me pareció duro de hacer y quizás de oír, así que se quedó en agua de borrajas.
Vaya proyecto era ese.
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Sí. Nos desanimamos un poco, le agradecimos a Joaquín y le pedimos perdón por no hacerlo, pero no lo vimos muy claro. Cuando estábamos enfriándonos, después de un tiempo, le propuse hacer las canciones de María Elena revisitadas, modernizadas, a lo mejor con algún dueto. Al final, son todo duetos, porque empezamos con uno, pero una cosa llevó a la otra y el roster es increíble, con Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos, Ana Belén, Víctor Manuel, también Silvio Rodríguez, Rozalén, Andrés Suárez, El Kanka y yo mismo. Están hasta Joaquín Reyes y Santiago Segura, porque un par tienen mucho humor. Es un disco muy completo y muy bonito que estamos sacando por singles.
El caso es estar siempre haciendo algo.
Últimamente ya produzco muy poco, casi nada. Este fue un proyecto que nos tomamos con mucha calma, yo estaba acostumbrado a hacer un disco detrás de otro, así llegué a más de 250. Cumpliendo los plazos siempre, imagina. [Risas] En el disco de Rosa hemos empleado cuatro o cinco años, porque es una producción muy compleja hecha con mimo. Ha quedado increíble.
El argentino Alejo Stivel (Buenos Aires, 1959) y el cubano Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, 1946) son amigos de largo recorrido, pero nunca habían intentado sellar esa amistad con una canción para la posteridad. "Tenemos una relación muy cercana, pero siempre fui muy consciente de quién es él y en qué estratosfera se mueve", explica a infoLibre Alejo, que quedó conmocionado cuando Silvio le propuso dar el paso. Empezaba así un proceso materializado en una canción, Déjame en paz, en la que el emblemático cantautor canta, por primera vez, un rocanrol con aires tequileros y una letra sobre la conciencia, la fragilidad humana y la necesidad de convivir con nuestras propias contradicciones. Pero mejor que nos cuente Stivel, que es quien tiene todos los detalles.