A dedo y sin concurso: así elige el PP de Madrid a los directores artísticos de los teatros públicos

Por designación directa —a dedo— y sin concurso público. Así selecciona el PP de Madrid a los directores artísticos de los principales teatros públicos del Ayuntamiento (Teatro Español, Teatro Circo Price, Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa y las Naves del Matadero) y la Comunidad (Teatros del Canal). De esta manera, quienes deciden la programación de estos centros, que deben garantizar el acceso a la cultura diversa, son nombrados por cargos políticos que se aseguran así un control tácito sobre lo que se puede o no se puede representar.

Esta forma de hacer las cosas es diametralmente opuesta a la del equipo de la única alcaldesa no 'popular' de los últimos 35 años, Manuela Carmena, elegida con los votos de Ahora Madrid y PSOE en 2015 y en el cargo durante toda aquella legislatura, hasta 2019. Porque su equipo eligió a los directores artísticos de los teatros municipales de Madrid principalmente a través de concursos públicos abiertos, buscando fomentar la profesionalidad y la igualdad de oportunidades. Las nuevas direcciones fueron entonces elegidas en concurrencia pública y de acuerdo con el código de buenas prácticas en cultura, entre las más de cien candidaturas que se presentaron a los concursos.

El fallo tuvo lugar en diciembre de 2017 y antes se habían constituido jurados formados por una treintena de profesionales independientes. Ninguno de ellos sigue a día de hoy en su cargo, pero así llegaron a labores de dirección entonces Rosa Ferré (Matadero), Isla Aguilar y Miguel Oyarzun (Centro Cultural Condeduque), Ignacio Marín (Teatro Fernán Gómez - Centro Cultural de la Villa) o María Folguera (Teatro Circo Price). Un año antes, en 2016, llegaba Carme Portaceli al Teatro Español —estaría hasta 2019— también por concurrencia pública después de que la escogiera la comisión independiente encargada de valorar los méritos de los candidatos.

Sí hubo cierta polémica en aquel momento sobre el anterior director artístico de Teatro Español, Juan Carlos Pérez de la Fuente, pues en su caso había sido seleccionado por el PP de Ana Botella a través de concurso público y, a pesar de tener contrato en vigor, fue cesado con la llegada de Manuela Carmena para renovar estos cargos y garantizar que el nombramiento de todos ellos fuera en base a las mismas condiciones. Eso sí, huelga recordar que de las tres candidaturas finalistas en 2014, la de Pérez de la Fuente —director del Centro Dramático Nacional durante el Gobierno de Aznar entre 1996 y 2004— obtuvo solo cuatro votos, frente a los siete de los otros dos aspirantes, a pesar de lo cual él fue nombrado director del Teatro Español.

Ya entonces, además, Podemos y PSOE defendieron esta práctica para evitar que el PP de Madrid fuera el que escogiera "unilateralmente", decían, a los responsables de los principales espacios públicos de la región. Pérez de la Fuente, en cualquier caso, volvía años después a la dirección artística de uno de estos centros públicos, de nuevo con el PP en el Ayuntamiento de la capital personificado en el alcalde José Luis Martínez-Almeida, pues es desde enero de 2024 el director del Teatro Fernán Gómez, en esta ocasión designado directamente por Marta Rivera de la Cruz, delegada del Área de Cultura del Consistorio —y entre 2019 y 2023 consejera de Cultura de la Comunidad—, a través del procedimiento de negociado sin publicidad con la empresa Madrid Destino.

Poco antes de este fichaje, en diciembre de 2023, Rivera de la Cruz renovaba a Natalia Álvarez Simó —a su vez al frente de los Teatros del Canal de 2016 a 2019— como directora de Condeduque, puesto en el que estuvo desde 2020, cuando recibió la llamada —"invitación", decía la nota de prensa del Ayuntamiento— de la entonces responsable de Cultura municipal, Andrea Levy, hasta ser reemplazada en 2025 por el director actual, Jorge Volpi. También a finales de 2023 Rivera de la Cruz elegía a Eduardo Vasco para dirigir el Teatro Español, a José Luis Ramos Romo para Matadero Madrid (y Luis Luque para la Nave 10 de Matadero y María Pagés para la Nave 11, la dedicada a la danza), así como a Aránzazu Riosalido para el Teatro Circo Price.

