Yanquis, go home!: himnos antiimperialistas contra Estados Unidos desde América Latina

Hace tanto como 45 años, allá por 1981, cantaba Rubén Blades: "Brillan las estrellas en la noche, la nube viajera va flotando, la luna reposa entre el silencio de ese gran Caribe descansando. Solo el tiburón sigue despierto, solo el tiburón sigue buscando, solo el tiburón sigue intranquilo, solo el tiburón sigue acechando". Unos versos que bien parecen la profecía del secuestro de Nicolás Maduro a manos de la Administración Trump, si bien se refiere más ampliamente al sempiterno intervencionismo de Estados Unidos en América Latina.

Y todavía cantaba mucho más el artista panameño en Tiburón, este himno junto a Willie Colón contra el voraz imperialismo de los gringos en ese sur que ellos consideran su 'patio trasero': "Ay, tú nunca te llenas (tiburón, que buscas en la orilla, tiburón), cuida'o con la ballena. Respeta mi bandera, palo pa' que aprenda que aquí sí hay honor. Pa' que vea que en el Caribe no se duerme el camarón (si lo ven que viene palo al tiburón) vamo' a darle duro sin vacilación. En la unión está la fuerza y nuestra salvación. Qué bonita bandera, qué bonita bandera. Si lo tuyo es mar afuera qué buscas aquí, soy ladrón. (Si lo ven que viene palo al tiburón). Hay que dar la cara y darla con valor".

Poco o nada han cambiado las cosas con el paso de los lustros, pues el tiburón está tan inquieto como siempre (o más que nunca). Por eso no hace falta viajar al pasado ni rebuscar demasiado para encontrar alegatos musicales contra esa irrefrenable pulsión hegemónica yanqui. Ahí está Bad Bunny, mismamente, el artista más escuchado del mundo en 2025 (y en 2022, 2021 y 2020), quien en su último álbum, Debí tirar más fotos (2024), denuncia el turismo, la gentrificación y el colonialismo que padece su Puerto Rico.

"Quieren quitarme el río y también la playa. Quieren el barrio mío y que abuelita se vaya. No, no suelte' la bandera ni olvide' el lelolai. Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawaii", canta el boricua en un álbum que pone el foco en la invasión cultural y económica más que en la geopolítica, si bien por lo general tampoco suelen estas cuestiones ir tan separadas. "Tás escuchando música de Puerto Rico, cabrón. Nosotro' nos criamo' escuchando y cantando esto. En los caserío', en los barrio'. Desde los 90 hasta el 2000, por siempre", canta Benito Antonio Martínez Ocasio en otro alegato de resistencia más.

"Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos", repite incesantemente la banda chilena Los Prisioneros en su célebre canción del mismo título, de 1984, en la que lamentan la actitud de vasallaje de los propios sudamericanos, incluso con menciones a nombres propios de la época: "Y el inocente pueblo de Latinoamérica llorará si muere Ronald Reagan o la reina, y le sigue paso a paso la vida a Carolina como si esa gente sufriera del subdesarrollo. Estamos en un hoyo parece que en realidad (...) Nadie en el resto del planeta toma en serio a este inmenso pueblo lleno de tristeza, se sonríen cuando ven que tienen veintitantas banderitas, cada cual más orgullosa que su soberanía". Con su combativo líder Jorge González al mando, el grupo tiene otros temas en los que jamás se muerde la lengua: Maldito sudaca, Independencia cultural o We are sudamerican rockers.

En la misma dirección apuntan los versos de la respondona banda argentina de rock y reggae Resistencia Suburbana, que en su éxito Cada vez más yankis (2003) hace el ingenioso ejercicio de sustituir palabras en castellano por vocablos en inglés como muestra en este caso de esa colonización lingüística que termina por extenderse poco a poco a todos los ámbitos de la vida. "Compraste cigarrillos en el drugstore, encargaste una pizza en el delivery", recita el cantante Luis Alfa, líder de esta formación que siempre defendió los derechos humanos. Como curiosidad, esto dice un comentario en YouTube a esta canción hace apenas un año: "Temazoooo, aguante latinoaméricaaaa carajooo, a ver si lo entendemos de una vez !!".

Su asesinato en 1973 en el Estadio de Chile, tras el golpe de Estado contra Salvador Allende, fue un acto contra el movimiento popular que apoyaba la justicia social y la soberanía nacional, oponiéndose a la influencia imperialista en el país. Así de trágicamente se convertía el cantautor Víctor Jara en un icono de la democracia frente al fascismo, de la lucha por un mundo más justo frente a las fuerzas opresoras, así como en voz de ese pacifismo que tan esquivo le ha sido a Latinoamérica a lo largo de las décadas. Su gran cántico de 1969 contra la intervención estadounidense en Vietnam, El derecho de vivir en paz, resuena más allá de las fronteras porque su esencia es universal.

