‘DTF St. Louis’, mirada brillante y mate a la mediana edad

El hombre del tiempo en una pequeña emisora televisiva local, su nuevo amigo, cincuentón como él. Una aplicación de citas para personas que quieren volver al picante sin romper sus felices matrimonios y un cadáver al final del episodio.

Estos son algunos de los elementos con los que se presenta DTF St. Louis, la divertida y perturbadora miniserie de siete episodios que ofrece HBO Max. A este guion enigmático le ayudan tres estupendos actores. David Harbour (Stranger things) es uno de los protagonistas y ha participado en el proyecto desde su diseño, que en un principio contaba también con Pedro Pascal, que acabó retirándose.

Triángulo amoroso de extrarradio

Su lugar lo ocupa Jason Bateman (Ozark) que no para de sorprender con una energía que va del macho micro alfa al borde del ridículo. Ambos protagonistas participan en la producción de la serie. A ellos se une la estupenda Linda Cardellini, que ha participado en Freaks and geeks, Mad men o en Muertos para mi.

Los investigadores de la muerte ocurrida corren a cargo del fantástico Richard Jenkins, ganador de un Emmy por Olive Kitteridge y de la joven Joy Sunday, que hacía de sirena en Miércoles. La estrella invitada de la serie es el magnífico Peter Sarsgaard (An education).

La parte de la realidad que no apetece mirar

Este reparto sirve como perfecta herramienta para crear una atmósfera reconocible, cotidiana y, a la vez, viscosa y desagradable. Muy divertida e inquietante de ver por momentos. Con temas de fondo que no es la primera vez que oímos, pero que están menos representados que otros en televisión.

En la serie, la crisis de mediana edad, el aburrimiento, la frustración, una vida sexual insatisfactoria y las decisiones desafortunadas que se toman para intentar cambiar las cosas afloran bajo una superficie convencional.

Un trabajo de autor

DFT St. Louis es obra de autor. Steven Conrad la ha creado, escrito y dirigido al completo. Según contó a KMOV St. Louis, el punto de partida fue el actor David Harbour, presente en el proyecto desde el inicio.

Para el guionista, Harbour ofrece atractivo y electricidad para cierta audiencia. Y tiene una edad cuyas metas y frustraciones Conrad conoce bien. “Al llegar a la mediana edad, la gente asume que sus apetitos se adormecen, su capacidad de salirse de lo normal o ser salvaje es pequeña”, explicaba Conrad. Y no es cierto, en su opinión.

Un año 2025 convulso para David Harbour

Harbour tuvo un convulso 2025. Circularon informaciones sobre una supuesta denuncia de su compañera en Stranger Things, Millie Bobby Brown, contra el actor por acoso e intimidación. Ni Netflix ni los actores la confirmaron públicamente, y más tarde ambos promocionaron el final de aquel exitazo escenificando puro compañerismo.

El actor también se divorció de su esposa, la cantante británica Lily Allen, a quien había conocido en una aplicación de citas para famosos. Después, ella le dedicó un álbum con canciones de venganza como han hecho recientemente artistas como Shakira, Rosalía o Miley Cyrus. En su caso, Allen le acusa de infidelidades.

Harbour también tuvo su bajada al infierno del alcohol, de la que ha salido y tiene diagnosticado un trastorno bipolar. En esta serie luce una tripa postiza que le hace parecer 30 kilos más corpulento. “Hay algo en ponerte una máscara que te libera”, explica.

Jugar contra las expectativas

Conrad, el autor del proyecto, ha querido situar la acción en una localidad que despertase tan pocas sospechas de oscuridad y extravagancia como su protagonista. San Luis, en la ribera oeste del Misisipi, encaja bien en esa idea, aunque la serie no fue rodada finalmente allí. Los personajes viven en un suburbio ficticio, de los que tendemos a suponer que habita la gente que se conforma, que no ambiciona ya casi nada.

