Rodrigo Cuevas: "La polarización sólo viene de un lado, la izquierda mantiene una increíble sensatez"

"Vivo en un mundo feliz en donde todos los días sale el sol, en los coles no estudian inglés y el tabaco no crea adicción, los porteros de las discoteques traten con mucha educación, los ricos no van al espacio y todo el mundo es maricón". Tal que así arranca Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985) su Manual de belleza (Sony Music, 2026), un disco con el que cierra la trilogía integrada por Manual de cortejo (Aris Música, 2019) y Manual de romería (Sony Music, 2023), cantando a la libertad, la diversidad, el hedonismo y a la vida misma con ese equilibrio tan suyo entre tradición y vanguardia. Él mismo lo explica mejor en esta conversación con infoLibre.

¿Qué es Manual de belleza?

Es la continuación de los manuales del cortejo y la romería. Al final, cada manual son un poco como notas que me hago para uso propio, que luego decido que le pueden venir también a los demás. Este en particular es un recordatorio de los diferentes tipos de belleza que me parecen importantes.

¿Y dónde está la belleza? ¿Cuesta más encontrarla ahora que cuando empezó esta trilogía allá por 2019? 

El cortejo era pre-pandémico, fíjate. Sí, la pandemia parecía que nos iba a hacer mejores, pero al final... para nada. Pero claro, también digo yo 'peor estuvieron en otros momentos', y la belleza al final es lo que te hace tener una visión del mundo más idealista, aunque el idealismo ahora está en horas bajas porque todo es pragmatismo, economía, utilitarismo, todo es 'si esto sirve para algo, vale, si no sirve para nada, nada'. Y a veces las cosas no son un medio para conseguir un valor económico, sino que tienen un valor en sí mismas. Esas cosas que tienen valor en sí mismas, al final, son las bellas.

No tenemos que estar monetizando nuestra propia vida todo el tiempo.

Exacto. Las cosas bellas son las que no monetizan, fíjate.

¿Y la belleza también emerge en este mundo feo que se nos viene o parece que nos rodea ya gracias al arte y la creación?

Aunque estés en medio de una cosa horrible, muchas veces esas pequeñas burbujas son las que luego sirven un poco de motor para cambiar. Se me ocurre la película de La vida es bella, que es totalmente dramática, pero fíjate como ese niño como es capaz de sobrellevar un horror que está viviendo alrededor gracias a esas burbujas de belleza que le hacía su padre.

De alguna manera, ese niño a través del teatrillo vive en un mundo feliz, que es precisamente el título de la canción que abre el disco describiendo Un mundo feliz de diversidad y libertad. ¿Cómo de importante es imaginar esos otros mundos posibles?

Es un mundo de gente un poco alocada, incluso surrealista. Es que necesitamos imaginar. Necesitamos menos pragmatismo y más idealismo, más imaginación y más surrealismo también. Porque el surrealismo nos permite que la imaginación amplíe los límites y poder dejarnos llevar por cosas, aunque sean utópicas, aunque no vayan a ser reales, pero nos permiten ampliar los márgenes que tenemos en la mente.

Y a eso le ayuda en esta canción nada menos que Massiel, después de veinte años sin grabar nada.

Ella me parece como la máxima representante de esa belleza años setenta de lentejuela, bola de discoteca, glamour, Dalida, ese arco mediterráneo como centro cultural que era Italia, Francia, España en aquel momento. San Marino, Benidorm, Niza, Mónaco... Esa belleza decadente, un poco también muy glamurosa. Me parece que ella comandaba todo ese ambiente muy bien desde Ibiza.

En Un mundo feliz se destaca también la importancia de dar muchos besos y dejar que broten las emociones más puras. Es un discurso del que se viene hablando cada vez más, con el amor como forma de enfrentar el odio reinante en casi todo el mundo. 

Es un posicionamiento que es muy fácil que te lo tumben y ridiculicen diciendo que es naif, pero se puede compaginar perfectamente con la lucha obrera, con la lucha de clases. Además, creo que desde ahí podemos hacer una de las mejores conciencias de clase, porque si luchas por tu clase no luchas por odio, sino por amor, y lo reivindicas desde ahí. Es un motor muy bueno para luchar. 

Hay muchas colaboraciones en el disco, destaquemos algunas. ¿Por qué La Mala Rodríguez en BLZA?

En este disco reivindico mucho todo el rato a mis referentes. Nombrando a muchos de los que están muertos por ejemplo en Una muerte ideal, y llamando para colaborar a los que están vivos. El primer disco de rap que yo escuché fue de La Mala, que fue la primera tía que se posicionó de esa manera en el mundo de la música urbana, que abrió muchísimo camino a muchísima gente y nos regaló letras impresionantes. Por eso, para mí es una gran referente de una belleza salvaje y arrolladora, además, como la que tiene ella.

Una muerte ideal no tiene nada que ver musicalmente con las dos que hemos comentado, pues es más post-punk electrónico de los ochenta, con la colaboración de Grande Amore y una letra en la que aparecen Lina Morgan, Rocío Jurado, Nino Bravo, Concha Velasco...

