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Periodismo

“El presidente de EEUU tiene que apoyar las políticas que garanticen que es el país dominante”

El periodista estadounidense Jeremy Scahill.

El estadounidense Jeremy Scahill responde adecuadamente a esa idea casi mitológica del periodista de investigación: incansable, inquebrantable, curioso hasta la médula, audaz y perspicaz, muy cabezota. Después de pasar un tiempo en Afganistán, se encontró con una historia de cuyo hilo tiró tanto que le dio no solo para escribir un libro y realizar un documental (el primero editado por Paidós, el segundo en cines desde el 18 de octubre), ambos llamados Guerras sucias, sino para poner en cuestión toda la maquinaria militar de la administración de Obama y los objetivos que esta se plantea. La maquinaria por todos conocida, el ejército, y la que tenían guardada en el baúl de los secretos: el Mando Conjunto de Operaciones Especiales, el JSOC por sus siglas en inglés. Ese que, de repente, saltó a la primera plana tras el anuncio del asesinato de Osama Bin Laden, perpetrado, claro, por tan aguerridos caballeros. 

“Bajo el mandato de Bush y Obama se han llevado a cabo una serie de políticas basadas en la idea de que pueden matar para conseguir la victoria. Obama ha intentado presentar su administración como una alternativa diferente a Bush, pero en realidad ha continuado algunas de sus más escandalosas políticas”, explica un locuaz Scahill que, se nota, se sabe su discurso. Pero antes de proseguir con la entrevista, volvamos a Afganistán. Allí está el periodista, que se desplaza a la pequeña aldea de Gardez para investigar las muertes de varios miembros de una familia, ente ellos mujeres embarazadas y niños. El reporte oficial de la OTAN dice que les mataron los terroristas. Que ellos eran terroristas. Los familiares aseguran que fueron hombres estadounidenses. A base de mucha investigación, esta pequeña historia para el mundo, acaba mostrándose ante Scahill en su amplia realidad: a través del JSOC, EEUU está atacando más de siete decenas de países en el mundo, desde Yemen a Argelia, Filipinas o Somalia. Lo hacen a base de ofensivas que forman parte de la llamada Guerra contra el Terror en la que, como Scahill apunta, ya se ha acabado con la vida de muchos más inocentes que villanos.

Tras años tras el rastro de este Mando Conjunto de Operaciones Especiales, Scahill, que trabaja para el diario The Nation y el programa de televisión Democracy Now, se llevó el 1 de mayo de 2011 la sorpresa de su vida. De luchar por intentar demostrar su existencia, pasó a verles publicitados como magnánimos héroes, como el eficaz equipo que acabó con el terrorista más buscado de todos los tiempos. Con todo, sus pesquisas se han encontrado tanto antes como después con el duro muro del rechazo y la incomprensión. Cuando habla de una “lógica” sed de "justicia, venganza, o ambas" por parte de los países que están siendo atacados –muchas veces con drones-, asegura haber recibido en numerosas ocasiones por respuesta que “quita importancia” a los atentados del 11 de septiembre de 2001. “En mi país se han apropiado de esa fecha como el gran día del dolor. Sin embargo, en América Latina se recuerda otro 11 de septiembre, el de 1973, fecha en la que Pinochet tomó el poder en Chile apoyado por EEUU”.

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Como su especialidad es la de atar cabos, el periodista llegó a esta historia sobre las guerras sucias de EEUU a partir de otra investigación, sobre la que también ha publicado un libro, Blackwater. Ese era el nombre de una empresa dedicada a aportar mercenarios a los distintos conflictos bélicos globales, que ahora se llama Academi y que ha sido adquirida, según Scahill, por el muy controvertido grupo de productos agrícolas Monsanto. “Cuando estaba escribiendo el libro, los dueños de Blackwater ordenaron a todos sus empleados que no hablaran conmigo”, recuerda. “Cuando el libro salió y yo me puse a dar conferencias por todo EEUU, sucedieron una serie de extraños acontecimientos: en varias ciudades noté la presencia de un tío enorme, tatuado, que me miraba. La primera vez me cagué de miedo, pero al final resultó que aquel hombre era un militar del JSOC, y me dijo: 'no estoy de acuerdo con tu política, pero tienes razón sobre Blackwater, yo también les odio'. A partir de ahí le invité a tomar una cerveza, y así fue como me adentré en el mundo del JSOC”.

¿Que por qué querría EEUU atacar a tantos países? “Los únicos que se benefician son los dueños y accionistas de las grandes corporaciones”, apunta. “La gente normal no se beneficia en absoluto. Pero esto tiene que ver con el sistema político estadounidense: en EEUU la corrupción es legal. Es legal comprar a un congresista, solo que ellos lo llaman lobby. Y si esos congresistas no votan por la guerra, dejan de estar en el Congreso. En resumen, se trata del dinero”. La falta de transparencia del Gobierno estadounidense (ayer mismo un informe del Comité Para la Protección de los Periodistas apuntaba a esa opacidad y a la hostilidad hacia los periodistas), la reducción de los derechos civiles desde los atentados del 11S (llevada a cabo casi inmediatamente después a través del Patriot Act, la Ley patriótica) y las recientes informaciones del espionaje masivo a sus ciudadanos y al resto del mundo, podrían hacer pensar, no obstante, que la motivación de las acciones de EEUU no se reduce solo a lo económico.

“Hace dos semanas hubo una asamblea extraordinaria de la ONU. La primera en intervenir fue Dilma Rousseff, la presidenta de Brasil, que habló durante 15 minutos, de los cuales 13 fueron críticas al programa de espionaje de EEUU. Después habló Obama, que no estuvo presente en el discurso de Rousseff. En mi opinión, no se sentó porque el NSA (el servicio de seguridad nacional) ya sabía lo que iba a decir Rousseff.NSA Y el discurso de Obama, y elijo la palabra con conocimiento, fue imperialista: habló de cómo EEUU va a utilizar a sus militares para asegurar los recursos de todo el mundo”, responde Scahill al interrogante. "Quien quiera ser presidente de EEUU tiene que ser un estadounidense radical excepcionalista, y apoyar las políticas que garanticen que EEUU es el país más dominante del mundo. De esa doctrina nacen todos estos políticos”.

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