“Nadie es normal, solo lo parece desde la acera de enfrente” da título al último episodio y resume una de las reflexiones de la serie: quienes parecen tranquilos e inofensivos también esconden pasiones y pueden cometer errores monumentales.

Pasiones bajo las vidas más convencionales

Precisamente por eso todo arranca con una pequeña barbacoa en un jardín ni feo ni bonito. Como en American Beauty o Terciopelo azul, la vida suburbana nos engaña con su espejismo de conformismo.

Y, como en las películas de Alexander Payne, aquí la vida no es glamurosa, los coches no están siempre limpios, ni las casas ordenadas. Vemos tantas series y filmes que presentan una clase media y alta visualmente idealizadas que la versión más fiel parece realismo sucio.

Una manía personal contra el hombre del tiempo

Hay un pequeño grito contra la impostura en la cinta. El personaje interpretado por Jason Bateman trabaja como hombre del tiempo en la tele local. No es meteorólogo, sino quien da la cara y por ello tiene un salario mejor que sus vecinos.

Conrad tiene una fijación con los hombres del tiempo. Siendo joven tenía manía a uno que usaba pseudónimo, Al Sunshine (Rayo de sol). Le parecía estomagante el nombre falso y una vez le vio grabando una pieza y le tiró el batido que estaba bebiendo.

Conrad ya escribió una película, El hombre del tiempo, con Nicolas Cage y Michael Caine, dirigida por Gore Verbiski, con un protagonista dedicado a este oficio. Allí incorporó la anécdota que había protagonizado y se centró también en ese fracaso vital indigesto: no llegar a ser quien se quería haber sido.

Comedia de situación hasta la carcajada

La serie está llena de humor. Buena parte se refuerza con pequeños detalles, una silla incómoda puede cambiar la naturaleza de una conversación. Según explicó Conrad en The Mary Sue, “quiero hacer suspense, pero también que te sorprendas riéndote de los dilemas en los que se encuentran los personajes. Mucha comedia surge de ver a personas que te caen bien tomar muy malas decisiones”.

También se apoya en las expectativas. Que alguien se caiga es mucho más divertido si sabemos que pretendía hacer un movimiento espectacular que si simplemente estaba haciendo otra cosa. Conrad contó que, en su guion, trabaja creando esa expectativa y después introduce “el momento de la caída”.

Una fábula moral implacable

La serie genera también angustia, a veces unida a esa comedia. Hay crimen y castigo. Cuando alguien mete la pata, acaba pagando por ello. “No existe el sexo sin consecuencias”, plantea Conrad. “Cada vez que tocas la vida de alguien, esa persona toca la tuya, y tocar la vida de alguien es como tocar un cuadro con las manos llenas de pintura. Vas a cambiarla”, concluye.

'Scarpetta', la confirmación de que Nicole Kidman se ha convertido en un género en sí misma

Ver más

No solo eso, el autor sostiene que un engaño no puede salir gratis. “Si crees que vas a engañar a tu familia y volver a ser el mismo, no es así. Tu corazón va a latir como el de alguien que guarda un secreto. Tu familia lo notará. Ya no serás la misma persona que el día anterior”, argumenta.

Las tentaciones cuando la vida se hace larga

Sus personajes afrontan dilemas difíciles. La falta de intimidad les lleva a la búsqueda, y ahí comienzan los engaños, que terminan desatando una espiral. En realidad, se trata de un drama, aunque para Conrad el suspense sea su género favorito.

La serie está llena de mecanismos técnicos, la cámara, la música, la fotografía, que ayudan a crear una buena ficción. Son el soporte para contar esa fase de la rutina en la que la vida se alarga y se despierta la tentación de jugárselo todo.

El hombre del tiempo en una pequeña emisora televisiva local, su nuevo amigo, cincuentón como él. Una aplicación de citas para personas que quieren volver al picante sin romper sus felices matrimonios y un cadáver al final del episodio.

Más sobre este tema