Juan Gabriel, Selena...

Ellos son los que esperan a Rodrigo Cuevas después de muerto pero, ¿cómo sería su muerte ideal?

(Risas). En esta canción hago referencia a una novela que se titula Te dio ojos y miraste tinieblas, de Irene Solà, donde hay un personaje que se llama Margarida, que es una señora vieja muy encantada de esperar la muerte, como con mucha ansia, porque está convencida que la muerte va a ser algo súper agradable, placentero, un espasmo de gloria, como digo ahí. Así que me puse en el papel de Margarida: ¿cómo podría imaginar la muerte? ¿Qué sería? Y me imaginaba entrando en el cielo con Concha Velasco abriéndote la puerta, de palique con el otro, Lina Morgan queriendo hacer cosas contigo. Eso me imaginé y me parecía guay.

Otra gran presencia en este disco es Ana Belén, otro gran icono de mujer, como Massiel y La Mala.

Claro. Además es que ella siempre tiene esa elegancia de una carrera indiscutible, también de transversalidad en su público. Eso siempre me fascinó, así como su forma de cantar y de moverse, de interpretar. Así que se lo propuse, le gustó y se unión.

Con Ana Belén canta el pasodoble Sácame a bailar, protagonizado por una pareja ya con una edad pero que sigue enamorada.

Gente mayor que sigue enamorada, porque envejecer acompañado y enamorado es una de las cosas más bellas que puede haber y creo que es lo que todos deseamos. Y cuanto más mayor te vas haciendo más está ahí amenazando esa espada de Damocles del tiempo, la condena que tenemos de que el tiempo pase y nos haga olvidarnos de las cosas o perder a nuestros seres queridos.

No sé si ha visto que Carmen Maura estrena una película que precisamente habla de esto. Incluso se ha desnudado por primera vez ante la cámara a sus ya ochenta años.

¡Hala, qué guay! ¿Quién la dirige?

Maryam Touzani, una cineasta hispano-marroquí. Es que todo el mundo parece querer morir acompañado y enamorado, pero luego nos deja pasmados si alguien de ochenta años siente deseo. Es como que eso no toca.

Bueno, pero la gente ye boba (risas).

Igual también es que esa gente no tiene un buen jardinero "que t′enllene bien el to floreru". Porque Xardineru es otra canción del disco y además es un bolero en asturianu.

Yo soy un amante del bolero, que te da esa chispa de poder hablar de amor pero de una forma picardiosa, de poder hablar de una cosa profunda y súper romántica, pero hacer retranca y hacer un chiste a la vez. Es muy gracioso el bolero para eso. Por eso lo escribí, sin más, y ahí está.

No es este el único pasaje del álbum en asturiaunu. ¿Es una forma de reivindicar que lenguas más pequeñas que las cooficiales también existen y las tenemos que preservar?

Claro. Y hay que hacer producción cultural en ellas. Porque al final en Asturias llevamos esperando la oficialidad cuarenta años, y yo creo que hay una parte de la sociedad, de la política, que está esperando que desaparezca para no tener que oficializarla. Entonces, su estrategia es aguantemos y aguantemos hasta que desaparezca y nadie la vaya a reclamar. Lo que tenemos que hacer la ciudadanía, los autores, los productores culturales, es producir en asturiano. Cuanto más, mejor, y cuanto de más calidad, mejor, para que la gente lo consuma mucho. Para eso, necesitamos que escriban en asturianu los mejores escritores, los mejores dramaturgos, los mejores cineastas... ¡los necesitamos! Necesitamos que haya dinero en la producción cultural asturiana para que se produzca mucho y bueno. Pero en Asturias hay un auto-odio, que lleva a creer que no saben hablar porque dicen 'así es como hablaba mi guela que era una campesina'... Nunca tuvimos una élite intelectual que defendiera nuestra lengua, y esa es una gran diferencia por ejemplo con el euskera.

Necesitamos que haya dinero en la producción cultural asturiana para que se produzca mucho y bueno

En La playa hay una crítica al turismo playero masivo en el norte, pero también cierto hedonismo al comprobar los cuerpos bronceados al sol.

¿A quién no le gusta un baptisterio romano del siglo I después de Cristo? (Risas). Es esa contradicción, porque nadie quiere que su territorio se vuelva inhabitable por culpa de la horterada del veraneo pero, ¿a quién no le gusta un veraneo en el norte?

Ninguno somos turistas, pero luego todos somos turistas. 

Todos somos turistas. Pero deberíamos estar protegidos por los que ordenan un poco, de manera que ordenen para los ciudadanos, y luego que los turistas puedan colarse en los huecos que hay. Y que no estén haciendo llamamientos, como hacen todos los gobiernos, en plan 'venga, más y más', porque es como 'chico, pero tranquilo, poco a poco'.

Es que al final se desborda todo.

Desplazas a tu población y dejas el lugar como un sitio vacío de identidad, vacío de vecinos, que ni los turistas quieren al final.

Termina este Manual de belleza con una invitación a La fiesta. ¿Por qué es importante acabar celebrando en un festejo en el que uno es libre?

