Cultura

Aquí se trata de España

Seguidores del PP celebran los primeros sondeos desde sus balcones ondeando una bandera de España durante la jornada electoral del 4 de mayo.

Tras el éxito de Ordesa, Alfaguara recuperó una novela anterior de Manuel Vilas, España, publicada en 2008. En el prólogo de la nueva edición, el autor escribió:

"Recuerdo que titulé así esta novela, con título tan temerario, porque me parecía que la palabra más incómoda y casi maldita que existe en mi país es precisamente el nombre de mi país. Me parecía que ya solo ese hecho objetivo merecía un libro.Merecía una comedia, una celebración, un suspiro y un beso misterioso".

 

Líneas que no son, pero podrían, respuesta a las preguntas que José Álvarez Junco se hacía en un encuentro organizado por El País: "¿Por qué España ahora? ¿Por qué otra vez?", y que parecen oportunas a la vista de los muchos libros que coinciden en el objeto de estudio.

En esa conversación participó Pilar Mera, doctora en Ciencias Políticas y profesora en el departamento de Historia Social y del Pensamiento Político de la UNED. Como Álvarez Junco, ella no cree que España como tema sea una preocupación nueva o repentina: siempre está presente, "de manera constante en la historiografía y de manera casi constante en las reflexiones de intelectuales y ensayistas. Aunque es cierto que la preocupación repunta en los momentos de crisis, que siempre llevan a replegar la vista sobre uno mismo, su entorno y su contexto, intentando buscar pistas que expliquen por qué se ha llegado a esa crisis para entenderlas mejor". Y, en la última década, de crisis andamos sobrados.

Desde luego, puede que haya "razones aleatorias y comerciales", pero Santiago Alba Rico, ensayista y filósofo cuyo último libro se titula simplemente España, sospecha que "unas y otras se inscriben en una revisión colectiva del concepto y de la historia de España como consecuencia de la crisis del régimen del 78 y la quiebra del consenso del bipartidismo, inseparables del ingreso en el espacio público de nuevas voces que, muchas veces desde la izquierda, asumen la necesidad de repensar y disputar ese concepto". Todo lo cual, se teme Francisco Uzcanga Meinecke, doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Constanza, nos puede llevar a parafrasear a Isaac Rosa: ¡Otro maldito libro sobre el problema de España! "Supongo que el resurgimiento último tiene que ver con el auge de los nacionalismos, tanto del catalán como del ‘nacionalismo castellano’ de Vox". Ese es, al menos, el caso de su obra Qué se debe a España "un viejo proyecto que he reflotado precisamente al ver multiplicarse unos discursos nacionalistas cada vez más radicales y peligrosos para el futuro".

Complejos y simplejos 

Es curioso cómo, a pesar de esas poderosas floraciones y de una historiografía consolidada, algunos albergan la sospecha de que España ha sido escrita peor que otros países. "¿Quiere decir que se ha escrito menos, con peor calidad sobre España que sobre otros países? ¿Que se ha escrito con menos cariño o con menos conocimiento?", busca precisiones Pilar Mera, que acaba de publicar 18 de julio de 1936. "Si esa es la pregunta, yo diría que no. No se ha escrito menos, ni de peor calidad ni con menos cariño o conocimiento".

Discrepa Alba Rico, "un poco sí", y sustenta su percepción remontándose a Juan de Mariana y Modesto Lafuente; recuperando la queja del ilustrado Mayans por el "patriotismo" de la presunta "historia crítica" de su época; o por el hecho de que haga falta llegar al XX para que Américo Castro revise enteramente el esquema católico-nacional dominante… "No soy historiador y puedo estar equivocado, pero me parece que una cierta normalización historiográfica solo se produce en nuestro país tras la muerte de Franco".

Uzcanga aporta una perspectiva comparada. ¿Peor escrita que países como Inglaterra, Francia o EEUU? "Desde luego. Pero es que ellos han sabido poner en primer plano la parte soleada de su historia y ocultar la sombría". Teme que tratar de equilibrar ahora la balanza en España conllevaría el riesgo de caer en las apologías, así que sugiere: "Mejor lo dejamos estar". Además, "cierto sentimiento de culpa es saludable. Todos los países que han tenido un imperio y un pasado colonialista deberían tenerlo". Lo que le parece "insano, fatuo y peligroso" es ufanarse a estas alturas del "glorioso pasado", o como ocurre en ciertos sectores de Inglaterra y Francia, apelar al Empire o a la Grandeur, lo que los ha llevado al Brexit o al riesgo de que Marine Le Pen sea presidentaEmpireGrandeurBrexit .

En este punto, saco a relucir la posibilidad de un complejo de inferioridad español, posibilidad que Mera descarta porque "España, como todos los países, no es un ente compacto, unívoco e inmutable, así que no tiene un comportamiento determinado que se le pueda achacar. Se pueden encontrar ejemplos de actitudes más negativas y de todo lo contrario. De hecho, en mi opinión lo más cansino de los debates solemnes sobre España son las simplificaciones discursivas contrapuestas: la leyenda negra o la defensa a ultranza y sin matices de la grandeza española, del ‘somos los mejores’". Las dos posturas son absurdas y no sirven para conocer mejor España, su pasado, su presente, sus características, la causa de sus problemas y, sobre todo, las posibles soluciones.