Más allá de los límites del Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid designaba a Blanca Li como directora de los Teatros del Canal en 2019 —lo cual significa que, efectivamente, fue otra decisión de Marta Rivera de la Cruz, recién llegada entonces a la Comunidad, lo que supuso la salida de Álvarez Simó—. Este nombramiento fue, de nuevo, por designación directa y sin concurso público, algo que la propia artista evitó comentar en su presentación ante la prensa en octubre de aquel año, declarándose sencillamente "feliz" por poder volver a España después de tantos proyectos internacionales. 

'Muero porque no muero', de Paco Bezerra

Blanca Li, precisamente, es protagonista de una de las más controvertidas polémicas de los últimos años en nuestras artes escénicas. Fue en 2022 cuando, como directora de los Teatros del Canal, fue denunciada por Paco Bezerra, Premio Nacional de Literatura Dramática en 2009, por censurar su obra Muero porque no muero estando ya acordada su programación. Li aseguró que la cancelación a tres días de la publicación de la programación se debió a "cuestiones económicas", culpando incluso a la inflación, algo que en absoluto convenció al dramaturgo, quien ha hablado siempre de censura e injerencias políticas por estar protagonizada su obra por una Santa Teresa de Jesús resucitada al presente, donde entra en contacto con la prostitución, las drogas y la ocupación, en una lectura contemporánea de su vida.

Se da la circunstancia de que en los últimos días Bezerra está desarrollando una campaña en Instagram en la que denuncia que desde aquel caso está "cancelado" en los teatros públicos madrileños por una decisión política —de Marta Rivera de la Cruz, según su versión— que el PP ejecuta a través de los directores artísticos puestos a dedo. "El mío no es un caso individual, es un modelo cultural en el que la supervivencia profesional de esos directores depende de no incomodar al poder político que los ha designado en sus cargos", afirma el dramaturgo a infoLibre, todavía añadiendo: "Programarme pone en peligro su trabajo. El problema no es un caso individual, sino de modelo".

Bezerra incluso ha interpelado a los directores artísticos de los teatros madrileños a través de sus publicaciones en la citada red social, pero en realidad no espera respuesta a sus preguntas: "Aunque quisieran responder a mis acusaciones, no pueden hacerlo ni van a hacerlo porque quienes les pusieron en el cargo no les dejan. Por lo menos, que no nos engañen diciendo que son libres cuando están atados de pies y manos. Si son libres como dicen y no tienen presión política, que nos expliquen públicamente porque yo, después de haber estrenado diez obras en los teatros más importantes de Madrid en diez años, justo desde que señalé al poder hace ya cerca de cuatro años no he vuelto a estrenar. Porque en estos cuatro años desde que me censuraron estoy intentando estrenar alguna obra. Mientras esta cuestión no se aclare, la pregunta sirve para todo el mundo".

Para el dramaturgo, "el problema no es ahora que un político censure" porque ya "quedó claro" que a él se le censuró. "Ahora el problema es que esa censura se ha internalizado como norma de supervivencia y ahora son los directores artísticos que han sido puestos a dedo por esa persona que me censuró los que no quieren programarme. Primero, porque sería señalar a quien le ha dado el puesto, y segundo, porque no pueden hacerlo porque les van a despedir si lo hacen. Pero eso no lo pueden decir públicamente porque sería confirmar que efectivamente no son libres como pone en el pliego de su contrato. La censura está operando ahora a través de la obediencia preventiva, y esto ya no es un problema artístico, sino democrático", denuncia en declaraciones a este diario.

