Es casi medianoche y en una de las míticas esquinas del barrio de la Viña se acaba de romper el silencio para que resuenen a la vez carcajadas, aplausos y vítores. Ha vuelto a surgir la magia. Su actuación, impregnada de humor, ironía, crítica social y feminismo, deja huella. Ella da las gracias y aprovecha para lanzar a los presentes: “Le pido al público, por favor, que también se implique, que si presencia algún insulto o ataque machista que lo diga, que lo señale”. El mensaje responde a la polémica surgida cuando la fiesta apenas acaba de empezar.
Ella es Ana Magallanes, pionera en el Carnaval de Cádiz, una de las primeras mujeres que, más allá del archiconocido concurso del Teatro Falla, sale a cantar directamente a la calle, sin pasar por el certamen oficial, con una de esas llamadas agrupaciones ‘ilegales’. Este año se ha bautizado como Esquimala de los nervios, en clara referencia a las pretensiones de Trump de hacerse con Groenlandia.
Lo suyo tiene aún más mérito porque va sola con su romancero, una modalidad heredada de los juglares de la Edad Media. Recita su repertorio con versos que buscan hacer reír y hacer pensar. Que el humor sirva para remover conciencias y señalar injusticias.
Entre ellas, la desigualdad. De ahí que la presencia femenina en el Carnaval gaditano sea cada vez más evidente. De ahí que cada año adquiera más relevancia.
¿Y cuál ha sido la polémica? Al menos cuatro agrupaciones (dos romanceros, una comparsa y una chirigota) han denunciado agresiones machistas en los dos primeros días de la fiesta. Han recibido insultos o vivido situaciones intimidatorias. Por ello, el Ayuntamiento de Cádiz se ha visto obligado a emitir un comunicado oficial exigiendo “respeto”. “Especialmente para las mujeres, para que puedan cantar con libertad en las calles, porque precisamente es eso lo que ha caracterizado y ha dado identidad a nuestra fiesta a lo largo de su historia, y rechazamos cualquier situación que pueda atentar contra este derecho", reza el texto que han difundido, en el que instan a poner los hechos en conocimiento de los “cuerpos de seguridad presentes en la calle” o a través de los teléfonos 091 y 092.
En el escrito, se añade: «Cádiz está encantada de acoger a la gente que viene a disfrutar, pero con respeto y en convivencia. Ese es el público y el visitante que queremos en nuestra ciudad estos días».
“Nos ha pasado siempre”
Magallanes, que lleva 25 años siendo parte del Carnaval gaditano, lo explica así: “Esto nos ha pasado siempre, no es nada nuevo, pero cada vez somos más conscientes y por eso lo denunciamos”, asegura. Ella recuerda momentos en los que, por ejemplo, mientras estaba actuando “se ha acercado algún patoso a intentar ligar conmigo”. Y contextos más graves, “como un intento de violación que tuve una noche volviendo a casa después de cantar”.
Pero también es consciente de que hay “una reacción” a que la mujer, sus letras y sus reivindicaciones ocupen ahora más espacio público. “Nos acusan de querer protagonismo. Y bueno, lo típico de que el mismo chiste o la misma broma si la hacen ellos resulta graciosa y en nosotras es ordinaria”.
En este sentido, pone en valor el camino recorrido: “Cuando yo empecé, las mujeres que cantaban en la calle eran prácticamente las que pertenecían a agrupaciones familiares, y cuando los niños ya se tenían que ir a casa, eran ellas las que se los llevaban”, señala.
En cuanto a los ataques machistas recibidos por compañeras, Magallanes destaca la presencia de público joven y de otras ciudades: “Esta fiesta también atrae a las manadas al botellón”.
Ella habla de gente de fuera, de hecho, el Ayuntamiento de Cádiz también hace referencia al público visitante, pero los altercados no han sido solo con ellos. Le ha ocurrido a la comparsa La Camorra, una de las denunciantes. Marta Ortiz, encargada de la letra y la música de esta agrupación, cuenta que tuvieron un encontronazo con un vecino del barrio donde estaban actuando. “Empezó a gritarnos, me dijo que le daba igual que yo fuera mujer, un compañero tuvo que meterse en medio y se llevó un cabezazo”, afirma.
Esta carnavalera –y con ella coincide Magallanes– resalta cierto cambio en el público en general, con una actitud más a la contra cuando se aborda la reivindicación feminista en el repertorio. “Pero no vamos a dar ni un paso atrás, van a tener el plato lleno, porque lo que queremos es a los agresores fuera de nuestra fiesta”.
Hace cuatro años que, de manera oficial, su comparsa acude al Teatro Falla y después también canta en la calle. Este 2026 han ganado el II Premio Capitán Veneno por ofrecer la letra más transgresora en el concurso. Este galardón rinde homenaje al afamado carnavalero Juan Carlos Aragón –ya fallecido–, que convertía la crítica social en la esencia de sus coplas.
Este año, la comparsa de Marta Ortiz, en su popurrí, defiende el derecho al aborto y denuncia los vientres de alquiler (“incubadoras humanas”, cantan), mientras que ataca a la Iglesia, a la institución eclesiástica, por su trato a las mujeres.
“A decir lo que queramos”
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La chirigota callejera Las Beduinas ha sido otra de las agrupaciones que ha sufrido insultos en una de sus actuaciones. Por ello, escribieron en sus redes sociales: “Un tipejo nos llamó guarras. La libertad y la alegría de cantar, disfrutar y decir lo que queramos no nos la van a quitar”.
Ante este contexto, Magallanes, que es experta en temas de igualdad y lleva dos décadas impartiendo talleres a alumnos de instituto, reflexiona: “Antes había desconocimiento entre los adolescentes, ahora lo que nos encontramos es un rechazo directo ante cualquier actividad que tenga que ver con la violencia machista. Llevan de base ese prejuicio”. Y agrega: “Les llega de todo a través de las redes sociales. Y ya sabemos cómo funciona la machosfera, cómo se alimenta la hostilidad hacia las mujeres”.
Por eso, al igual que sus compañeras, considera que el Carnaval de Cádiz, como una forma más de libertad de expresión, debe potenciar su espíritu reivindicativo y feminista. En el teatro y en la calle.
Es casi medianoche y en una de las míticas esquinas del barrio de la Viña se acaba de romper el silencio para que resuenen a la vez carcajadas, aplausos y vítores. Ha vuelto a surgir la magia. Su actuación, impregnada de humor, ironía, crítica social y feminismo, deja huella. Ella da las gracias y aprovecha para lanzar a los presentes: “Le pido al público, por favor, que también se implique, que si presencia algún insulto o ataque machista que lo diga, que lo señale”. El mensaje responde a la polémica surgida cuando la fiesta apenas acaba de empezar.