Complejo de inferioridad no, pero… Alba Rico, entre veras y bromas, recupera la expresión de Bachelard, quien, para definir otra cosa, hablaba de "simplejos de superioridad". "Ese ‘simplejo’ revela mucha inseguridad y se traduce en provincianismo y arrogancia. Históricamente ha sido así. Pero hoy creo que no, al menos para la mayoría de la población, desprovista de memoria y muy integrada en Europa a través de modelos neoliberales de consumo". A su juicio, el problema es que hoy "la recuperación orgullosa del pasado nacional-católico por parte de cierta derecha reaccionaria renueva en realidad ese ‘simplejo de superioridad’ y lo hace en un momento de mucha fragilidad y complejidad", también, por cierto, para no afrontar con responsabilidad un pasado muchas veces poco edificante o directamente infame.

¿Y la izquierda? ¿Qué responsabilidad propia, diferenciada, tiene la izquierda en el maltrato que España ha recibido en la historiografía? "La victoria de Franco en la guerra civil y los cuarenta años de dictadura determinaron no solo que muchos españoles de izquierdas abandonaran físicamente España, sino que abandonaran también la disputa del concepto mismo —dice Alba Rico—. La izquierda, durante años, se ha autoexiliado de España sin salir de ella y ha entregado, por tanto, a la derecha no solo los símbolos sino también las posibilidades de transformación. Sobre todo, en el terreno más importante: el de la revisión de la cuestión territorial".

Typical Spanish, me dirán. Pero no. Francisco Uzcanga sabe lo refractaria que es cierta izquierda "a identificarse con el país y con su simbología", a "mencionar la palabra ‘España’ y optar por ‘Estado español’"; y recuerda que, en Alemania, donde él vive, "mucha gente era reacia a pronunciar Deutschland, prefería Bundesrepublik, y a exhibir sentimientos nacionales, hasta que se divulgó con éxito el ‘patriotismo constitucional’ de Habermas".

Nacionalistas simpáticos y antipáticos 

Pero aquí, más que de patriotismo, se habla de nacionalismo; mejor aún, de nacionalismos. A la derecha, asegura Alba Rico, "no le avergüenza nada el nacionalismo español, que se muestra, al contrario, extremadamente orgulloso y bravucón y muy intolerante y agresivo frente a los llamados nacionalismos periféricos". En cuanto a la izquierda más radical, ya lo ha dicho, forma parte de la herencia de la dictadura un cierto derrotismo frente a España y una cierta reivindicación de los nacionalismos vasco, gallego y catalán "porque se asocian a la lucha contra el franquismo y a la denuncia izquierdista de una Nación irrecuperable, considerada fatalmente de derechas".

En este sentido, Mera señala que desde 1939, y de manera especial durante el franquismo, la Transición y los años inmediatamente posteriores, "hay una asociación mayoritaria del nacionalismo español con la dictadura y de los nacionalismos periféricos con la oposición a la misma y la lucha por la democracia". La incomodidad o el prestigio lo generan, por lo tanto, dictadura y democracia. "Esa identificación se mantiene como tendencia en algunos sectores, aunque se ha ido diluyendo con el tiempo y ya no es tan intuitiva como podía resultar entonces. Precisamente porque la realidad es más compleja".

Además, añade Uzcanga, los nacionalismos pequeños siempre tienen un plus de simpatía en la opinión pública, sobre todo en la extranjera, "más aún cuando logran dar la impresión de que hay un enemigo poderoso que les oprime". Él, ha sido mencionado ya, vive en Alemania. "Es posible que al vivir fuera sea propenso a idealizar", admite.

También Alba Rico reside fuera, en su caso, en Túnez. "Para volver es necesario irse; pero es este ‘retorno’ el que de algún modo me ha llevado a reconsiderar esa visión un poco esquemática que me llevé al mundo árabe y que desde España probablemente no habría jamás cuestionado", afirma, y añade: "Vista desde fuera, España, porque me ha parecido mejor de lo que la recordaba, me ha parecido también más amenazada. La he visto mejorar. Y por eso los peligros que se ciernen ahora sobre ella me dan mucho miedo".

Y por eso escriben. Desde orillas del Danubio, Uzcanga cree que en España sigue habiendo una mayoría sensata y atemperada, aunque no obtenga mucho eco. Por eso le asusta el volumen cada vez más alto de la extrema derecha y de los nacionalismos excluyentes, sus exabruptos y amenazas. "Pero es en realidad un problema europeo, global. En fin, aunque solo sea porque tengo hijos adolescentes, confío en las nuevas generaciones. La nuestra, con tanto angry white men, está maleada".

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