EXTREMA DERECHA

Todas las veces que Vox ha banalizado el miedo de las mujeres a volver solas a casa de noche

Carteles de Vox contra la inmigración antes de las elecciones en Andalucía.

La violencia sexual que de forma sistemática y endémica recae sobre las mujeres no ha estado nunca entre las preocupaciones de la extrema derecha. Sus principales líderes se han esforzado no solo en mirar hacia otro lado, sino en desacreditar la investigación, los proyectos y las demandas feministas. Con una excepción: siempre que la mención a las mujeres sirva para cargar contra la población migrante.

"¿Te da miedo volver sola a casa de noche? La inmigración masiva tiene consecuencias". El lema figura en una serie de carteles difundidos la semana pasada con el sello de Vox. El partido de Santiago Abascal se arma contra las personas migrantes, instrumentalizando a las mujeres y con fines electorales. Lo hace en plena campaña de las elecciones andaluzas, siguiendo la estela del discurso ultra en otros puntos del planeta.

El Ministerio de Igualdad ha tomado cartas en el asunto y lo ha puesto en manos de la Fiscalía de Granada. "Esa propaganda afecta y es contraria a los derechos y principios básicos", señaló a finales de semana la ministra Ana Redondo. La Junta Electoral también estudiará la cartelería. Facua Andalucía, por su parte, ha instado este lunes a los ayuntamientos de Granada y Almería a retirar la propaganda por incitar al odio.

La de Vox no es una estrategia que emerja espontáneamente, sino que ha sido ampliamente manoseada por la extrema derecha en todo el globo. Es lo que el análisis académico ha tildado como feminacionalismo

La extrema derecha occidental ha encontrado en la violencia machista una ventana de oportunidad para defender no solo políticas punitivistas, sino abiertamente xenófobas. Ha ocurrido en países como Italia, Alemania y Francia. La ultraderecha se ha inclinado tradicionalmente o bien por negar las raíces de la violencia contra las mujeres, o bien por introducir una suerte de variante extranjera vinculando a los agresores con personas migrantes. 

Sara R. Farris, autora de En nombre de los derechos de las mujeres. El auge del feminacionalismo (Traficantes de sueños, 2021), lo explica así en su libro: "Al fomentar una retórica de división, o de separación maniquea del debate político e ideológico en un 'nosotros' (blancos, europeos, occidentales, cristianos, civilizados, 'respetuosos con las mujeres') contrapuesto a un 'ellos' (esos otros no blancos, no europeos, no occidentales, musulmanes, incivilizados, misóginos), los partidos nacionalistas de derechas solo pueden beneficiarse". Sobre esta idea ahonda también la investigadora Nuria Alabao en su libro Las guerras de género. La política sexual de las derechas radicales (Katakrak, 2025): "Uno de los ejes fundamentales de la extrema derecha es intentar vincular la migración con un problema de seguridad. Ese sentimiento antiinmigrantes que empieza a existir se construye a partir de ahí".

Vox o cómo ridiculizar las consignas feministas

A Vox dice preocuparle ahora la seguridad y el bienestar de las mujeres. Pero al partido ultra no parecía inquietarle lo más mínimo la violencia estructural que sufren las mujeres cuando eran las formaciones progresistas o el movimiento feminista quienes introducían el problema en la agenda. 

En marzo de hace seis años, el Ministerio de Igualdad hacía suyo un lema que el feminismo había popularizado en las calles: "Queremos que el grito feminista ‘sola y borracha, quiero llegar a casa’ se convierta en una realidad para dejar de vivir con miedo. Los derechos de las mujeres nunca más se perderán en callejones oscuros", sostenía el departamento en plena campaña por su embrionario proyecto legislativo de libertad sexual, la que posteriormente se conocería como ley del solo sí es sí

Entonces, el propio Santiago Abascal afirmaba que aquello era "entre cómico y aberrante". Y añadía: "¿Alguien puede explicarle a este Gobierno que un Ministerio no es una fiesta de pijamas y que con el dinero de los españoles no se promueven mamarrachadas?". Sus palabras las refrendó el eurodiputado Jorge Buxadé. "No queremos que las mujeres lleguen solas y borrachas a casa", sentenció en un mitin.

Más ejemplos: la diputada ultra María Ruiz cargó hace cuatro años en sede parlamentaria contra un discurso feminista que a su juicio propaga el "odio al varón dificultando las relaciones de pareja o promocionando que es mejor llegar a casa solas y borrachas". 

Vox no ha dudado en retorcer y manipular el lema clásico del feminismo, una consigna que busca reivindicar la libertad sexual de las mujeres, su derecho a habitar el espacio público y la necesidad de extirpar la violencia de los contextos de ocio. El activismo feminista ha popularizado esta reivindicación con el objetivo de desplazar el foco hacia el agresor, impugnando la narrativa tradicional que sitúa la responsabilidad de no sufrir violencia exclusivamente en la víctima y enumera toda una suerte de conductas preventivas para esquivarla.

Banalización de la violencia

Sobre el acoso callejero –y por extensión, sobre los temores que atraviesan a las mujeres cuando caminan solas por la calle–, también ha tenido algunas palabras el partido de Santiago Abascal. Hace dos años, Carla Toscano censuró "la banalización que supone hablar de piropos y de acoso callejero como si fuera violencia". En el Congreso, la diputada afirmó sin titubeos que sentía pena por "no volver a oír ciertas cosas por las calles", equiparando el acoso con una "muestra de admiración" por parte de los hombres.

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Pero la ultraderecha no solo ha ridiculizado los discursos feministas, sino que ha cargado pública y reiteradamente contra las políticas públicas encaminadas a mejorar la vida de las mujeres y ampliar sus derechos, llegando a demandar el cierre del Ministerio de Igualdad

Hace tan solo un año, los ultras sustituyeron los puntos violeta organizados en espacios festivos en Zaragoza por "espacios seguros unisex". La crítica a los llamados puntos violeta ha sido constante por parte de la extrema derecha, cuyos líderes han institucionalizado la caricatura de esta herramienta bajo la denominación de "puntos violeta podemitas". Carlos Flores, el diputado de Vox condenado por violencia de género, aseguró hace tres años que "las españolas no necesitan puntos violeta, sino fronteras bien guardadas".

Es, en esencia, el espíritu que define las políticas de la extrema derecha en materia de género: cabalgar entre el negacionismo y la instrumentalización de las mujeres para librar su batalla contra la población migrante. En el año 2022, el programa electoral italiano confeccionado por la coalición de Giorgia Meloni, Matteo Salvini y Silvio Berlusconi introducía el problema de la "violencia sexual contra las mujeres" dentro del apartado en torno a la "seguridad y lucha contra la inmigración ilegal". Hoy, los acuerdos en Extremadura y Aragón solo mencionan a las mujeres para consagrar la prohibición del burka y el nicab.

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