Busco que se sepa la verdad de cómo opera el sistema cultural en Madrid, que no es público, Es una evidencia, todo el mundo lo ve, pero nadie puede decir nada. Así el miedo se va llevando ahora al tejido cultural y al sector teatral

Aclara Bezerra, asimismo, que no busca volver a estrenar a título personal, pues ya ha "asumido" que eso no va a ocurrir. "Busco que se sepa la verdad de cómo opera el sistema cultural en Madrid, que no es público. Es una evidencia, todo el mundo lo ve, pero nadie puede decir nada, y así este miedo se va llevando ahora al tejido cultural y al sector teatral. Todo el mundo está viendo lo que estoy diciendo y nadie dice nada cagado de miedo, porque saben que si lo dicen les va a pasar como a mí, que soy un castigo ejemplarizante. El castigo hacia mí es por quejarme, por hacer pública la censura", subraya, para acto seguido añadir: "Esto ha existido mucho, luego me he encontrado a más gente a la que han censurado como a mí, la diferencia es que no han dicho nada y siguen estrenando. Les censuraron una vez una obra que ellos no querían, que no les pareció propia, pero callados. Y si te callas puedes estrenar la siguiente".

A preguntas de infoLibre, desde el Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid no entran "a valorar declaraciones de terceros", si bien aseguran que no han "recibido ninguna propuesta de Paco Bezerra en ningún espacio municipal en lo que llevamos de legislatura".

Barcelona

Comparando Madrid con la siguiente ciudad más grande del país, Barcelona, bajo mandato del alcalde socialista Jaume Collboni desde 2023, se aprecian diferencias claras en la manera de actuar en el tejido cultural escénico municipal. Así, por ejemplo, Julio Manrique dirige el Teatre Lliure desde 2023 tras ser escogido entre once candidaturas en un concurso público al que se presentaron personas con diversidad de género, edad y experiencia. Los finalistas fueron propuestos por la comisión de valoración al Patronato del teatro, que es quien finalmente eligió al nuevo responsable.

Teatro del Barrio, una idea peregrina de Alberto San Juan en la cocina de su casa que ya es Premio Nacional

Ver más

En esta misma línea, Carme Portaceli es la directora artística del Teatre Nacional de Catalunya (TNC) desde septiembre de 2020, cuando fue escogida por concurso público por el consejo de administración, a propuesta de la pertinente comisión de valoración, que tuvo en cuenta especialmente “su capacidad para elaborar una programación de una alta calidad artística y su idoneidad para responder a los objetivos estratégicos del TNC”.

Igual es el caso del Mercat de les flors, teatro público cuyo consorcio nombró el año pasado a la gestora cultural María José Cifuentes como nueva directora después de que la comisión de selección destacara la "solidez, ambición y coherencia hacia los retos actuales del sector” del proyecto presentado. Por su parte, Leticia Martín Ruiz es igualmente directora del Grec Festival (Teatre Grec) desde 2024 después de que una comisión de valoración eligiera su proyecto artístico entre los diversos presentados al concurso convocado por el Institut de Cultura de Barcelona.

"La censura ha cambiado de rostro, ahora se ha internalizado como norma de supervivencia y nadie quiere incomodar a quien les regaló el cargo", denuncia Bezerra, refiriéndose concretamente al caso madrileño. "Eso pone en tela de cuestión si esos cargos deben darse a dedo o habría que pasar un examen democrático para que no sean los políticos los que estén en el jurado, sino que sea un grupo de profesionales. Y que realmente tengan libertad luego para que, aunque tal color te haya puesto en el cargo, tú puedas programar cosas o autores que vayan en contra del color de ese cargo que te ha puesto. Porque, si no, el teatro qué es, ¿propaganda y un altavoz de tu amo?", termina el dramaturgo.

Por designación directa —a dedo— y sin concurso público. Así selecciona el PP de Madrid a los directores artísticos de los principales teatros públicos del Ayuntamiento (Teatro Español, Teatro Circo Price, Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa y las Naves del Matadero) y la Comunidad (Teatros del Canal). De esta manera, quienes deciden la programación de estos centros, que deben garantizar el acceso a la cultura diversa, son nombrados por cargos políticos que se aseguran así un control tácito sobre lo que se puede o no se puede representar.