Porque esa es la belleza también. Dejarse ser, relajarse... para poder estar donde uno quiere estar, ser coherente con su vida y afrontar todas las contradicciones que uno tiene día a día, afrontar lo que es ser lo que uno quiere ser, hay que pegarse también una buena fiesta y relativizar. Yo trabajé muchos años en una panadería repartiendo pan y me decía un compañero: "Tú acuérdate siempre de que no repartes medicamentos de urgencia". Eso me lo digo todo el rato. Cuando estamos así con mucha tensión, de un concierto o lo que sea, yo digo "acordaros todos de que no trabajamos en el sector de los medicamentos de urgencia" (risas).

La derecha está enfadada porque la sociedad se está volviendo cada vez más sensata, y esa sensatez no les beneficia

El disco tiene bolero, un romance, una tonada, música electrónica —a la que aportan Zahara y Martí Perarnau en Asturcón—, pasodoble... y está producido por Eduardo Cabra, ex miembro de Calle 13. Una variedad total. ¿En qué punto de equilibrio está Rodrigo Cuevas entre tradición y vanguardia en este momento?

El de la música tradicional es el lenguaje que más controlo a nivel de métricas, letras, instrumentación y formas. Eso siempre está en el centro y por ahí, pero es verdad que en este disco me quise acercar un poco a los diferentes estilos de las distintas colaboraciones, para crear un lugar en el que estuvieran cómodos, también poder juguetear yo y encontrar puntos de unión. Y dejarles espacio para que se luzcan.

Con el disco en la calle, ahora toca pensar en la gira. ¿Qué pueden esperar los asistentes?

Una escenografía muy artesanal que recuerda al llagar de La panoya dorada, el del videoclip de Llagares, donde vamos a montar un cabaret. No en todas las fechas, porque no podemos, pero en algunas vamos a montar un cabaret encima del escenario con una gran cortina de panoyas que recogimos a mano, que desfollamos y enristramos a mano. Es una espectacularidad de escenografía muy artesanal, muy tradicional y muy asturiana.

Nos decía el otro día Pedro Almodóvar que él hace películas para todos, pero sabe perfectamente quien va y quien no va a verlas. Y que no pasa nada, porque él tampoco va los mítines de los que no van. ¿Quién va y quién no va a los conciertos de Rodrigo Cuevas?

Yo hago canciones para todo el mundo. Ya me dirás si Sácame a bailar no es una canción que podría escuchar cualquiera y conectar con ese sentimiento, o el de Una muerte ideal. Al final, creo que son puntos muy en común con todo el mundo y ahí es donde se deja claro, tanto que se habla de ella, que la polarización de la sociedad viene solo de un lado. De hecho, creo que es increíble cómo la izquierda mantiene la sensatez y dice "yo hablo de puntos en común, convivencia, respeto". La izquierda tiene muchísimos defectos, evidentemente, pero si hay una cosa en la que es ejemplar es que no se está polarizando de la forma que se polariza la derecha, que está en el odio y la bravuconada. Por eso está enfadada la derecha, porque la sociedad se está volviendo cada vez más sensata y esa sensatez no les beneficia. Todos esos puntos en común que se muestran en las películas de Almodóvar, o en este disco, les revientan, porque ellos no quieren tener cosas en común con mucha parte de la sociedad, lo odian, y quieren que estemos en la división, que es lo que ellos están todo el tiempo demostrando con el odio. Seguro que hay mucha gente que no viene a mis conciertos por eso, porque no soportan ver a un maricón encima de un escenario teniendo su pluma y tal. No porque yo hable en mis canciones de nada en contra de nadie, al revés, todo lo contrario.

Todo lo contrario, pues son canciones de libertad, diversidad, fiesta, hedonismo, belleza. Un mundo ideal, como decíamos al principio, al que aspirar. No sé si cierta construcción en ese sentido, a través de la música, sería por ejemplo un éxito con este álbum. ¿Qué es el éxito para Rodrigo Cuevas en marzo de 2026 después de tantos años de aplauso acumulado?

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De momento, que se me llene la gira no me importaría (risas). Aparte de eso, creo que todos los que tenemos un poco de vínculo con la tradición soñamos que estas músicas permanezcan vivas en la memoria colectiva, que es lo más guapo que le puede pasar a una canción, pasar a la memoria popular.

Y que no se acuerden del autor.

Eso es lo más maravilloso de todo, como decía Manuel Machado. Ahí lo que pierdes de gloria lo ganas de eternidad.

"Vivo en un mundo feliz en donde todos los días sale el sol, en los coles no estudian inglés y el tabaco no crea adicción, los porteros de las discoteques traten con mucha educación, los ricos no van al espacio y todo el mundo es maricón". Tal que así arranca Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985) su Manual de belleza (Sony Music, 2026), un disco con el que cierra la trilogía integrada por Manual de cortejo (Aris Música, 2019) y Manual de romería (Sony Music, 2023), cantando a la libertad, la diversidad, el hedonismo y a la vida misma con ese equilibrio tan suyo entre tradición y vanguardia. Él mismo lo explica mejor en esta conversación con infoLibre.

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