"América no es solo USA, papá, esto es desde Tierra del Fuego hasta Canadá. Hay que ser bien bruto, bien hueco, es como decir que África e' solo Marrueco'. Estos canalla' se les olvidó que el calendario que usan se lo inventaron lo' Mayas", clama el rapero puertorriqueño Residente en This is not America (2022), tema a dúo con el dúo franco-cubano Ibeyi en el que aborda cuestiones como la identidad, el colonialismo, el narcotráfico, el imperialismo... todo un tratado histórico del continente americano, en definitiva, en la garganta de un cantante que ya en sus tiempos en Calle 13 cantaba canciones como Latinoamérica o Querido FBI, sobre la muerte del líder revolucionario puertorriqueño Filiberto Ojeda Ríos

No se anda por las ramas el rapero peruano Pedro Mo cuando recita "imperialismo yanqui contraataca, quién puede decir que no, los juegos se acabaron cuando el presidente habló, se perdió la paz por más estrellas en una bandera". Esta canción de 2004 se titula, efectivamente, Imperialismo yanqui, está dedicada a George W. Bush y no deja títere con cabeza con denuncias no ya universales, sino funestamente atemporales: "Morirán más inocentes en la busca del poder. Estados Unidos no puede perder la guerra, aunque sea necesario explotar la tierra". Y por si fuera poco: "Se acabó la ONU, presidentes vendieron a su nación, tienen el don, el genocida nunca pedirá perdón (...) quiso cambiar de nombre feudalismo y se inventó el capitalismo, mismo sinónimo de elitismo".

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Di que no es una canción de 2005 del grupo de rap cubano Hoyo Colorao que denuncia la guerra iniciada por el Gobierno de Estados Unidos contra países de Oriente Medio pero que, como tantas otras, tiene un inquietante poder para recordarnos que el patrón del poder se repite una y otra vez. Porque, vaya, parece compuesta ayer: "Los ricos dividiendo a cañonazos el planeta con la supremacía blanca a punta de escopeta. Atacando bastiones, religiones y profetas en nombre de una paz con metralleta. Y están televisando lo que pasa, están llevando el odio a los rincones de tu casa, están haciendo un show con el abuso y la matanza, están midiendo el rating criminal de la venganza".

Más reciente es también el canto de la chilena Ana Tijoux en Somos sur, en el que aboga, con ayuda de la británica y palestina Shadia Mansour, por el fin de la hegemonía estadounidense. "Soñamos en grande que se caiga el imperio, lo gritamos alto, no queda más remedio, esto no es utopía, es alegre rebeldía del baile de los que sobran, de la danza tuya y mía, levantarnos para decir: ya basta. Ni África, ni América Latina se subasta. Con barro, con casco, con lápiz, zapatear el fiasco, provocar un social terremoto en este charco", cantan, para luego ir todavía más al grano: "Nigeria, Bolivia, Chile, Angola, Puerto Rico y Tunisia, Argelia, Venezuela, Guatemala, Nicaragua, Mozambique, Costa Rica, Camerún, Congo, Cuba, Somalia, México, República Dominicana, Tanzania. Fuera yanquis de América Latina, franceses, ingleses y holandeses, yo te quiero libre Palestina".

El cantautor cubano Carlos Puebla utilizó su voz para denunciar el saqueo, la dominación extranjera y la hipocresía de las potencias que hablaban de libertad mientras sometían a los pueblos latinoamericanos. Allá por 1969 publicaba Yankee, go home, un grito de resistencia que ni cambia, ni envejece, pues necesariamente permanece y, si acaso, se clama con más fuerza: "Lo dicen en Manila y en Corea, en Panamá, en Turquía y en Japón. El clamor es el mismo en todas partes: ¡Yankee, go home! Con este inglés me basta, aunque precario, para gritar con fuerza y con razón y con criterio revolucionario ¡Yankee, go home! Me basta con mi voz nacionalista para exigir con firme decisión y con razones antimperialistas ¡Yankee, go home!".

Hace tanto como 45 años, allá por 1981, cantaba Rubén Blades: "Brillan las estrellas en la noche, la nube viajera va flotando, la luna reposa entre el silencio de ese gran Caribe descansando. Solo el tiburón sigue despierto, solo el tiburón sigue buscando, solo el tiburón sigue intranquilo, solo el tiburón sigue acechando". Unos versos que bien parecen la profecía del secuestro de Nicolás Maduro a manos de la Administración Trump, si bien se refiere más ampliamente al sempiterno intervencionismo de Estados Unidos en América Latina.